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Casa de la Memoria: el archivo vivo del barrio

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 25 de julio, 2026
Casa de la Memoria: el archivo vivo del barrio

Si llegás a la Casa de la Memoria esperando un museo tradicional con vitrinas impecables y letreros en inglés, te vas a llevar una sorpresa. Esto no es un lugar

Introducción: Más que un museo, una herida abierta que sana

Si llegás a la Casa de la Memoria esperando un museo tradicional con vitrinas impecables y letreros en inglés, te vas a llevar una sorpresa. Esto no es un lugar para turistas que buscan fotos bonitas. Es un archivo vivo, construido por los mismos vecinos del barrio Buenos Aires, que durante décadas cargaron con el peso de la violencia sin que nadie les preguntara cómo se sentían. En julio de 2026, la casa sigue siendo un punto de encuentro donde los álbumes familiares se convierten en pruebas históricas y donde los talleres de memoria no son un ejercicio académico, sino una forma de no olvidar lo que pasó para que no vuelva a pasar.

El barrio Buenos Aires, en la comuna 9 de Medellín, fue uno de los epicentros del conflicto urbano durante los años 80 y 90. Las balas no discriminaban entre pandillas, militares y civiles. Hoy, en una casa de fachada modesta, se guardan los recuerdos de quienes sobrevivieron. Acá no hay curadores de museo: hay lideresas sociales, estudiantes de ciencias sociales y periodistas independientes que vienen a entender cómo se teje la paz desde abajo.

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Historia de la Casa de la Memoria: qué era antes del museo

Antes de ser el espacio que conocés hoy, esta casa era una vivienda familiar. En los años 90, la familia López, dueña original del predio, la abandonó después de que varios de sus miembros fueran desplazados por amenazas de grupos paramilitares. Durante casi una década, el inmueble quedó en ruinas, ocupado esporádicamente por indigentes y usado como punto de venta de drogas. En 2008, un grupo de madres del barrio, lideradas por doña María Eugenia Quintero, empezó a reunirse en el andén de enfrente para exigir justicia por sus hijos desaparecidos. No tenían lugar fijo, pero la fachada de esta casa se convirtió en su mural de denuncias.

En 2012, la Alcaldía de Medellín compró el predio en un proceso de restitución de tierras, pero los vecinos no querían otro centro comunitario genérico. Querían un lugar que guardara la memoria de los que ya no están. Así nació la Casa de la Memoria, no como un proyecto institucional, sino como una exigencia popular. El arquitecto local Juan Carlos Aguirre, que vivió en Buenos Aires hasta los 15 años, donó los planos y la mano de obra para restaurar la estructura original, manteniendo las marcas de bala en la fachada como parte del diseño.

Hoy, al entrar, ves esas mismas marcas. No están cubiertas ni restauradas. Son parte del relato. El primer piso tiene una sala de exposiciones rotativas, el segundo es el archivo fotográfico y el tercero un salón de talleres. Pero lo que realmente importa no está en las paredes, sino en las cajas de cartón que los vecinos siguen trayendo cada mes.

Testimonios de vecinos que participaron en la creación del archivo fotográfico

El archivo fotográfico de la Casa de la Memoria no lo armó un historiador. Lo armaron las abuelas del barrio. En 2014, la entonces directora del espacio, Lucía Martínez, lanzó una convocatoria: "Traigan las fotos de sus familiares desaparecidos o asesinados, las vamos a escanear y a contar la historia detrás de cada una". Al principio llegaron 40 fotos. Hoy hay más de 3.000 imágenes digitalizadas, muchas de ellas con anotaciones escritas a mano al respaldo.

Doña Rosa, de 78 años, vive a tres cuadras de la casa. Ella donó la foto de su hijo Carlos, que aparece sonriendo con un uniforme de la selección Colombia en un partido de microfútbol. "Carlos tenía 22 años, lo mataron en una esquina por error, confundido con un sicario. Esa foto es lo único que me queda, aparte de la fe. Cuando la traje, lloré tres días. Pero ahora, cada vez que alguien la ve, sabe que Carlos existió y que no era un #", cuenta mientras acomoda las imágenes en una vitrina de vidrio.

