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Pie de la Popa: historia oculta tras el convento

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 21 de agosto, 2026
Pie de la Popa: historia oculta tras el convento

Si llegas a Cartagena por tierra, desde la Terminal de Transporte o por la Vía Perimetral, lo primero que ves no es el mar. Es una mole verde de unos 150 metros

El cerro que vigila a Cartagena: así nació Pie de la Popa

Si llegas a Cartagena por tierra, desde la Terminal de Transporte o por la Vía Perimetral, lo primero que ves no es el mar. Es una mole verde de unos 150 metros de altura coronada por un convento blanco y una bandera que ondea como si saludara a todos los que entran. Ese es el Cerro de la Popa, y a sus faldas, literalmente "al pie" de él, se extiende el barrio que lleva ese nombre: Pie de la Popa. Pero ojo, que esto no es un barrio más del casco antiguo. Aquí no hay murallas de piedra, pero sí una historia que corre por sus calles empinadas, entre casas republicanas con techos de teja y patios donde todavía se cuelga la ropa a secar bajo el sol del Caribe.

La historia de este barrio es la historia de la exclusión y la resistencia. Mientras la ciudad amurallada era el centro del poder español, los esclavizados, los libertos y los artesanos que construían las fortificaciones buscaban refugio en la ladera del cerro. Pero hay un detalle que pocos cuentan: el nombre "Popa" no viene de una embarcación. Viene de la palabra popa en español, pero aplicada a la geografía. Los españoles, marinos al fin, vieron que la silueta del cerro se parecía a la popa de un barco. Así de simple, pero así de contundente: Cartagena entera es un navío anclado, y el cerro es su timón hacia el cielo.

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Hoy, en agosto de 2026, Pie de la Popa sigue siendo un barrio de contrastes. Es popular, es histórico, es bullicioso. Es el hogar de la famosa Cueva de los Pijaos, de la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria y del convento que le da identidad al cerro. Pero también es un barrio donde se respira vida de esquina, donde el olor a fritanga se mezcla con el incienso de las procesiones. Vamos a caminarlo con calma, porque aquí cada calle tiene un cuento.

La fundación del barrio: de arrabal a comunidad

Para entender Pie de la Popa hay que retroceder al siglo XVII. La ciudad amurallada estaba repleta, y los que no tenían linaje ni plata se quedaban por fuera. Las laderas del cerro eran tierras comunales, usadas para huertas y para pastar ganado. Los primeros habitantes del lugar fueron esclavos cimarrones que huían de las haciendas, y también indígenas que venían de poblados cercanos como Turbaco. No había calles trazadas ni planos oficiales. Había caminos de tierra que subían hacia el convento, y esos caminos se convirtieron en las primeras vías del barrio.

El convento de la Popa fue el imán. Fundado en 1606 por los agustinos recoletos, se levantó sobre las ruinas de un santuario indígena dedicado a una diosa de la fertilidad. Los frailes no solo trajeron la cruz, también trajeron agua: construyeron aljibes y canalizaron manantiales. Esa agua bajaba por la ladera, y alrededor de esos chorros se fueron asentando familias. El barrio creció sin permiso, pero con necesidad. Para el siglo XVIII, ya existía un arrabal consolidado con unas 200 casas de bahareque y palma.

El siglo XIX trajo cambios. Con la independencia, las tierras del convento pasaron a manos del Estado y luego a particulares. El barrio se fue densificando. A finales del siglo XIX y principios del XX, la élite cartagenera, huyendo del calor y de las epidemias del centro, empezó a construir casas de veraneo en la parte baja del cerro, donde el aire era más fresco. Esas casas son las que hoy llamamos casas republicanas, y muchas todavía están en pie, aunque algunas están bastante deterioradas. Son el tesoro arquitectónico del barrio.

La Llorona de Pie de la Popa: la leyenda que nadie se atreve a negar

Todos los barrios viejos de Cartagena tienen su fantasma, pero el de Pie de la Popa es el más famoso. Se dice que a medianoche, cerca del antiguo camino al convento, se escucha un llanto desgarrador. Es la Llorona, una mujer que, según la versión local, perdió a su hijo en un incendio que consumió su casa a principios del siglo XX. Otra versión dice que fue una madre esclava a quien le arrebataron al niño para venderlo. Lo cierto es que los vecinos más antiguos juran haberla visto: una siluata blanca que baja la loma llorando y se desvanece en la esquina de la iglesia de la Candelaria.

No es la única leyenda. También está la del Padre sin cabeza, un fraile agustino que, según cuentan, fue decapitado por piratas en el siglo XVII y que todavía recorre los pasillos del convento en las noches de luna llena. Los guías del convento a veces lo mencionan con una sonrisa, pero los vigilantes nocturnos del barrio no se ríen tanto. Dicen que han escuchado pasos en los tejados cuando no hay nadie.

