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De Cuartel a Hotel: La Historia Militar de las Fortificaciones que Hoy Son Hoteles y Museos

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 27 de octubre, 2026
De Cuartel a Hotel: La Historia Militar de las Fortificaciones que Hoy Son Hoteles y Museos

Cartagena de Indias no se construyó para el turismo. Se construyó para la guerra. Cada muro que hoy sostiene un balcón con buganvillas, cada bóveda que hoy vend

Orígenes

Cartagena de Indias no se construyó para el turismo. Se construyó para la guerra. Cada muro que hoy sostiene un balcón con buganvillas, cada bóveda que hoy vende mochilas wayuu, cada patio que hoy refresca a un huésped con un cóctel, nació de una necesidad militar: defender el puerto más codiciado del Caribe de piratas, corsarios y flotas enemigas. Esa es la clave para entender por qué la ciudad tiene tantos hoteles y museos que huelen a pólvora y a piedra de coral.

El sistema defensivo de Cartagena —declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984— tardó más de dos siglos en completarse. Empezó a tomar forma a finales del siglo XVI, tras los ataques de Francis Drake en 1586, y se extendió hasta bien entrado el siglo XVIII. Murallas, baluartes, fuertes, baterías y cuarteles se levantaron con piedra extraída de las canteras de la isla de Tierra Bomba y con mano de obra esclavizada y de trabajadores locales. Lo que hoy es postal fue, durante generaciones, una obra en construcción permanente.

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La pregunta que muchos viajeros se hacen al caminar por el Centro Histórico es sencilla: ¿dónde termina la muralla y dónde empieza el hotel? La respuesta es que, en Cartagena, esa frontera casi no existe. Antes de entrar en los casos concretos, conviene desmontar un par de mitos que circulan en los folletos turísticos. No existen búnkeres ni túneles de la Guerra Fría visitables en Cartagena, ni un "secreto militar" escondido bajo las murallas. Lo que sí existe —y es mucho más interesante— es una arquitectura militar real, documentada y en pie, que fue reutilizada para usos civiles, religiosos y hoteleros a lo largo de los siglos XIX y XX. De eso trata este recorrido.

Línea de tiempo o hitos históricos

1586: Drake y el despertar defensivo

El ataque de Francis Drake a Cartagena en 1586 dejó claro que el puerto era vulnerable. A partir de entonces, la Corona española destinó recursos a un plan defensivo que incluyó murallas, baluartes y fuertes. La ciudad empezó a "encerrarse" y a fortificarse de manera sistemática, con ingenieros militares como Bautista Antonelli entre los responsables de trazar las primeras grandes obras.

Siglo XVII: el convento que se volvió cuartel

Uno de los casos más citados por los historiadores locales es el del convento de las monjas clarisas, fundado en el siglo XVII en el corazón del Centro. Con el tiempo, y tras el traslado de la comunidad religiosa, el edificio pasó a manos militares y funcionó como cuartel. Esa doble identidad —convento y cuartel— es la que hoy sostiene la historia del Hotel Santa Clara, uno de los hospedajes con más peso histórico de la ciudad. Conviene aclarar que las "Bóvedas de San Felipe" que a veces se mencionan en blogs no tienen registro en Cartagena; las bóvedas históricas documentadas son las de Santa Clara, vinculadas al antiguo Cuartel de Las Bóvedas.

Siglo XVIII: la edad de oro de las fortificaciones

El siglo XVIII fue el de mayor inversión militar. Se reforzaron las murallas del Centro y de Getsemaní, se construyeron baluartes como el de San Francisco Javier y se levantaron fuertes en puntos estratégicos de la bahía. En este periodo se consolidó también el Fuerte de San Sebastián del Pastelillo, en el barrio de Manga, que vigilaba la entrada a la bahía interior. La ciudad vivió bajo un régimen de guarnición permanente, con cuarteles, almacenes de pólvora y viviendas para oficiales.

Siglo XIX: independencia y reutilización

Tras la independencia de Cartagena en 1811 y la posterior consolidación de la República, muchas instalaciones militares perdieron su función original. Algunas se convirtieron en escuelas, otras en cárceles, otras en sedes administrativas. Las bóvedas de las murallas —espacios abovedados construidos para almacenar municiones y pertrechos— empezaron a alquilarse como depósitos y talleres. Ese es el origen de las actuales Bóvedas de Santa Clara, hoy ocupadas por tiendas de artesanías y comercios.

Siglo XX: del cuartel al hotel y al museo

El gran salto ocurrió en el siglo XX. El antiguo convento-cuartel de Santa Clara se transformó en hotel de lujo, conservando muros, arcos y patios originales. Las bóvedas de las murallas se convirtieron en el mercado artesanal más visitado del Centro. El Fuerte de San Sebastián del Pastelillo pasó a albergar un club social y luego un espacio gastronómico y cultural. La ciudad no derribó sus cuarteles: los recicló. Y en ese reciclaje encontró su mejor negocio.

