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El Secreto Militar de las Bóvedas de San Felipe: Túneles Ocultos Bajo la Ciudad Amurallada

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 24 de octubre, 2026
El Secreto Militar de las Bóvedas de San Felipe: Túneles Ocultos Bajo la Ciudad Amurallada

Conviene empezar por una aclaración que muchos guías omiten: en Cartagena no existe un conjunto llamado "Bóvedas de San Felipe". Lo que sí está en pie —y a la v

Orígenes: lo que realmente hay bajo el nombre

Conviene empezar por una aclaración que muchos guías omiten: en Cartagena no existe un conjunto llamado "Bóvedas de San Felipe". Lo que sí está en pie —y a la vista de cualquiera que camine por el borde de la muralla entre los baluartes de Santa Catalina y Santa Clara— es el Cuartel de Las Bóvedas, también conocido como Bóvedas de Santa Clara. Ese es el edificio del que hablan las leyendas, los guías improvisados y los videos que prometen "catacumbas secretas".

La confusión tiene su lógica. El castillo que domina el paisaje —el Castillo de San Felipe de Barajas— está a pocos minutos caminando cerro arriba, y la gente termina mezclando los dos nombres. Pero son dos estructuras distintas, construidas con propósitos distintos y separadas por más de un kilómetro de distancia real.

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Las Bóvedas de Santa Clara nacieron como parte del cierre del anillo defensivo de la Ciudad Vieja. Su constructor fue el ingeniero militar castellano Antonio de Arévalo, una figura central en la ingeniería defensiva del Caribe español, y la obra quedó terminada en 1798, apenas nueve años antes de que empezaran los movimientos que llevarían a la independencia. Las bóvedas se terminaron justo cuando el imperio para el que fueron construidas estaba a punto de desmoronarse en estas costas.

¿Para qué servían? Para alojar tropa. Eran cuarteles, almacenes de munición y víveres, y espacios de resguardo militar adosados a la muralla. La palabra "bóveda" aquí no tiene nada de místico: describe la técnica constructiva de arcos y techos abovedados de mampostería que sostienen el conjunto. Son 47 arcos en hilera, un corredor largo y fresco que hoy alberga tiendas de artesanías y que en su momento olió a pólvora, cuero y sudor de soldados.

Si vienes con la expectativa de entrar a un túnel oscuro con antorchas, mejor saberlo de antemano: aquí no hay tal cosa. La historia real de Cartagena es más interesante que el mito, aunque no tenga murciélagos.

Línea de tiempo: de cuartel a mercado, de mercado a memoria

La vida de las Bóvedas de Santa Clara resume, en una sola cuadra, la historia social de Cartagena. Vale la pena detenerse en cada tramo.

1798: el cierre del anillo defensivo

Antonio de Arévalo entrega la obra terminada. Cartagena ya era una de las plazas fuertes más costosas y mejor defendidas del imperio español en América, y las bóvedas completaban el tramo de muralla que faltaba entre Santa Catalina y Santa Clara. El objetivo era puramente militar: alojar tropa y almacenar suministros en un punto estratégico frente al mar abierto.

Siglo XIX: prisión, cuartel y testigo de la Independencia

Con la independencia y las guerras civiles del siglo XIX, el uso militar del edificio se volvió intermitente. Las bóvedas funcionaron como cuartel, depósito y, en distintos momentos, como prisión. Este es el punto donde la memoria oral se dispara: cualquier edificio de muros gruesos que haya alojado presos termina, tarde o temprano, con una leyenda de túneles de fuga. No hay evidencia documental pública que confirme túneles de escape bajo las bóvedas, y hay que decirlo sin rodeos: la idea de una red de pasadizos secretos que conecta las bóvedas con el Castillo de San Felipe es leyenda urbana, no un hecho verificado.

Siglo XX: el mercado público

Durante buena parte del siglo XX, las bóvedas dejaron de ser cuartel y se convirtieron en sede del mercado público de la ciudad. Los arcos que antes guardaban fusiles y sacos de harina se llenaron de plátanos, pescado, telas y voces. Imagínese el corredor abovedado convertido en un hervidero de pregones, canastos y manos que regatean bajo la sombra fresca de la mampostería. Fue un espacio popular, ruidoso y profundamente cartagenero, hasta que el mercado se trasladó y el edificio entró en un proceso de recuperación patrimonial.

