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Hormigas culonas y mazamorra: los antojos que sí se venden en Laureles

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 27 de agosto, 2026
Hormigas culonas y mazamorra: los antojos que sí se venden en Laureles

Si usted busca en TikTok "comer en Laureles", le van a aparecer cincuenta videos de la misma hamburguesa artesanal con queso cheddar derretido y otros cincuenta

Laureles no es solo pizza y sushi: los sabores que no salen en Instagram

Si usted busca en TikTok "comer en Laureles", le van a aparecer cincuenta videos de la misma hamburguesa artesanal con queso cheddar derretido y otros cincuenta de ramen de autor. Y no está mal, eso también es Laureles. Pero hay otra cara del barrio, la que no necesita hashtags ni luces de neón: la del puesto de hormigas culonas en la 70, la de la mazamorra que se toma a las 6 de la mañana con el frío del parque, la del chicharrón que se come de pie en la 80 mientras el vendedor le cuenta cómo le va con el negocio.

Esta guía no es para quien busca el restaurante de moda. Es para el foodie curioso, para el local que quiere volver a los sabores de la casa y para el turista de segunda vuelta que ya se cansó de las filas en los lugares que salen en las guías. Aquí están los antojos que sí se venden en Laureles, los que han sobrevivido a la gentrificación, a los arriendos caros y a las modas gastronómicas.

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Y un dato que casi nadie menciona: Laureles fue declarado barrio de interés cultural por su arquitectura y su trazado urbano, pero la verdadera cultura del barrio no está en las fachadas de las casas, sino en los olores que salen de los fogones improvisados en los parques y en las esquinas. En agosto de 2026, estos puestos siguen ahí, resistiendo, y esta guía es un mapa para encontrarlos.

El puesto de hormigas culonas en la 70: 40 años de tradición

La Avenida 70 es conocida por sus bares y sus restaurantes, pero si usted camina entre la Calle 47 y la Calle 50, en la mañana, va a encontrar un pequeño carrito con un letrero que dice "Hormigas culonas de Santander". Ahí trabaja don Pedro, un señor de 68 años que lleva más de cuatro décadas vendiendo este manjar que a muchos les da grima y a otros les parece el mejor pasabocas del mundo.

Don Pedro me contó, mientras separaba las hormigas por tamaño, que su familia viene de Barichara y que su abuela le enseñó el oficio. "Esto no es un negocio, es una herencia", dijo con una sonrisa que le arrugaba los ojos. Las hormigas que él vende no son de Medellín, porque aquí no se dan; las trae un primo que vive en Santander y que las recoge en temporada de lluvias, cuando las reinas salen del hormiguero. Ese es el secreto: solo se comen las reinas, que son las más grandes y las que tienen el abdomen gordo.

Cómo las prepara y qué debe probar

El proceso no es complicado, pero tiene su ciencia. Las hormigas se lavan varias veces para quitarles la tierra, se dejan en agua con sal durante un par de horas y luego se tuestan en un budare de barro, como se hace en Santander. Don Pedro les agrega un toque de limón y un poco de ajo en polvo, algo que no es tradicional pero que él dice que "le da un quiebre moderno". El resultado es un bocado crujiente, con un sabor que algunos describen como a maní tostado con un toque de tocino.

Los precios de referencia en agosto de 2026 son los siguientes:

  • Bolsa pequeña (para probar): $8.000 COP
  • Bolsa mediana: $15.000 COP
  • Bolsa grande (para compartir o para llevar de regalo): $25.000 COP

Don Pedro atiende de lunes a sábado, de 9 de la mañana hasta la 1 de la tarde, o hasta que se le acabe el inventario. Los días de partido de Atlético Nacional se le agotan rapidísimo, porque según él, "no hay mejor acompañante para una cerveza que unas hormigas culonas". Se recomienda verificar horarios antes de visitar, porque en temporada de lluvias puede que no haya cosecha y el puesto permanezca cerrado por varios días.