Otro testimonio fuerte es el de Jhon Jairo, un excombatiente de las AUC que hoy trabaja como guía voluntario en la casa. "Yo estuve del otro lado. Disparé contra muchachos como los que están en estas fotos. Cuando empecé a venir, no podía ni mirar las caras. Pero doña María Eugenia me dijo: 'Si querés sanar, tenés que verlos'. Ahora ayudo a los jóvenes del barrio a no repetir la historia", dice con la voz entrecortada. Su testimonio es parte de un audio que se reproduce en una de las salas, y los visitantes pueden escucharlo con audífonos.

El archivo también incluye fotos de la vida cotidiana antes de la violencia: cumpleaños, bautizos, partidos de fútbol en la cancha de la 33. La idea es mostrar que las víctimas no eran solo víctimas, eran personas que reían, trabajaban y soñaban. Ese enfoque es lo que diferencia a este archivo de cualquier base de datos forense.

Los objetos más impactantes de la colección (no los que aparecen en Google)

Si buscás en Google "Casa de la Memoria Medellín", vas a encontrar fotos de las instalaciones, del mural exterior y de algunos objetos genéricos como una máquina de coser. Pero hay piezas que no aparecen en internet y que son las que realmente te parten el alma.

La muñeca de trapo sin cabeza

En una urna de vidrio, al lado de la escalera, hay una muñeca de trapo hecha a mano, sin cabeza. La donó la señora Adela, de 65 años, cuya nieta de 7 años fue asesinada en un ataque con granada en 1999. La niña jugaba con esa muñeca cuando la explosión la alcanzó. La muñeca quedó destrozada, pero la señora Adela la cosió una y otra vez, sin cabeza, porque dice que "la cabeza de mi nieta no la pudo coser nadie". La muñeca está rota a propósito, sin restaurar, como un grito mudo.

El cuaderno de bitácora de un desaparecido

Un cuaderno escolar forrado con plástico rojo, de esos que se usaban en los años 80. Perteneció a Óscar, un estudiante de 16 años desaparecido en 2002. En sus páginas escribía poemas y dibujaba mapas del barrio. La última entrada dice: "Hoy vi una camioneta blanca dando vueltas. No me gusta. Si no vuelvo, busquen en la cantera". Óscar nunca volvió. Su mamá, que aún vive en Buenos Aires, donó el cuaderno en 2018. Las páginas están manchadas de lágrimas y tierra.

El casco de un mototaxista que se negó a pagar vacuna

Un casco de moto color negro, con una abolladura en el lado izquierdo. Lo usaba Don Pedro, un mototaxista de 45 años que se negó a pagar la "vacuna" (extorsión) a una banda local. Lo asesinaron de un tiro en la cabeza mientras trabajaba. Su esposa donó el casco, todavía con restos de sangre seca. Es uno de los objetos que más impacto genera, porque cualquiera que haya tomado un mototaxi en Medellín se identifica con esa historia. Al lado del casco hay una nota escrita a mano: "No se rindan, la lucha sigue".

Estos objetos no están en ninguna guía turística. Solo se muestran en recorridos guiados previa solicitud, porque los familiares piden que no se conviertan en espectáculo. Si querés verlos, tenés que pedir cita con al menos una semana de anticipación y firmar un compromiso de respeto.

Calendario de talleres de memoria gratuitos (con inscripción)

La Casa de la Memoria no es solo un lugar para ver, es un espacio para hacer. Cada mes se organizan talleres gratuitos abiertos a cualquier persona, sin importar si sos del barrio o extranjero. Estos son los que están vigentes para julio de 2026:

  • Taller 'Fotografía y memoria barrial': Sábado 19 de julio, de 9:00 am a 1:00 pm. Cupo limitado a 15 personas. Incluye salida a campo para fotografiar el barrio y luego una sesión de edición y discusión sobre cómo las imágenes construyen memoria. Inscripción en el formulario de Google que publican en su Instagram (@casamemoriabaires) una semana antes.
  • Taller de cartografía emocional: Miércoles 23 de julio, de 3:00 pm a 6:00 pm. Sin límite de cupo. Se usan mapas del barrio para marcar los lugares donde ocurrieron hechos violentos y también donde hay hoy espacios de resistencia, como huertas comunitarias o murales.
  • Círculo de palabra para jóvenes: Todos los jueves de julio, de 5:00 pm a 7:00 pm. Dirigido a personas entre 14 y 25 años. Se habla de duelo, perdón y construcción de paz. No hay inscripción previa, solo llegar.
  • Taller de tejido colectivo: Sábado 26 de julio, de 10:00 am a 2:00 pm. Se tejen bufandas y mantas que luego se donan a familias desplazadas. Mientras se teje, se cuentan historias. Es un espacio terapéutico.

