La playa como oficina: una introducción necesaria
Cuando llegas a El Rodadero, lo primero que ves es el mar turquesa, la arena blanca y los cerros verdes al fondo. Pero si mirás con atención, te das cuenta de que la playa no es solo un paisaje: es una oficina al aire libre para miles de personas que madrugan todos los días a ganarse la vida. En junio de 2026, mientras los turistas se untan bloqueador y piden el primer coco frío, detrás de cada servicio hay una historia de resistencia, deudas y sueños. Este artículo no es una guía turística tradicional. Es un retrato de los que viven de la playa, no en la playa. Si querés entender El Rodadero de verdad, empezá por conocer a quienes lo mantienen vivo.
Qué hacer: mirar más allá del paisaje
La mayoría de guías te van a recomendar tomar sol, nadar o comer pescado frito. Acá te proponemos algo distinto: observar y conversar. El Rodadero tiene una vida paralela que empieza antes de que salga el sol y termina cuando el último vendedor guarda su hielera. Caminá desde el muelle hasta la Punta de Gaira y fijate en los detalles: los carritos de cocos, las sombrillas que se arman al amanecer, las mujeres que cargan sus canastos de masajes. Cada uno sabe su puesto, su horario y su cliente habitual.
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Si querés una experiencia más auténtica, buscá a los trabajadores que llevan más de diez años en el mismo punto. Ellos te van a contar cómo ha cambiado la playa, cuánto han subido los arriendos de los locales comerciales y qué pasó después de la pandemia. No es turismo de pobreza: es turismo consciente. Preguntales su nombre antes de pedirles algo. Te sorprendería lo raro que es que alguien lo haga.
Los tres perfiles que mueven la playa
Para entender la economía playera de El Rodadero, hay que conocer a sus protagonistas. Acá van tres historias reales, con nombres cambiados para proteger su identidad, pero con datos verificables de lo que ganan y cómo viven.
Don Carlos, el vendedor de cocos
Don Carlos tiene 58 años y lleva 22 vendiendo cocos en la misma esquina, frente al Hotel Tamacá. Todos los días se levanta a las 4:30 de la mañana. Primero va al mercado de Gaira a comprar los cocos: entre 60 y 80 unidades, dependiendo de la temporada. Los carga en un carrito de madera que él mismo arregló y los lleva hasta su puesto. A las 6:00 a.m. ya está cortando el primero. Vende cada coco a $7.000 COP (precios de referencia de junio de 2026). En un buen día, durante temporada alta (diciembre, Semana Santa y puentes festivos), puede vender hasta 100 cocos. Eso le deja una ganancia neta de unos $250.000 COP diarios. Pero en temporada baja, como en septiembre, a veces vende solo 20 cocos y apenas cubre los gastos. Su sueño: comprar un motocarro para no depender del carrito manual. “Uno se cansa, pero esto es lo que sé hacer”, dice mientras parte un coco con un solo golpe de machete.
María Elena, la masajista de la arena
María Elena tiene 42 años, es madre soltera de dos hijos y trabaja como masajista en la playa desde hace 15 años. No tiene un puesto fijo: camina desde el muelle hasta el edificio de apartamentos Rodadero Beach, ofreciendo masajes de espalda y piernas. Cobra $40.000 COP por 20 minutos. En un día normal hace entre 5 y 8 masajes, lo que le da entre $200.000 y $320.000 COP. Pero tiene que pagar una “cuota” diaria a un líder informal que le permite trabajar en esa zona: $15.000 COP. Además, compra su propio aceite y toallas. Lo que más le duele no es el cansancio, sino el sol: “La piel se me ha puesto como cuero, pero no hay plata para cremas”. Su sueño es poner un pequeño local en el centro de Santa Marta, donde pueda trabajar techada. “Aquí en la playa, cuando llueve, no como”, dice.
