Granada a las 6am: el mercado informal de frutas que nadie en redes menciona
Si llegas a Granada, Cali, a las 10 de la mañana, te encontrarás con cafés de especialidad, galerías de arte y turistas con cámaras colgadas al cuello. Pero si llegas a las 5:30am, el barrio es otro. Las calles huelen a guayaba recién cortada, a yerbabuena y a tierra mojada. Aquí no hay influencers, no hay hashtags bonitos: hay campesinos que bajan desde los corregimientos de la Cordillera Occidental con sus camionetas destartaladas, cargadas de frutas que ni siquiera encuentras en el supermercado de la esquina. Este mercado informal, que ocurre entre la Carrera 34 y la Calle 5, es el secreto mejor guardado de los caleños que saben lo que es comer bien. Y nadie lo menciona en redes. Hasta ahora.
Este artículo es una crónica de lo que pasa cuando el sol todavía no sale, cuando los primeros gallos cantan y los vendedores despliegan sus tesoros sobre plásticos azules en el piso. Si eres de los que madruga, amas la comida fresca y quieres llevarte a casa un pedazo de la Cali más auténtica, esto es para ti.
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Introducción histórica o contextual
El barrio Granada no siempre fue el epicentro gastronómico y cultural que ves hoy. Hace unas décadas, era un sector residencial de clase media, con casas grandes y calles tranquilas. Pero desde los años 2000, se transformó en el polo de restaurantes, bares y hoteles boutique de la ciudad. Sin embargo, en medio de esa gentrificación, sobrevivió un mercado que no aparece en las guías turísticas: el mercado informal de frutas que se arma cada madrugada en la plazoleta frente a la Iglesia de la Ermita y se extiende por la Cra 34 hasta la Calle 5.
Este mercado no tiene permisos municipales, no hay un administrador, ni baños públicos. Es pura economía popular. Los vendedores son campesinos de zonas como Pance, La Elvira, Felidia y Los Andes, que llegan desde las 4am después de viajar dos o tres horas en camionetas. Traen lo que cosecharon el día anterior: mangos, lulos, guanábanas, pitahayas, borojós, chontaduros, y hasta frutas que muchos caleños no conocen, como el caimito o el níspero. Todo a precios que son la mitad de lo que cuestan en los supermercados de la ciudad.
Este fenómeno no es nuevo. Lleva al menos 15 años ocurriendo, pero se ha mantenido casi invisible para los turistas y para los nuevos residentes del barrio. Los locales más antiguos lo saben, y los chefs de los restaurantes de Granada (como los del famoso Platillos Voladores o La Matraca) vienen aquí a comprar sus insumos antes de que abran las cocinas. Es un mercado que funciona con la lógica del trueque y la confianza: no hay facturas, no hay tarjetas, solo efectivo y palabra.
En mayo de 2026, el mercado sigue activo, aunque con algunos cambios. La Alcaldía ha intentado regularlo en varias ocasiones, pero los vendedores se han organizado para resistir. Lo que sí ha cambiado es que ahora hay más jóvenes y extranjeros que se animan a madrugar, atraídos por la autenticidad y los precios. Pero todavía es un lugar que no aparece en Google Maps ni en Instagram. Y eso es justo lo que lo hace especial.
Qué hacer
No esperes un mercado organizado con puestos fijos. Esto es más como un bazar callejero donde tienes que caminar con cuidado, esquivar cajas de madera y bolsas de plástico, y negociar con los vendedores que están despiertos desde las 3am. Acá te cuento cómo aprovechar la experiencia.
Llegar antes de que salga el sol
El mercado empieza a formarse alrededor de las 5:00am. Para las 5:30am ya hay al menos 15 puestos. A las 6:00am está en su punto máximo, con unos 30 a 40 vendedores. A las 8:00am empieza a desmontarse, y para las 9:00am ya casi no queda nada. Si llegas después de las 9, te encuentras solo con las cajas vacías y algún que otro vendedor rezagado. La clave es madrugar. Lleva una linterna o la linterna del celular, porque en algunas zonas la luz pública es escasa.
