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Rodadero de noche: la ruta de las fritangas eternas

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 29 de junio, 2026
Rodadero de noche: la ruta de las fritangas eternas

Si creés que El Rodadero se duerme cuando los turistas guardan las toallas y el sol se esconde detrás de la Sierra Nevada, te estás perdiendo la verdadera vida

El Rodadero después de las 10 pm: cuando las luces del centro comercial se apagan, las fritangas encienden la calle

Si creés que El Rodadero se duerme cuando los turistas guardan las toallas y el sol se esconde detrás de la Sierra Nevada, te estás perdiendo la verdadera vida nocturna del barrio. Después de las 10 de la noche, cuando las discotecas empiezan a calentar motores y los últimos vendedores ambulantes recogen sus carpas, aparece otro Rodadero: el de las fritangas eternas. Esa esquina donde el aceite chisporrotea, el olor a arepa de huevo recién frita se mezcla con el de pescado frito y los universitarios salen de clases nocturnas con el bolsillo justo para una empanada y un jugo natural. Acá no hay menús en inglés ni precios inflados. Esto es comida de la calle, hecha por manos samarias que llevan décadas perfeccionando la fórmula: crocante por fuera, suave por dentro y un precio que no duele. En junio de 2026, esta ruta sigue siendo el plan favorito de los que saben que la mejor gastronomía de Santa Marta no está en un restaurante con vista al mar, sino en una carreta con olla de barro.

¿Qué hace especial a la noche fritanguera del Rodadero?

Mientras la Zona Rosa del Rodadero se llena de turistas pagando $15.000 por una cerveza en un bar con música a todo volumen, a apenas tres cuadras de distancia hay un mundo paralelo donde con $10.000 te armás un banquete callejero que te deja satisfecho y con cambio. Los puestos nocturnos no son improvisados: son negocios familiares que pasan de generación en generación. La señora Carmen, por ejemplo, lleva 22 años haciendo patacones en la misma esquina. Su mamá empezó con una carreta de madera, y ahora ella tiene su carrito con sombrilla y todo. El secreto está en la masa: plátano verde machacado a mano, frito dos veces para que quede crocante, y una capa de hogao que prepara todas las tardes con tomate chonto, cebolla larga y un toque de comino que solo ella sabe medir.

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Lo otro que hace única esta ruta es que no depende de la temporada turística. Aquí vienen a comer los meseros después de cerrar sus turnos, los taxistas que esperan carreras tarde en la noche, los estudiantes de la Universidad del Magdalena que viven en el barrio, y hasta los policías que hacen ronda. Es un ecosistema donde todos se conocen. El señor Pedro, el de los jugos naturales, ya sabe que si pedís jugo de corozo sin azúcar, sos local; si pedís mango con leche, probablemente sos de Bogotá. Ese nivel de detalle solo lo da la calle.

Los cinco puestos imperdibles de la ruta

Esta ruta es caminable, empieza en la carrera 5 con calle 10 y termina en el parque principal del Rodadero. Son unos 500 metros de distancia, pero te va a tomar dos horas si parás en cada puesto, como debe ser. Llevá efectivo, porque ninguno acepta tarjeta, y llegá con hambre real, no con antojo de turista.

1. El puesto de arepas de huevo en la 5ta con 10

No tiene nombre, pero todo el mundo lo conoce como “la arepera de la esquina”. Es una carreta blanca con un letrero pintado a mano que dice “Arepas de huevo y empanadas”. Abren de jueves a domingo, desde las 7 pm hasta que se acabe la masa, que suele ser alrededor de la 1 am. La especialidad es la arepa de huevo rellena de carne desmechada y queso costeño, bañada en suero costeño y hogao. Cada arepa cuesta $4.500 COP (precios de referencia de junio de 2026). El truco: pedila “bien frita” para que quede dorada y crujiente, y no le tengas miedo al suero. El suero que usan acá es el de verdad, espeso y salado, no esa cosa líquida que venden en los supermercados.

Dato curioso: la señora que atiende, doña Marta, fríe las arepas en aceite que cambia cada dos días. Dice que el aceite viejo arruina el sabor. Por eso sus arepas no quedan aceitosas, sino ligeras. Si llegás después de la 1 am y ya cerraron, no insistas: la masa se prepara fresca cada día y no guardan para el siguiente.

