Granada verde: la plazoleta que se convirtió en huerta y cambió un barrio
Entre las calles arboladas de Granada, un barrio que muchos caleños conocen por sus restaurantes y vida nocturna, hay un rincón que está reescribiendo la historia del barrio. No es un local de moda ni una nueva ciclo vía. Es una plazoleta que, desde hace dos años, dejó de ser un espacio olvidado para convertirse en una huerta urbana que produce lechugas, aromáticas y hasta fresas. Y lo más importante: logró que vecinos que apenas se saludaban hoy compartan abono, herramientas y un propósito común.
Todo empezó en enero de 2024, cuando un grupo de cinco vecinos —entre ellos una arquitecta de 34 años y un jubilado de 68— decidió tomar la plazoleta que separa la Calle 5 con Carrera 34, un triángulo de tierra que antes acumulaba basura y servía de estacionamiento improvisado. Hoy, esa misma plazoleta tiene 12 camas de cultivo, un sistema de compostaje que procesa 80 kilos de residuos orgánicos por mes y convoca a más de 40 familias cada sábado. Esto no es un proyecto piloto de la Alcaldía: es reciclaje vecinal hecho a punta de convicción y ganas.
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¿Cómo nació la huerta urbana de Granada?
La historia de la huerta urbana de Granada no empieza con una reunión formal ni con una ONG. Empieza con doña Lucía, una profesora jubilada que vivía en el edificio de al lado. Cansada de ver cómo la plazoleta se llenaba de bolsas de basura y escombros, empezó a limpiar el espacio ella sola. Un día, un vecino más joven, Carlos (arquitecto de 34 años y especialista en diseño bioclimático), se le acercó y le propuso algo: "¿Y si mejor sembramos algo?".
Esa conversación casual derivó en una convocatoria por WhatsApp que juntó a 12 personas en la plazoleta un sábado de febrero de 2024. No tenían presupuesto, pero sí voluntad. Consiguieron semillas donadas por un vivero de la Avenida Sexta, palas prestadas y un balde de agua. El primer cultivo fue cilantro y lechuga crespa. A los dos meses, ya estaban cosechando para ensaladas compartidas.
Hoy, el grupo se llama "Granada Sostenible" y tiene un comité de siete líderes que rotan tareas: riego, compostaje, pedagogía infantil y gestión de residuos. No reciben plata del municipio, pero sí apoyo logístico de la Junta de Acción Comunal del barrio, que les presta una bodeguita para guardar herramientas.
Los líderes detrás del proyecto
Conocer a las personas que mueven esto ayuda a entender por qué funciona. Aquí van tres perfiles clave:
- Lucía, 68 años, profesora jubilada: Es la memoria del proyecto. Recuerda cuando la plazoleta era un basurero y hoy celebra que los niños del vecindario pidan "tareas de la huerta" en lugar de videojuegos. Su especialidad es el compostaje: sabe cuándo una cáscara de plátano está lista para volverse tierra.
- Carlos, 34 años, arquitecto: Diseñó las camas de cultivo elevadas (para que las personas mayores no tengan que agacharse) y el sistema de captación de agua lluvia que esperan instalar en junio de 2026. También lleva las redes sociales del proyecto, donde publican fotos de las cosechas y convocatorias.
- María José, 27 años, bióloga: Llegó al proyecto hace ocho meses y se encarga de la parte técnica: qué sembrar según la temporada, cómo rotar cultivos para no agotar el suelo y cómo controlar plagas sin químicos. Es la que explica a los niños por qué las mariquitas son aliadas, no enemigas.
Además de ellos, hay un grupo flotante de unos 30 vecinos que participan según su disponibilidad. Familias enteras, estudiantes de la Universidad del Valle que viven en el barrio, y hasta un chef de un restaurante cercano que dona los residuos orgánicos de su cocina para el compostaje.
¿Qué se cultiva en la plazoleta de Granada?
La huerta no es un jardín decorativo. Produce comida real que los vecinos se llevan a casa o comparten en mingas. A mayo de 2026, estos son los cultivos activos:
- Lechuga crespa y romana: Son las más populares. Crecen rápido (45 días) y se cosechan cada dos semanas.
- Cilantro y perejil: Imprescindibles en cualquier cocina caleña. Se siembran en bordes de las camas.
- Tomates cherry: En jaulas de bambú. La última cosecha rindió 12 kilos.
- Fresas: Una apuesta arriesgada que funcionó. Crecen en una cama con sombra parcial.