Qué hacer en Pie de la Popa: más allá del convento

La mayoría de los turistas sube al convento, se toma la foto con el cerro de fondo y baja. Grave error. Pie de la Popa tiene vida propia, y vale la pena dedicarle medio día. Aquí te va una ruta que los locales usamos cuando llevamos amigos a conocer el barrio de verdad.

El Convento de la Popa: el mirador definitivo

Es el punto obligado. Se llega caminando desde el barrio por una calle empinada que se llama Vía al Convento, o en carro particular. La entrada tiene un costo que ronda los $15.000 COP para adultos (precio de referencia de agosto de 2026, sujeto a cambios). Adentro hay un claustro colonial con azulejos sevillanos, una capilla con un Cristo de madera que data del siglo XVII, y un museo con exvotos y objetos religiosos. Pero lo mejor es la azotea: desde ahí se ve toda la ciudad, la bahía, Bocagrande y el mar abierto. Es, sin discusión, la mejor vista panorámica de Cartagena.

Tip local: ve en la mañana, antes de las 10am, cuando el sol todavía no castiga y hay menos gente. Los lunes está cerrado por mantenimiento, así que planea tu visita de martes a domingo, entre 8am y 5pm. Se recomienda verificar horarios antes de visitar, porque a veces cambian en temporada alta.

La Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria

En la parte baja del barrio, sobre la Avenida del Pedregal, está esta iglesia que es el corazón religioso del vecindario. Fue construida a finales del siglo XIX y su fachada es de estilo neoclásico, con dos torres que se ven desde lejos. Cada 2 de febrero, la fiesta de la Candelaria convierte al barrio en un caos festivo: procesión, música de gaitas, fritanga y bailes hasta el amanecer. Si estás en Cartagena en esa fecha, no te lo pierdas. Es una experiencia más auténtica que cualquier tour organizado.

La Cueva de los Pijaos

Muy cerca de la iglesia, en la Calle 31, hay una cueva natural que en la época colonial sirvió de escondite para los esclavos cimarrones. El nombre hace referencia a los indígenas pijaos, que eran temidos por los españoles. Hoy la cueva está dentro de una casa particular, y los dueños a veces permiten la entrada si les pides el favor. No es una atracción oficial, pero si tocas la puerta y explicas que te interesa la historia, es probable que te dejen pasar. Lleva linterna, porque adentro está oscuro y húmedo. Es un pedazo de historia viva que no sale en las guías turísticas.

Murales y arte urbano

En los últimos años, el barrio se ha llenado de murales que cuentan su historia. Hay uno enorme en la Plaza de la Trinidad (no confundir con la de Getsemaní) que retrata a la Llorona, y otro en la Calle del Carnero que muestra a los cimarrones bajando del cerro. Estos murales fueron hechos por colectivos locales como La Heroica Colectiva y Fundación Casa Taller. Si te gusta el arte urbano, camina sin afán por las calles que suben hacia el convento y verás más de 20 murales repartidos.

Para los interesados en el detalle, existe un mapa de murales históricos del barrio que se puede descargar en línea, elaborado por la Junta de Acción Comunal de Pie de la Popa. Es gratuito y vale la pena tenerlo a mano antes de caminar.

Dónde comer y beber en Pie de la Popa

La oferta gastronómica del barrio no es de restaurantes finos tipo Bocagrande, pero tiene algo mejor: comida de verdad, la que se hace en las casas y se vende en las esquinas. Aquí no hay menús en inglés ni precios inflados para turistas. Hay sabor.

Fritanga La Esquina del Cerro

En la Calle 30 con Carrera 18, esta fritanga lleva más de 30 años vendiendo arepas de huevo, empanadas de carne desmechada y caribañolas. El puesto es una ventana en una casa antigua, con dos mesas de plástico afuera. El precio de una arepa de huevo ronda los $4.000 COP (precio de referencia de agosto de 2026). Pide también un jugo de corozo, que es ácido y refrescante, perfecto para el calor. Abren de lunes a sábado, de 7am a 7pm.

Restaurante El Buen Sabor

Si buscas almuerzo corrido, este local en la Carrera 17 con Calle 32 es el favorito de los vecinos. Ofrecen menú del día con sopa, seco y jugo por $12.000 COP. Los jueves hay mote de queso, y los domingos sancocho de pescado. El dueño, don Rafael, es un personaje: lleva 40 años en el barrio y te puede contar historias de la época en que no había acueducto y el agua se recogía en aljibes. Abre de lunes a domingo, de 11am a 3pm.