Dato curioso: el nombre "culona" no es una grosería, es una descripción literal. Las hormigas reinas tienen el abdomen grande y prominente, que es precisamente la parte que se come. Y en Santander, este insecto es tan importante que tiene su propio festival: el Festival de la Hormiga Culona en Barichara, que se celebra cada año en junio y atrae a cientos de turistas.

La mazamorra de la esquina del Parque Laureles: receta de abuela y horario exacto

Si usted ha vivido en Medellín, sabe que la mazamorra es más que un postre: es un ritual. Y en Laureles, el ritual tiene nombre propio: el puesto de la señora Rosa, que se instala en la esquina nororiental del Parque Laureles, justo donde la Calle 49 se encuentra con la Carrera 72. No hay letrero, no hay publicidad, solo una olla humeante y un olor a maíz y panela que se siente desde media cuadra.

La señora Rosa tiene 74 años y lleva 30 vendiendo mazamorra en esa misma esquina. Su receta es la de su madre, que a su vez la heredó de su abuela, una campesina de Santa Rosa de Osos. La diferencia entre su mazamorra y la que usted puede comprar en un supermercado es abismal: la de ella se hace con maíz amarillo que se deja remojar desde la noche anterior, se cocina a fuego lento durante al menos cuatro horas y se endulza con panela raspada, no con azúcar blanca.

El horario es sagrado: de lunes a sábado, de 5:30 de la mañana hasta las 10:00 de la mañana, o hasta que se acabe la olla. Y se acaba casi todos los días. La señora Rosa dice que sus clientes más fieles son los taxistas y los trabajadores de la construcción que pasan temprano, pero también hay un grupo de abuelitos que llegan a las 6 en punto con sus tazas de aluminio para que ella les sirva "bien caliente y con bastante leche".

Los acompañamientos que no puede dejar pasar

La mazamorra se sirve en vaso desechable o en taza, si usted trae la suya (y la señora Rosa se lo agradece). Los acompañamientos son los clásicos:

  • Leche: se puede pedir con leche entera o con leche de vaca recién ordeñada, que ella consigue de un proveedor de Belén.
  • Bocadillo: un trozo de bocadillo veleño que se deshace en la mazamorra y le da un contraste dulce.
  • Queso: para los que les gusta el contraste salado-dulce, ella ofrece queso costeño rallado.
  • Panela: si usted quiere más dulce, puede pedir un extra de panela raspada.

El precio es inmejorable: $4.000 COP por un vaso grande con leche y un acompañamiento a elección. Es de los pocos lugares en Medellín donde todavía se puede comer algo decente por menos de cinco mil pesos.

Dato curioso: la mazamorra es un plato precolombino que los indígenas de la región antioqueña ya preparaban mucho antes de la llegada de los españoles. El nombre viene del quechua "mishki", que significa dulce. En Medellín, la tradición se mantiene viva en las esquinas como esta, donde la receta no ha cambiado en generaciones.

El chicharrón con arepa "al paso" en la 80: el secreto de la salsa está en la casa

La Avenida 80 es otra de las arterias principales de Laureles, y aunque está llena de cadenas de comida rápida y restaurantes de sushi, hay un puesto que se roba el corazón de los que saben: "El Chicharronazo", un carrito que se estaciona frente a la estación de Metroplus de la 80 con la Calle 47A, justo al lado de una lavandería que ya es parte del paisaje.

El dueño se llama Jairo, tiene 52 años y es oriundo de Jericó, un pueblo del suroeste antioqueño famoso por su gastronomía. Él aprendió a hacer chicharrón con su papá, que tenía un restaurante en el pueblo, y cuando se mudó a Medellín hace 15 años, decidió que su oficio sería este: vender chicharrón crujiente por fuera, suave por dentro, con una arepa caliente y una salsa que es la que hace la diferencia.

¿Y cuál es el secreto de la salsa? Jairo no lo dice completo, pero sí me dejó entrever que lleva ajo, comino, cebolla de huevo y un toque de cerveza. "Es una receta de familia, pero le pongo mi toque. La cerveza le da un amarguito que corta la grasa del chicharrón", explicó mientras cortaba un trozo con un cuchillo que parecía una espada.