- Hierbas aromáticas: Menta, albahaca, romero y hierbabuena. Se usan para infusiones que venden en las ferias del barrio a $2.000 COP la bolsita.
- Caléndula y girasoles: No son comestibles, pero atraen polinizadores y alegran la vista.
Todo se cultiva sin pesticidas. Usan abono orgánico producido en el mismo compostaje del proyecto, que procesa residuos de 15 hogares del barrio. Las semillas son en su mayoría criollas, donadas por la Red de Semillas Libres del Valle.
Reciclaje vecinal: el compostaje que une al barrio
Si la huerta es el corazón del proyecto, el compostaje es el sistema circulatorio. Sin él, no habría tierra fértil ni menos basura. El proceso es sencillo pero requiere disciplina: los vecinos separan en sus casas los residuos orgánicos (cáscaras, restos de comida, posos de café) y los llevan a la plazoleta los miércoles y sábados. Allí, un equipo de tres personas (rotativo) los pesa, los mezcla con hojarasca seca y los coloca en las compostadoras de madera que construyeron entre todos.
- 80 kilos de residuos orgánicos procesados por mes. Eso equivale a unos 960 kilos al año que no van al relleno sanitario de Navarro.
- 15 hogares participan activamente en la separación. La meta para diciembre de 2026 es llegar a 30.
- 2 compostadoras rotativas. Una siempre está llenándose mientras la otra madura. El ciclo completo toma 60 días.
- Abono producido: Unos 40 kilos mensuales de tierra negra y fértil que se usa en la huerta y se regala a los vecinos que participan.
El impacto ambiental es claro, pero el social es más grande: vecinos que antes no se hablaban ahora discuten sobre la proporción correcta de carbono y nitrógeno en el compost. Doña Lucía lo dice con humor: "Antes el chisme era el tema de conversación. Ahora hablamos de lombrices y de si la cáscara de mango sirve o no".
¿Qué hacer en la huerta urbana de Granada?
La plazoleta no es solo un lugar para sembrar. Se ha convertido en un punto de encuentro con varias actividades regulares:
Mingas de siembra cada sábado
De 8:00 a 11:00 a.m., los vecinos se reúnen para trabajar la tierra. No importa si nunca has sembrado: siempre hay alguien dispuesto a enseñarte. Las mingas incluyen desyerbe, riego, siembra de nuevas plántulas y mantenimiento de las compostadoras. Después, comparten un café o un jugo natural que preparan con las frutas de la huerta.
Talleres para niños
Los segundos sábados de cada mes, María José dirige un taller infantil de "guardianes de la tierra". Los niños aprenden a identificar insectos benéficos, a sembrar semillas en vasos reciclados y a hacer su propio abono con lombrices. Participan entre 10 y 15 niños por sesión, muchos de ellos del colegio público que queda a tres cuadras.
Ferias de trueque y venta
El último domingo de cada mes, la plazoleta se llena de puestos donde los vecinos intercambian o venden excedentes de la huerta: lechugas a $3.000 COP, bolsitas de aromáticas a $2.000 COP, abono orgánico a $5.000 COP el kilo. También hay trueque: puedes llevar ropa usada o libros y cambiarlos por verduras.
Jornadas de limpieza y reciclaje
Cada dos meses, organizan una jornada de reciclaje ampliada donde recogen no solo orgánicos, sino también plástico, vidrio y cartón. Lo clasifican y lo llevan a un punto de reciclaje en la Carrera 38. En la última jornada (abril de 2026), recolectaron 120 kilos de materiales aprovechables.
Dónde comer o beber cerca de la plazoleta
Granada es conocido por su oferta gastronómica, y la huerta queda a pocos pasos de varios lugares donde puedes comer rico después de la minga. Aquí van algunas recomendaciones:
- La Casona de Granada: Un restaurante tradicional en la Carrera 34 con Calle 4. Ofrecen bandeja paisa y sancocho de gallina. Platos desde $22.000 COP. Abierto de martes a domingo, 11am a 9pm.
- Frutos del Bosque: Una opción vegetariana y vegana a media cuadra de la plazoleta. Tienen bowls, sopas y jugos naturales. Precios entre $15.000 y $25.000 COP. Recomiendo el jugo de lulo con jengibre.
- Café del Barrio: En la Calle 5 con Carrera 35. Un café de especialidad donde preparan bebidas con leche de avena y ofrecen panes artesanales. Ideal para un descanso después del taller. Un capuchino cuesta $8.000 COP.
