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Actualizado el 29 de octubre, 2026

El Pando: El barrio obrero que construyó la Santa Marta moderna y que los turistas ignoran

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 29 de octubre, 2026
El Pando: El barrio obrero que construyó la Santa Marta moderna y que los turistas ignoran

Si caminas por el Centro Histórico de Santa Marta, ves fachadas coloridas, balcones republicanos y terrazas con vista al mar. Pero si te desvías unas cuantas cu

El Pando: El barrio obrero que construyó la Santa Marta moderna y que los turistas ignoran

Si caminas por el Centro Histórico de Santa Marta, ves fachadas coloridas, balcones republicanos y terrazas con vista al mar. Pero si te desvías unas cuantas cuadras hacia el sur, cruzando la carrera 1ra, el paisaje cambia por completo. Allí empieza El Pando, un barrio que no aparece en las guías turísticas, que no tiene hostales boutique ni restaurantes con aire acondicionado. Sin embargo, sin El Pando, Santa Marta sencillamente no sería la ciudad que es hoy. Este barrio obrero, levantado por trabajadores del ferrocarril y la zona bananera, es el corazón de la clase trabajadora samaria. Y aunque los turistas lo ignoran, sus calles cuentan la historia más auténtica de la ciudad.

Orígenes

Para entender El Pando hay que remontarse a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando Santa Marta vivía su auge bananero. La United Fruit Company había llegado a la región y el ferrocarril se convirtió en la columna vertebral de la economía local. Las vías férreas conectaban las plantaciones de banano con el puerto de Santa Marta, y los trabajadores necesitaban un lugar para vivir cerca de las estaciones y los talleres.

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El Pando nació como un asentamiento informal en terrenos que originalmente eran potreros y manglares rellenados. Las primeras viviendas fueron construidas por los propios obreros con materiales que encontraban a la mano: madera de desecho, zinc reciclado y bloques de cemento hechos a mano. No había urbanizadores ni planos. El barrio creció al ritmo de las necesidades de la gente, sin alcantarillado ni electricidad durante décadas.

El nombre "El Pando" tiene varias versiones. La más aceptada entre los viejos del barrio es que viene de un árbol de pando que existía en la esquina de la actual carrera 4 con calle 15, donde los trabajadores se reunían a tomar tinto y a esperar el jornal. Otra versión dice que "pando" se refería a un tipo de barro o lodazal que abundaba en la zona cuando llovía. Lo cierto es que el nombre pegó y se quedó.

Durante las primeras décadas del siglo XX, El Pando fue creciendo en paralelo al desarrollo del ferrocarril. Los talleres del tren estaban a pocas cuadras, en lo que hoy es la zona de la Avenida del Ferrocarril. Allí se reparaban locomotoras, se cambiaban rieles y se cargaban los vagones con banano rumbo al puerto. Los obreros vivían en El Pando, y sus jornadas empezaban antes del amanecer y terminaban cuando el sol caía sobre la Sierra Nevada.

Línea de tiempo o hitos históricos

1920-1930: Los años de la fundación

El barrio empieza a tomar forma. Llegan familias de Sincelejo, Since, y de los pueblos del Magdalena Grande. Se construyen las primeras viviendas de madera y zinc. No hay agua potable, la gente se abastece de pozos y aljibes. La energía eléctrica llega solo al centro de la ciudad.

1940: La era del ferrocarril

El Ferrocarril de Santa Marta alcanza su máximo apogeo. Los talleres emplean a cientos de trabajadores. El Pando se consolida como el barrio de los ferroviarios. Aparecen las primeras tiendas y bares alrededor de la estación. La esquina de la carrera 3 con calle 14 se vuelve el punto de encuentro de los obreros.

1960-1970: Las luchas sindicales

Los trabajadores del ferrocarril y del puerto se organizan en sindicatos. El Pando se convierte en un hervidero de activismo. Hay huelgas, marchas y enfrentamientos con la policía. Varios líderes sindicales viven en el barrio. La iglesia de El Pando, construida en 1965, se vuelve un refugio para las reuniones obreras.

