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Vida vecinal en La Soledad: huertas y trueques

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 14 de agosto, 2026
Vida vecinal en La Soledad: huertas y trueques

¿Sabía que en pleno corazón de Bogotá, a pocas cuadras del bullicio de la Avenida Caracas, existe un barrio donde los vecinos intercambian cosechas de lechuga p

La Soledad: donde la ciudad se cultiva y se comparte

¿Sabía que en pleno corazón de Bogotá, a pocas cuadras del bullicio de la Avenida Caracas, existe un barrio donde los vecinos intercambian cosechas de lechuga por mermeladas caseras? No es un experimento de laboratorio social ni una utopía de manual. Es la vida cotidiana en La Soledad, un barrio que en los últimos años se ha convertido en un referente latinoamericano de resiliencia urbana, huertas comunitarias y economía colaborativa. Aquí, el cemento no ha podido con la tierra, y la desconfianza ciudadana ha dado paso a una red de solidaridad que se riega cada mañana con manguera y se comparte cada mes en una canasta de trueque. Si usted es de los que cree que la ciudad es solo un lugar para pasar, este artículo le va a cambiar la perspectiva.

Introducción: La Soledad, un barrio con memoria y futuro verde

La Soledad no es un barrio más de Bogotá. Ubicado en la localidad de Los Mártires, tiene una historia que se remonta a principios del siglo XX, cuando fue un punto de encuentro para la clase media bogotana y un escenario de importantes movimientos culturales y políticos. Sus casas de estilo inglés y republicano, muchas de ellas declaradas Bien de Interés Cultural, albergan hoy una mezcla fascinante de talleres de artistas, oficinas de arquitectos, cafés de especialidad y, lo más importante, una comunidad organizada que ha decidido tomar las riendas de su entorno.

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Desde hace aproximadamente una década, un grupo de vecinos comenzó a preguntarse qué podían hacer con los lotes abandonados y los antejardines descuidados. La respuesta fue simple pero poderosa: sembrar. De esa inquietud nacieron las primeras huertas urbanas, que hoy suman más de una docena de espacios activos en el barrio. Pero lo que hace único a este proyecto no es solo la agricultura en la ciudad, sino el tejido social que se ha creado alrededor. Aquí, la huerta es la excusa para conocerse, para resolver conflictos, para educar a los niños y para demostrar que otra forma de vivir en la ciudad es posible.

En agosto de 2026, este movimiento vecinal está más vivo que nunca, con un calendario de actividades que incluye talleres de compostaje, mercados de trueque y jornadas de siembra comunitaria. Si usted vive en Bogotá o planea visitarla, La Soledad le ofrece una experiencia que no encontrará en las guías turísticas tradicionales: la oportunidad de ver cómo una comunidad construye ciudadanía desde la raíz, literalmente.

Reportaje: la red de huertas urbanas comunitarias

La red de huertas de La Soledad no es un proyecto institucional ni una iniciativa de una ONG internacional. Es un esfuerzo de base, liderado por los propios vecinos, que ha logrado transformar espacios olvidados en pulmones verdes productivos. A continuación, le contamos cómo está organizada esta red, qué se cultiva y quiénes son las manos que la mantienen viva.

Ubicación y distribución de las huertas

Las huertas no están concentradas en un solo punto, sino distribuidas estratégicamente por todo el barrio. Algunas de las más visibles y activas incluyen:

  • Huerta La Esperanza: Ubicada en la Calle 34 con Carrera 19, ocupa un lote que durante años fue un depósito de escombros. Hoy es un espacio de unos 200 metros cuadrados dividido en parcelas individuales y una zona comunal de cultivo de aromáticas.
  • Huerta El Solar: En la Carrera 17 entre Calles 35 y 36, esta huerta es famosa por su diseño en camas elevadas, ideal para personas con movilidad reducida. Fue la primera en instalar un sistema de recolección de aguas lluvias.
  • Jardín de la Biblioteca: Aunque es más pequeño, el espacio frente a la biblioteca comunitaria (en la Calle 35 con Carrera 18) se ha convertido en un aula al aire libre donde los niños del barrio aprenden a sembrar y a cuidar las plantas.
  • Huerta El Triángulo: Un espacio irregular en la intersección de la Diagonal 34 con Carrera 20, que los vecinos convirtieron en un jardín de polinizadores y un pequeño bosque de alimentos con árboles frutales como arrayán, cerezo y durazno.