Recorrer la Cra 34 entre Calles 4 y 5
El epicentro del mercado está en la Cra 34, entre la Calle 4 y la Calle 5, justo al lado de la Iglesia de la Ermita. También hay puestos en la Calle 5, cerca del Parque de los Poetas. Caminar este tramo te tomará unos 20 minutos si solo miras, pero si te detienes a hablar con los vendedores y a oler las frutas, puedes pasar una hora fácilmente. No tengas miedo de meterte entre los puestos: los vendedores son amables y te dejarán probar una muestra si les pides.
Hablar con los vendedores
No te limites a comprar. Pregúntales de dónde vienen, cómo se cultiva cada fruta, cuál es la mejor forma de comerla. Los campesinos son la memoria viva del campo caleño. Doña María, por ejemplo, viene desde La Elvira desde hace 12 años. Ella te dirá que el lulo de su finca es más ácido que el del supermercado porque no usa químicos. Don Jairo, que llega desde Felidia, te explicará cómo diferenciar una pitahaya dulce de una que no lo está. Estas conversaciones son el verdadero valor del mercado.
Fotografiar sin ser invasivo
Si eres fotógrafo de street photography, este lugar es una mina de oro. La luz del amanecer, los colores de las frutas, las manos arrugadas de los vendedores, las texturas de los plásticos y las cajas. Pero pide permiso antes de tomar un primer plano. La mayoría de los vendedores aceptan si les explicas que es para un proyecto o para redes, pero algunos son tímidos o desconfían. Respeta su espacio. Una buena estrategia es comprarles algo primero y luego pedir la foto.
Comprar para la semana
Este es el mejor lugar para abastecerte de frutas frescas por varios días. Los precios son notablemente más bajos que en el supermercado. Por ejemplo, un kilo de mango de azúcar puede costar $3.000 COP, mientras que en un supermercado de Granada cuesta $8.000 COP. Las pitahayas están a $2.000 cada una, y los lulos a $5.000 la bolsa grande. Si compras al por mayor (por ejemplo, una caja de naranjas o de papayas), puedes negociar un descuento adicional. Lleva tu propia bolsa reutilizable o un carrito de mercado, porque los vendedores no dan bolsas plásticas grandes.
Dónde comer o beber
Después de caminar y comprar, el hambre aprieta. Afortunadamente, alrededor del mercado hay opciones para desayunar como un caleño de verdad. No esperes un brunch de huevos benedictinos; esto es comida de la que te da energía para el resto del día.
Puesto de empanadas y pandebono de Doña Lilia
En la esquina de la Cra 34 con Calle 5, Doña Lilia instala su carrito desde las 5:00am. Vende empanadas de pipián (rellenas de papa y maní, típicas del Valle) a $2.000 COP cada una, y pandebonos calientes a $1.500 COP. Son pequeñas, pero perfectas para comer mientras caminas. El café que sirve es tinto pasado, fuerte y con panela, a $1.000 COP. No es un café de especialidad, pero es el que toman los campesinos.
Jugos de fruta exprimidos al momento
Varios vendedores de frutas también preparan jugos en el momento. Busca a Don Ricardo, que tiene una licuadora portátil conectada a una batería de carro. Te prepara un jugo de lulo, de maracuyá o de guanábana por $4.000 COP. No usa azúcar añadida, solo la fruta y agua. Es la forma más directa de probar la calidad de lo que venden. Pídele que le agregue un poco de jengibre si quieres un toque picante.
Panadería El Criollo
A dos cuadras del mercado, en la Calle 4 con Cra 35, está la Panadería El Criollo. Abre desde las 6:00am y es un clásico de Granada. Tienen pan de yuca, almojábanas, y el famoso "pan de bono" relleno de queso. Un desayuno completo (pan de bono, un jugo natural y un café) cuesta alrededor de $10.000 COP. El lugar es pequeño, pero puedes pedir para llevar y sentarte en el Parque de los Poetas a comer.