1980-1990: La crisis del ferrocarril y la reconversión

El ferrocarril entra en decadencia. Las locomotoras dejan de circular y los talleres cierran. El Pando sufre un duro golpe económico. Muchas familias se mudan o emigran a otras ciudades. El barrio se estigmatiza como peligroso. Sin embargo, la comunidad se reorganiza alrededor del comercio informal y los servicios.

2000-2020: La resistencia cultural

Surgen colectivos artísticos y deportivos que buscan rescatar la memoria del barrio. Aparecen los primeros murales que cuentan la historia obrera. La Alcaldía de Santa Marta empieza a pavimentar calles y a mejorar el alcantarillado. El Pando deja de ser un barrio invisible y comienza a ser reconocido como patrimonio vivo de la ciudad.

Julio de 2026

Hoy, El Pando sigue siendo un barrio mayoritariamente residencial y de clase trabajadora. Aunque ha mejorado en infraestructura, conserva su carácter popular. Los precios de los arriendos siguen siendo los más bajos de Santa Marta (entre $300.000 y $600.000 COP mensuales por una habitación, precios de referencia de julio de 2026), lo que lo convierte en un refugio para estudiantes, trabajadores informales y familias de bajos ingresos.

Personajes o hechos clave

Don Manuel "Mane" Arrieta

Fue uno de los últimos maquinistas del Ferrocarril de Santa Marta. Vivió en El Pando desde 1948 hasta su muerte en 2019. Su casa en la carrera 4 # 14-32 era conocida como "la casa del silbato", porque cada vez que pasaba el tren, don Manuel salía a la puerta y hacía sonar su silbato de bronce. Los vecinos lo recuerdan como el guardián de la memoria ferroviaria del barrio.

La huelga de 1967

Fue una de las más largas y duras del movimiento obrero en Santa Marta. Los trabajadores del ferrocarril exigían mejores salarios y condiciones laborales. La huelga duró 47 días. Durante ese tiempo, El Pando se convirtió en un campamento de resistencia. Las mujeres del barrio organizaron ollas comunitarias y vendieron empanadas y jugos para sostener a las familias. La huelga terminó con una victoria parcial, pero dejó una huella imborrable en la identidad del barrio.

La esquina de "El Loro"

En la intersección de la carrera 3 con calle 15, funcionó durante 30 años el puesto de jugos de don Pedro "El Loro" Martínez. Era el punto de reunión de los obreros después de la jornada. Allí se discutía de política, de fútbol y de la vida. Don Pedro se hizo famoso porque repetía todo lo que escuchaba, como un loro. Su puesto cerró en 2015, pero los vecinos todavía llaman a esa esquina "la esquina del Loro".

Estado actual

El Pando de 2026 es un barrio en transformación. Sigue siendo mayoritariamente de clase trabajadora, pero han llegado nuevos actores. Jóvenes artistas, estudiantes universitarios y algunos extranjeros con presupuesto ajustado han empezado a mudarse al barrio atraídos por los bajos arriendos y la cercanía al centro. Esto ha generado una mezcla interesante entre la vieja guardia obrera y una nueva generación que busca alternativas al turismo masivo.

La infraestructura ha mejorado notablemente. Casi todas las calles están pavimentadas, hay alumbrado público y el servicio de agua es regular. Sin embargo, persisten problemas: la recolección de basura es deficiente en algunas zonas, y la inseguridad sigue siendo una preocupación, aunque ha disminuido en comparación con los años 90.

En términos culturales, El Pando vive un renacimiento. Varios colectivos de grafiteros han pintado murales que cuentan la historia del barrio. En la carrera 4, entre calles 14 y 15, hay un mural de 30 metros que representa la línea del tiempo del ferrocarril. Otro mural, en la esquina de la carrera 3 con calle 14, muestra los rostros de los líderes sindicales de los años 60. Estos murales no son solo decoración: son una forma de resistencia contra el olvido.

