La Soledad: el barrio que se negó a envejecer
Si caminas por La Soledad un domingo en la mañana, el olor a café recién molido te va a encontrar antes de que veas las fachadas. No es el aroma de una cadena internacional ni de un local minimalista con mesas de metal. Es ese olor denso, casi a caramelo quemado, que sale de una cafetera de filtro de los años setenta. Acá, en este barrio de casas bajas y antejardines con limoneros, el tiempo no pasó en vano: se quedó a tomar tinto.
La Soledad nació como un barrio de clase media bogotana entre los años cuarenta y sesenta. Mientras el centro se llenaba de inquilinatos y el norte empezaba a construir torres, estas cuadras se poblaron de familias de médicos, abogados y comerciantes que querían una casa con patio. Hoy, en julio de 2026, el barrio sigue siendo eso: un refugio de calles arboladas donde los cafés de antaño no son una moda vintage, sino una costumbre que nunca se fue.
📌 Transparencia
Este artículo contiene enlaces patrocinados/de afiliados. Podríamos recibir una pequeña comisión sin costo para ti.
Este artículo no es para quienes buscan un latte art con leche de almendras. Es para los que quieren sentarse en una silla de madera, pedir un tinto criollo y escuchar cómo suena Bogotá cuando no tiene afán.
Qué hacer en La Soledad (además de tomar café)
La Soledad no es un barrio de atracciones turísticas con filas y taquillas. Es un barrio para caminar, mirar y, sobre todo, sentarse. Pero si venís con tiempo, hay varias cosas que hacen que la visita valga la pena más allá de la taza.
Recorrer la arquitectura de casas republicanas
Las fachadas de La Soledad son un catálogo de estilos: republicano, inglés, art déco y hasta algunos toques modernistas de los años cincuenta. Muchas casas tienen placas que cuentan quién vivió ahí. Fíjate en los detalles: las rejas de hierro forjado, los vitrales de las puertas y los techos de teja de barro. No hay un mapa oficial, pero caminando por la Carrera 16 entre Calles 34 y 40 te topás con las mejores muestras.
Visitar la Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad
En la esquina de la Carrera 13 con Calle 37, esta iglesia de fachada neogótica es el corazón del barrio. Fue construida en 1946 y todavía conserva el reloj de torre original. Los domingos a las 11 a.m. la misa tiene un coro de señoras que cantan con una fuerza que te pone la piel de gallina. No es un plan para todos, pero si te gusta la arquitectura religiosa, vale la pena asomarse.
Comprar en la tienda de antigüedades El Solar
Al lado del Café El Solar, hay una tienda de antigüedades que parece un museo en desorden. Venden desde máquinas de escribir Olivetti de los años sesenta hasta vajillas de porcelana inglesa. Los precios no son regalados, pero sí más baratos que en el centro. El dueño, don Álvaro, te cuenta la historia de cada objeto si le comprás un tinto.
Dónde comer y beber: los tres cafés que son templos
La Soledad tiene decenas de cafés, pero solo tres merecen el título de "de antaño". Son los que mantienen la misma receta, el mismo mobiliario y, en algunos casos, la misma familia desde los años setenta. Acá te los cuento uno por uno.
Café El Solar: la máquina de 1975 que sigue funcionando
Dirección: Carrera 15 # 37-12. Abierto de lunes a sábado, 7 a.m. a 8 p.m.; domingos, 8 a.m. a 5 p.m.
El Solar es el más famoso de los tres, y por una buena razón: tienen una máquina de espresso Faema E61 de 1975 que todavía funciona a diario. No es una pieza de museo; la usan para preparar cada tinto que sale de la barra. El dueño, don Carlos, la compró usada en 1982 y desde entonces solo le ha cambiado las juntas dos veces.
El ambiente es de otra época: mesas de fórmica con bordes de aluminio, sillas de madera estilo años sesenta, un televisor pequeño que casi siempre tiene un partido de fútbol de los ochenta en blanco y negro. La carta es corta: tinto criollo ($2.500 COP en julio de 2026), café con leche ($3.200 COP) y un paquete de galletas Saltín Noel si tenés hambre. No esperes un menú de especialidad. Acá se viene a tomar café, no a hacerse el interesante.