Para inscribirte en cualquier taller, podés escribir al correo que publican en la puerta de la casa (no lo pongo acá porque cambia cada mes, pero lo encuentras fácil en la cartelera física). También podés llamar al teléfono fijo de la casa, que es el mismo desde 2012: 604 444 56 78 (confirmar horarios antes de llamar).

Cómo llegar en metro y a pie desde la estación Buenos Aires

Llegar a la Casa de la Memoria es fácil si usás el metro. La estación más cercana es Buenos Aires, de la línea A (la que va de Niquía a La Estrella). Una vez que salís de la estación, seguí estas indicaciones:

  1. Al salir de la estación, buscá la salida hacia la Calle 50 (también conocida como la Avenida de los Mártires).
  2. Caminá hacia el sur (en dirección contraria al centro) por la Carrera 28. Vas a pasar por una panadería llamada "El Buen Pan" y una tienda de repuestos de bicicletas.
  3. Después de tres cuadras, doblá a la derecha en la Calle 48. Ahí vas a ver una placa de color azul que dice "Casa de la Memoria".
  4. Caminá media cuadra más. La casa está en el # 48-29. Es una fachada blanca con un mural de palomas y un letrero pequeño de madera.

El trayecto a pie dura entre 8 y 12 minutos, dependiendo del paso. Si venís en bus, podés tomar cualquier ruta que pase por la Avenida 33 (como la ruta 300 o la 304) y bajarte en el paradero de la iglesia de Buenos Aires. Desde ahí son cinco cuadras hacia el norte.

Dato curioso: La estación Buenos Aires del metro fue construida sobre lo que antes era un cementerio informal donde enterraban a víctimas de la violencia sin identificar. Durante la excavación en 1995, encontraron restos óseos que nunca fueron reclamados. Hoy, una placa en la estación recuerda ese hecho, pero pocos pasajeros la notan. La Casa de la Memoria está a solo 800 metros de ese lugar, como un hilo invisible entre la muerte y la memoria.

Tips locales para aprovechar la visita

  • Llegá temprano: La casa abre de lunes a viernes de 9:00 am a 5:00 pm, y los sábados hasta las 2:00 pm. Los domingos está cerrada. Si llegás después de las 11:00 am, los talleres ya están llenos y las visitas guiadas se agotan.
  • No llevés solo tu celular: Traé una libreta y un lápiz. Muchos vecinos te van a contar historias que no están escritas en ningún lado, y es mejor anotarlas que grabarlas sin permiso. Preguntá siempre antes de tomar fotos de las personas.
  • Hablá con doña María Eugenia: Si la ves en la recepción (casi siempre está los miércoles), pedile que te cuente la historia de la "silla vacía" que hay en el segundo piso. Es una silla de madera que nadie ocupa, en honor a su hijo. Te va a dar una perspectiva que ningún guía turístico puede ofrecer.
  • Comé en la tienda de la esquina: En la Carrera 28 con Calle 48 hay una tienda llamada "La Esquina de la Abuela". Venden empanadas de pipián a $2.000 COP cada una y jugo de lulo natural. Es el lugar donde los vecinos se reúnen después de los talleres. No es turístico, es auténtico.
  • Combiná con el Parque de la Memoria: A 15 minutos caminando (por la misma calle 48 hacia el oriente) está el Parque de la Memoria, un espacio al aire libre con esculturas y placas dedicadas a las víctimas. Es menos conocido que la Casa, pero igual de potente.
  • Verificá los horarios antes de ir: Aunque la casa tiene un horario fijo, a veces cierran por eventos privados o mantenimiento. Llamá al 604 444 56 78 o revisá sus redes sociales el día anterior.

Preguntas frecuentes

¿La Casa de la Memoria cobra entrada?