El ritual de comer "al paso"

El chicharrón se vende por peso y se come de pie, en la calle, con la arepa en la mano. Es un ritual que tiene su lógica: el chicharrón está recién frito, la arepa está recién hecha y la salsa está fría. La combinación de temperaturas y texturas es lo que hace que este puesto tenga fila todos los días, especialmente a la hora del almuerzo y en la tarde, cuando los colegios sueltan a los estudiantes.

Los precios de referencia en agosto de 2026 son:

  • Porción de chicharrón (200 gramos): $12.000 COP
  • Arepa sencilla: $2.000 COP
  • Combo "al paso" (chicharrón + arepa + salsa): $15.000 COP
  • Adicional de salsa: $1.000 COP

Jairo atiende de martes a domingo, de 11 de la mañana a 8 de la noche. Los lunes descansa, pero a veces se le ve por ahí, paseando al perro o tomando tinto en un café de la 70. Si usted va y no lo encuentra, pregunte en la lavandería; ellos saben cuándo vuelve.

Dato curioso: en Jericó, el chicharrón se acompaña tradicionalmente con arepa de chócolo y hogao, pero Jairo cambió la receta porque dice que "en Medellín la gente quiere algo más rápido, más de calle". Así nació su versión "al paso", que ya tiene sus propios seguidores y que incluso ha sido replicada por otros vendedores en la zona.

Los dulces de leche artesanales en la plazoleta de la 44: un viaje al pasado

En la plazoleta que se forma en la Carrera 70 con Calle 44, frente a la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, hay una señora que todos llaman "la abuela de los dulces". Se llama doña Mercedes, tiene 81 años y lleva más de medio siglo haciendo dulces de leche, brevas con arequipe, cocadas y el famoso manjar blanco que se deshace en la boca.

Ella no tiene un puesto fijo, sino que se sienta en una silla de plástico con una canasta grande de mimbre, cubierta con un mantel blanco bordado. Los dulces están envueltos en papel de seda de colores y se venden por unidad o por docena. No hay letrero, no hay precio publicado, pero todo el barrio la conoce y sabe que sus dulces son los mejores.

La especialidad de doña Mercedes es el dulce de leche quindiano, que se hace cociendo leche con panela y canela durante horas, hasta que espesa y adquiere un color caramelo. Su textura es firme por fuera y suave por dentro, y el sabor es intenso, con un toque de vainilla que ella dice que es "el secreto de la casa".

Los dulces que no puede dejar de probar

  • Dulce de leche quindiano: el favorito de todos, $3.000 COP por unidad.
  • Brevas con arequipe: una breva en almíbar rellena de arequipe, $4.000 COP.
  • Cocadas: coco rallado con panela y canela, $2.500 COP.
  • Manjar blanco: se vende en potes pequeños de 250 gramos, $8.000 COP.
  • Mermelada de mango: casera, sin conservantes, $10.000 COP el frasco.

Doña Mercedes llega a la plazoleta de martes a sábado, de 2 de la tarde a 6 de la tarde, siempre y cuando el clima lo permita. En invierno, se refugia en el atrio de la iglesia y sigue vendiendo, porque "la gente necesita sus dulces, así llueva o truene".

Dato curioso: la señora Mercedes aprendió a hacer dulces en el convento de las Hermanas de la Caridad de Jericó, donde trabajó como ayudante de cocina cuando era joven. Las monjas le enseñaron las recetas originales, que ella ha conservado sin modificarlas, aunque ahora usa leche pasteurizada en lugar de leche recién ordeñada, "porque la ciudad no es como el campo", dice con nostalgia.

¿Por qué estos sabores definen el alma de Laureles?

Laureles es un barrio de contrastes. Por un lado, está la arquitectura de casas bajas con jardines, los parques bien cuidados y la vida de barrio que aún se respira. Por el otro, está la invasión de restaurantes de moda, los apartamentos nuevos y los precios que suben cada año. Pero en medio de esa transformación, hay algo que no cambia: la comida callejera que se ha mantenido fiel a sus raíces.

