El origen: Doña Lucía y las tres vecinas que empezaron todo
Corría 1998 cuando doña Lucía, una señora de 82 años que todavía vive en la misma casa del barrio Versalles desde que se mudó en 1975, se sentó en una banca del parque con tres vecinas. Hablaban de lo seco que se veía el parque, de cómo las matas se morían por falta de cuidado. Doña Lucía había sido profesora de biología en el Colegio Berchmans y sabía de plantas. "¿Por qué no hacemos algo nosotras mismas?", dijo esa mañana. Así nació el club de jardinería del parque Versalles, sin acta, sin membresía, sin cuota. Solo ganas de embellecer el barrio.
Lo que empezó como un grupo de cuatro mujeres regando los mismos crotos que bordean la calle 5ta con 34 se convirtió, con los años, en una institución no oficial del barrio. Hoy, en mayo de 2026, el club reúne entre 15 y 25 personas cada sábado. Muchos son vecinos de Versalles, pero también llegan gente de Santa Mónica, de El Ingenio, incluso de Ciudad Jardín. El requisito es simple: tener una mata que compartir o ganas de aprender.
📌 Transparencia
Este artículo contiene enlaces patrocinados/de afiliados. Podríamos recibir una pequeña comisión sin costo para ti.
Dónde se reúnen: la esquina del parque Versalles
El punto de encuentro es inconfundible. Todos los sábados, a las 8 de la mañana, en la esquina de la calle 5ta con carrera 34, justo donde el parque Versalles tiene una banca larga de cemento y un árbol de caucho gigante que da sombra. Ahí colocan una mesa plegable, algunas sillas plásticas y un cartel escrito a mano que dice "Club de Jardinería Versalles – Bienvenidos". No hay letrero oficial ni permiso municipal. Es pura gestión vecinal.
El parque Versalles, por cierto, es uno de los pulmones verdes más queridos de la zona norte de Cali. Tiene una cancha múltiple, juegos infantiles y una glorieta donde a veces hacen eventos. Pero la esquina del club es sagrada. Ahí han visto crecer a los hijos de los vecinos, han celebrado cumpleaños de plantas (sí, leyeron bien) y han resuelto discusiones sobre plagas con la misma pasión con que otros discuten de fútbol.
Plantas que funcionan en el clima de Versalles
El barrio Versalles tiene un clima que muchos caleños envidian. Por estar en la zona norte, un poquito más alto que el centro, las temperaturas son ligeramente más frescas, aunque igual el sol pega duro entre las 11 de la mañana y las 3 de la tarde. El club tiene una lista no escrita de plantas que se dan bien acá. Si usted va a un sábado, verá que las favoritas son tres:
Suculentas
Las suculentas son las reinas del club. Doña Lucía dice que "son para las que tienen mano de hacha", porque aguantan olvidos de riego y sol directo. En Versalles, las suculentas se dan en macetas de barro, en jardineras de balcón y hasta en botellas recicladas. El club tiene un banco de suculentas: cualquiera puede llevar un esqueje y llevarse otro. Funciona como trueque, pero sin reglas estrictas.
Crotos
Los crotos son los que bordean el parque. Son esas plantas de hojas grandes, verdes con manchas amarillas, rojas o anaranjadas. En el club les tienen un cariño especial porque fueron las primeras que plantaron doña Lucía y sus vecinas. Los crotos crecen rápido, piden agua cada dos días y soportan la brisa que a veces baja de la loma. Si usted ve un croto bien bonito en el parque, probablemente fue podado por alguien del club.
Heliconias
Las heliconias son las divas del grupo. Estas plantas tropicales, con flores colgantes que parecen pájaros, necesitan más cuidado: tierra bien drenada, media sombra y abono cada mes. Pero cuando florecen, son el orgullo del club. En Versalles, las heliconias se dan mejor en los jardines internos de las casas que tienen patio, pero algunos vecinos de apartamentos las tienen en materas grandes en la terraza. El club enseña cómo podarlas sin matarlas.
El 'secreto' del compostaje comunitario
Si hay algo que distingue a este club de otros grupos de jardinería en Cali es su sistema de compostaje comunitario. Hace unos cinco años, la Alcaldía de Cali, a través de la Secretaría de Desarrollo Territorial, donó una caja de madera grande, de unos dos metros de largo por uno de ancho, para que el club hiciera compost. La caja está ubicada detrás de la glorieta del parque, medio escondida entre unos arbustos.