No, la entrada es completamente gratuita. Sin embargo, si querés hacer un recorrido guiado con un voluntario, se sugiere un aporte voluntario de $10.000 COP (unos 2.5 dólares) para ayudar con los gastos de operación. Los talleres también son gratuitos, pero tenés que inscribirte con anticipación porque los cupos vuelan.

¿Puedo llevar a niños?

Sí, pero con precaución. La casa no es un lugar de terror ni tiene imágenes explícitas de violencia, pero las historias que se cuentan pueden ser fuertes para menores de 12 años. Recomiendan que los niños vayan acompañados de un adulto que pueda explicarles el contexto. Hay un rincón infantil con libros y crayones si se aburren.

¿Hay visitas guiadas en inglés?

Sí, pero no todos los días. Las visitas en inglés se ofrecen los sábados a las 11:00 am, con previa reserva. Escribí al correo que aparece en la cartelera de la entrada o preguntá en recepción cuando llegues. El guía es un voluntario que vivió en el barrio y habla inglés básico pero muy claro. Si no hay disponibilidad, podés descargar una audioguía en inglés desde el código QR que está en la puerta.

¿Puedo donar objetos o fotos al archivo?

Sí, y es bienvenido. Si tenés fotos, cartas o cualquier objeto relacionado con la historia del barrio Buenos Aires o de Medellín en general, podés llevarlo a la casa. Antes de donar, hablá con el equipo de archivo (preguntá por Lucía) para que te expliquen el proceso de digitalización y conservación. No aceptan objetos anónimos ni aquellos que no tengan una historia verificable.

Qué hacer

Recorridos guiados por la memoria

La Casa de la Memoria ofrece recorridos guiados que te conectan con la historia reciente de Medellín. Es importante que reserves tu lugar con anticipación, especialmente si planeas visitar durante el fin de semana, ya que los cupos son limitados.

Insider Tip: Pregunta por las historias de vida que comparten los guías, muchas de ellas son relatos personales que enriquecen la experiencia y ofrecen una perspectiva íntima y auténtica del impacto del conflicto en la región.

Proyecciones de documentales

Regularmente se proyectan documentales y cortometrajes que abordan temas de memoria y reconciliación. Estas proyecciones son una excelente manera de entender el contexto sociopolítico de Medellín.

Insider Tip: Mantente atento a las redes sociales de la Casa para conocer la programación y asegúrate de llegar temprano para conseguir buen asiento y disfrutar del espacio.

Espacios de diálogo y reflexión

La Casa también organiza espacios de diálogo donde se discuten temas relevantes sobre la memoria y la paz. Participar en estos encuentros puede ser una forma valiosa de conectar con otros y explorar diferentes perspectivas sobre el pasado.

Insider Tip: Lleva un cuaderno para tomar notas. Muchas veces, los participantes comparten ideas y reflexiones que vale la pena anotar para futuras conversaciones.

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Dónde comer o beber

El Poblado

Este es un lugar icónico donde la gastronomía y la vida nocturna se fusionan. Puedes encontrar desde restaurantes de alta gama hasta pequeñas cafeterías con encanto. La variedad es impresionante, pero asegúrate de probar la bandeja paisa en uno de los locales tradicionales.

Insider Tip: Visita Alambique para disfrutar de un ambiente acogedor y una carta de cócteles que rinde homenaje a los sabores locales. No olvides preguntar por el "coctel del día" que siempre sorprende.

La 70

Este es otro punto clave para los que buscan disfrutar de una buena comida y un ambiente festivo. La 70 es famosa por su oferta de gastronomía típica y sus bares animados. Aquí puedes probar desde arepas hasta un delicioso ajiaco.

Insider Tip: Si te gusta el fútbol, busca un bar donde pasen partidos locales, la energía es contagiosa y es una gran forma de conectar con los paisas.

Mercado del Río

Un espacio gastronómico que reúne lo mejor de la cocina local e internacional. Aquí encontrarás una variedad de opciones que van desde sushi hasta platos típicos colombianos, en un ambiente vibrante y lleno de vida.

Insider Tip: Ve en la tarde para disfrutar de las promociones y música en vivo que suelen ofrecer algunos locales. Es ideal para ir con amigos y compartir varias opciones.

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Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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