Estos puestos no son solo lugares para comer; son testigos de la historia del barrio. Don Pedro, la señora Rosa, Jairo y doña Mercedes han visto crecer a generaciones de habitantes de Laureles, han alimentado a estudiantes, a trabajadores, a familias enteras que pasan por la esquina de siempre. Ellos son parte del tejido social del barrio, y sus sabores son una conexión con el pasado que se niega a desaparecer.

En agosto de 2026, cuando la ciudad sigue cambiando a un ritmo vertiginoso, estos antojos siguen siendo un refugio para los que buscan algo auténtico. No hay redes sociales, no hay publicidad, no hay filas de turistas con el celular en la mano. Solo hay comida hecha con paciencia, con tradición y con el cariño de quienes han dedicado su vida a un oficio que parece sencillo, pero que es un arte.

Así que la próxima vez que alguien le diga que Laureles es solo restaurantes de moda, cuéntele de don Pedro y sus hormigas, de la señora Rosa y su mazamorra, de Jairo y su chicharrón con salsa de cerveza, de doña Mercedes y sus dulces de leche. Esos son los sabores que definen el alma del barrio, los que no salen en Instagram pero que se quedan en la memoria.

Cómo llegar y transportarse por Laureles

Llegar a Laureles es relativamente fácil, y moverse por el barrio para encontrar estos puestos es una caminata agradable, sobre todo si va con tiempo y con hambre.

En Metro

La estación de Metro más cercana es Estadio, en la línea B. Desde allí, usted puede caminar hacia el sur por la Avenida 70, y en unos 15 minutos llega al Parque Laureles. También puede tomar la línea A y bajarse en Prado, pero es más lejos.

En Metroplus

La línea 2 del Metroplus pasa por la Avenida 80, con paradas en Laureles y Estadio. Es la mejor opción si usted viene del centro o de la zona sur de la ciudad. El pasaje cuesta alrededor de $2.900 COP, y los buses pasan cada 10 minutos en horas pico.

En bus o colectivo

Hay varias rutas de buses que pasan por Laureles. Los buses que van por la Avenida 70 (como la ruta 301 o la 304) lo dejan cerca del puesto de hormigas culonas. Los que van por la Avenida 80 (como la ruta 309) lo dejan cerca del chicharrón de Jairo. Pregunte al conductor antes de subir, porque algunas rutas cambian su recorrido sin previo aviso.

A pie

La mejor manera de disfrutar esta ruta gastronómica es caminando. El barrio es plano, las distancias son cortas y el paisaje es agradable. Le recomiendo empezar por la 70, seguir por el Parque Laureles, bajar por la 80 y terminar en la plazoleta de la 44. Son unos 3 kilómetros en total, que se hacen en una hora y media si se camina tranquilo, o en tres horas si se detiene a comer en cada puesto (que es lo que yo hice, y no me arrepiento).

En carro o taxi

Si usted viene en carro, sepa que el parqueo en Laureles es difícil y caro. Hay varios parqueaderos privados, pero cobran entre $5.000 y $8.000 COP por hora. Le recomiendo dejar el carro en un parqueadero cerca de la estación Estadio y caminar. Los taxis son fáciles de conseguir, pero en horas pico el tráfico en la 70 y la 80 puede ser complicado.

Tips locales para disfrutar la ruta de antojos

Estos son los consejos que le daría un amigo que vive en Laureles desde hace 20 años (o sea, yo):

  • Vaya temprano: la mazamorra de la señora Rosa se acaba antes de las 10 de la mañana. Si usted llega tarde, se queda con las ganas.
  • Lleve efectivo: ninguno de estos puestos acepta tarjeta. Los precios son bajos, pero si no tiene billetes, no puede comprar.
  • Pida la salsa aparte: en el puesto de Jairo, la salsa viene en un recipiente pequeño, pero si usted le cae bien, le da más sin cobrar. Sea amable y salude primero.
  • No le tenga miedo a las hormigas: si usted es extranjero, es normal que le dé un poco de susto, pero pruébelas con la mente abierta. Son un bocado crocante y sabroso, y es una experiencia que no se olvida.
  • Combine la ruta con un paseo por el parque: el Parque Laureles es hermoso, con árboles grandes y bancas para sentarse. Compre su mazamorra o su chicharrón y cómaselo ahí, viendo pasar la vida del barrio.
  • Hable con los vendedores: todos tienen historias fascinantes que contar. Don Pedro le va a hablar de Santander, la señora Rosa de su familia en Santa Rosa, Jairo de Jericó y doña Mercedes del convento. Escucharlos es parte de la experiencia.
  • Vaya con hambre: esta ruta es para comer, no para mirar. Si usted va lleno, no va a disfrutar

