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El Fuerte de San Fernando y la Boca del Cerro: La fortaleza que nadie visita y que defendió a Santa Marta de piratas (y

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 15 de octubre, 2026
El Fuerte de San Fernando y la Boca del Cerro: La fortaleza que nadie visita y que defendió a Santa Marta de piratas (y

Poca gente lo sabe, pero Santa Marta tuvo más de una fortaleza. Todos reconocemos el Castillo de San Felipe de Barajas en Cartagena, y en Santa Marta identifica

Orígenes

Poca gente lo sabe, pero Santa Marta tuvo más de una fortaleza. Todos reconocemos el Castillo de San Felipe de Barajas en Cartagena, y en Santa Marta identificamos rápidamente la Casa de la Aduana o el Fuerte de El Morro en la bahía. Sin embargo, en la entrada misma de la bahía, sobre un cerro que hoy casi nadie sube, los españoles levantaron una batería de artillería destinada a cerrar el paso a los corsarios que venían del norte. Ese punto es el que la cartografía histórica registra como el Fuerte de San Fernando, y la zona donde se emplazó se conoce en los documentos coloniales como la Boca del Cerro o simplemente "la boca de la bahía".

Antes de continuar, es importante aclarar que si buscas en mapas actuales "Boca del Cerro" como destino turístico, no lo vas a encontrar. No es un barrio, ni un parque temático, y no hay una taquilla con ese nombre. Es una denominación histórica y geográfica que aparece en planos coloniales y en textos de historiadores samarios, y que hoy corresponde al sector de cerros y manglares que separan la bahía de Santa Marta del complejo lagunar de la Ciénaga Grande, muy cerca de la Isla de Salamanca. El contexto general de las fortificaciones coloniales de Santa Marta es el siguiente: la ciudad fue fundada en 1525 por Rodrigo de Bastidas y se convirtió en un puerto estratégico para la Corona española, lo que la puso en la mira de piratas, corsarios y potencias enemigas de España durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Para defenderse, los españoles construyeron y reconstruyeron varias defensas a lo largo de la bahía, entre ellas el Fuerte de El Morro y baterías menores en puntos elevados que servían como vigías y como primera línea de fuego. El Fuerte de San Fernando pertenece a esa lógica militar: no era una ciudadela, era un puesto de vigilancia y artillería en la garganta de la bahía.

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Línea de tiempo o hitos históricos

La historia de las defensas de Santa Marta no es lineal ni está llena de fechas exactas confirmadas para cada batería. Lo que sí está documentado es el patrón general de ataques y respuestas:

  • Siglo XVI: Santa Marta sufre incursiones de corsarios europeos. La ciudad empieza a fortificarse de manera improvisada, con empalizadas y puntos de vigilancia en los cerros que rodean la bahía.
  • Siglo XVII: Los ataques se intensifican. Potencias como Inglaterra, Francia y Holanda financian corsarios que buscan saquear puertos españoles del Caribe. Santa Marta, con menos recursos que Cartagena, depende de baterías costeras y de la geografía para defenderse.
  • Siglo XVIII: Es el periodo de mayor actividad constructiva en las fortificaciones samarias. Se refuerzan el Fuerte de El Morro y otras baterías. Es en este contexto donde se documenta la instalación de artillería en puntos elevados de la entrada de la bahía, entre ellos el cerro que domina la boca sur del puerto, asociado al nombre de San Fernando.
  • Siglo XIX: Con las guerras de independencia, las fortificaciones coloniales pierden su función militar. Muchas quedan abandonadas y son reutilizadas como canteras de material o simplemente se dejan a la intemperie.
  • Siglos XX y XXI: El crecimiento urbano de Santa Marta, El Rodadero y la vía a la Ciénaga transforma el paisaje. Los cerros que antes eran puestos militares quedan rodeados de manglar, vegetación seca y asentamientos. La mayoría de las baterías menores desaparecen del mapa turístico.

Un dato clave para entender por qué este fuerte "nadie lo visita": nunca fue un atractivo turístico restaurado. A diferencia del Castillo de San Felipe en Cartagena o incluso del Fuerte de El Morro en Santa Marta, que tienen señalización y acceso controlado, las baterías menores de la entrada de la bahía quedaron en el olvido administrativo. No hay un centro de visitantes, no hay un sendero señalizado oficialmente y no hay una taquilla. Eso es precisamente lo que atrae a viajeros aventureros y fotógrafos: ruinas reales, sin puesta en escena.

