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El Laureles de los 80: fachadas, vitrales y casas con historia

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 27 de agosto, 2026
El Laureles de los 80: fachadas, vitrales y casas con historia

¿Alguna vez te has detenido a mirar los detalles de una fachada en Laureles? No me refiero a los locales de moda ni a las torres nuevas de la 70, sino a esas ca

El Laureles de los 80: fachadas, vitrales y casas con historia

¿Alguna vez te has detenido a mirar los detalles de una fachada en Laureles? No me refiero a los locales de moda ni a las torres nuevas de la 70, sino a esas casas de dos pisos con jardín al frente, techos de teja de barro y vitrales que filtran la luz de la tarde. En agosto de 2026, caminar por calles como la 34 o la 36 es toparse con un museo vivo de la clase media paisa de los años 80, aunque muchos pasen de largo sin notarlo. Este barrio, que hoy es sinónimo de restaurantes y coworkings, guarda una capa arquitectónica que cuenta la historia de cómo Medellín pasó de ser un pueblo grande a una ciudad moderna. Aquí te voy a contar dónde están esas joyas, cómo identificarlas y por qué vale la pena mirarlas antes de que desaparezcan.

Contexto: el auge de Laureles como barrio residencial de clase media en los 80

Para entender las casas de Laureles, hay que viajar a los años 80, una década contradictoria en Medellín. Mientras el narcotráfico ensombrecía la ciudad con violencia, la clase media profesional —médicos, ingenieros, profesores universitarios— buscaba un refugio tranquilo y verde. Laureles, que había nacido en los años 40 como un barrio planeado para obreros de la aviación (de ahí los nombres de calles como la 70, en honor a pilotos), se consolidó en los 80 como el lugar ideal para vivir: cerca de la Universidad Pontificia Bolivariana, con amplios andenes arborizados y una cuadrícula que invitaba a caminar.

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La arquitectura de esa época respondía a una idea clara: la casa como símbolo de estatus y estabilidad. No eran mansiones, sino viviendas de dos o tres pisos con un patio interior, fachadas en ladrillo a la vista o pañete pintado, y un detalle que se volvió sello de la casa paisa: los vitrales. Estos no eran simples ventanas; eran composiciones geométricas o florales que teñían los pasillos y escaleras con colores ámbar, verde y azul. Las baldosas hidráulicas, con sus patrones repetitivos, cubrían pisos de salas y corredores, y hoy son un tesoro buscado por decoradores y arquitectos.

La 70, la avenida principal, era entonces una vía residencial. Las familias vivían en casas con antejardín, donde los niños jugaban en la acera y los domingos se almorzaba en familia. No había bares ni discotecas; el comercio se limitaba a tiendas de barrio y algunas panaderías. Ese Laureles silencioso y familiar es el que se refleja en las fachadas que aún sobreviven, aunque cada vez menos.

El papel de la clase media en la construcción del barrio

A diferencia de otros sectores de Medellín, Laureles no fue planeado para ricos ni para pobres. Fue un proyecto de urbanismo progresivo: lotes de 7 por 20 metros, casas construidas por firmas locales como la de los hermanos Uribe o por maestros de obra con planos de arquitectos reconocidos. En los 80, muchas familias compraron lotes y construyeron con sus propios diseños, lo que explica la variedad de estilos en una misma cuadra: hay casas con influencia modernista, otras con detalles neoclásicos y algunas con toques art déco tardío. Esta mezcla es lo que hace que caminar por Laureles sea un ejercicio de observación constante.

Qué hacer: recorrido visual por tres casas icónicas

Si quieres hacer un recorrido arquitectónico por el Laureles de los 80, no necesitas guía ni pagar entrada. Solo necesitas tiempo, una cámara y saber dónde mirar. Aquí te dejo tres casas que representan perfectamente la época, con sus direcciones aproximadas (no doy #s exactos para no invadir la privacidad de los residentes, pero con las esquinas es suficiente):

Casa con vitral de la Calle 34 con Carrera 79B

Esta es, para mí, la más fotogénica del barrio. Está en la Calle 34, entre Carrera 79B y 80, a media cuadra del Parque de Laureles. Es una casa de dos pisos con fachada en ladrillo a la vista y un vitral central de casi dos metros de alto que representa un sol geométrico. Los colores dominantes son el naranja y el amarillo, y cuando el sol de la tarde lo atraviesa, proyecta manchas de luz sobre el andén. La puerta principal es de madera maciza con herrajes en bronce, y las ventanas del segundo piso tienen rejas de hierro forjado con volutas. El antejardín está bien cuidado, con palmas y un árbol de níspero, lo que sugiere que aún hay residentes originales. Si la miras desde la esquina, puedes ver el detalle de las baldosas hidráulicas del balcón, que sobresalen en un patrón de rombos grises y blancos.