2. La carreta de pescado frito frente al colegio

En la calle 12 con carrera 4, justo frente a la entrada del Colegio Distrital El Rodadero, todas las noches se estaciona una carreta de pescado frito que es leyenda entre los taxistas. El dueño, don Jairo, trabaja desde las 8 pm hasta las 3 am, de lunes a sábado. Acá no hay menú: solo venden mojarra frita entera, con patacones y ensalada de repollo con zanahoria. Cada plato cuesta $12.000 COP y viene con dos patacones grandes. La mojarra es fresca, comprada en la mañana en la pescadería del Mercado Público de Santa Marta. Don Jairo la limpia él mismo, la sazona con ajo, sal y limón, y la fríe en aceite de palma a temperatura exacta para que quede crocante por fuera y jugosa por dentro.

El secreto: pedile que te la sirva con “salsa de la casa”, que es una mezcla de mayonesa, mostaza, cilantro picado y un toque de ají dulce. No es picante, es sabrosa. Y si querés acompañar con arroz de coco, don Jairo a veces prepara una olla pequeña los fines de semana, pero se acaba rápido. Llegá antes de las 10 pm si querés agarrar arroz de coco.

3. Los patacones de la señora Carmen

En la carrera 5 con calle 11, media cuadra antes del parque, está el carrito verde de la señora Carmen. Abre de miércoles a domingo, de 6 pm a 2 am. Sus patacones son famosos porque ella los hace en el momento: machaca el plátano verde en una prensa de madera, lo fríe una vez, lo aplasta de nuevo y lo fríe otra vez. Quedan delgados, crocantes y con ese sabor a plátano frito que no engaña. Cada patacón cuesta $3.000 COP solo, o $7.000 COP si lo pedís “completo” con carne desmechada, pollo, queso rallado, lechuga, tomate y hogao. La porción es generosa: con dos patacones completos una persona queda llena.

Lo que poca gente sabe: la señora Carmen también vende “patacones de la abuela”, que son más gruesos y suaves por dentro, ideales para los que no quieren algo tan crocante. Preguntale por “patacón pisao suave” y ella te hace la versión especial. No está en el letrero, pero ella lo prepara si se lo pedís. El hogao de Carmen es otra historia: lo hace con tomate perita, cebolla cabezona, ajo y un toque de panela rallada que le da un dulzor sutil que contrasta con la sal del queso.

4. Las empanadas de la esquina del parque

En la esquina del Parque de los Novios, frente a la iglesia, hay una señora mayor que vende empanadas desde hace 15 años. Se llama doña Rosa y su puesto es una mesa plegable con un termos de aceite y una bandeja con empanadas ya fritas, pero si llegás temprano (antes de las 9 pm) podés pedirlas recién hechas. Las empanadas son de masa de maíz, rellenas de carne desmechada, papa criolla y huevo duro picado. Cada empanada cuesta $2.000 COP. También vende empanadas de pollo con champiñones los fines de semana, que son las más buscadas.

El detalle que marca la diferencia: doña Rosa fríe las empanadas en manteca de cerdo, no en aceite vegetal. Eso les da un sabor más profundo y una textura más hojaldrada. Ella dice que la manteca de cerdo es la única manera de que la empanada quede “como Dios manda”. Y tiene razón. Acompañalas con su ají casero, que es una mezcla de ají dulce, cebolla larga y limón, fermentado por tres días. No pidas ají si no aguantás picante, porque el de ella sí tiene chispa.

5. Los jugos naturales del señor Pedro

Para cerrar la ruta con algo fresco, en la carrera 5 con calle 10, al lado de la arepera, está el carrito del señor Pedro. Es un señor de unos 60 años, con sombrero vueltiao y una sonrisa permanente. Vende jugos naturales de frutas de la región: corozo, mango, maracuyá, lulo, guanábana y zapote. Cada vaso grande (500 ml) cuesta $3.500 COP. El secreto: Pedro no usa azúcar refinada. Endulza sus jugos con panela rallada o miel de abeja, y siempre pregunta si querés el jugo “colao” (sin pulpa) o “con pulpa” (con la fibra de la fruta).

Si nunca has probado el jugo de corozo, esta es tu oportunidad. El corozo es una fruta pequeña, roja, ácida, que solo se consigue en la región Caribe. Su jugo es de color rojo intenso, con un sabor entre ciruela y frambuesa, pero más terroso. Pedro lo prepara con agua de coco en vez de agua normal, y eso le da un toque cremoso único. También vende limonada de coco (agua de coco con limón y hierbabuena) que es perfecta para bajar la fritanga.

Dato de local: si llegás después de la 1 am, Pedro ya no tiene corozo, porque se acaba rápido. Mejor pedí jugo de mango, que siempre tiene.

