El cerro que nadie camina de noche (y por qué hacerlo con guía certificado)
Cuando cae el sol en Bogotá, la mayoría de la gente se va para sus casas, se encierra en un bar o se sube a un bus mirando el celular. Los Cerros Orientales, esa muralla verde que vigila la ciudad desde la época de los muiscas, se quedan solos. Y es justamente ahí, en esa soledad, donde ocurre algo que pocos bogotanos han visto: el cielo se llena de puntos de luz que no son estrellas, el aire cambia de olor y la ciudad, con sus 8 millones de habitantes, se convierte en un rumor lejano.
Hablamos de las luciérnagas. Sí, en Bogotá. A veinte minutos del centro, en los senderos que suben desde barrios como La Vieja o el sector de Aguas Claras, entre junio y septiembre (y con picos en agosto de 2026), se pueden ver cientos de estos insectos bioluminiscentes. Pero ojo: esto no es un paseo improvisado. Es una ruta de montaña real, con pendientes que te ponen a sudar, senderos que se pierden si no los conoces y una normativa ambiental del Acueducto de Bogotá que no perdona a los que entran sin permiso.
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Este artículo es la guía que me hubiera gustado tener la primera vez que fui. No te voy a vender humo: te voy a decir cómo es la cosa de verdad, qué llevar, cuánto cuesta, por dónde se entra y por qué, en agosto de 2026, si no reservas con semanas de anticipación, te quedas por fuera. Porque la luna llena de este mes ya tiene lista de espera.
Por qué los Cerros Orientales de noche son otra cosa
De día, la ruta a La Vieja o el sendero de Aguas Claras son un plan familiar. Familias con perros, ciclistas de montaña, gente haciendo deporte. Bonito, pero nada del otro mundo. De noche, el panorama cambia por completo. La temperatura baja hasta 8 grados centígrados en temporada seca, el viento se cuela entre los eucaliptos y los frailejones (sí, hay frailejones en Bogotá, aunque muchos no lo saben) y los sonidos son otros. Ya no escuchas el canto de los mirlas de la mañana: escuchas el crujir de las ramas, el aleteo de los murciélagos y, si tienes suerte, el ulular de un búho.
El fenómeno de las luciérnagas en los Cerros Orientales no es nuevo, pero ha cobrado fuerza en los últimos años. La razón: la recuperación de los bosques nativos y la reducción de la contaminación lumínica en ciertos sectores altos. Las luciérnagas (de la familia Lampyridae) son bioindicadoras: si aparecen, es que el ecosistema está sano. Y en 2026, los reportes de avistamiento en la cuenca de la quebrada Las Delicias y en los alrededores del camino a la mina de cal son cada vez más frecuentes.
Pero hay un detalle que nadie te cuenta en los videos de TikTok: las luciérnagas no son un espectáculo de luces garantizado. Son animales, no bombillos. Su actividad depende de la humedad, la temperatura y el ciclo lunar. Las noches de luna nueva son las mejores, porque la oscuridad hace que su bioluminiscencia resalte. Las noches de luna llena (como la de este mes de agosto de 2026) también funcionan, pero hay que buscar las zonas más sombrías. Y por eso, más que un paseo, esto es una expedición de observación. Se camina lento, se habla bajito y se apagan las linternas en los puntos clave.
Punto de partida: los accesos que no salen en Google Maps
Olvídate de la entrada principal del sendero de La Vieja por la Carrera 1 Este con Calle 68. Esa es la puerta de todo el mundo, la que aparece en las fotos de Instagram y la que cierra a las 5 de la tarde. Para la ruta nocturna, los guías locales (los que de verdad conocen el cerro) usan dos accesos alternativos:
Acceso 1: El sendero de Aguas Claras desde el barrio La Vieja
Este es el más usado y el que recomiendo para primera vez. Se entra por el costado norte del barrio La Vieja, específicamente por la calle 70 con carrera 1 Este, donde termina el pavimento y empieza la trocha. Hay un portón metálico del Acueducto de Bogotá que normalmente está cerrado, pero los guías certificados tienen permiso para abrirlo con su código de acceso. No intentes saltarlo: las cámaras de seguridad del Acueducto están activas y las multas por invasión de la reserva forestal pueden superar los 2 millones de pesos.