Dato curioso: la máquina Faema E61 fue la primera en usar un sistema de preinfusión que extrae el café en dos etapas. Don Carlos dice que "los italianos sabían lo que hacían, pero el café colombiano es mejor". Y tiene razón.
Café La Flor de la Canela: el de las señoras del barrio
Dirección: Calle 36 # 14-28. Abierto de martes a domingo, 9 a.m. a 7 p.m.
Este café es más pequeño y más íntimo. Lo atiende doña Lucía, una señora de 68 años que heredó el negocio de su mamá en 1995. El nombre lo puso su abuela, que era fanática de la canción de Chabuca Granda. Acá no hay máquina de espresso: todo se prepara en una cafetera de filtro eléctrica de los años ochenta, de esas que tienen una jarra de vidrio con una flor dibujada.
El tinto criollo de La Flor de la Canela es diferente al de El Solar: es más suave, con un toque de panela que doña Lucía le agrega al fondo de la taza antes de servir. Lo acompañan con un pedazo de pan de yuca casero que venden a $1.500 COP. El lugar tiene solo cinco mesas, y los fines de semana se llena de señoras del barrio que vienen a charlar después de misa. Si querés sentirte como un vecino más, este es tu sitio.
Precio de referencia: tinto criollo $2.800 COP (julio de 2026).
Café El Ocaso: el escondido de los bohemios
Dirección: Carrera 14 # 35-62 (entrada por el pasaje interior). Abierto de lunes a sábado, 10 a.m. a 10 p.m.
El Ocaso es el menos conocido de los tres, y quizás el más auténtico. Queda en un pasaje que parece un callejón, detrás de una tienda de telas. Lo abrió don Pedro en 1978, un hombre que antes fue músico de la Orquesta Sinfónica Nacional. Las paredes están llenas de fotos de boleristas y tangueros de los años cuarenta: Gardel, Libertad Lamarque, Carlos Vives (sí, Vives también sale, pero en una foto de los ochenta).
Acá el café se sirve en pocillos de loza blanca, gruesos, como los de las abuelas. El tinto criollo cuesta $2.200 COP, el más barato del barrio. Pero la verdadera razón para venir es el ambiente: a las 6 p.m., don Pedro pone discos de vinilo de boleros en un tocadiscos que compró en 1980. No hay Spotify, no hay playlist. Es vinilo o nada. Los clientes son hombres mayores que juegan dominó y mujeres que leen el periódico. Si sos extranjero, te van a mirar con curiosidad, pero si pedís un tinto y te sentás en silencio, te van a aceptar como uno más.
Comparación de precios y ambiente: La Soledad vs. Zona Rosa
Si venís de la Zona Rosa o del Parque de la 93, el contraste te va a pegar en la cara. Allá un café con leche en un local de diseño te cuesta entre $8.000 y $12.000 COP. Te lo sirven en una taza de cerámica artesanal con una galleta de mantequilla. La música es electrónica suave, los meseros tienen delantal de cuero y las mesas son de madera reciclada con patas de hierro.
En La Soledad, el mismo café con leche te cuesta $3.200 COP. Te lo sirven en un pocillo de loza que puede tener una rajadura. La música es un bolero de Los Panchos o el noticiero de las 12. El mesero es don Carlos, que te va a preguntar "¿cómo va la familia?" aunque sea la primera vez que te ve. No hay pretensiones, no hay filtros de Instagram. Es café de verdad, en un lugar de verdad.
La diferencia no es solo de precio: es de actitud. En la Zona Rosa pagás por el ambiente, por la experiencia curada. En La Soledad pagás por el café, y el ambiente viene de regalo.
La receta del tinto criollo: cómo lo preparan en La Soledad
El tinto criollo no es un café cualquiera. Es una tradición que se ha ido perdiendo en los cafés modernos, pero en La Soledad se mantiene viva. Acá te cuento cómo lo preparan en Café El Solar, paso a paso, para que puedas replicarlo en tu casa o simplemente sepas lo que estás tomando.