La mayoría de estas huertas son de acceso público y no tienen cerramiento. Cualquier persona puede entrar, siempre y cuando respete las normas básicas de cuidado y no dañe los cultivos. Los vecinos hacen recorridos guiados el primer sábado de cada mes, partiendo desde la huerta La Esperanza a las 9:00 a.m.

Especies cultivadas y técnicas utilizadas

La diversidad de cultivos es impresionante y refleja una estrategia inteligente para el clima bogotano, que oscila entre los 8 y 18 grados centígrados. En las huertas de La Soledad se pueden encontrar:

  • Hortalizas de hoja: Lechuga crespa, espinaca, acelga, rúcula y kale. Son las más exitosas porque crecen rápido y se adaptan bien a las temperaturas frescas.
  • Raíces y tubérculos: Zanahoria, remolacha, rábano y papa criolla. La papa criolla es un cultivo insignia, pues conecta la tradición agrícola andina con la vida urbana.
  • Aromáticas y medicinales: Menta, hierbabuena, toronjil, manzanilla, caléndula y romero. Estas plantas son las favoritas para el trueque, ya que se usan tanto en cocina como en remedios caseros.
  • Leguminosas: Habas y arvejas, que ayudan a fijar nitrógeno en el suelo y mejoran su calidad de forma natural.
  • Frutales: En los bordes de las huertas se han sembrado árboles de feijoa, brevo, uchuva y mora. Aunque tardan más en dar fruto, ya hay cosechas exitosas de feijoa en la huerta El Triángulo.

En cuanto a técnicas, los vecinos han adoptado un enfoque de agricultura regenerativa. No usan agroquímicos; en su lugar, preparan sus propios abonos con compost de residuos orgánicos del barrio y utilizan control biológico de plagas, como la introducción de mariquitas para combatir pulgones. También practican la rotación de cultivos y la siembra asociada (por ejemplo, maíz con frijol y calabaza, una técnica ancestral mesoamericana que ha dado excelentes resultados).

Quién mantiene las huertas

El mantenimiento es un esfuerzo colectivo. Existe un comité de huertas urbanas, conformado por unos 20 vecinos activos, que se reúne cada miércoles a las 6:00 p.m. en la biblioteca comunitaria para planificar las actividades. Sin embargo, la base del trabajo es la participación abierta. Cualquier persona puede apadrinar una parcela o simplemente sumarse a las jornadas de trabajo comunitario que se realizan los sábados por la mañana. Estas jornadas, llamadas "sábados de azadón", son un espacio de integración donde se trabaja la tierra, se comparte un café y se fortalecen los lazos de amistad.

Los líderes del comité son conscientes de que la sostenibilidad del proyecto depende de la participación de nuevas generaciones. Por eso, han creado un programa de "semilleros de relevo", donde jóvenes entre 15 y 25 años reciben formación en liderazgo comunitario y técnicas agrícolas, con el compromiso de asumir roles de coordinación en el futuro.

Un dato curioso que pocos conocen: las huertas de La Soledad han sido visitadas por delegaciones de ciudades como Medellín, Ciudad de México y Buenos Aires, que buscan replicar el modelo. Sin embargo, los vecinos insisten en que su éxito no radica en una fórmula mágica, sino en la constancia y en la capacidad de resolver conflictos cara a cara, algo que no se puede copiar de un manual.

El mercado de trueque mensual en el parque

Si hay un evento que simboliza la economía colaborativa en La Soledad, ese es el mercado de trueque mensual. No es un bazar de artesanías ni una feria gastronómica; es un espacio donde la comunidad intercambia excedentes de sus huertas, productos caseros y objetos usados, sin que medie el dinero. La regla es simple: se ofrece lo que se tiene y se pide lo que se necesita, bajo el principio del valor de uso y no del valor de cambio.

