El Cabrero: Murales de resistencia y cantos de sirena
¿Alguna vez has sentido que Cartagena tiene dos caras? Una, la de las murallas impecables y el cielo azul de postal; la otra, la que respira en los barrios donde el ladrillo visto y el arte callejero cuentan historias que el centro histórico prefiere callar. El Cabrero es esa segunda cara. No es un barrio de turistas, aunque cada vez más viajeros curiosos se asoman a sus calles para ver algo que ninguna guía oficial promociona: murales que gritan resistencia, esquinas que huelen a pescado frito y un mar que, desde el malecón, se escucha como un canto de sirena que recuerda que aquí hubo lucha antes de que llegaran los resorts.
En mayo de 2026, El Cabrero sigue siendo un territorio de contrastes. A pocas cuadras de la Torre del Reloj, este barrio obrero y afrodescendiente se ha convertido en un lienzo vivo donde artistas locales han plasmado denuncias contra el desplazamiento, homenajes a lideresas que defendieron el territorio y retratos de una identidad que se niega a desaparecer. Si vienes a Cartagena solo por las playas de Bocagrande, te estás perdiendo la ciudad real. Aquí te cuento cómo recorrer El Cabrero sin caer en el turismo de postal, con respeto y con ganas de entender.
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Introducción histórica y contextual
El Cabrero no siempre fue el barrio que ves hoy. Fundado a principios del siglo XX por familias afrodescendientes que trabajaban en la construcción del ferrocarril y en el puerto, este sector fue durante décadas un refugio de clase trabajadora. Sus calles, trazadas sin planificación urbana, crecieron al ritmo de la necesidad: casas de madera y zinc, patios comunes donde se cocinaba sancocho y se criaban gallinas, y una relación directa con el mar que servía tanto para la pesca como para el escape del calor.
Pero en los años 90 y 2000, el boom turístico de Cartagena empezó a presionar. El Cabrero, por su cercanía al centro histórico y a la bahía, se volvió apetecible para inversionistas. El desplazamiento no fue violento como en otras zonas del país, pero sí sistemático: el aumento de impuestos prediales, la llegada de proyectos inmobiliarios y la especulación con la tierra empujaron a muchas familias a vender o irse a barrios más alejados como Olaya Herrera o Nelson Mandela. Quienes se quedaron, organizaron resistencia.
Hoy, El Cabrero es un símbolo de esa lucha. Sus paredes no son solo paredes: son archivos de memoria. Aquí, los murales no se pintan por decoración, sino como acto político. Cada trazo cuenta una historia de despojo, de orgullo racial, de mujeres que pararon desalojos con el cuerpo, de niños que aprenden en las calles lo que la escuela no enseña. Y el mar, ese mar que desde el malecón se ve tranquilo, es el mismo que escuchó los cantos de las lavanderas y los pescadores que dieron origen al barrio.
Qué hacer en El Cabrero
Recorrido de murales: la galería a cielo abierto
Lo primero que tienes que hacer es caminar. Olvídate del mapa turístico y déjate guiar por las paredes. La mayoría de los murales se concentran en la Calle del Cabrero, la vía principal que conecta el barrio con el Parque Centenario, y en las calles laterales como la Carrera 8 y la Calle 39. No hay un recorrido oficial, pero te recomiendo empezar desde el Parque Centenario, justo al lado del Centro de Convenciones, y adentrarte hacia el interior.
- Mural de la lideresa afro: En la esquina de la Calle del Cabrero con Carrera 7, un enorme rostro de mujer negra con mirada firme ocupa toda una fachada. Es un homenaje a las lideresas del barrio que frenaron desalojos en los 2000. La obra, del colectivo "Pintando Resistencia", usa colores vibrantes (naranja, azul profundo) y tiene una frase en la base: "El Cabrero no se vende, se defiende".
- Denuncia de desplazamiento: A media cuadra, en la Calle 40, un mural muestra una casa de madera siendo tragada por un edificio de vidrio. Es una crítica directa a la gentrificación. El artista, un joven local que firma como "Kraneo", me contó que lo pintó después de que derribaran la casa de su abuela para construir un hotel. La obra tiene detalles pequeños, como una figura de una mujer llorando sobre los escombros.
- Retrato de la memoria: En la Carrera 8, casi llegando al malecón, hay un mural colectivo de 20 metros de largo donde aparecen rostros de adultos mayores del barrio, con nombres y fechas de nacimiento. Es un censo visual de quienes aún resisten. Algunos ya han fallecido, pero sus caras siguen ahí, pintadas con aerosoles y brochas.