Panadería El Buen Pastor

En la Plaza de la Trinidad, esta panadería es la parada obligada para desayunar. Tienen pan de yuca, almojábanas y el mejor café con leche del barrio. Un desayuno completo (dos panes, queso, café y jugo) sale por unos $8.000 COP. Los fines de semana se llena de familias que bajan del cerro después de la misa. Si quieres probar algo local, pide el pan de bono, que es suave y queso por dentro. Abren de 5am a 8pm todos los días.

Bares y vida nocturna

Pie de la Popa no es zona de rumba, pero hay algunos bares de barrio donde se toma cerveza fría y se escucha vallenato o champeta. El más conocido es El Rincón de la Popa, en la Calle 33, que tiene una terraza con vista al cerro. Los viernes por la noche ponen música en vivo, generalmente un acordeonero local. Las cervezas cuestan alrededor de $5.000 COP. Es un lugar seguro y tranquilo, ideal para conversar con los vecinos y escuchar historias que no están en los libros.

Cómo llegar a Pie de la Popa y moverse por el barrio

Llegar es fácil, moverse es otra cosa. Las calles son empinadas y el sol es implacable, así que hay que ir preparado. Desde el Centro Histórico, lo más práctico es tomar un taxi o un Uber. El viaje desde la Torre del Reloj hasta la base del cerro toma unos 15 minutos y cuesta entre $10.000 y $15.000 COP, dependiendo del tráfico. Los buses de servicio público también llegan: cualquier bus que diga "Pie de la Popa" o "El Bosque" te deja en la Avenida del Pedregal. El pasaje cuesta $2.800 COP.

Si vienes desde Bocagrande, la opción más rápida es tomar un taxi por la Avenida Santander y luego subir por la Avenida Pedro de Heredia hasta el barrio. El trayecto es de unos 20 minutos.

Una vez en el barrio, la mejor forma de conocerlo es a pie, pero con calma. Las subidas son pronunciadas, así que usa tenis o zapatos cómodos. Lleva agua y protector solar. Si el calor te gana, hay pequeñas tiendas en cada esquina donde venden agua fría y jugos naturales por $2.000 COP.

Para subir al convento, hay dos opciones: caminar por la Vía al Convento, que es una pendiente de unos 2 kilómetros, o tomar un mototaxi que te sube por $5.000 COP. Los mototaxis son informales, pero son parte de la vida del barrio y los conductores conocen cada curva del camino. Si decides caminar, verás a los lados casas antiguas con jardines llenos de matas de mango y cayena. Vale la pena el esfuerzo.

Las casas republicanas: un tesoro que se cae a pedazos

Uno de los mayores atractivos de Pie de la Popa, y a la vez uno de sus problemas más graves, son las casas republicanas. Construidas entre 1880 y 1930, estas viviendas tienen techos altos, ventanas de madera con rejas de hierro forjado, patios interiores con aljibes y fachadas de colores pastel. Fueron las casas de veraneo de la élite cartagenera, que buscaba escapar del calor y de las epidemias de fiebre amarilla que azotaban el centro.

Hoy, muchas de estas casas están abandonadas o en ruinas. Otras fueron divididas en inquilinatos, donde viven varias familias en cuartos pequeños. La Casa de los Vitrales, en la Calle 31 con Carrera 16, es una de las mejor conservadas: tiene vitrales de colores en las puertas y un patio con una ceiba centenaria. Los dueños a veces abren las puertas para eventos culturales, como el Festival de Música del Caribe que se celebra cada año en julio.

Hay una casa en particular, en la Esquina de la Calle 34 con Carrera 19, que se conoce como "La Casa del Diablo". La leyenda dice que un comerciante judío que vivió ahí a principios del siglo XX hacía pactos con el diablo para mantener su fortuna. Los vecinos aseguran que, en noches de tormenta, se ven luces en las ventanas del segundo piso, aunque la casa lleva décadas desocupada. Es pura superstición, pero le da carácter al barrio.

El problema es que no hay una política pública sólida para restaurar estas casas. La gentrificación que ha afectado a Getsemaní está empezando a tocar las puertas de Pie de la Popa, con inversionistas que compran propiedades a precios bajos para convertirlas en hostales. Algunos vecinos lo ven como una oportunidad económica; otros, como una amenaza a la identidad del barrio. Es un debate vivo, y si hablas con los locales, cada uno tiene una opinión distinta.

La gente del barrio: entre la tradición y el rebusque

Pie de la Popa es un barrio de trabajadores. Hay albañiles, mecánicos, vendedoras de pescado, conductores de bus y un montón de gente que se gana la vida en el rebusque. Las mujeres mayores son las guardianas de la tradición: ellas saben hacer dulces de coco, conservas de papaya y el famoso raspao (hielo raspado con jarabe) que se vende en las esquinas.