La economía del barrio sigue siendo informal. Hay talleres de mecánica, carpinterías, panaderías de barrio y tiendas de abarrotes. Los fines de semana, la calle 14 se llena de vendedores ambulantes que ofrecen ropa usada, frutas y fritos. No hay restaurantes de moda ni bares con cocteles de autor. Lo que hay son puestos de arepas de huevo, patacones con suero y jugo de corozo. Comer en El Pando cuesta entre $5.000 y $12.000 COP por persona.

Para los turistas que se atreven a salir del centro histórico, El Pando ofrece una experiencia auténtica. No hay souvenires ni guías en inglés. Lo que hay es gente real, calles con historia y una atmósfera que recuerda a la Santa Marta de antes del boom turístico. El barrio está a solo 10 minutos caminando desde el Parque de los Novios. Se puede llegar por la carrera 3 o por la avenida del Ferrocarril.

Ruta a pie: Los murales, las esquinas y los personajes que cuentan la historia no oficial

Si quieres conocer El Pando de verdad, olvídate del carro y ponte zapatos cómodos. Esta ruta a pie te llevará por los puntos clave del barrio en aproximadamente dos horas. Puedes empezar cualquier sábado a las 9 de la mañana, cuando el barrio está más vivo y los vecinos salen a hacer sus compras.

Punto de partida: Esquina de la carrera 3 con calle 14

Ahí donde hoy hay una tienda de abarrotes llamada "La Estación", funcionó la parada del tranvía de mulas que llevaba a los obreros a los talleres. Todavía se ven los rieles incrustados en el asfalto. Pregunta por doña Carmen, la dueña de la tienda, que te contará cómo era el barrio cuando ella llegó en 1972.

Mural del Ferrocarril (carrera 4 entre calles 14 y 15)

Este mural de 30 metros fue pintado en 2022 por el colectivo "Pintando Memorias". Muestra una locomotora Baldwin de 1920, trabajadores cargando banano y una mujer con un niño en brazos. En la parte inferior hay una frase: "El Pando no se rinde, el Pando resiste". Es el lugar más fotografiado del barrio, aunque casi nadie fuera de Santa Marta lo conoce.

La esquina del Loro (carrera 3 con calle 15)

Ya no está el puesto de jugos, pero en la esquina hay un mural pequeño con la cara de un loro y un letrero que dice "Aquí paraba el Loro". Los vecinos todavía se sientan en el andén a conversar. Si te quedas un rato, seguro alguien te cuenta una historia de don Pedro o de las huelgas de los 60.

Los talleres de mecánica (calle 16 entre carreras 3 y 4)

Esta cuadra está llena de talleres de motos y carros. Es el corazón económico del barrio. Los mecánicos trabajan al aire libre, con música de vallenato de fondo. No es un lugar turístico, pero si te interesa la cultura popular, es fascinante ver cómo funciona la economía informal. Puedes comprar una gaseosa en una de las tiendas y observar el movimiento.

Final de la ruta: El mirador de la 17 (carrera 4 con calle 17)

Subiendo un poco, se llega a un pequeño mirador natural desde donde se ve toda la bahía de Santa Marta. No hay banco ni baranda, solo un pedazo de tierra que los vecinos han limpiado. Desde allí se entiende por qué El Pando está donde está: cerca del puerto, cerca del centro, pero en una cota más alta, protegido de las inundaciones. Es el mejor lugar para cerrar el recorrido y pensar en todo lo que has visto.

Después de la caminata, puedes almorzar en el puesto de arepas de la esquina de la carrera 3 con calle 16. Doña Nury prepara arepas de huevo con hogao desde hace 25 años. Cuestan $4.000 COP cada una. Pídele dos y un jugo de corozo. No hay mejor forma de terminar un recorrido por El Pando.

Camina El Pando este sábado y descubre la otra Santa Marta, la que no sale en Instagram. La que huele a tinto, a grasa de motor y a arepa frita. La que resiste, la que construyó la ciudad moderna. La que los turistas ignoran, pero que te espera con las puertas abiertas.

Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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