- La Tienda de la Abuela: Una panadería artesanal que vende empanadas y pandebonos. Queda en la Carrera 33, a tres minutos caminando. Perfecto para un desayuno rápido antes de la minga.
Si prefieres cocinar lo que cosechas, en la plazoleta misma a veces organizan almuerzos comunitarios con los productos de la huerta. Pregunta a los líderes del proyecto si hay alguno programado durante tu visita.
Cómo llegar a la plazoleta de Granada
La plazoleta donde funciona la huerta urbana está en el triángulo que forman la Calle 5, la Carrera 34 y la Carrera 34A. Es fácil de encontrar porque es el único espacio verde con camas de cultivo en medio del concreto.
En transporte público
- MIO: La estación más cercana es "Granada", en la Calle 5 con Carrera 37. Desde allí, camina tres cuadras hacia el oriente por la Calle 5. También puedes bajarte en "San Fernando" (estación sobre la Autopista Sur) y caminar 10 minutos hacia el norte.
- Alimentadores: Las rutas A34 y A35 pasan por la Carrera 34 y te dejan a media cuadra de la plazoleta. Pregunta al conductor que te avise en "la plazoleta de Granada".
En bicicleta o a pie
Granada es un barrio plano y con ciclovías informales. Desde el centro de Cali, puedes llegar en 20 minutos en bici por la Calle 5. Hay un parqueadero de bicicletas improvisado en la plazoleta, pero lleva tu propio candado. Si vienes desde el norte (barrio El Peñón), baja por la Carrera 34 en línea recta.
En carro
Hay parqueo en la Calle 5 con Carrera 34, pero es limitado. Recomiendo dejar el carro en el centro comercial Unicentro (a 10 minutos caminando) o en el parqueadero público de la Carrera 35 con Calle 4, que cuesta $4.000 COP la hora.
Tips locales para disfrutar la experiencia
Si vas a visitar la huerta urbana de Granada, estos consejos te ayudarán a integrarte mejor y aprovechar al máximo:
- Llega puntual a las mingas. Empiezan a las 8:00 a.m. en punto. Si llegas tarde, te pierdes la explicación inicial y el café comunitario.
- Usa ropa que puedas ensuciar. La tierra mancha, y las camisetas blancas no son buena idea. Lleva zapatos cerrados y un sombrero si el sol está fuerte.
- Trae tu propia botella de agua. En la plazoleta no hay venta de bebidas, pero puedes llenarla en el grifo del edificio de al lado (el dueño del edificio dona el agua).
- No tengas miedo de preguntar. Los vecinos son abiertos y les encanta explicar el proyecto. Si eres extranjero, te recibirán con una sonrisa y te enseñarán palabras como "abono" o "compostaje" en español.
- Lleva una bolsa para llevar tus residuos. Si consumes algo durante tu visita, separa los orgánicos y deposítalos en la compostadora. Así participas del ciclo.
- Consulta el calendario en redes sociales. El proyecto tiene una página de Instagram llamada @granadasostenible (verifica el nombre exacto buscando en la app). Allí publican las fechas de mingas, talleres y ferias.
- Si vienes con niños, avisa con anticipación. Los talleres infantiles tienen cupo limitado. Puedes escribirles por mensaje directo para reservar espacio.
Dato curioso: la huerta que nació de una pelea por un árbol
Pocos saben que el origen de la huerta no fue la basura, sino un árbol de mango. En 2023, un vecino quería talar el mango de la plazoleta porque las mangas caían y ensuciaban su carro. Otro vecino se opuso. La discusión subió de tono hasta que doña Lucía intervino: "En lugar de pelear por el árbol, sembremos más árboles". Esa frase fue la chispa. El mango sigue ahí, dando sombra a las camas de cultivo, y cada junio los vecinos recogen las mangas y hacen jugo para las mingas. El carro del vecino que quería talarlo ahora está estacionado dos cuadras más allá.
Desafíos y próximos pasos del proyecto
No todo es color de rosa en Granada Sostenible. El proyecto enfrenta retos reales que sus líderes reconocen sin filtro:
- Falta de agua constante: La plazoleta no tiene una conexión directa a la red de acueducto. Dependen de la buena voluntad del edificio vecino, que les presta un grifo. En temporada seca (julio-agosto), el agua escasea y han tenido que reducir el riego. La solución a largo plazo es un sistema de captación de aguas lluvias, que ya tienen diseñado pero no han podido instalar por falta de fondos (necesitan unos $2.5 millones COP para los tanques y tuberías).