Cómo participar en el trueque

El mercado se realiza el último sábado de cada mes en el Parque La Soledad, ubicado entre las Carreras 17 y 18 con Calle 36. El evento comienza a las 10:00 a.m. y se extiende hasta la 1:00 p.m. La participación es completamente gratuita y no requiere inscripción previa. Sin embargo, hay algunas recomendaciones que los organizadores piden tener en cuenta:

  1. Llegue con tiempo: Los mejores productos de la huerta suelen intercambiarse en la primera hora. Si usted llega tarde, es probable que las lechugas y los rábanos ya tengan dueño.
  2. Traiga algo para ofrecer: No tiene que ser un producto de huerta. Puede ser una mermelada casera, un libro que ya leyó, ropa en buen estado, plantas ornamentales o incluso su tiempo para ayudar en una jornada de siembra. El trueque no es solo de objetos; también se intercambian servicios.
  3. Sea claro con lo que busca: Los vecinos suelen colgar carteles en un tablero comunitario indicando qué necesitan. Si usted busca algo específico, puede dejar su "lista de deseos" en la mesa de información.
  4. Respete el valor de uso: No se trata de regatear hasta el último peso (que no existe aquí). Se trata de llegar a un acuerdo justo donde ambas partes sientan que ganan.

El trueque no es una actividad improvisada. Detrás hay una comisión de vecinos que se encarga de la logística, de garantizar que los productos estén en buen estado y de mediar en caso de desacuerdos. También hay una mesa de "trueque social", donde las personas pueden ofrecer habilidades como clases de inglés, reparación de bicicletas o ayuda con trámites digitales, a cambio de productos de la huerta.

Qué se intercambia y qué no

La variedad de productos que circulan en el mercado es sorprendente. En la última edición de agosto de 2026, se pudieron ver intercambios como:

  • Productos de huerta: Lechugas, acelgas, rábanos, zanahorias, hierbabuena y caléndula. Estos son la moneda principal del trueque.
  • Alimentos procesados: Mermeladas de feijoa, salsas de tomate caseras, panes integrales, yogur natural y quesos frescos elaborados por vecinos.
  • Objetos y ropa: Libros, juguetes, ropa de niños en buen estado, utensilios de cocina y plantas de interior. La premisa es que "la basura de uno es el tesoro de otro".
  • Semillas y esquejes: Este es uno de los intercambios más valiosos. Los vecinos comparten semillas criollas de tomate, frijol y maíz, preservando así la biodiversidad local.

Lo que no se acepta en el trueque son productos manufacturados de marcas comerciales (a menos que sean nuevos y sellados), medicamentos, armas o cualquier objeto que represente un riesgo para la comunidad. Tampoco se permite la venta de productos con fines de lucro; el trueque es estrictamente de intercambio, y los organizadores son rigurosos en este punto.

Entrevistas a 3 líderes vecinales: su motivación y logros

Para entender la profundidad de este movimiento, nada mejor que escuchar a quienes lo lideran. A continuación, presentamos tres entrevistas a líderes vecinales de La Soledad, quienes comparten sus motivaciones, sus retos y sus logros más significativos.

María Eugenia Rojas, coordinadora de la huerta La Esperanza

María Eugenia, de 58 años, es una de las fundadoras del movimiento de huertas en La Soledad. Vive en el barrio desde hace 30 años y recuerda cuando el lote de la Calle 34 con Carrera 19 era un foco de inseguridad y basura.

"Empecé con una mata de tomate en una matera en mi antejardín. Un día, un vecino me regaló unas semillas de lechuga y me dijo que las sembrara en el lote abandonado. Al principio me dio miedo, porque ahí se escondían personas a consumir droga. Pero un grupo de nosotros decidimos limpiarlo, ponerle tierra y sembrar. Al principio fue duro, pero cuando vimos las primeras lechugas, sentimos que habíamos recuperado un pedazo del barrio que era de todos."