El proceso es sencillo pero tiene su ciencia. Cada sábado, los miembros del club llevan residuos orgánicos de sus casas: cáscaras de verduras, restos de café, hojas secas del barrido. No aceptan carne, lácteos ni cítricos en exceso, porque eso atrae moscas y malos olores. Una vez al mes, alguien del club revuelve la mezcla con una pala y la humedece. El resultado, después de tres meses, es un abono negro, oloroso a tierra mojada, que usan para las plantas del parque y para regalar a los nuevos miembros.
Lo curioso es que el compostaje se ha vuelto un ritual social. Mientras revuelven la tierra, la gente habla de sus vidas, de los hijos, de los problemas del barrio. Doña Lucía dice que "el compost une más que una junta de copropietarios". Y tiene razón.
Cómo se heredan esquejes entre generaciones
Una de las tradiciones más hermosas del club es la herencia de esquejes. No es algo escrito, pero ocurre naturalmente. Cuando alguien muere, se muda o simplemente deja de venir, sus plantas pasan a otros miembros. Así ha ocurrido durante casi 30 años.
Yolanda, una mujer de 40 años que trabaja como diseñadora gráfica desde su casa en Versalles, cuenta cómo heredó la buganvilla de su abuela. "Mi abuela fue de las primeras del club, en los 2000. Ella tenía una buganvilla morada que plantó cuando mi mamá nació. Cuando mi abuela falleció en 2015, yo no sabía qué hacer con la mata. Doña Lucía me dijo: 'tráela al club, que aquí le enseñamos a cuidarla'. Eso hice. Aprendí a podarla, a regarla solo cuando la tierra está seca, a cambiarla de maceta. Ahora esa buganvilla está en mi terraza y cada vez que florece, siento que mi abuela me saluda."
Yolanda no es la única. Hay esquejes de suculentas que han viajado de casa en casa, de una generación a otra. Una señora de 70 años, doña Aura, tiene un croto que su mamá plantó en 1985. "Cuando mi mamá se fue a vivir con mi hermana a Bogotá, me dejó el croto. Yo lo traje al club para que me ayudaran a revivirlo, porque se estaba secando. Le pusieron tierra nueva, lo podaron y ahora está hermoso. Ese croto tiene más de 40 años."
El club incluso tiene un "banco de esquejes", una caja de cartón donde la gente deja ramitas envueltas en papel periódico húmedo, con el nombre de la planta y una breve instrucción. Los nuevos miembros pueden llevarse uno gratis. Es como una biblioteca, pero de plantas.
Qué más se hace en el club
Más allá de regar y podar, el club organiza actividades que van rotando según la época del año. En enero, cuando el sol está más fuerte, hacen talleres de cómo proteger las plantas del golpe de calor. En abril, con las lluvias, enseñan a controlar hongos con remedios caseros (canela en polvo, leche diluida). En octubre, hacen un intercambio de macetas decoradas.
También tienen un grupo de WhatsApp, aunque doña Lucía no lo usa. "Eso es muy complicado para mí", dice riendo. Pero los miembros más jóvenes, como Yolanda, lo mantienen activo. Ahí comparten fotos de plantas, piden consejos y coordinan quién lleva el café los sábados (porque, por supuesto, el club no sería lo mismo sin un pocillo de tinto para amenizar).
Dónde comer o beber después del club
Después de la sesión de jardinería, que suele durar hasta las 10:30 u 11 de la mañana, muchos miembros se van a desayunar o a tomar algo cerca. El barrio Versalles tiene opciones para todos los gustos.
- Panadería Versalles: en la calle 5ta con 35, a media cuadra del parque. Venden pandebonos, almojábanas y café. Es el punto de reunión más común después del club. Precios populares: un pandebono cuesta alrededor de $1.500 COP.
- La Casa del Pan: en la carrera 34 con calle 4ta. Tienen pan artesanal, jugos naturales y opciones sin gluten. Ideal para quienes prefieren algo más saludable. Un jugo grande cuesta unos $5.000 COP.
- Heladería El Parque: justo al frente del parque, en la esquina de la calle 5ta con 34. Venden helados de crema y paletas. En días calurosos, es la parada obligada. Una paleta de agua cuesta $2.000 COP.