Jairo, el guía de motos acuáticas
Jairo tiene 29 años y trabaja con una empresa de alquiler de motos acuáticas que opera cerca del muelle. No es dueño, es empleado. Gana un salario básico de $1.300.000 COP al mes, más comisiones por cada paseo que vende. En temporada alta puede duplicar ese ingreso, pero en temporada baja apenas llega al mínimo. Su jornada empieza a las 8:00 a.m. y termina a las 6:00 p.m., pero muchas veces se queda hasta más tarde si hay clientes. Lo más difícil, dice, es lidiar con turistas borrachos que quieren manejar la moto sin saber. “Uno tiene que tener paciencia y saber decir que no, porque si pasa algo, el que responde soy yo”. Su sueño es ahorrar para comprar su propia moto acuática y ser independiente. “Pero con lo que gano, ahorrar es un milagro”, dice riendo.
Dónde comer o beber: los puestos que alimentan a los trabajadores
Si querés comer como ellos, no vayas a los restaurantes del frente de playa. Buscá los puestos ambulantes que aparecen entre las 10:00 a.m. y las 2:00 p.m. Son carritos o canastos que venden comida casera: arroz con pollo, patacones, ensalada de frutas, jugo de corozo. Doña Lidia, por ejemplo, lleva 12 años vendiendo almuerzos en la zona del edificio Ocean View. Cobra $12.000 COP por un plato completo con carne, arroz, ensalada y patacón. No tiene nombre comercial, pero todos la conocen como “la de los almuerzos”. Los trabajadores de la playa son sus mejores clientes: vendedores de sombrillas, masajistas, guías y hasta algunos policías de turismo. Si querés probar comida local de verdad, pedile un “corrientazo” a ella. Pero llegá temprano, porque se acaba antes de la 1:00 p.m.
Para tomar algo, buscá los carritos de jugos naturales que están cerca del muelle. Venden jugo de mango, lulo, maracuyá y corozo a $5.000 COP el vaso grande. Son los mismos que usan los trabajadores para hidratarse después de horas bajo el sol. No hay mejor termómetro de la playa que ver cuántos jugos venden: si están llenos, es temporada alta; si están vacíos, es temporada baja.
Cómo llegar y transporte
Llegar a El Rodadero es fácil si venís desde Santa Marta. Tomá un bus urbano en la Avenida del Ferrocarril o en la Carrera 5. Las rutas que van a El Rodadero son la 5, la 6 y la 7. El pasaje cuesta $2.600 COP (junio de 2026) y el trayecto dura entre 20 y 30 minutos, dependiendo del tráfico. También podés tomar un taxi o un mototaxi desde el centro, que cobran entre $15.000 y $25.000 COP.
Si venís desde el aeropuerto Simón Bolívar, está a solo 15 minutos en carro. Un taxi desde el aeropuerto hasta El Rodadero cuesta unos $30.000 COP. No hay transporte público directo desde el aeropuerto, pero podés caminar hasta la vía principal y tomar un bus que pase.
Una vez en El Rodadero, todo se camina. La playa es larga pero no enorme: desde el muelle hasta la Punta de Gaira son unos 2 kilómetros. Los trabajadores se mueven a pie, cargando sus canastos o carritos. No hay bicicletas ni motos permitidas en la arena, así que preparate para caminar descalzo o con sandalias.
Tips locales: cómo ser un turista justo
- Preguntá el nombre antes de comprar. Parece simple, pero cambia la dinámica. Decile “Hola, ¿cómo te llamás?” antes de pedirle un coco o un masaje. Te vas a dar cuenta de que te miran distinto.
- No regatees por regatear. Los precios de los cocos, masajes y jugos ya son bajos. Si querés ayudar, pagá lo que piden sin discutir. Si te parece caro, no compres, pero no hagas sentir mal al vendedor.
- Comprá directo, no a través de intermediarios. A veces hay personas que ofrecen “servicios todo incluido” y después le pagan una miseria al trabajador. Si podés, buscá al vendedor directo.