Su motivación principal es la seguridad y la dignidad. "No se trata solo de comer sano. Se trata de que nuestros hijos y nietos vean que podemos transformar nuestro entorno sin esperar a que el Estado haga todo. Cuando un ladrón ve una huerta cuidada, piensa dos veces antes de meterse. La huerta es un símbolo de que aquí hay gente que se organiza y que defiende su territorio."

Entre sus logros, destaca la creación de un sistema de riego por goteo con materiales reciclados y la formación de un grupo de mujeres que se encarga de la producción de abonos orgánicos. "Hemos logrado que más de 15 familias del barrio tengan acceso a verduras frescas sin pagar un peso. Eso, en una ciudad donde la canasta familiar es tan cara, es una victoria enorme."

Carlos Andrés Forero, gestor del mercado de trueque

Carlos Andrés, de 34 años, es comunicador social y llegó a La Soledad hace 8 años buscando un lugar tranquilo para vivir. Se involucró en el trueque casi por casualidad, cuando fue a una jornada de siembra y le ofrecieron un cambio de un libro de poesía por una bolsa de tomates cherry.

"Me pareció fascinante que en pleno siglo XXI, en una ciudad de 8 millones de habitantes, se pudiera volver a una economía del don. El trueque no es retroceder; es avanzar hacia otra forma de relacionarnos con los bienes y con las personas. Aquí no importa cuánto tenga en el banco, importa qué tan generoso sea y qué tan dispuesto esté a cooperar."

Carlos Andrés ha sido clave en la profesionalización del trueque. Creó una base de datos de "necesidades y ofertas" que se actualiza en un grupo de WhatsApp y diseñó un sistema de "vales de trabajo" donde una hora de ayuda en la huerta equivale a un producto de la canasta básica. "No es un trueque puro, es una economía mixta que reconoce que el tiempo también es un bien valioso."

Su mayor logro, dice, no es la cantidad de productos intercambiados, sino la confianza generada. "Hemos reducido el desperdicio de alimentos en el barrio y hemos creado una red de apoyo mutuo. Cuando alguien se enferma o pierde su empleo, la comunidad se organiza para cubrir sus necesidades básicas a través del trueque. Eso es resiliencia real."

Doña Lucía Martínez, líder del taller de compostaje y biblioteca comunitaria

Doña Lucía, de 67 años, es la memoria viva del barrio. Nació en La Soledad y ha visto cómo ha cambiado a lo largo de las décadas. Es la encargada de la biblioteca comunitaria, un espacio que ella misma ayudó a fundar en una casa que estaba en ruinas.

"Yo no estudié mucho, pero aprendí a leer con los libros que me regalaban los vecinos. Cuando vi que la casa de la Calle 35 estaba abandonada, pedí permiso a la junta de acción comunal para usarla. Empezamos con una estantería de 50 libros y hoy tenemos más de 3.000, todos donados. Pero el verdadero tesoro no son los libros, es lo que hacemos alrededor de ellos: talleres de lectura para niños, clases de informática para adultos mayores y, desde hace dos años, el taller de compostaje."

Doña Lucía se ha convertido en una experta en compostaje, a pesar de que al principio no sabía ni qué significaba la palabra. "Un joven voluntario me enseñó. Ahora yo les enseño a los demás. El compostaje es como hacer una sopa, pero con residuos orgánicos. Se necesita tierra, restos de comida, hojas secas y paciencia. En tres meses, usted tiene un abono negro y oloroso que es oro puro para las plantas."

Su motivación es la educación y la transmisión de conocimientos. "No quiero que los niños del barrio crezcan pensando que la comida sale del supermercado. Quiero que sepan que la tierra da frutos, que los residuos se pueden transformar, que la comunidad es una familia extendida. Eso no se aprende en la escuela, se aprende en la práctica, en la huerta y en el taller de compostaje."