Si alguien quiere almorzar, hay varios restaurantes de comida casera en el barrio, como el Comedor de la Abuela (carrera 33 con calle 5ta), donde por $12.000 COP sirven bandeja paisa o sancocho de gallina los sábados.
Cómo llegar y transporte
Llegar al parque Versalles es fácil, sea que venga de otras partes de Cali o del sur de la ciudad.
- En MIO: la estación más cercana es "Versalles", que queda sobre la calle 5ta, a dos cuadras del parque. Las rutas que pasan por ahí son la T31 (que viene desde el centro) y la P21 (que conecta con el sur). El pasaje cuesta $2.800 COP.
- En carro: si viene desde el sur, tome la autopista Sur hasta la calle 5ta, gire a la derecha y siga recto hasta la carrera 34. Hay parqueo en la calle, pero los sábados en la mañana suele haber espacio. También hay un parqueadero privado en la carrera 33 con calle 5ta, que cobra $3.000 COP la hora.
- En bicicleta: la calle 5ta tiene ciclorruta desde la avenida 3ra hasta la carrera 50. Es seguro y plano. El parque tiene un parqueadero de bicicletas público.
- A pie: si está en el barrio Versalles o en Santa Mónica, puede llegar caminando. El parque es el corazón del barrio, así que solo pregunte por "el parque de Versalles".
Tips locales
Si va a visitar el club por primera vez, aquí van algunos consejos que los miembros del club le agradecerán:
- Llegue puntual: a las 8 am ya están todos. Si llega después de las 9, se pierde la parte más divertida, que es cuando deciden qué plantas necesitan agua y cuáles se van a podar.
- Traiga un esqueje: no es obligatorio, pero es la mejor manera de romper el hielo. No importa si es una ramita de yerbabuena o una hoja de suculenta. Todo se recibe con gusto.
- Lleve una bolsa de tierra negra: el club tiene un trueque de tierra. Si usted lleva una bolsa de tierra negra (de la que venden en los viveros de la avenida 3ra, por unos $5.000 COP), puede llevarse esquejes, macetas o abono del compost comunitario.
- Use ropa cómoda: va a ensuciarse las manos. No hay problema, pero mejor llevar ropa que no le importe manchar. Llevar guantes de jardinería también es buena idea.
- No tenga miedo de preguntar: doña Lucía y los demás miembros son muy abiertos. Si no sabe cómo podar un croto o por qué su suculenta se está poniendo amarilla, pregunte. Le van a dar consejos hasta para las plantas de su suegra.
- Lleve su propio café: si es muy cafetero, mejor llevar su termo. El club a veces tiene tinto, pero no siempre. Y en Versalles, el café de la panadería es bueno, pero cierra a las 10 am los sábados.
Dato curioso: la mata más vieja del club
Hay un dato que pocos conocen. En el parque Versalles, justo al lado de la banca donde se reúnen, hay un árbol de mango que doña Lucía plantó en 1999. Esa mata, que hoy da mangos pequeños pero dulces cada junio, fue el primer proyecto del club. Cuando lo sembraron, los vecinos se quejaron porque decían que las raíces iban a levantar el andén. Doña Lucía les dijo que no, que ella había estudiado eso. Y tenía razón: el árbol creció sin dañar nada. Hoy, ese mango es el símbolo del club. Cada año, cuando maduran los frutos, los miembros organizan una "fiesta del mango", donde comparten jugo, helado y hasta vino de mango casero.
Preguntas frecuentes
¿Tengo que pagar para unirme al club?
No. El club es completamente gratuito. No hay cuotas de membresía ni costos de inscripción. Lo único que se pide es que si usted se lleva un esqueje, intente traer uno nuevo en el futuro, o al menos contribuya con una bolsa de tierra o residuos orgánicos para el compost. Es un trueque de buena voluntad.
¿Puedo ir si no sé nada de jardinería?
Claro que sí. De hecho, la mayoría de los miembros aprendió en el club. Doña Lucía y los más experimentados dan consejos prácticos desde el primer sábado. No hay teoría aburrida ni manuales. Se aprende haciendo: podando, regando, trasplantando. La mejor manera de empezar es llevar una planta que se le esté muriendo y preguntar qué hacer.
¿Qué hago si no tengo un esqueje para intercambiar?