Desde este punto, el ascenso es gradual. Los primeros 20 minutos son los más duros porque el cuerpo se está adaptando a la altitud (estás a 2.600 metros sobre el nivel del mar y subes hasta los 3.100). El sendero está demarcado con estacas de madera y marcas de pintura azul en los árboles. A los 40 minutos llegas a un mirador natural sobre la quebrada Las Delicias. Es el primer punto de avistamiento.
Acceso 2: El camino de la mina de cal por el sector de Aguas Claras
Este es el acceso "pro". Se entra por el sector de Aguas Claras, detrás del colegio Aguas Claras, en la localidad de Chapinero Alto. Es un camino más empinado, con tramos de piedra suelta y vegetación densa. No lo recomiendo para principiantes ni para gente que no esté acostumbrada a caminar en montaña. Pero tiene una ventaja: es el punto con mayor registro de luciérnagas en 2025 y 2026, según los monitoreos comunitarios que hace la Fundación Cerros de Bogotá. Eso sí, aquí el permiso es más estricto. Solo operan dos guías certificados con acceso a este sector, y ambos cobran un poco más por la dificultad.
Dato curioso: este camino pasa por los restos de una antigua mina de cal que operó hasta mediados del siglo XX. De hecho, el nombre del sector viene de ahí. Los hornos de cal están en ruinas, cubiertos de musgo y helechos, y en las noches de neblina parecen sacados de una película de terror. Es un excelente punto para fotos con exposición larga, pero hay que tener cuidado: el piso es irregular y hay huecos profundos.
La ruta: 2 horas de ascenso silencioso y el skyline como telón de fondo
La ruta completa, desde el punto de partida hasta el regreso, toma entre 3 y 4 horas. El ascenso puro son unas 2 horas, pero se hace con paradas estratégicas. Los guías no caminan de corrido: caminan, se detienen, apagan las luces y esperan. Esa es la clave.
Parada 1: El mirador de la quebrada Las Delicias (minuto 40)
Aquí se hace la primera observación. Si el clima ha sido húmedo en los días previos (y en agosto de 2026 ha llovido bastante), las luciérnagas empiezan a aparecer entre las 7:30 y las 8:00 de la noche. No son cientos en un solo lugar: son grupos de 10 a 15, parpadeando cerca del suelo, entre la hojarasca y los troncos caídos. Se ven mejor con el rabillo del ojo que mirándolas de frente. Es un consejo que dan los biólogos: la visión periférica es más sensible a la luz tenue.
Desde este mirador, el skyline de Bogotá se ve espectacular. La ciudad se extiende como un mar de luces amarillas y blancas, con las torres de Colpatria y BD Bacatá como puntos de referencia. Es el momento perfecto para las fotos de larga exposición. Eso sí: los guías recomiendan usar filtros rojos en las linternas frontales para no espantar a los insectos y para no arruinar la adaptación nocturna de tus ojos.
Parada 2: El claro de los eucaliptos (minuto 75)
Subiendo un poco más, el bosque de niebla se abre en un claro rodeado de eucaliptos. Aquí el viento es más fuerte y el sonido de la ciudad casi desaparece. Es el punto donde se pueden ver murciélagos. No te asustes: las especies que habitan los Cerros Orientales son insectívoras y no representan ningún peligro para los humanos. Se ven como sombras rápidas que cruzan el claro, cazando polillas. Los guías suelen llevar un detector de ultrasonidos para que el grupo pueda escuchar los ecos de los murciélagos en tiempo real. Es un momento que siempre sorprende a los que van por primera vez.
En este claro también se hace la pausa para tomar algo caliente. Los guías llevan termos con agua de panela o chocolate caliente. No es lujo, es necesidad: a los 3.000 metros de altitud, con el viento y la humedad, la sensación térmica baja considerablemente.