Restaurante La Matraca (si quieres algo más formal)
Si después del mercado quieres un desayuno más contundente, La Matraca abre a las 8:00am. Está en la Cra 34 #4-12. Ofrecen un caldo de costilla con arroz y aguacate por $18.000 COP, o un tamal valluno por $15.000 COP. Es un restaurante tradicional que usa ingredientes locales, y muchos de los chefs compran en el mercado de la mañana, así que sabes que es fresco. Eso sí, llega temprano porque se llena rápido.
Historia del mercado: una tradición que sobrevive a la gentrificación
Para entender este mercado, hay que remontarse a principios de los años 2000, cuando Granada empezó su transformación de barrio residencial a polo gastronómico. Los primeros vendedores informales llegaron atraídos por el flujo de trabajadores de la construcción y empleados de los nuevos restaurantes que necesitaban desayunar barato antes de empezar su jornada. Lo que comenzó con tres o cuatro campesinos vendiendo mangos y lulos desde la cajuela de sus camionetas, se convirtió en un fenómeno que hoy reúne a más de 40 vendedores cada madrugada.
La historia de este mercado está marcada por la resistencia. En 2018, la Alcaldía de Cali intentó desalojar a los vendedores argumentando que ocupaban el espacio público sin permisos. Los campesinos se organizaron, crearon una asociación informal y negociaron con la administración local. El resultado fue un acuerdo tácito: pueden vender siempre que despejen la zona antes de las 9:00am y no obstruyan el tránsito vehicular. Este pacto no escrito se ha mantenido hasta hoy, aunque la tensión resurge cada vez que un nuevo edificio de apartamentos o un hotel boutique abre cerca.
Lo que hace único a este mercado es que no es un "mercado campesino" institucionalizado, como los que promueve la Secretaría de Desarrollo Rural. No hay carpas, no hay baños portátiles, no hay publicidad. Es pura autogestión. Los vendedores se conocen entre sí, se cuidan los puestos mientras uno va al baño de un restaurante cercano, y se prestan cambio cuando falta. Es una comunidad que se sostiene en la confianza y la necesidad compartida.
Frutas que no encuentras en el supermercado
El mercado es un catálogo vivo de la biodiversidad del Valle del Cauca. Aquí te cuento las frutas más emblemáticas que puedes encontrar, con sus precios y temporadas.
Lulo (Solanum quitoense)
El rey del mercado. Se reconoce por su cáscara anaranjada y su pulpa verde ácida. Es ideal para jugos y helados. Temporada: todo el año, pero más abundante entre marzo y junio. Precio: $5.000 COP el kilo. Cómo elegirlo: debe estar firme pero ceder ligeramente a la presión. Si está muy duro, es porque lo recogieron verde.
Pitahaya amarilla (Selenicereus megalanthus)
Más dulce y aromática que la pitahaya roja. Su pulpa es blanca con semillas negras. Temporada: de mayo a octubre. Precio: $2.500 COP cada una. Cómo elegirla: debe estar ligeramente blanda al tacto. Si está dura, no ha madurado.
Guanábana (Annona muricata)
Fruta grande de cáscara verde y espinas suaves. Su pulpa blanca es fibrosa y muy aromática, perfecta para jugos, helados o postres. Temporada: de febrero a mayo y de agosto a noviembre. Precio: $4.000 COP el kilo. Cómo elegirla: la cáscara debe ceder un poco al presionarla. Si está muy dura, no está madura.
Borojó (Borojoa patinoi)
Una fruta marrón que parece una papa grande. Su pulpa es espesa y oscura, usada tradicionalmente como energizante natural. Temporada: de junio a septiembre. Precio: $6.000 COP el kilo. Cómo elegirlo: debe estar blando, como un aguacate maduro.