- Vandalismo ocasional: En dos ocasiones, desconocidos arrancaron plantas y rompieron una compostadora. El grupo respondió instalando una cerca de guadua y mejorando la iluminación con faroles solares donados por un vecino.
- Relevo generacional: La mayoría de los líderes tienen más de 50 años. Carlos y María José son de los pocos jóvenes activos. Están buscando estrategias para atraer a más estudiantes y profesionales jóvenes, como talleres de diseño de huertas verticales.
- Burocracia municipal: Aunque la Junta de Acción Comunal los apoya, no tienen un permiso formal del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (DAGMA) para usar el espacio público. Hasta ahora, nadie los ha molestado, pero saben que es una situación frágil.
Los próximos pasos son ambiciosos pero realistas. Para junio de 2026, esperan tener instalado el sistema de riego con aguas lluvias, que captará el agua de los techos de dos edificios vecinos. También planean lanzar un "pasaporte verde": una tarjeta que los vecinos pueden sellar cada vez que participan en una minga o llevan residuos al compostaje, y al completar 10 sellos reciben una planta o un kilo de abono gratis. Y a largo plazo, sueñan con replicar el modelo en otras plazoletas del barrio, como la de la Carrera 36 con Calle 3.
Preguntas frecuentes
¿Puedo visitar la huerta si no soy del barrio?
Sí, absolutamente. La huerta es abierta a todo el que quiera participar. No importa si vives en El Peñón, en Ciudad Jardín o si eres turista de paso por Cali. Los vecinos reciben a los visitantes con gusto. Solo respeta las reglas básicas: no pisar las camas de cultivo, no arrancar plantas sin permiso y separar tus residuos si consumes algo en el lugar.
¿Qué necesito llevar para participar en una minga?
Lo básico: ropa cómoda para ensuciar, zapatos cerrados, una botella de agua y guantes de jardinería (si tienes; si no, el proyecto presta algunos). También puedes llevar semillas o plantones si quieres donarlos, pero no es obligatorio. El grupo proporciona las herramientas (palas, rastrillos, regaderas) y al final de la minga comparten un refrigerio comunitario.
¿Cómo puedo apoyar el proyecto si no vivo en Cali?
Hay varias formas. Puedes hacer una donación económica a través de la cuenta de ahorros del proyecto (pregunta a los líderes en persona o por redes sociales). También puedes donar herramientas, semillas o materiales de construcción (madera, guadua, mallas). Y si eres profesional (arquitecto, biólogo, comunicador), ofrecer tu conocimiento es igual de valioso: por ejemplo, ayudar a diseñar el sistema de riego o a mejorar la presencia en redes sociales.
¿La huerta vende sus productos a restaurantes de Granada?
Por ahora, no de manera formal. La producción es pequeña y se destina principalmente al consumo de los vecinos participantes y a las ferias mensuales. Sin embargo, algunos restaurantes del barrio, como Frutos del Bosque, han mostrado interés en comprar hierbas aromáticas. Es algo que el grupo está evaluando para el segundo semestre de 2026, siempre que la producción aumente sin descuidar el abastecimiento local.
CTA: Suma tu abono o tu tiempo
Si después de leer esto te dieron ganas de ensuciarte las manos, tienes una oportunidad concreta: el próximo sábado 25 de mayo de 2026 hay minga de siembra a las 8:00 a.m. en la plazoleta de Granada (
Introducción histórica o contextual
Granada ha evolucionado de ser un barrio tradicional a convertirse en un epicentro de la cultura urbana en Cali. En años recientes, la comunidad ha comenzado a adoptar prácticas de sostenibilidad, creando huertas urbanas que no sólo embellecen el entorno, sino que también promueven la alimentación consciente y el reciclaje vecinal.
Este cambio no solo refleja una respuesta a la urbanización rápida, sino también un deseo de volver a conectar con la tierra y fomentar la colaboración entre vecinos. Las huertas urbanas han surgido en patios, parques y espacios vacíos, convirtiéndose en un símbolo de resistencia y creatividad en medio de la cotidianidad caleña.
Además, iniciativas comunitarias como talleres de compostaje y reciclaje han permitido que los residentes no solo se enfoquen en el cultivo de sus propios alimentos, sino también en la reducción de residuos. Este movimiento no es exclusivo de Granada, pero aquí se siente con especial fuerza debido a la calidez y el espíritu colaborativo de sus habitantes.
Con el crecimiento de estas iniciativas, Granada se posiciona como un modelo a seguir para otros barrios de Cali, demostrando que es posible vivir en armonía con el medio ambiente mientras se fortalece el tejido social.