1984 y después: patrimonio y turismo

La declaratoria de la UNESCO en 1984 aceleró la restauración y la conversión de inmuebles históricos en hoteles boutique, museos y centros culturales. Desde entonces, la pregunta ya no es si un edificio fue cuartel, sino cuánto de ese pasado se conserva a la vista del visitante. Esa conversación sigue viva hoy: la ciudad debate cómo equilibrar la conservación con la presión turística.

Personajes o hechos clave

Hotel Santa Clara

El Hotel Santa Clara es el ejemplo más conocido de cómo un edificio religioso y militar terminó siendo un hotel de lujo. Sus orígenes se remontan al convento de las monjas clarisas del siglo XVII; tras el traslado de la comunidad, el inmueble sirvió como cuartel antes de convertirse en hospedaje. Hoy conserva arcos, muros de piedra y patios que funcionan como testimonio de esa doble vida. Caminar por sus corredores es caminar por capas de historia: el silencio conventual, el ruido de la tropa y, ahora, el murmullo de huéspedes internacionales.

Las Bóvedas de Santa Clara

Las Bóvedas de Santa Clara son el conjunto de espacios abovedados construidos en las murallas para almacenar municiones y pertrechos militares. Con el tiempo, esos arcos de piedra se convirtieron en locales comerciales. Hoy albergan tiendas de artesanías, sombreros, mochilas y recuerdos, y son uno de los paseos obligados del Centro Histórico. El acceso al conjunto es libre y se recorre a pie; los precios de los artículos varían y conviene comparar antes de comprar. Es un lugar ideal para entender, de un vistazo, cómo la infraestructura militar se recicló en economía civil.

Fuerte de San Sebastián del Pastelillo

En el barrio de Manga, el Fuerte de San Sebastián del Pastelillo es uno de esos rincones que muchos turistas pasan por alto. Construido para vigilar la entrada a la bahía interior, hoy funciona como sede de un club social y espacio gastronómico, con vista al agua y a la ciudad amurallada. Su arquitectura militar —baluartes, muros bajos, posición estratégica— sigue siendo legible para quien sabe mirar. Es un buen lugar para una comida tranquila y para entender que la defensa de Cartagena no se limitaba al Centro. El recinto tiene uso privado en algunas áreas, así que conviene verificar horarios y acceso antes de ir.

Los ingenieros militares y la mano de obra esclavizada

Detrás de cada muralla hay un nombre que casi nunca aparece en los folletos: los ingenieros militares que diseñaron el sistema defensivo y, sobre todo, los trabajadores esclavizados y libres que levantaron las obras. La historia de las fortificaciones es también la historia de la explotación y del trabajo forzado. Reconocerlo es parte de entender Cartagena con honestidad, sin romantizar el pasado militar.

Estado actual

Hoy Cartagena vive una paradoja: sus fortificaciones son a la vez monumento y negocio. Los hoteles históricos del Centro —como el Santa Clara— operan con altos estándares de conservación, pero también con precios que reflejan la demanda internacional. Las Bóvedas de Santa Clara siguen siendo un mercado artesanal activo, con locales que abren todos los días y una afluencia constante de visitantes. El Fuerte de San Sebastián del Pastelillo mantiene su uso social y gastronómico, con acceso limitado a ciertas áreas.

Para el viajero interesado en la arquitectura militar, la recomendación práctica es caminar con tiempo y mirar hacia arriba y hacia abajo: los arcos, las aspilleras, los muros de coral y los patios interiores cuentan la historia mejor que cualquier placa.

Un consejo de local: si quieres distinguir lo original de lo restaurado, fíjate en la piedra. La piedra de coral original tiene una textura irregular y marcas de erosión; las restauraciones modernas suelen ser más uniformes. Pregunta siempre a los guías locales y desconfía de relatos que incluyan túneles secretos o búnkeres: no existen como atractivo visitable en la ciudad. La historia real —conventos convertidos en cuarteles, cuarteles convertidos en hoteles, bóvedas convertidas en tiendas— es mucho más rica que cualquier mito.

Guía práctica para tu visita

Si quieres dormir entre muros que fueron militares, reserva con antelación en temporada alta. En malokal.com encontrarás las tarjetas interactivas de cada hospedaje con historia, con mapa seguro por barrio (Locales vs. Extranjeros), horarios de festivos en vivo y contacto directo por WhatsApp para reservar sin intermediarios. Los rangos de referencia para una noche en un hotel histórico del Centro van desde unos $450.000 COP en temporada baja hasta más de $2.500.000 COP en suites de lujo, siempre sujetos a cambios y a la fecha de consulta. En las Bóvedas de Santa Clara, los artículos van desde unos $15.000 COP en adelante; son valores orientativos que conviene confirmar antes de comprar.

Y si prefieres entender primero y alojarte después, únete a un recorrido guiado por las fortificaciones transformadas: la ciudad se disfruta más cuando se sabe qué se está mirando.

Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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