Caimito (Chrysophyllum cainito)
Fruta redonda de cáscara morada o verde. Su pulpa es dulce y lechosa, con semillas en el centro. Temporada: de abril a julio. Precio: $3.000 COP la unidad. Cómo elegirlo: debe estar ligeramente blando. Si está duro, es astringente.
Chontaduro (Bactris gasipaes)
Fruta de color naranja o rojo, de textura harinosa. Se come cocido, con sal y miel. Es típico de la región Pacífica. Temporada: de septiembre a diciembre. Precio: $2.000 COP la unidad. Cómo elegirlo: debe estar firme, sin manchas negras.
Níspero (Manilkara zapota)
Fruta marrón de pulpa dulce y textura arenosa, similar al sabor del caramelo. Temporada: de enero a abril. Precio: $4.000 COP el kilo. Cómo elegirlo: debe estar blando al tacto. Si está duro, no ha madurado.
Cómo regatear sin ofender: el arte de la negociación campesina
Regatear en este mercado no es como en un bazar turístico. Aquí las reglas son otras. Te doy algunos consejos basados en mi experiencia y en lo que me contaron los vendedores.
No regatees el primer precio
Los precios ya son bajos. Si intentas regatear de entrada, el vendedor puede sentirse ofendido. En lugar de eso, pregúntale primero por la fruta, déjate aconsejar, y luego de que hayas establecido una conversación, puedes pedir un descuento si compras varias unidades. Por ejemplo: "Don Jairo, me llevo tres pitahayas, ¿me regala una más?". Eso funciona mejor que decir "¿cuánto es lo menos?".
Compra al por mayor para negociar
Si compras una caja o una cantidad grande, el descuento es más fácil de conseguir. Los vendedores prefieren vender mucho rápido a tener que cargar la mercancía de vuelta. Pregunta si tienen descuento por volumen. Por ejemplo, una caja de naranjas (unos 20 kilos) puede costar $30.000 COP si negocias, mientras que por unidad costaría $50.000 COP.
Sé amable y respetuoso
Los vendedores son campesinos que madrugan y trabajan duro. Un trato cordial, un "buenos días" y una sonrisa abren más puertas que cualquier técnica de negociación. Pregúntales cómo están, de dónde vienen, cómo va la cosecha. Eso construye confianza. Cuando confían en ti, es más probable que te den un mejor precio o te regalen una fruta de muestra.
No regatees frutas que ya están muy baratas
Si el kilo de mango está a $3.000 COP, no intentes bajarlo a $2.000 COP. Eso es casi regalarlo. Enfócate en frutas más caras o en compras grandes. Por ejemplo, el borojó a $6.000 COP el kilo puede negociarse a $5.000 COP si compras dos kilos.
Lleva cambio exacto
Como ya mencioné, el cambio es un problema. Si pagas con un billete de $50.000 COP por una compra de $8.000 COP, el vendedor puede no tener cambio. Mejor lleva billetes pequeños y monedas. Si no tienes cambio, busca a otro vendedor que pueda ayudarte a cambiar, o compra algo más para redondear la cuenta.
Ofrece trueque si tienes algo que intercambiar
Algunos vendedores aceptan trueque, especialmente si tienes productos que ellos necesitan. Por ejemplo, si llevas pan fresco de una panadería cercana, puedes ofrecerlo a cambio de frutas. No es común, pero funciona en casos específicos. Pregunta con respeto: "¿Le interesa cambiar por algo?".
El impacto económico y social del mercado: más que frutas, un sustento diario
Detrás de cada caja de mangos y cada bolsa de lulos hay una historia de supervivencia que pocos conocen. Este mercado informal no solo alimenta a los caleños que madrugan, sino que representa el ingreso principal de al menos 80 familias campesinas que dependen de lo que logran vender entre las 5:00am y las 8:00am. Según cálculos de los propios vendedores, en una buena mañana pueden facturar entre $300.000 y $500.000 COP, de los cuales la ganancia neta apenas alcanza el 30% después de descontar el combustible, el desgaste del vehículo y la merma de frutas que se dañan en el camino.