El logro que más la enorgullece es haber logrado que más de 100 familias del barrio separen sus residuos orgánicos y los lleven a los puntos de compostaje comunitario. "Hemos reducido la basura que enviamos al relleno sanitario en un 30%. Eso es un granito de arena, pero si todos los barrios de Bogotá hicieran lo mismo, la ciudad sería otra."

Cómo replicar el modelo en otros barrios

El éxito de La Soledad ha despertado el interés de otras comunidades en Bogotá y en otras ciudades de Colombia y Latinoamérica. Si usted es un líder comunitario, un urbanista o simplemente un vecino motivado, aquí le contamos los pasos clave para replicar este modelo, basados en la experiencia de quienes ya lo han hecho.

Paso 1: Diagnóstico participativo

Antes de sembrar una sola semilla, es fundamental entender qué tiene el barrio y qué necesita. En La Soledad, el primer paso fue un censo comunitario donde se identificaron los lotes abandonados, los antejardines descuidados y los espacios públicos subutilizados. También se hizo un mapa de actores: quién tiene tiempo, quién tiene conocimientos de jardinería, quién tiene herramientas, quién tiene contactos con instituciones.

No es necesario hacer un estudio académico; basta con convocar a una reunión en la junta de acción comunal o en un parque y preguntar: ¿qué sobra aquí? ¿qué falta? ¿quién se anima a trabajar?

Paso 2: Alianzas estratégicas

Ningún proyecto comunitario sobrevive en el aislamiento. En La Soledad, los vecinos establecieron alianzas con el Jardín Botánico de Bogotá, que les ha donado semillas y ofrecido asistencia técnica. También se acercaron a la Secretaría Distrital de Ambiente, que apoya proyectos de agricultura urbana, y a universidades como la Universidad Nacional de Colombia, cuyos estudiantes han realizado prácticas y estudios de suelo.

Estas alianzas no solo aportan recursos, sino también legitimidad. Cuando una entidad oficial respalda el proyecto, es más fácil obtener permisos para usar espacios públicos y acceder a fondos de presupuestos participativos.

Paso 3: Empezar pequeño y visible

Uno de los

Qué hacer

Visitar la Huerta de La Soledad

Esta huerta comunitaria no solo es un espacio para cultivar, sino también un punto de encuentro para los vecinos. Aquí puedes aprender sobre técnicas de cultivo urbano y participar en talleres. Además, los fines de semana suelen organizarse trueques de productos. Insider Tip: Lleva tus propias semillas o plántulas para intercambiar y así enriquecer la diversidad de la huerta.

Participar en el Mercado de Trueque

Cada mes, los vecinos organizan un mercado donde pueden intercambiar no solo productos agrícolas, sino también artesanías y alimentos preparados. Es una excelente oportunidad para conocer a los habitantes y sumergirse en la cultura local. Insider Tip: Llega temprano para tener más opciones y no te olvides de llevar algo que puedas intercambiar; la creatividad es clave aquí.

Explorar la Biblioteca de La Soledad

Este espacio no solo ofrece libros, sino también actividades culturales y charlas sobre sostenibilidad y medio ambiente. Es un lugar ideal para conectarse con la comunidad. Insider Tip: Pregunta por las actividades programadas; a menudo tienen charlas sobre huertas urbanas que complementan la experiencia del barrio.

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Dónde comer o beber

La Huerta de La Soledad

Un espacio encantador donde los vecinos se reúnen para disfrutar de productos frescos y de temporada. Aquí, además de comer, puedes aprender sobre la agricultura urbana.

Insider Tip: No te pierdas la oportunidad de participar en sus talleres de jardinería, son gratuitos y siempre hay algo nuevo que aprender.

Restaurante La Tradición

Este restaurante es conocido por su comida típica colombiana, ofreciendo platos como el ajiaco y la bandeja paisa. Su ambiente acogedor lo hace perfecto para una comida familiar.

Insider Tip: Pregunta por las promociones del día; suelen ofrecer platos especiales a buen precio, y no olvides probar su delicioso postre de tres leches.