Lo que la hace especial es su estado de conservación: los vitrales no han sido reemplazados por vidrio común, y el ladrillo no ha sido pintado. Es un ejemplo raro de autenticidad total. Recomiendo pasar entre las 4 y las 6 de la tarde, cuando la luz baja y los colores del vitral se intensifican.

Quinta de estilo español en la Carrera 76 con Calle 36

En la Carrera 76, entre Calles 36 y 37, hay una casa que parece sacada de un barrio andaluz. Tiene techo de teja árabe, muros encalados (blancos) y una torre mirador con ventanas arqueadas. Fue construida a finales de los 70 y terminada en los primeros años de los 80, según cuentan los vecinos. La fachada tiene detalles en madera tallada en los aleros, y la puerta es un arco de medio punto con una celosía de hierro. Adentro (no se puede entrar porque es residencia privada), se dice que hay un patio central con una fuente y baldosas hidráulicas en tonos terracota y azul.

Lo curioso es que esta casa sobrevivió a la ola de demoliciones porque la familia propietaria la mantuvo como vivienda, y en 2024 fue declarada como parte del inventario patrimonial del barrio por la Secretaría de Cultura Ciudadana. Si caminas por la Carrera 76, notarás que a su alrededor hay edificios de apartamentos de 5 y 6 pisos, lo que hace que esta quinta destaque como un fósil urbano. Es, literalmente, una ventana a cómo vivía la clase alta media de los 80.

Casa modernista con baldozas en la Calle 33A con Carrera 79

Esta es menos vistosa desde afuera, pero por dentro (si algún día se abre al público) es una joya. Está en la Calle 33A, casi esquina con Carrera 79. Es de un solo piso, con fachada plana en pañete pintado de color crema y una franja de vitral horizontal que corre a lo largo de la sala. La casa fue construida en 1983 por un ingeniero civil que se inspiró en las casas de California que veía en revistas. Tiene un garaje amplio, ventanales de piso a techo y un patio trasero con árboles frutales.

Lo más valioso son las baldosas hidráulicas del piso de la entrada y el pasillo: un patrón de estrellas de ocho puntas en azul, beige y rojo, que probablemente fueron importadas de una fábrica de Envigado que cerro en los 90. Hoy, la casa está habitada por una pareja de adultos mayores que la han mantenido casi intacta. Los vecinos cuentan que en la sala aún hay un mueble de madera tallada y una lámpara de cristal de la época. Si tienes suerte y coincides con el dueño en el antejardín, puede que te cuente historias de cómo era el barrio cuando las calles eran de tierra.

La transformación de la 70: de casas familiares a locales comerciales

La Avenida 70 es el corazón de Laureles hoy, pero no siempre fue así. En los 80, la 70 era una vía arborizada con casas de dos pisos, algunas con consultorios médicos en el primer piso y viviendas en el segundo. Los locales comerciales eran escasos: una droguería, una sastrería, una heladería. El cambio comenzó a finales de los 90 y se aceleró en los 2000, cuando la vida nocturna de Medellín se trasladó de El Poblado a Laureles por los precios más bajos y la mejor accesibilidad.

Hoy, la 70 entre la 33 y la 36 es un corredor de bares, restaurantes y discotecas. Las casas familiares fueron demolidas o adaptadas: las fachadas se abrieron para instalar puertas de vidrio, los antejardines se convirtieron en terrazas con mesas, y los segundos pisos, que antes eran dormitorios, ahora son oficinas o apartamentos para estudiantes. Algunos negocios, como el conocido bar La Tienda de la 70 (que no es un local específico, sino un nombre genérico que usan varios establecimientos), conservan parte de la estructura original, como las vigas de madera o los techos altos, pero la mayoría perdió su carácter residencial.

Esta transformación tiene dos caras. Por un lado, la 70 se volvió un motor económico y cultural del barrio; por otro, se perdió gran parte del patrimonio arquitectónico. En agosto de 2026, solo quedan unas 10 casas originales en toda la avenida, y la mayoría están en estado de deterioro o a la espera de ser demolidas para construir torres de apartamentos. Los arquitectos locales han hecho llamados para protegerlas, pero la presión inmobiliaria es fuerte.

El caso de la Casa de la 70 con 79B

Un ejemplo perfecto de esta transformación es la casa en la esquina de la 70 con Carrera 79B. En los 80, era una vivienda de tres pisos con un vitral circular en la fachada que representaba una rosa de los vientos. Hacia 2015, se convirtió en un local de comidas rápidas, y el vitral fue tapado con un letrero de neón. En 2022, el local cerró y la casa quedó abandonada. Hoy, el vitral está roto, la fachada está grafiteada y hay rumores de que será comprada por una constructora para edificar un edificio de 12 pisos. Si quieres verla, pasa rápido, porque probablemente no dure mucho.