La economía de este mercado funciona con una lógica circular: los campesinos compran insumos en las tiendas del barrio antes de regresar a sus veredas, algunos almuerzan en los restaurantes económicos de la Cra 35, y varios envían remesas a sus familias desde los corresponsales bancarios cercanos. Es un circuito que inyecta dinero fresco al barrio Granada mucho antes de que abran las boutiques y los cafés de especialidad. Los administradores de los edificios residenciales cercanos lo saben y han aprendido a convivir con el ruido de las camionetas que llegan a las 4:30am, porque también dependen de este mercado para comprar frutas frescas a buen precio.
Socialmente, el mercado cumple una función que va más allá de lo comercial. Es un punto de encuentro donde se tejen redes de solidaridad. Cuando un vendedor se enferma, los demás se turnan para cubrir su puesto. Cuando alguien no tiene cambio para dar las vueltas, el vecino de al lado lo presta sin dudar. Esta confianza mutua es lo que ha permitido que el mercado sobreviva a los intentos de desalojo y a la presión inmobiliaria que ha transformado el barrio. Es un recordatorio de que la economía popular tiene sus propias reglas, basadas en la reciprocidad y no solo en la ganancia individual.
Para los chefs de los restaurantes de la zona, este mercado es un aliado estratégico. Doña Marta, propietaria del restaurante La Matraca, explica que comprar aquí le permite ofrecer jugos naturales y postres con frutas de temporada a precios competitivos, algo que sería imposible si dependiera de los proveedores mayoristas tradicionales. "Aquí conozco al campesino que sembró la fruta, sé que no usa químicos, y puedo planear mi menú según lo que está cosechando", comenta. Esta relación directa entre productor y consumidor elimina intermediarios y garantiza frescura, un valor que los comensales notan en el sabor.
Sin embargo, no todo es color de rosa. Los vendedores enfrentan desafíos constantes: la competencia con los supermercados de descuento que han llegado al barrio, las restricciones municipales que podrían endurecerse con cada cambio de administración, y el relevo generacional. Muchos de los campesinos que hoy venden tienen más de 50 años, y sus hijos prefieren buscar trabajo en la ciudad antes que heredar la finca y la rutina de madrugar. Esta amenaza silenciosa pone en riesgo la continuidad del mercado a largo plazo, y es una razón más para valorarlo y apoyarlo mientras exista.
Si decides visitar el mercado, recuerda que tu compra tiene un impacto directo. Cada peso que gastas aquí no va a una corporación, sino a la educación de los hijos de un campesino, a la gasolina de su camioneta, a la medicina de un abuelo. Es una forma de turismo responsable que beneficia a la comunidad local y preserva una tradición que ningún influencer ha sabido capturar todavía. Y eso, en tiempos de consumo masivo, es un lujo que vale la pena.
Cómo llegar y transporte
Llegar al mercado informal de Granada es sencillo si sabes a dónde ir. Aunque no hay una señalización, la ubicación es estratégica y está bien conectada.
En taxi o Uber
Desde cualquier punto de Cali, un taxi o Uber te deja en la Iglesia de la Ermita (Calle 5 con Cra 34). El viaje desde el centro cuesta unos $8.000 COP, desde el sur (zona de Ciudad Jardín) unos $15.000 COP, y desde el norte (zona de la 70) unos $12.000 COP. Pídele al conductor que te deje en "la Ermita" o "Parque de los Poetas". A las 5:30am hay poco tráfico, así que llegarás rápido. Eso sí, ten el efectivo listo porque muchos taxis no tienen datáfono a esa hora.