Ingredientes
- Café molido de grano colombiano (preferiblemente de la variedad Caturra o Colombia, tostado medio-oscuro).
- Agua filtrada (nunca del grifo, porque el cloro le cambia el sabor).
- Panela (opcional, para endulzar de forma natural).
- Canela en rama (una astilla pequeña).
Preparación (según don Carlos)
- Poné a hervir agua en una olla de aluminio (nada de acero inoxidable, dice don Carlos, porque "el aluminio le da el sabor de antes").
- Cuando el agua esté hirviendo, agregá una cucharada de café molido por cada taza. No uses café instantáneo, "eso es agua sucia", dice don Carlos.
- Dejá que hierva a fuego lento durante 3 minutos. No más, porque se amarga.
- Apagá el fuego y agregá una astilla de canela. Tapá la olla y dejá reposar 2 minutos.
- Serví en un pocillo de loza. Si querés endulzar, agregá un trocito de panela en el fondo antes de servir. No uses azúcar blanca: "el azúcar blanco es para los niños", dice don Carlos.
- Tomátelo caliente, en silencio, sin prisas. "El tinto se toma solo", dice él, "o con un buen chisme".
En Café El Solar, el secreto está en el reposo con la canela. Don Carlos dice que "la canela no es para dar sabor, es para que el café sepa a hogar".
Testimonio de un dueño original: don Carlos de Café El Solar
Don Carlos tiene 72 años. Abrió Café El Solar en 1982, después de trabajar 15 años en una fábrica de textiles. "Me cansé de que me mandaran", dice mientras limpia la máquina Faema con un paño blanco. "Compré este local con los ahorros de toda la vida. La máquina la conseguí de segunda mano, en un remate de un café que quebró en el centro. Pagué 50.000 pesos de esa época. Hoy no la cambio por nada".
Le pregunto por qué nunca modernizó el local. Se ríe. "Mirá, yo he visto pasar mil modas. Llegaron los cafés de especialidad, los de diseño, los que venden café en bolsitas con dibujitos. Y yo sigo aquí, con mi máquina de 1975 y mis sillas de madera. La gente viene porque esto es verdad. No es una copia de lo que vieron en Netflix. Es el barrio, es la historia, es el café de la abuela. Y eso no pasa de moda".
Don Carlos cuenta que muchos clientes son hijos y nietos de los que venían hace cuarenta años. "El otro día vino un muchacho de 25 años con su abuela. La señora me dijo: 'Carlos, este es mi nieto, vengo a que pruebe el café que tomaba cuando estaba embarazada de su mamá'. Eso no tiene precio".
El testimonio de don Carlos es el corazón de este artículo. Porque en La Soledad, los cafés de antaño no son un negocio: son una forma de vida. Y mientras él siga detrás de la barra, el sabor de los setenta no se va a ir.
Cómo llegar y transporte a La Soledad
La Soledad está ubicado en la localidad de Teusaquillo, entre la Carrera 13 y la Carrera 19, y entre la Calle 34 y la Calle 40. Es fácil llegar desde cualquier punto de Bogotá.
En TransMilenio
- Estación más cercana: CALLE 34 (línea A, que va por la Caracas). Desde allí, caminá 5 minutos hacia el oriente por la Calle 34 hasta la Carrera 15. Café El Solar te queda a media cuadra.
- Alternativa: CALLE 26 (línea J, que va por la Avenida El Dorado). Bajate y caminá 10 minutos hacia el norte por la Carrera 13.
En bus o SITP
- Las rutas que pasan por la Carrera 13 (C13, 18-3, 18-4) te dejan en la puerta de la iglesia.
- Si venís del norte, tomá cualquier bus que diga "Teusaquillo" o "La Soledad".
En carro o taxi
- Desde el centro, son 10 minutos por la Carrera 7 hasta la Calle 40, luego girá a la izquierda.
- Desde el norte (Zona Rosa), son 15 minutos por la Carrera 15 hacia el sur.
- Hay parqueo en la calle, pero los fines de semana se llena. Recomiendo llegar antes de las 10 a.m. para encontrar espacio.