Precios y horarios exactos de cada puesto (actualizado junio 2026)

Acá te dejo una tabla mental para que no te pierdas:

  • Arepera de la esquina (5ta con 10): Arepa de huevo $4.500 COP. Jueves a domingo, 7 pm – 1 am.
  • Carreta de pescado frito (frente al colegio): Mojarra frita con patacones y ensalada $12.000 COP. Lunes a sábado, 8 pm – 3 am.
  • Patacones de la señora Carmen (5ta con 11): Patacón simple $3.000 COP, completo $7.000 COP. Miércoles a domingo, 6 pm – 2 am.
  • Empanadas de doña Rosa (esquina del parque): Empanada de carne $2.000 COP, de pollo con champiñones $2.500 COP (fines de semana). Martes a domingo, 5 pm – 11 pm.
  • Jugos del señor Pedro (5ta con 10): Vaso grande $3.500 COP. Lunes a sábado, 6 pm – 2 am. Domingos hasta la 1 am.

Importante: estos precios son los que estaban vigentes en junio de 2026. Pueden cambiar según la temporada o el costo de los insumos. Siempre llevá billetes de $2.000, $5.000 y $10.000, porque a veces no tienen cambio de billetes grandes.

Secretos que solo los locales conocen

La ruta de las fritangas eternas tiene sus códigos. Acá van algunos que te van a servir:

  • El orden importa: Empezá por las empanadas de doña Rosa, porque cierra temprano (11 pm). Después seguí con los patacones de Carmen, después la arepa de huevo, después el pescado de don Jairo, y cerrá con el jugo de Pedro. Así no te llenás demasiado rápido y probás de todo.
  • No pidás servilletas: Acá no hay servilletas de papel. Llevá tu propio paquete de toallitas húmedas o un trapito, porque las manos se van a ensuciar con hogao y aceite. Es parte de la experiencia.
  • El ají se pide aparte: En cada puesto hay un frasco de ají casero. No es automático; tenés que pedirlo. Si no lo pedís, asumen que no querés. Y si querés el ají de doña Rosa, llevá tu propio recipiente porque ella lo vende por aparte a $3.000 COP el frasco pequeño.
  • Los mejores días son jueves y viernes: Los fines de semana hay más gente y los puestos se llenan, pero jueves y viernes hay menos fila y los dueños tienen más tiempo para charlar. Además, don Jairo siempre guarda arroz de coco los jueves.
  • Si llueve, todo cambia: Cuando llueve en El Rodadero, los puestos se corren bajo los aleros de los edificios. La arepera se pone bajo el techo de la farmacia, los patacones de Carmen se van para la entrada del parque. No es que no abran, solo se mueven. Preguntá a cualquier local y te dicen dónde están.

Cómo llegar y transporte

El Rodadero está a unos 15 minutos en bus desde el centro de Santa Marta. Si venís desde el centro histórico o desde la Terminal de Transporte, tomá cualquier bus que diga “Rodadero” en el letrero. La carrera es de $2.200 COP (junio 2026). Bajate en la parada del Parque de los Novios, que es el punto de referencia para empezar la ruta. Si venís en taxi desde el centro, el viaje cuesta entre $12.000 y $15.000 COP, dependiendo de la hora y el tráfico.

Si estás alojado en el mismo Rodadero, todo es caminable. La ruta completa no supera las 5 cuadras. Pero ojo: después de la 1 am, el transporte público disminuye. Si no conseguís bus, los taxis en la zona son seguros, pero negociá el precio antes de subir. Un taxi dentro del Rodadero no debería costar más de $7.000 COP.

Para los que vienen desde otras partes de Santa Marta como Taganga o Bello Horizonte, lo mejor es tomar un bus hasta el centro y de ahí otro hacia El Rodadero. No recomiendo venir en carro particular porque el estacionamiento en la zona es escaso y caro (alrededor de $5.000 COP por hora en los parqueaderos privados).

Tips locales para disfrutar la ruta como un samario

  • Llevá efectivo y monedas: Ningún puesto acepta tarjeta. Los cajeros automáticos más cercanos están en el centro comercial Rodadero Plaza, a 3 cuadras del parque, pero a veces tienen fila larga los fines de semana.
  • No usés ropa clara: El hogao, el aceite y el ají manchan. Vestite cómodo y con colores oscuros. Es una ruta de fritanga, no de cena elegante.
  • Probá todo sin miedo: Si sos extranjero, puede que el suero costeño o el ají te parezcan extraños, pero son parte del sabor local. Empezá con pequeñas porciones y aumentá si te gusta.
  • Conversá con los dueños: Cada puesto tiene una historia. Doña Rosa te cuenta cómo aprendió a hacer empanadas de su abuela. Don Jairo te explica por qué la mojarra del Rodadero es mejor que la del centro. Son personas orgullosas de su trabajo y les gusta compartir.
  • No te dejés engañar por los precios “turísticos”: Algunos puestos cerca de la playa venden arepas de huevo a $7.000 COP. Los que están en la ruta que te describí mantienen precios locales porque su clientela principal son samarios. Si ves un puesto con letrero en inglés, probablemente es para turistas. Buscá los que tienen letreros escritos a mano.