Personajes o hechos clave

Rodrigo de Bastidas y la fundación del puerto

Bastidas fundó Santa Marta en 1525 y estableció el puerto como punto de salida de mercancías hacia España. Esa decisión comercial es la que convirtió a la ciudad en blanco militar. Sin puerto, no hay piratas; sin piratas, no hay fuerte. Todo el sistema defensivo samario, incluido el Fuerte de San Fernando, nace de esa ecuación.

Los corsarios del Caribe

Los nombres más famosos del corso caribeño están asociados a Cartagena, Panamá y Portobelo, pero Santa Marta también sufrió ataques documentados. Francis Drake pasó por el Caribe neogranadino en el siglo XVI, y en los siglos XVII y XVIII hubo incursiones de corsarios ingleses, franceses y holandeses. La función del Fuerte de San Fernando era simple: avisar y disparar. Si una vela sospechosa aparecía en el horizonte, la batería del cerro podía cañonearla antes de que entrara a la bahía y dar tiempo a la ciudad para organizarse.

Los ingenieros militares españoles

Las fortificaciones del Caribe español fueron diseñadas por ingenieros militares formados en Europa, muchos de ellos italianos y españoles, que aplicaban tratados de balística y geometría defensiva. En Santa Marta, esos ingenieros trabajaron con recursos limitados y con un terreno difícil: cerros secos, manglares y una bahía abierta. El Fuerte de San Fernando, en la lógica de esos planos, era una pieza de un sistema, no una fortaleza autónoma.

El abandono republicano

Tras la independencia, la República de la Nueva Granada no tenía interés ni presupuesto para mantener baterías coloniales. Las fortificaciones de Santa Marta pasaron a manos civiles o simplemente quedaron sin uso. Ese abandono es el hecho clave que explica el estado actual: muros de piedra caliza y coralina, cañones oxidados en el mejor de los casos, y una vegetación que se tragó los caminos de acceso.

Estado actual

Qué queda hoy del Fuerte de San Fernando

Lo que queda son restos de mampostería en piedra, algunos tramos de muro y plataformas donde se emplazaba la artillería, cubiertos por vegetación de bosque seco tropical. No esperes una estructura completa ni un museo. Es un sitio de ruinas, con acceso libre pero sin servicios, y con un valor arqueológico y paisajístico más que arquitectónico. Si vas con expectativas de "castillo restaurado", te vas a decepcionar; si vas con expectativas de "ruina militar real en un cerro con vista a toda la bahía", es exactamente lo que buscas.

Importante: no existe evidencia de túneles secretos, bóvedas subterráneas ni pasadizos ocultos en este sector. Ese tipo de relato es un mito urbano recurrente en fortificaciones coloniales, pero en el caso de las baterías menores de Santa Marta no hay documentación que lo respalde. Lo que ves en superficie —muros, plataformas, piedra— es lo que hay.

Cómo llegar de forma real

Hay dos rutas prácticas, y ninguna está señalizada como "ruta turística al Fuerte de San Fernando":

  1. Desde El Rodadero: Puedes tomar la vía que sube hacia los cerros que separan El Rodadero de la bahía de Santa Marta. Es una zona de miradores informales y caminos de tierra. Se recomienda ir con alguien que conozca la zona, en vehículo alto o caminando temprano en la mañana. No hay transporte público directo hasta las ruinas.
  2. Por la vía a la Ciénaga: La carretera que conecta Santa Marta con Ciénaga y Barranquilla bordea el complejo lagunar de la Ciénaga Grande y la Isla de Salamanca. Desde allí se accede a sectores de manglar y cerros cercanos a la boca de la bahía. Es una ruta para quienes tienen vehículo propio y disposición a caminar por trocha.

En ambos casos, la recomendación es ir en grupo, con agua, protector solar, repelente y calzado cerrado. No hay baños, no hay tiendas y la señal de celular es intermitente. Se recomienda verificar horarios de luz natural antes de visitar, porque el regreso de noche por trocha no es seguro.

Mirador y manglar: aves y atardecer sin multitudes

El verdadero atractivo actual de este sector no es la ruina en sí, sino el punto de observación. Desde los cerros de la entrada de la bahía tienes una vista completa de Santa Marta, de El Rodadero al fondo y del mar abierto. Es un mirador natural, sin barandas ni cafetería, pero con una perspectiva que pocos turistas ven porque todos se quedan en el Centro Histórico o en la playa.

El manglar que rodea la zona, asociado al complejo de la Ciénaga Grande de Santa Marta y la Isla de Salamanca, es hábitat de aves acuáticas, garzas, pelícanos y fragatas. Es un ecosistema vibrante que contrasta con la historia de guerra y defensa que una vez marcó este lugar.

Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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