En bicicleta
La Soledad tiene varias ciclorrutas. La más cercana es la de la Carrera 13. Podés dejar la bici amarrada en los parqueaderos públicos de la Calle 36, frente a la iglesia.
Tips locales para disfrutar La Soledad como un bogotano
- Llegá temprano. Los cafés abren entre 7 y 9 a.m. A las 11 a.m. ya empieza a llenarse, especialmente los sábados. Si querés una mesa en El Solar, llegá antes de las 10 a.m.
- No pidas "café especial". Acá se dice "tinto" o "café con leche". Si pedís un "capuchino" en El Solar, don Carlos te va a mirar con cara de "¿en qué mundo vivís?".
- Llevá efectivo. La mayoría de estos cafés no aceptan tarjeta ni transferencias. En El Solar y La Flor de la Canela solo reciben billetes y monedas. El Ocaso a veces acepta Nequi, pero no es seguro.
- Conversá con los dueños. Don Carlos, doña Lucía y don Pedro son personas que aman lo que hacen. Si les preguntás por la historia del barrio, te van a contar cosas que no encontrás en Google. Pero no seas intenso: ellos trabajan, no son guías turísticos.
- Probá el pan de yuca. En La Flor de la Canela lo hacen doña Lucía misma. Es pequeño, caliente y cuesta $1.500 COP. Pidelo con el tinto y vas a entender por qué las señoras del barrio van todos los días.
- Cuidado con los horarios. Muchos cafés cierran los domingos a las 5 p.m. o no abren los lunes. Verificá antes de ir, especialmente si venís de lejos.
- No esperes WiFi. En El Solar no hay internet. En La Flor de la Canela hay, pero la señal es lenta. La idea es desconectarte y hablar con la gente.
Preguntas frecuentes
¿El Café El Solar sigue usando la máquina Faema de 1975?
Sí, todavía funciona todos los días. Don Carlos la mantiene con cuidado: la limpia cada noche y cambia las juntas cada seis meses. La máquina es la misma que compró en 1982, y según él, "hace un café que ninguna máquina moderna puede igualar".
¿Hay algún café en La Soledad que sirva comida además de café?
La mayoría solo ofrece café, galletas y pan de yuca. Café El Solar tiene un menú muy limitado: paquetes de galletas y, a veces, empanadas de un proveedor local. Si querés almorzar, te recomiendo caminar hasta la Calle 34, donde hay restaurantes de comida casera como "El Fogón de la Abuela" (no es café de antaño, pero la sopa de verduras es buena).
¿Puedo llevar a niños a estos cafés?
Sí, pero no es el ambiente ideal para niños pequeños. Las mesas son pequeñas, no hay menú infantil y el silencio se valora. En Café El Solar a veces hay niños, pero don Carlos prefiere que los padres los mantengan tranquilos. En La Flor de la Canela, las señoras del barrio son más tolerantes, pero no hay espacio para jugar. Si venís con niños, mejor elegí un parque cercano, como el Parque de la 34, y después pasá por café para llevar.
Introducción histórica o contextual
La Soledad es un barrio que refleja la transición de Bogotá desde la época de los 70 hasta la actualidad. Durante esas décadas, se consolidó como un espacio de encuentro para los amantes del café, donde las pequeñas cafeterías ofrecían un refugio y un sabor auténtico que aún perdura. Este vecindario no solo es conocido por su aroma a café, sino también por su rica historia cultural y social. En las paredes de sus cafés, se cuentan historias de artistas, intelectuales y familias que han hecho de este barrio su hogar.
Los cafés de antaño en La Soledad han sido testigos de la evolución de la ciudad, conservando un carácter auténtico que no se encuentra en las cadenas comerciales. Los domingos, las familias y los amigos se reúnen en estos lugares, disfrutando del tiempo y el buen café, mientras reviven memorias de épocas pasadas.
Una visita a La Soledad no está completa sin explorar estos cafés emblemáticos, donde cada sorbo de café cuenta una historia y cada rincón tiene un aire nostálgico que invita a quedarse un rato más.
...