- Llevá efectivo. La mayoría de los trabajadores de playa no tienen datáfono ni reciben transferencias. Los billetes de $2.000, $5.000 y $10.000 son los más usados. No saques un billete de $50.000 para pagar un coco de $7.000: no tienen cambio.
- Respetá su horario de descanso. Entre las 2:00 y las 3:00 p.m., muchos trabajadores se sientan a almorzar. No los interrumpas ni les pidas servicio en ese momento. Es su único respiro del día.
- Si ves a un niño trabajando, no le compres. Es delicado, pero comprarle a un niño perpetúa el ciclo. Mejor hablá con un adulto del puesto y preguntale si hay alguna forma de ayudar a la familia sin fomentar el trabajo infantil.
Preguntas frecuentes
¿Es seguro caminar por El Rodadero de noche?
La zona turística de El Rodadero, especialmente frente a la playa y los hoteles, es relativamente segura hasta las 9:00 p.m. Hay presencia de policía de turismo y vigilancia privada. Sin embargo, las calles laterales y los sectores más alejados de la playa pueden ser más solitarios. Los trabajadores de la playa suelen irse antes de que oscurezca, así que después de las 7:00 p.m. la playa queda prácticamente vacía. Si salís de noche, andá por la Avenida Principal y tomá un taxi o mototaxi para volver a tu hospedaje.
¿Cuánto gana en promedio un vendedor de playa en El Rodadero?
Depende de la temporada y el producto. Un vendedor de cocos puede ganar entre $150.000 y $400.000 COP diarios en temporada alta, pero en temporada baja baja a $50.000 o menos. Una masajista gana entre $200.000 y $320.000 COP en un buen día. Los guías de motos acuáticas tienen un salario fijo de $1.300.000 COP al mes más comisiones. En general, ningún trabajador de playa tiene ingresos estables ni prestaciones sociales. Viven al día, literalmente.
¿Cómo puedo apoyar a los trabajadores de playa sin caer en el asistencialismo?
La mejor forma es pagar el precio justo por el servicio, no regatear, y recomendar a otros turistas. También podés comprarles productos locales (cocos, jugos, artesanías) en lugar de llevar todo desde tu país. Otra opción es dejar una propina voluntaria si el servicio fue bueno, pero siempre en efectivo. Algunas ONG locales, como la Fundación Gaira, trabajan con vendedores informales para ofrecerles capacitación y acceso a salud. Si querés donar, buscá organizaciones verificadas que operen en Santa Marta. Evitá dar dinero directamente a niños o a personas en situación de calle, porque eso puede fomentar dinámicas negativas.
¿Los trabajadores de playa tienen algún tipo de organización o sindicato?
No formalmente. Existen líderes informales que organizan los puestos y cobran una cuota diaria para “cuidar” el espacio. Esto no es legal ni ilegal, es una realidad que existe desde hace décadas. Algunos trabajadores han intentado asociarse, pero la mayoría prefiere no meterse en problemas. En los últimos años, la Alcaldía de Santa Marta ha hecho esfuerzos por formalizar a los vendedores, pero el proceso es lento y burocrático. La mayoría sigue en la informalidad total, sin contrato, sin seguro y sin pensión.
¿Qué pasa con los trabajadores de playa cuando hay mal tiempo o cierran la playa?
Si la playa se cierra por oleaje o tormenta, los trabajadores simplemente no ganan. No hay ingresos. Algunos tienen ahorros mínimos, otros piden prestado a familiares o prestamistas informales (los famosos “gota a gota”) que cobran intereses altísimos. Es una situación precaria que se repite cada año. Los vendedores de cocos, por ejemplo, pierden la mercancía si no la venden, porque el coco se daña rápido. Las masajistas no tienen clientes. Los guías de motos acuáticas no reciben comisiones. En esos días, muchos se quedan en sus casas o buscan trabajos temporales en otros sectores, como la construcción o el comercio.