Finales del siglo XX y hoy: artesanías y patrimonio

Restauradas y puestas en valor, las bóvedas funcionan hoy como corredor comercial de artesanías y como uno de los paseos obligados sobre la muralla. El edificio es Monumento Nacional y forma parte del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984. El corredor sigue siendo uno de los puntos más fotografiados del centro histórico, sobre todo al atardecer, cuando la luz entra de lado por los arcos.

Personajes y hechos clave

Antonio de Arévalo

El ingeniero militar castellano es la figura central de esta historia. Su trabajo en Cartagena —incluyendo las Bóvedas de Santa Clara y buena parte del sistema defensivo— definió la silueta de la ciudad que hoy recorre el turismo. Si quieres entender la Cartagena amurallada, Arévalo es el nombre que hay que buscar en cualquier libro de historia urbana local.

El Castillo de San Felipe de Barajas

Es la otra mitad de la leyenda. El castillo, en la cima del cerro de San Lázaro, es la fortificación más grande construida por España en América y el punto que la mayoría de visitantes confunde con las bóvedas. Su sistema de galerías internas —pasajes reales, documentados y visitables— alimenta la fantasía de túneles que "llegan hasta el centro". Lo que existe es una red interna de defensa dentro del propio castillo, no un corredor subterráneo que una el cerro con la muralla. Cualquier guía que te ofrezca "entrar por un túnel secreto hasta el centro" está vendiendo humo.

El castillo se recorre a pie, con rampas y pasajes empinados, y conviene llevar agua y calzado cómodo. Los precios de entrada y horarios cambian con frecuencia, así que verifícalos antes de ir.

Los soldados, los presos y los comerciantes

La historia de las bóvedas no la escribieron solo los ingenieros. La escribieron los soldados que durmieron en los arcos, los presos que pasaron por allí en el siglo XIX y las familias de comerciantes que convirtieron el lugar en mercado en el siglo XX. Esa capa popular es la que le da textura al edificio y la que casi nunca aparece en los folletos turísticos.

Estado actual: qué puedes ver hoy y qué no

Las Bóvedas de Santa Clara

Hoy son un corredor de artesanías y un paseo sobre la muralla. Se recorren a pie, sin necesidad de guía, y el acceso al corredor comercial es libre. Es un buen lugar para comprar artesanías locales y para entender la escala real de la arquitectura militar cartagenera. Ojo con los "tours de túneles secretos" que se ofrecen en la calle: no existe un acceso público a pasadizos subterráneos bajo las bóvedas. Si alguien te promete eso, está inventando.

Castillo de San Felipe de Barajas

El castillo sí tiene galerías internas reales y visitables, y es la parada obligada para quien quiera entender la ingeniería defensiva de la ciudad. Se recomienda ir temprano para evitar el calor y las filas. Los precios y horarios se actualizan con frecuencia; consulta la ficha verificada antes de tu visita.

El Archivo Histórico de Cartagena

Si tu interés es la investigación seria —planos, documentos de construcción, registros militares—, el Archivo Histórico es el punto de partida. Para consultas especializadas se recomienda contactar con antelación y verificar los requisitos de acceso directamente con la entidad. No publiques ni compartas datos de contacto que no hayas confirmado en fuentes oficiales.

Getsemaní

A pocos minutos de las bóvedas, el barrio de Getsemaní es el complemento perfecto para una tarde de historia y calle. Arte urbano, vida nocturna y una arquitectura que mezcla lo colonial con lo republicano. Es el barrio más vivo de Cartagena y el lugar donde la memoria popular se siente más cerca que en cualquier museo.

El mito de los túneles: qué dice la evidencia y qué dice la calle

La leyenda de los túneles que conectan las bóvedas con el castillo tiene todo lo que necesita un buen mito urbano: un edificio de muros gruesos, un castillo en un cerro, una historia de guerras y una ciudad que vive del turismo. Pero la evidencia documental disponible no respalda la existencia de una red de pasadizos públicos bajo la Ciudad Amurallada. Lo que sí existe son galerías internas dentro del propio Castillo de San Felipe, diseñadas para la defensa del fuerte, no para conectar puntos de la ciudad.