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Cómo llegar y transporte

Para llegar a La Soledad, puedes optar por diferentes medios de transporte. Aquí te comparto algunas recomendaciones que te facilitarán el acceso a este encantador barrio:

Transmilenio

La estación más cercana es La Carrera 30, que conecta con varias rutas del sistema. Desde allí, puedes caminar unos 15 minutos hacia el barrio. Es una opción rápida y económica.

Insider Tip: Si decides usar Transmilenio, evita las horas pico para que tu trayecto sea más cómodo y rápido. Además, descarga la aplicación del sistema para verificar tiempos de espera.

Bus urbano

Las rutas de bus como la Suba - La Soledad te dejarán muy cerca del barrio. Estos buses suelen ser menos congestionados que el Transmilenio.

Insider Tip: Pregunta siempre a los conductores o a los pasajeros sobre las paradas, ya que algunos buses tienen rutas que pueden cambiar durante el día.

Bicicleta

La Soledad cuenta con algunas ciclovías que te permiten llegar en bicicleta. Es una opción ideal si prefieres evitar el tráfico y disfrutar del aire libre.

Insider Tip: Visita durante la ciclovía dominical, que permite recorrer la ciudad de manera segura y sin vehículos. Lleva tu propia bicicleta o alquila una en los puntos de servicio.

Taxi o aplicaciones de transporte

Utilizar un taxi o aplicaciones como Uber o Domicilios es una manera conveniente de llegar directamente a La Soledad, especialmente si llevas muchas cosas o si el clima no es favorable.

Insider Tip: Asegúrate de confirmar que el conductor se dirija al barrio y de pagar a través de la aplicación para mayor seguridad.

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Tips locales

Visita la Huerta Comunitaria de La Soledad

Insider Tip: Esta huerta no solo ofrece una variedad de vegetales frescos, sino que también organiza talleres de agricultura urbana. Participar en estos talleres te permitirá aprender técnicas de cultivo y conocer a otros vecinos apasionados por la sostenibilidad.

Mercado de Trueque de La Soledad

Insider Tip: El mercado se realiza cada primer sábado del mes. Lleva algún producto de tu cosecha o un artículo de hogar que ya no necesites. La dinámica del trueque fomenta la comunidad y es una excelente forma de conocer a tus vecinos mientras practicas la economía circular.

Eventos de Cocina Comunitaria

Insider Tip: Participar en estos eventos es una forma maravillosa de compartir recetas y aprender sobre la cocina local. Lleva un plato típico de tu familia y comparte historias alrededor de la mesa; es una experiencia que te conectará profundamente con la cultura bogotana.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la cultura de trueque en La Soledad?

La cultura de trueque en La Soledad es una práctica comunitaria donde los vecinos intercambian productos de sus huertas, como verduras y frutas, sin necesidad de dinero. Este sistema fomenta la cooperación y el fortalecimiento de la comunidad, además de promover la agricultura urbana.

¿Cómo puedo participar en los trueques?

Para participar en los trueques, es recomendable acercarse a las plazas o espacios donde se llevan a cabo los intercambios, como la Plaza de Mercado La Soledad, que se realiza cada fin de semana. Lleva productos frescos para intercambiar y no dudes en conversar con otros vecinos para aprender más sobre sus huertas.

¿Existen talleres sobre huertas urbanas en el barrio?

Sí, en La Soledad se organizan talleres sobre huertas urbanas y sostenibilidad. Los vecinos pueden aprender sobre cultivo, cuidado de plantas y la importancia de consumir productos locales. Mantente atento a las publicaciones en redes sociales de grupos comunitarios para enterarte de las fechas y lugares.

¿Qué productos son más comunes en los trueques?

En los trueques se pueden encontrar una variedad de productos como lechugas, tomates, hierbas aromáticas y frutas de temporada. Cada estación trae diferentes productos, así que siempre hay algo nuevo que intercambiar.

¿Hay alguna normativa para los trueques?

No hay una normativa estricta, pero se recomienda que los productos sean frescos y de buena calidad. La idea es que todos los participantes se sientan satisfechos con el intercambio y que la práctica continúe siendo beneficiosa para la comunidad.

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Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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