En bus urbano
Si quieres ahorrar, las rutas de bus que pasan por la Calle 5 son varias. La ruta T47 (que va desde el centro hasta el sur) y la T31 (que conecta con la Terminal) tienen paradas a media cuadra del mercado. El pasaje cuesta $2.500 COP. Eso sí, a las 5:30am los buses pasan cada 15-20 minutos, así que ten paciencia. Lleva monedas, porque los conductores no dan cambio para billetes grandes.
En bicicleta o caminando
Si te hospedas en Granada o en el centro, puedes ir caminando. Desde el centro, son unos 15 minutos a paso rápido. Desde el barrio San Antonio, son 20 minutos cuesta abajo. En bicicleta, hay ciclorrutas en la Calle 5, pero ten cuidado porque a esa hora hay poco alumbrado en algunos tramos. Lleva luces delanteras y traseras.
En carro particular
Si vienes en carro, el parqueadero más cercano está en la Cra 34 #4-30 (Parqueadero Granada), que cobra $5.000 COP la hora. También hay parqueo en la Calle 5, pero es más difícil encontrar espacio porque los vendedores ocupan parte de la vía. No dejes objetos de valor a la vista, porque aunque el barrio es seguro, los robos de carros han aumentado en los últimos meses.
Tips locales
Estos consejos te van a salvar de meter la pata y te van a ayudar a disfrutar al máximo la experiencia. Son cosas que solo saben los que ya han ido varias veces.
- Lleva efectivo y en denominaciones pequeñas. Nadie acepta tarjeta, ni Nequi ni Daviplata funcionan bien porque la señal móvil es débil a esa hora. Lleva billetes de $2.000, $5.000 y $10.000 COP. Si pagas con uno de $50.000, los vendedores pueden no tener cambio. Mejor saca dinero del cajero la noche anterior.
- Usa ropa cómoda y zapatos cerrados. El piso puede estar mojado por el rocío o por derrames de jugo. Las sandalias no son buena idea. Un pantalón de jean y tenis son perfectos. Lleva una chaqueta ligera porque a las 5:30am hace fresco (unos 18°C), pero para las 8am ya el sol calienta fuerte.
- No compres frutas que no vas a comer en 2 o 3 días. Las frutas del mercado están en su punto justo de maduración, muchas veces listas para comer ese mismo día. Si compras demasiadas, se te van a dañar. Pregunta al vendedor cuánto duran. Por ejemplo, las pitahayas aguantan 3 días en la nevera, pero los lulos solo 2.
- Negocia con respeto. No regatees de forma agresiva. Los precios ya son bajos. Si compras varias unidades, puedes pedir un descuento pequeño, pero no esperes que te bajen el 50%. Un "¿me regala algo más?" o "¿me da un descuento por llevar dos kilos?" funciona mejor que un regateo directo.
- Lleva tu propia bolsa o canasto. Los vendedores usan bolsas plásticas delgadas que se rompen fácil. Una bolsa de tela grande o un carrito de mercado te facilita llevar la compra. Además, reduces el plástico, cosa que los vendedores aprecian.
- No te olvides de probar algo exótico. Pregunta por el borojó, el caimito, el chontaduro o el níspero. El borojó es una fruta marrón que parece una papa, pero su pulpa es usada para batidos energéticos. El chontaduro se come cocido con sal y miel, y es típico de la región Pacífica. Son sabores que no encuentras en cualquier lado.
- Llega con tiempo y sin afán. La experiencia no es solo comprar, es observar. Míralos cómo seleccionan las frutas, cómo las acomodan, cómo conversan entre ellos. Es un ritual que se repite cada día. Si vas con prisa, te pierdes la magia.
Entrevista a 3 vendedores
Para que entiendas de qué va esto, hablé con tres vendedores que son la cara del mercado. Sus historias son el corazón de este lugar.