¿Vale la pena esta ruta comparada con los restaurantes turísticos?

Mirá, los restaurantes del Rodadero con vista al mar son lindos, cómodos, y la comida es buena. Pero pagás $35.000 por un plato de pescado que acá en la calle conseguís por $12.000, y la diferencia no está solo en el precio. Está en el ambiente: acá no hay meseros uniformados ni música ambiental. Hay bulla de carros, risas de gente que come parada, el sonido del aceite friendo y el olor a carbón de las brasas de algún vendedor de arepas asadas. Es auténtico, es ruidoso, es imperfecto, y por eso mismo es inolvidable.

Además, en los restaurantes turísticos la arepa de huevo suele ser congelada, industrial. Acá es hecha a mano, con masa del día. El pescado de don Jairo no viene de una granja piscícola, sino del mar, comprado en la madrugada. Los jugos de Pedro son de fruta real, no de concentrado. No hay atajos. Es comida de la calle hecha con el mismo cariño que la comida de la abuela, pero servida en un plato de plástico y acompañada de una sonrisa.

Si venís a Santa Marta y solo comés en restaurantes, te estás perdiendo la mitad de la ciudad. La otra mitad está en estas esquinas, en estas carretas, en estas manos que fríen, machacan y sirven hasta las 3 de la mañana. Anímate a hacer esta ruta y contanos cuál puesto te sorprendió más. Compartí tu foto en redes con el hashtag #FritangasRodadero y etiquetanos para que veamos cómo te fue. ¡Buen provecho!

Preguntas frecuentes

¿Es seguro caminar por El Rodadero de noche para hacer esta ruta?

Sí, la zona donde están los puestos (carrera 5 entre calles 10 y 12, y el parque) es bastante segura porque hay movimiento constante de personas y taxis hasta tarde. Igual, como en cualquier lugar de Colombia, no andes mostrando el celular en la mano ni dejés la mochila abierta. Lo recomendable es ir en grupo, pero si vas solo, también es tranquilo si te mantenés en las calles principales. Evitá meterte por callejones oscuros entre puesto y puesto.

¿Los puestos abren todos los días del año?

# La mayoría tiene días de descanso. La arepera de la esquina solo abre jueves a domingo. Los patacones de Carmen descansan lunes y martes. Las empanadas de doña Rosa no abren los lunes. Don Jairo descansa los domingos. Pedro abre de lunes a sábado. En temporada alta (diciembre, enero, Semana Santa y julio) algunos puestos pueden abrir todos los días, pero es mejor preguntar o verificar en sus redes sociales si tienen. En junio de 2026, todos mantienen sus horarios habituales.

¿Pued

Introducción histórica o contextual

El Rodadero, conocido por sus playas de arena blanca y su ambiente festivo, tiene una historia que va más allá de ser solo un destino turístico. Originalmente, esta zona era un pequeño pueblo de pescadores que, con el tiempo, se transformó en un centro turístico atractivo. Durante las décadas de 1960 y 1970, el crecimiento del turismo fue exponencial, lo que llevó al desarrollo de múltiples ofertas gastronómicas y de entretenimiento, muchas de las cuales se mantienen vigentes hoy en día.

A medida que el sol se oculta, El Rodadero se convierte en un lugar vibrante donde la gastronomía local, especialmente las fritangas, cobran vida. Las fritangas, que son una mezcla de diferentes tipos de carne frita, plátano y yuca, son un símbolo de la cultura costeña y se pueden disfrutar en varios puntos del Rodadero, donde los sabores y aromas se mezclan con la brisa marina.

Además, la influencia de la comunidad local es fundamental. Muchos de los vendedores de fritangas son familias que han estado en el negocio durante generaciones, transmitiendo recetas y técnicas de cocción que han sido perfeccionadas con el tiempo. Esto no solo garantiza la autenticidad de los sabores, sino que también ofrece una conexión directa con la herencia cultural de la región.

Si buscas una experiencia auténtica, es recomendable visitar los locales que están más alejados de las zonas turísticas, donde los residentes suelen ir a disfrutar de estas delicias. Aquí no solo degustarás la comida típica, sino que también tendrás la oportunidad de conversar con los lugareños y conocer más sobre sus tradiciones y costumbres.

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Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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