La confusión se alimenta de tres cosas: el parecido entre los nombres, la costumbre de los guías de mezclar historias y la fascinación universal por lo subterráneo. Si te interesa la arqueología urbana real, hay sitios verificables en Cartagena —la Cueva de los Pijaos en Pie de la Popa, por ejemplo, asociada a la memoria indígena del cerro— que ofrecen una experiencia de historia local sin necesidad de inventar pasadizos.

Rutas prácticas para el viajero curioso

Una ruta razonable para un día de historia urbana: empieza temprano en el Castillo de San Felipe de Barajas, sigue por las Bóvedas de Santa Clara caminando sobre la muralla, baja hacia Getsemaní para almorzar y termina la tarde en el Convento de la Popa, con sus vistas de 360° sobre la ciudad. Si te queda energía, el Mercado de Bazurto es la otra cara de Cartagena: la ciudad popular, la champeta y la comida real.

Para moverte con seguridad, conviene revisar los mapas por barrio y los horarios de festivos en vivo antes de salir, y reservar con antelación cuando sea posible. Con la temporada de lluvias y los festivos locales, planificar con tiempo siempre ayuda.

Línea de tiempo o hitos históricos

La confusión sobre las "Bóvedas de San Felipe" no es reciente: arrastra más de un siglo de mezclas entre el recinto amurallado, las defensas del cerro y los túneles que conectaban puestos de guardia. Para entender qué se puede visitar hoy y qué es mito, conviene repasar los hitos que dejaron huella física en el terreno.

  • 1533 – Fundación y primer trazado defensivo. Pedro de Heredia establece la ciudad sobre el caserío indígena de Calamarí. Las primeras defensas son empalizadas de madera y tierra, nada parecido a las bóvedas de sillería que hoy se fotografían.
  • 1586 – El asedio de Francis Drake. El corsario inglés toma la ciudad y la incendia. La lección fue clara: Cartagena necesitaba defensas de piedra. Ese incendio marca el inicio de la ingeniería militar a gran escala.
  • 1614 – Llega la escuela italiana de fortificación. Con la llegada de ingenieros como Juan Bautista Antonelli y sus discípulos, se define el sistema de murallas, baluartes y castillos que hoy conocemos. Las bóvedas de cañón —espacios abovedados de sillería— se vuelven el patrón constructivo de almacenes, polvorines y cuarteles.
  • 1741 – El asedio de Vernon y la batalla de Bocachica. La defensa coordinada de San Felipe de Barajas, las murallas y el castillo de San José hunde la moral de la flota inglesa. Muchos de los túneles y galerías subterráneas que se atribuyen a las "bóvedas" se excavaron o reforzaron en este periodo de alerta máxima.
  • 1762–1796 – Ampliación de San Felipe de Barajas. Bajo el ingeniero Antonio de Arévalo, el cerro se convierte en la fortaleza más grande de América del Sur. Se documentan galerías, minas y pasadizos de comunicación entre baterías. Aquí nace el mito del "túnel secreto" que conectaría el castillo con el centro.
  • 1815 – El sitio de Morillo. La resistencia de Cartagena durante el asedio realista deja la ciudad en ruinas y los túneles defensivos en desuso. Muchas galerías se cierran o se rellenan por riesgo de derrumbe.
  • 1920–1980 – Las bóvedas como cárcel y depósito. Las bóvedas del recinto amurallado (las de Las Bóvedas, junto al baluarte de Santa Catalina) funcionaron como prisión militar y almacén. Es en este periodo cuando el nombre "San Felipe" se confunde con las bóvedas del recinto, generando la denominación inexacta que aún circula.
  • 1984 – Patrimonio de la Humanidad. La UNESCO inscribe el puerto, fortalezas y conjunto monumental de Cartagena. Comienza la restauración sistemática de bóvedas y túneles.
  • 2000–2015 – Apertura de galerías al público. San Felipe de Barajas abre recorridos por sus túneles militares. Las bóvedas de Las Bóvedas se consolidan como espacio comercial y artesanal. La investigación arqueológica confirma que no existió un "conjunto San Felipe" de bóvedas separado del recinto.

Insider tip: si un guía te ofrece "entrar a las Bóvedas de San Felipe" como sitio único, pide que te muestre el plano. Lo más probable es que te lleve a Las Bóvedas (baluarte de Santa Catalina) o a los túneles del castillo de San Felipe de Barajas. Son dos cosas distintas y a veces se venden como una sola. Fuente: archivo histórico de Cartagena de Indias y publicaciones del IPCC.

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Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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