- El muro de los niños: Cerca de la iglesia de El Cabrero, un muro bajo está lleno de dibujos infantiles. Son de los talleres que organiza la Fundación Cabrero Vivo, donde los niños pintan lo que sueñan para su barrio. Hay sirenas, barcos, futbolistas y, sí, edificios, pero siempre con un toque de esperanza.
Malecón del Cabrero: el mar de los que se quedaron
El malecón de El Cabrero no es el de Bocagrande, con sus pasarelas de mármol y vendedores de cócteles. Es un tramo de concreto y rocas donde los locales se sientan a ver el atardecer, a pescar o a compartir una cerveza. Desde aquí ves la bahía de Cartagena, el puerto y, al fondo, las siluetas de los edificios de la Zona Rosa. Es un lugar perfecto para entender la relación del barrio con el agua: no como adorno, sino como sustento.
Si tienes suerte, encontrarás a algún pescador anciano que te cuente cómo antes se pescaba pargo y sierra desde estas mismas rocas, antes de que los barcos turísticos y la contaminación ahuyentaran los peces. No le saques foto sin preguntar, y si te ofrece un pescado frito, no lo rechaces. Esa es la hospitalidad real de El Cabrero.
Parque Centenario: el pulmón del barrio
El Parque Centenario es la entrada natural a El Cabrero. Es un parque amplio, con árboles de sombra, bancas de cemento y un monumento a los héroes de la independencia que parece fuera de lugar. Pero aquí es donde el barrio respira: los fines de semana hay partidos de fútbol improvisados, vendedores de raspado y familias enteras que llegan con neveras portátiles. No es un lugar turístico, pero es el mejor spot para observar la vida cotidiana.
Al costado del parque, sobre la Avenida Santander, hay un mural enorme que dice "Cabrero Resiste" en letras rojas y negras. Es el más fotografiado, pero no por bonito, sino por su mensaje directo. Si quieres la foto perfecta para Instagram, ve temprano (antes de las 9 a.m.) cuando la luz es suave y no hay tanta gente.
Dónde comer o beber
En El Cabrero no hay restaurantes con manteles blancos ni menús en inglés. La comida aquí es de calle, de fogón, de la que se prepara en casas que abren sus puertas al público. Esto es lo que no te puedes perder:
- Pescado frito en la casa de Doña Rita: En la Calle 39 # 8-45, una señora de 70 años fríe pescado todos los días desde las 11 a.m. hasta que se acabe. No hay carta: te sientas en una mesa de plástico y te sirve un plato con pargo frito, arroz con coco, patacones y ensalada de tomate y cebolla. El precio, en mayo de 2026, ronda los $15.000 COP. No aceptan tarjeta, solo efectivo.
- Jugos naturales en la esquina de la Carrera 7: Un carrito de jugos que maneja un señor llamado Carlos. Pide un jugo de corozo (una fruta típica del Caribe colombiano, ácida y refrescante) o de zapote. Cuestan $3.000 COP. Carlos siempre tiene música de champeta sonando, y si le caes bien, te cuenta historias del barrio mientras exprime las frutas.
- Cerveza fría en la tienda de Don Toño: En la Calle del Cabrero, casi llegando al malecón, hay una tienda de barrio con nevera blanca y sillas de plástico afuera. Don Toño vende cerveza Águila y Poker a $2.500 COP la botella. No esperes cocteles ni mixología. Solo una cerveza bien fría, el ruido del mar de fondo y la posibilidad de conversar con algún vecino.
- Arepas de huevo en la mañana: Los fines de semana, una señora llamada Yolanda vende arepas de huevo desde las 6 a.m. en la esquina de la Carrera 8 con Calle 40. Son arepas fritas, crocantes, rellenas de huevo y un toque de suero costeño. Cuestan $4.000 COP cada una. Se acaban rápido, así que madruga.
Un consejo: lleva efectivo. En El Cabrero, el datáfono es casi un mito. Y no esperes servicio rápido: aquí se come con calma, se conversa y se disfruta el momento. Si tienes prisa, mejor vete a un fast food en Bocagrande.
Cómo llegar y transporte
El Cabrero está a 10 minutos caminando desde el Centro Histórico. Es más fácil de lo que parece. Desde la Torre del Reloj, camina hacia el norte por la Avenida Venezuela, cruza el Puente Heredia y llegarás al Parque Centenario. Eso es todo. No necesitas taxi ni bus si estás en el centro.
Si vienes desde Bocagrande o el Laguito, toma un bus que diga "Centro" o "Manga". Bájate en la Avenida Santander, justo frente al Parque Centenario. El pasaje cuesta $2.300 COP. También puedes pedir un taxi o Uber, pero el tráfico en horas pico (7-9 a.m. y 5-7 p.m.) puede ser pesado. Un taxi desde Bocagrande cuesta alrededor de $10.000 COP.