Las 'quintas' olvidadas y su estado actual

Más allá de la 70 y las calles principales, Laureles tiene un secreto: las "quintas". Así se llamaban las casas grandes con jardines amplios y a veces piscina, que se construyeron en los años 70 y 80 en los sectores cercanos a la UPB y al Estadio. Eran propiedades de familias adineradas o de empresarios que querían vivir cerca de la universidad sin estar en el centro. Hoy, muchas están olvidadas, en ruinas o divididas en apartamentos.

Quinta de la Carrera 73 con Calle 39

Esta quinta, en la Carrera 73 entre Calles 39 y 40, es la más famosa entre los historiadores locales. Fue construida en 1978 por un arquitecto llamado Carlos Jaramillo, que también diseñó varias casas en El Poblado. Tiene un estilo "brutalista suave": concreto expuesto, ventanas en cinta y un muro perimetral de dos metros de alto. En su interior, según planos que se han compartido en foros de arquitectura, hay un salón principal con doble altura y un vitral de 4 metros que representa el cielo de Medellín con la silueta de la ciudad al fondo.

Pero su estado actual es lamentable. Desde 2010, la quinta está abandonada. Los techos se han derrumbado parcialmente, los vitrales están rotos y el jardín es una maleza. En 2024, un incendio dañó parte del segundo piso. Los vecinos han pedido a la Alcaldía que la declare patrimonio, pero hasta agosto de 2026 no hay una decisión oficial. Si te gusta la arquitectura en decadencia, es un lugar fascinante para fotografiar, pero ten cuidado: la estructura es inestable y no se puede entrar.

Quinta de la Calle 38 con Carrera 77

Otra quinta, menos conocida pero en mejor estado, está en la Calle 38 con Carrera 77. Es una casa de estilo colonial californiano, con techo de teja, muros blancos y un arco tallado en la entrada. Fue construida en 1981 y habitada por la misma familia hasta 2018, cuando la vendieron a una empresa de coworking. Hoy, la quinta funciona como oficinas, pero conserva los vitrales originales (en tonos verdes y dorados) y las baldosas hidráulicas del pasillo. Es un ejemplo de cómo se puede adaptar sin destruir, aunque los puristas critican que se hayan instalado aire acondicionado y paneles solares en el techo.

Entrevista corta: el arquitecto que mira a Laureles con lupa

Para entender mejor este patrimonio, hablé con Jorge Iván Restrepo, arquitecto de la Universidad Nacional que ha estudiado Laureles durante 15 años y lidera un proyecto de inventario de casas antiguas en Medellín. Esto fue lo que me contó:

"Laureles es un caso único en Colombia porque tiene una densidad de arquitectura de clase media de los 80 que no se encuentra en otros barrios. En El Poblado demolieron casi todo; en Belén, lo que queda es más humilde. Aquí, la mezcla de estilos —desde el modernismo hasta el neoclásico popular— es un documento histórico. El problema es que no hay una política clara de conservación. La gente ve estas casas como obsoletas, pero son eficientes en términos de ventilación y luz natural. Un vitral bien hecho puede durar 100 años si se mantiene."

Restrepo también me contó una anécdota curiosa: "En 2019, encontramos una casa en la Calle 35 que tenía un vitral con la firma del artesano, un tal 'A. Giraldo, 1982'. Hicimos una investigación y resultó que Giraldo era un maestro vidriero de Envigado que hizo vitrales para más de 50 casas en Laureles. Hoy, su familia aún vive en el barrio, pero el taller cerró. Esos nombres son los que se pierden cuando se demuele una casa."

Le pregunté sobre el futuro y fue franco: "La gentrificación es inevitable en cierta medida, pero no tiene que ser destructiva. En ciudades como Barcelona, han convertido casas modernistas en museos o centros cívicos. Aquí, podríamos hacer lo mismo con algunas quintas. Pero si no actuamos en los próximos 5 años, no va a quedar nada."

Reflexión sobre la conservación y la gentrificación

La gentrificación en Laureles es un tema espinoso. Por un lado, ha traído inversión, seguridad y vida cultural; por otro, ha desplazado a residentes originales y ha homogeneizado el paisaje. Las casas de los 80 son las víctimas silenciosas: cada año, la Alcaldía otorga permisos de demolición para construir torres de apartamentos de lujo, y los propietarios venden porque el mantenimiento de una casa antigua es costoso (restaurar un vitral puede costar entre 2 y 5 millones de pesos colombianos, según Restrepo).