No se preocupe. Puede llevar una bolsa de tierra negra, residuos orgánicos para el compost, o simplemente su tiempo y ganas de ayudar. El club siempre necesita manos para regar, barrer hojas o revolver el compost. Si no tiene nada material, puede ofrecerse a tomar fotos para el grupo de WhatsApp o a llevar el café una mañana. Todo suma.
¿Hay límite de edad?
No. En el club hay desde niños de 8 años que vienen con sus abuelos hasta personas de más de 80. La mayoría son mujeres mayores de 55, pero cada vez llegan más profesionales jóvenes de 30 a 45 años que viven en apartamentos y quieren aprender a tener jardines verticales o plantas en macetas. También hay paisajistas aficionados que vienen a compartir técnicas. Todos son bienvenidos.
¿El club se reúne todo el año?
Sí, todos los sábados del año, excepto si el 24 o 31 de diciembre caen en sábado, que entonces se suspende. En temporada de lluvias intensas, a veces se cancelan las reuniones al aire libre, pero avisan por el grupo de WhatsApp. En general, el clima de Cali permite que las reuniones sean al aire libre casi siempre.
CTA: Lleve su esqueje este sábado
Si después de leer esto le quedaron ganas de unirse, sepa que este sábado el club lo espera en la esquina del parque Versalles (calle 5ta con 34) a las 8 de la mañana. No necesita experiencia, solo curiosidad y una mata que compartir. Traiga una bolsa de tierra negra para intercambiar y verá cómo en media hora ya está ensuciándose las manos y riendo con las historias de doña Lucía. El club no es solo de jardinería: es de amistad, de memoria y de barrio. Y en Cali, eso no tiene precio.
Introducción histórica o contextual
El parque Versalles, ubicado en uno de los barrios más tradicionales de Cali, ha sido un punto de encuentro no solo para los amantes de la jardinería, sino también para aquellos que buscan un espacio de encuentro comunitario. Desde su creación en la década de 1970, este parque ha evolucionado, convirtiéndose en un símbolo de la vida social del barrio. La historia de doña Lucía y su grupo de jardinería es un reflejo de cómo el amor por las plantas puede unir a las personas y fortalecer los lazos comunitarios.
En sus inicios, el parque era un simple terreno sin muchas comodidades, pero con el paso de los años, gracias a la iniciativa de los habitantes, se han implementado mejoras que lo hacen más acogedor. La jardinería comunitaria no solo embellece el espacio, sino que también fomenta un sentido de pertenencia entre los vecinos. Es un lugar donde las generaciones comparten conocimientos, experiencias y, sobre todo, su pasión por la naturaleza.
Hoy en día, el parque Versalles no solo es un lugar para el cultivo de plantas, sino también un sitio donde se realizan actividades culturales y recreativas. Es común ver a familias disfrutando de un día al aire libre, niños jugando y ancianos compartiendo historias.
Para quienes deseen visitar el parque y entender mejor la dinámica del club de jardinería, aquí algunos consejos prácticos:
Qué hacer
Visitar el parque Versalles
El parque Versalles es un lugar ideal para disfrutar de la naturaleza y participar en actividades al aire libre. La comunidad se reúne aquí no solo para jardinería, sino también para disfrutar de un buen libro o practicar yoga. Puedes llevar tu propia manta y hacer un picnic mientras observas cómo los miembros del club cuidan sus plantas.
Unirte al club de jardinería
Si te interesa la jardinería, considera unirte al club que se reúne en el parque. Aquí puedes aprender sobre plantas autóctonas y compartir consejos con personas que tienen mucha experiencia. La camaradería es fuerte y muchos de los miembros están dispuestos a compartir sus conocimientos sobre el cultivo de diferentes especies.
Explorar el barrio Versalles
Además de disfrutar del parque, pasear por el barrio Versalles te permitirá admirar las coloridas casas y murales que reflejan la cultura local. No olvides llevar tu cámara, ya que hay muchas oportunidades para capturar la esencia del barrio.
Visitar la tienda de plantas de doña Lucía
Doña Lucía, mencionada en la historia del club, tiene una tienda de plantas cerca del parque. Es el lugar perfecto para encontrar plantas que no verás en otros lugares y, además, podrás escuchar historias fascinantes sobre el barrio y la jardinería, contadas por ella misma.