Doña María Elena – La reina del lulo
Doña María Elena tiene 58 años y viene desde la vereda La Elvira, a 45 minutos de Cali en camioneta. Lleva 12 años viniendo a este mercado. Su producto estrella es el lulo, que cultiva en una parcela de media hectárea. "El lulo de supermercado viene de otras regiones y lo recogen verde. El mío se madura en la mata", me dice mientras me ofrece una muestra. El kilo de lulo lo vende a $5.000 COP, mientras que en el supermercado cuesta $12.000 COP. También trae naranjas agrias ($2.000 COP el kilo) y limones mandarinos ($3.000 COP la bolsa). "Lo más bonito es ver a los chefs venir a comprarme. Saben que mi producto es de verdad", dice con orgullo.
Don Jairo – El hombre de las pitahayas
Don Jairo, de 45 años, llega desde Felidia, un corregimiento al occidente de Cali. Su especialidad son las pitahayas amarillas, que cultiva en un invernadero artesanal. "La pitahaya amarilla es más dulce que la roja, pero la gente no la conoce tanto", explica. Las vende a $2.500 COP cada una, o tres por $6.000 COP. También trae maracuyá ($4.000 COP el kilo) y granadillas ($3.000 COP la docena). Don Jairo me cuenta que empezó vendiendo en la galería de Santa Elena, pero se vino para Granada porque aquí "la gente paga mejor y no madruga tanto". Su consejo: "Compre la pitahaya cuando esté un poco blanda, esa es la dulce".
Don Alberto – El campesino de la guanábana
Don Alberto, de 62 años, viene desde Los Andes, un corregimiento a una hora de Cali. Su producto estrella es la guanábana, que vende a $4.000 COP el kilo. "La guanábana es buena para para jugo, para helado, y hasta para remedios caseros", dice mientras corta una para mostrarme la pulpa blanca. También trae borojó ($6.000 COP el kilo) y caimito ($3.000 COP la unidad). Don Alberto es de los pocos que todavía usa báscula de pesas antiguas, de esas de metal. "Es más honesta que las digitales", asegura. Me cuenta que el mercado ha cambiado: "Antes solo venían caleños, ahora vienen extranjeros que toman fotos. Pero yo sigo aquí, vendiendo lo mismo".
Preguntas frecuentes
¿A qué hora exacta debo llegar al mercado?
Lo ideal es llegar entre las 5:30am y las 6:00am. A esa hora el mercado está en su punto máximo, con la mayor variedad de frutas y vendedores. Si llegas después de las 8:00am, muchos ya están empacando. Si llegas antes de las 5:00am, apenas están llegando y hay pocos puestos. Un buen plan es despertarte a las 5:00am, estar en el lugar a las 5:30am, y disfrutar hasta las 7:30am. Luego puedes desayunar tranquilo en alguna panadería cercana.
¿Es seguro el mercado a las 6am?
Sí, en general es seguro. El barrio Granada es una zona turística y bien vigilada, y a esa hora hay movimiento de vendedores y compradores. Sin embargo, como en cualquier lugar público, debes cuidar tus pertenencias: no saques el celular a cada rato, guarda la billetera en un bolsillo con cierre, y evita llevar joyas llamativas. También es recomendable ir acompañado si es tu primera vez. Los vendedores son personas de confianza que llevan años en el oficio, pero siempre hay algún carterista oportunista. Si vas con precaución, no tendrás problemas.
¿Puedo pagar con tarjeta o con aplicaciones como Nequi?
No es recomendable. La mayoría de los vendedores solo aceptan efectivo. La señal de internet móvil es débil a esa hora en la zona, por lo que Nequi o Daviplata pueden fallar. Además, muchos vendedores no tienen teléfonos inteligentes o no usan estas aplicaciones. Lleva billetes pequeños y monedas. Si solo tienes un billete grande, pregunta primero si tienen cambio; de lo contrario, busca un puesto de empanadas o jugos que pueda ayudarte a cambiar. Es mejor prevenir y sacar efectivo la noche anterior.