Hay iniciativas ciudadanas, como la "Ruta del Vitral de Laureles", que organiza caminatas guiadas los fines de semana para mostrar las casas que aún existen. También hay un grupo de vecinos que ha logrado que dos casas en la Calle 34 sean incluidas en el plan de protección patrimonial de la ciudad. Pero la legislación colombiana es débil en este aspecto: la mayoría de las casas no tienen ningún estatus legal de protección, y los incentivos fiscales para conservarlas son casi nulos.

Como visitante o residente, puedes hacer algo: mirar. Cuando caminas por Laureles y te detienes a admirar un vitral, estás reconociendo su valor. Cuando le preguntas a un vecino sobre su casa, estás creando una conversación sobre el pasado. Y cuando escribes a un medio local (como este) para contar la historia de tu casa, estás contribuyendo a un archivo colectivo que puede influir en las decisiones futuras. No subestimes el poder de la atención.

Cómo llegar y transporte

Llegar a Laureles es fácil desde cualquier punto de Medellín. Si vienes del centro, toma el Metro hasta la estación Suramericana (Línea B) y camina 10 minutos hacia el oeste por la Calle 33. Si vienes de El Poblado, puedes tomar un bus por la Avenida El Poblado hasta la 70, o usar servicios de transporte por aplicación (el viaje cuesta entre 15.000 y 25.000 COP, según el tráfico, en agosto de 2026).

Para el recorrido arquitectónico, te recomiendo ir a pie o en bicicleta. Las distancias son cortas (el barrio mide unos 2 kilómetros cuadrados) y las calles son planas. Puedes empezar en el Parque de Laureles (Carrera 79B con Calle 35), que es el punto de encuentro tradicional, y desde ahí caminar en círculo: sube por la Calle 34, baja por la Carrera 76, y termina en la 70. Si prefieres no caminar, hay un servicio de "tuk-tuk" eléctrico que recorre el barrio los fines de semana, pero no tiene una ruta fija.

El mejor momento para el recorrido es entre semana, en la mañana (9am a 11am), cuando hay menos tráfico y la luz del sol es buena para fotografiar los vitrales. Los sábados, la 70 se llena de gente y es más difícil apreciar los detalles de las fachadas.

Tips locales

Aquí van algunos consejos que solo te dará alguien que ha caminado Laureles mil veces:

  • Lleva cámara con zoom: Muchos vitrales están en el segundo piso, y si usas el zoom de tu celular, perderás calidad. Una cámara con lente de 50mm o más te permitirá capturar los detalles sin invadir la privacidad de los residentes.
  • Pregunta antes de fotografiar: En algunas casas, los dueños son amables y te dejarán tomar fotos del interior si les explicas tu interés. Pero siempre pide permiso; hay gente mayor que desconfía de los desconocidos.
  • No toques los vitrales: Aunque estén en la fachada, son frágiles y algunos tienen más de 40 años. Tocar el vidrio puede dañar el plomo que lo sostiene.
  • Come algo local después del recorrido: En la Calle 34 con Carrera 80 hay una panadería histórica (no tiene nombre en la fachada, pero todos los vecinos la conocen) que vende pandebono y café desde los años 80. Es el lugar perfecto para descansar y ver pasar el barrio.
  • Busca las placas de los arquitectos: Algunas casas tienen una pequeña placa de metal en la entrada con el nombre del arquitecto y el año de construcción. Es como un juego de caza del tes

Preguntas frecuentes

¿Qué características hacen únicas a las casas de Laureles?

Las casas en Laureles se distinguen por su arquitectura de mediados del siglo XX, donde se pueden observar fachadas con detalles en ladrillo a la vista, techos altos y grandes ventanales. Muchas de ellas incluyen vitrales coloridos que cuentan historias de épocas pasadas. Estos elementos reflejan la influencia de estilos arquitectónicos como el Art Deco y el modernismo, que eran populares en los años 80.

¿Cuáles son los mejores lugares para ver vitrales en Laureles?

Uno de los lugares más destacados es la Iglesia de San Joaquín, famosa por sus vitrales que representan escenas bíblicas. Además, la Casa Museo Pedro Nel Gómez ofrece una maravillosa colección de arte y arquitectura, donde los vitrales también juegan un papel importante en la ambientación del espacio.

¿Hay recorridos guiados para conocer la historia de Laureles?

Sí, existen varios tours a pie que se especializan en la historia y la arquitectura de Laureles. Estos recorridos son guiados por expertos locales que comparten anécdotas y datos curiosos que no encontrarás en las guías turísticas. Es recomendable reservar con anticipación, especialmente durante los fines de semana.

¿Es seguro caminar por Laureles?

Laureles es generalmente una zona segura para caminar, especialmente durante el día. Sin embargo, como en cualquier ciudad, es aconsejable estar atento a tus pertenencias y evitar transitar por calles solitarias en horas nocturnas. Aprovecha para explorar las plazas y cafés al aire libre que se encuentran en el barrio.

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Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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