También hay un fuerte movimiento cultural. La Fundación Cultural Pie de la Popa, creada en 2005, ofrece talleres de danza, teatro y música para niños y jóvenes. Los sábados en la tarde, en la Casa de la Cultura (Calle 32 # 17-25), hay presentaciones de grupos de gaitas y tambores. Entrar es gratis, y los extranjeros son bienvenidos. Es una oportunidad única para ver el folclor de Cartagena sin montaje turístico.

La seguridad es un tema delicado. Como en muchos barrios populares de la ciudad, hay sectores donde hay que tener cuidado, especialmente de noche. Las zonas más tranquilas son las cercanas a la iglesia y a la Plaza de la Trinidad. Las calles que suben al convento son seguras durante el día, pero no recomiendo caminarlas solo después de las 7pm. Pregunta siempre a los locales antes de aventurarte; ellos te dirán dónde sí y dónde #

Rutas peatonales: tres caminatas que valen la pena

Para cerrar, te propongo tres rutas a pie que te van a mostrar el barrio en toda su dimensión. Todas parten de la Plaza de la Trinidad, que es el punto de encuentro natural.

Ruta 1: La subida del peregrino (2 horas, 4 km)

Desde la plaza, sube por la Calle del Carnero hasta la Vía al Convento. En el camino verás casas antiguas, murales y puestos de frutas. Detente en la Capilla del Calvario, una pequeña ermita del siglo XVIII que está a mitad de la loma. Sigue subiendo hasta el convento, entra a la iglesia y sube a la azotea. Baja por el mismo camino, pero desvíate por la Calle del Mirador para ver la vista de la bahía. Es la ruta más exigente, pero la más gratificante.

Ruta 2: El circuito de las casas republicanas (1 hora, 2 km)

Sin subir al cerro, camina por las calles planas del barrio: Carrera 17, Calle 31, Calle 32 y Calle 33. Fíjate en las fachadas: muchas tienen placas con el año de construcción. Busca la Casa de los Vitrales y la Casa del Diablo. Termina en la Plazoleta de la Candelaria, donde hay una ceiba centenaria bajo la cual los vecinos se sientan a conversar. Esta ruta es ideal en la tarde, cuando baja el sol.

Ruta 3: El camino de los cimarrones (2.5 horas, 5 km)

Esta es la ruta que pocos conocen. Sale de la Plaza de la Trinidad hacia el este, por la Calle 35, y sube por un sendero de tierra que bordea el cerro por el lado de El Bosque</

Tips locales

Visita el Convento de la Popa

Insider Tip: Asegúrate de ir temprano en la mañana o al atardecer para evitar las multitudes y disfrutar de una vista espectacular de Cartagena. La historia del convento es fascinante, pero también lo son los jardines y el mirador. Lleva tu cámara, ¡las fotos desde aquí son imperdibles!

Mercado de Bazurto

Insider Tip: Si quieres conocer el verdadero sabor de Cartagena, este mercado es un must. Ve con un guía local o alguien de confianza, ya que puede ser un poco abrumador para los visitantes. No te pierdas la oportunidad de probar un "arepa de huevo" y conversar con los vendedores sobre la cultura local.

Preguntas frecuentes

¿Cómo llegar al Pie de la Popa?

Para llegar al Pie de la Popa, puedes tomar un taxi desde el centro histórico de Cartagena. Las rutas son bastante directas, pero asegúrate de que el taxista conozca el lugar, ya que algunos visitantes han tenido problemas con rutas incorrectas. Alternativamente, si prefieres una experiencia más local, puedes optar por un servicio de transporte público, que te dejará cerca de la entrada.

¿Hay lugares para comer cerca?

En la zona, puedes encontrar el restaurante El Mirador, que ofrece una vista espectacular de la ciudad y un menú local que incluye platos típicos como la bandeja paisa. Es un buen lugar para disfrutar de la gastronomía cartagenera después de tu visita al convento.

¿Es seguro visitar el Pie de la Popa?

La zona es generalmente segura, pero como en cualquier lugar turístico, es recomendable ir en grupo y estar atento a tus pertenencias. Visitar en horas del día es ideal para disfrutar del paisaje y evitar cualquier inconveniente.

¿Qué debo llevar en mi visita?

Es aconsejable llevar agua, protector solar y un sombrero, especialmente si planeas visitar durante el día. También considera llevar una cámara para capturar las impresionantes vistas de Cartagena desde la cima.

¿Hay guías disponibles?

Sí, en la entrada del convento suelen ofrecerse guías locales que conocen la historia profunda del lugar. No dudes en contratar uno, ya que te proporcionará información valiosa y anécdotas que no encontrarás en las guías turísticas.

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Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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