Dentro del barrio, todo se camina. Las calles son estrechas, con andenes irregulares y a veces con perros sueltos (tranquilos, son inofensivos). No recomiendo alquilar bicicleta porque el tráfico en la Calle del Cabrero es caótico, con motos y carros que no respetan mucho al peatón. Mejor camina, así ves los murales con calma.
Si vienes en carro particular, el parqueo es difícil. Hay un parqueadero público en el Parque Centenario, pero suele estar lleno. Mejor deja el carro en el centro y camina.
Tips locales
- Visita entre semana y en la mañana: Los fines de semana el barrio se llena de actividades comunitarias, pero también hay más ruido y movimiento. Si quieres ver los murales sin prisas, ve de martes a viernes entre las 8 a.m. y las 11 a.m. El sol no pega tan fuerte y las calles están más tranquilas.
- No uses flash para las fotos de los murales: El sol del Caribe ya da buena luz. El flash puede opacar los colores y, además, molesta a los vecinos que están en sus puertas. Sé respetuoso: pide permiso si vas a fotografiar a alguien.
- Habla con los vecinos: La gente de El Cabrero es abierta, pero no invasiva. Si ves a alguien sentado en la puerta de su casa, saluda. Pregúntale sobre el mural de su cuadra. Te van a contar historias que no están en internet. Eso sí, no llegues con actitud de turista que todo lo registra. Sé genuino.
- Lleva agua y protector solar: El sol en Cartagena es implacable. No hay muchas tiendas en las calles laterales, así que lleva tu propia botella de agua. Y un sombrero o gorra, porque el calor se siente el doble entre las paredes de concreto.
- Apoya la economía local: Si te gusta un mural, pregunta si el artista vende prints o si la fundación del barrio acepta donaciones. La Fundación Cabrero Vivo (sin sede fija, pero puedes preguntar en la tienda de Don Toño) organiza recorridos guiados por $20.000 COP por persona, y el dinero va directamente a talleres de arte para niños.
- No compres a vendedores ambulantes que no sean del barrio: En el Parque Centenario a veces llegan vendedores de artesanías que no son de la zona. Si quieres llevar un recuerdo, cómpralo en las tiendas locales o directamente a los artistas. Así el dinero se queda en la comunidad.
Dato curioso: El nombre "El Cabrero" viene de una antigua finca que había en la zona, donde se criaban cabras. No tiene nada que ver con caballos ni vaqueros. Los primeros habitantes del barrio, a principios del siglo XX, trabajaban en esa finca y luego construyeron sus casas alrededor. Hoy, las cabras son un recuerdo lejano, pero el nombre quedó como marca de origen.
Preguntas frecuentes
¿Es seguro visitar El Cabrero?
Sí, es seguro durante el día, especialmente en las calles principales y cerca del Parque Centenario. Como en cualquier barrio de Cartagena, evita mostrar objetos de valor a la vista y no camines solo por calles muy solitarias después de las 7 p.m. Los vecinos son vigilantes y hay un sentido de comunidad fuerte, pero siempre es mejor ir con precaución. Si vienes en grupo o con un guía local, no tendrás problemas.
¿Los murales son permanentes o pueden desaparecer?
Algunos murales han sido pintados sobre fachadas de casas que luego se vendieron o demolieron, así que no hay garantía de que duren para siempre. Otros, como el de "Cabrero Resiste" en el Parque Centenario, han sido retocados por los artistas cada año. Si quieres verlos, no esperes mucho. La gentrificación avanza y cada mural que desaparece es una historia que se pierde. Por eso es importante visitar ahora y documentar lo que ves.
¿Puedo contratar un tour guiado por el barrio?
Sí, hay tours comunitarios que organiza la Fundación Cabrero Vivo. No tienen una página web fija, pero puedes preguntar en la tienda de Don Toño o en la iglesia del barrio. También hay guías independientes que ofrecen recorridos de arte urbano en Cartagena, pero asegúrate de que sean locales y que parte del dinero vaya a la comunidad. Evita los tours masivos que solo pasan rápido y no interactúan con los vecinos.
Antes de irte, haz esto: busca tu mural favorito, tómale una foto, súbela a Instagram con el hashtag #CabreroResiste y etiquétanos en @malokal. No es solo una foto, es una forma de decir que viste la otra Cartagena, la que resiste entre el concreto y el mar. Y si vuelves, el barrio te va a recibir como a un conocido, no como a un turista más.