Qué hacer

La Casa de las Hormigas

Si quieres experimentar el sabor de las hormigas culonas, este es el lugar. Aparte de ofrecer una variedad de platos típicos, su especialidad son las hormigas, que puedes disfrutar en salsas o fritas. Pregunta por las recomendaciones del día, ya que a menudo tienen platillos que no están en el menú.

Insider Tip: No dejes de probar su bebida de panela con limón, que contrasta perfectamente con el sabor salado de las hormigas.

El Mercado de Laureles

Un espacio vibrante donde puedes encontrar una variedad de productos locales. Las opciones de comida son amplias, desde arepas hasta mazamorra, y es un excelente lugar para probar platos típicos de la región. Además, puedes interactuar con los vendedores, quienes están siempre dispuestos a compartir la historia detrás de sus productos.

Insider Tip: Visita el mercado en la mañana para disfrutar de la frescura de los ingredientes y el ambiente animado de los locales haciendo sus compras diarias.

Mazamorra y Café

Este pequeño local se ha vuelto un favorito por su mazamorra dulce y opciones de café artesanal. Perfecto para un desayuno o merienda. La combinación de estos dos clásicos es un deleite para cualquier amante de la gastronomía colombiana.

Insider Tip: Pide la mazamorra con un toque de canela y un pedazo de quesito fresco al lado. Es una combinación que realza los sabores tradicionales.

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Dónde comer o beber

La Casa de las Hormigas

Un lugar icónico para probar las hormigas culonas, que se sirven fritas y con sal. La experiencia es auténtica y te permite conocer más sobre la cultura local. Además, el ambiente es acogedor y perfecto para compartir con amigos.

Insider Tip: Pide la recomendación del día, a menudo tienen preparaciones especiales que no están en el menú. Y no olvides acompañarlas con una cerveza artesanal local.

La Mazamorra de Laureles

Un sitio dedicado a la mazamorra, donde la preparación es tradicional y se sirve con un toque especial. Este lugar es conocido por su ambiente familiar y su atención al detalle en cada plato.

Insider Tip: Asegúrate de probar la mazamorra con queso y panela, es un clásico que no te puedes perder. Además, si visitas en fin de semana, es probable que encuentres música en vivo.

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Preguntas frecuentes

¿Dónde puedo probar las hormigas culonas en Laureles?

Las hormigas culonas son un manjar en la región y puedes encontrarlas en varios lugares de Laureles. Un sitio recomendado es La Caverna, donde las preparan de forma deliciosa, ya sea fritas o en salsas. Además, en Comida Callejera suelen ofrecerlas como parte de un plato típico.

¿Qué es la mazamorra y dónde la venden?

La mazamorra es un postre tradicional a base de maíz que se puede encontrar en muchos lugares de Laureles. Te sugiero visitar La Mazamorrera, un lugar pequeño pero acogedor, famoso por su mazamorra con leche y panela. También puedes encontrar buenas opciones en El Tigrillo, que ofrece un toque moderno a este clásico.

¿Es fácil encontrar opciones vegetarianas en Laureles?

Sí, Laureles es conocido por su diversidad gastronómica y hay varias opciones vegetarianas. Veggie Burger es una excelente opción para disfrutar de hamburguesas vegetarianas creativas, mientras que El Huerto ofrece una variedad de platos saludables y frescos.

¿Dónde puedo encontrar buena comida callejera en Laureles?

La comida callejera es parte de la esencia de Laureles. No te puedes perder La Plaza de Laureles donde hay varios vendedores que ofrecen desde arepas hasta chicharrones. También en El Parque de los Deseos encontrarás múltiples opciones que cambian con frecuencia.

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Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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