Parada 3: El mirador final, antes del retorno (minuto 110)
El punto más alto de la ruta no oficial es una roca plana que sirve de mirador natural, justo en el límite de la reserva forestal. Desde aquí, en noches despejadas, se ve toda la sabana de Bogotá hasta los cerros de Suba y la Cota. Es el lugar ideal para apagar todo, sentarse en silencio y simplemente escuchar. Los guías suelen hacer una dinámica de "silencio de 5 minutos" donde solo se oye el viento y, si hay suerte, el canto lejano de un perro o el paso de un avión. Es un momento casi meditativo que contrasta con el caos del centro de la ciudad, que queda a solo 20 minutos en carro.
El retorno se hace por el mismo sendero, pero con linternas frontales encendidas. Bajar de noche es más peligroso que subir, porque las rodillas sufren más y la fatiga empieza a pasar factura. Los guías recomiendan llevar bastones de senderismo, aunque no son obligatorios.
Seguridad y logística: lo que tienes que saber antes de ir
Aquí no hay espacio para la improvisación. Los Cerros Orientales son una reserva forestal protegida por la CAR (Corporación Autónoma Regional) y por el Acueducto de Bogotá, que administra gran parte de los predios. Entrar sin permiso es una infracción grave. Y de noche, además, es peligroso: hay tramos con pendientes de más de 30 grados, el sendero se desdibuja con la oscuridad y hay animales como culebras (la mayoría inofensivas, pero mejor no pisar una).
Equipo necesario: la lista que no puedes olvidar
- Linterna frontal (obligatoria). No sirve una linterna de mano porque necesitas las dos manos libres para apoyarte en los bastones o en el terreno. Que sea recargable y con al menos 200 lúmenes. Lleva una repuesto por si acaso.
- Ropa térmica. En la noche, a 3.000 metros, la temperatura baja fácilmente a 8-10 grados. Una chaqueta cortavientos es imprescindible. El algodón es mala idea porque retiene la humedad y te enfría. Mejor capas: camiseta técnica, buzo de forro polar y chaqueta impermeable.
- Botas de senderismo. No sirven las zapatillas urbanas. El terreno es resbaloso, hay barro y piedras sueltas. La protección del tobillo es clave para evitar torceduras.
- Bastones de senderismo. Opcionales pero muy recomendados, sobre todo para el descenso.
- Termo con bebida caliente. Agua de panela, chocolate o café. El guía suele llevar, pero no está de más tener el tuyo.
- Snacks energéticos. Frutos secos, barras de cereal, chocolate oscuro. Nada de comidas pesadas.
- Mochila pequeña (20 litros es suficiente). Que no te estorbe en los tramos estrechos.
- Filtro rojo para la linterna. O una linterna con modo rojo. Es fundamental para no espantar la fauna.
- Celular con batería cargada. Pero ojo: en muchos tramos no hay señal. No dependas de Google Maps.
Horarios permitidos y normativa del Acueducto de Bogotá
El Acueducto de Bogotá, que administra los predios de la reserva en la cuenca de Las Delicias, tiene una normativa clara: los senderos están abiertos al público de 5:00 a.m. a 5:00 p.m. Las visitas nocturnas solo se permiten con guías certificados que tengan un convenio vigente con la entidad. No es un trámite burocrático: es una medida para proteger los ecosistemas y la seguridad de los visitantes.
En la práctica, esto significa que los guías tienen un código de acceso a los portones y deben reportar cada salida al Acueducto. También están obligados a llevar un máximo de 12 personas por grupo, a recoger todos los residuos y a no salirse del sendero demarcado. Si un grupo es sorprendido fuera de la ruta o con música a alto volumen, el guía pierde su licencia y el grupo puede ser sancionado.
Los horarios de salida suelen ser entre las 6:00 y las 7:00 de la noche, dependiendo de la hora del atardecer. En agosto de 2026, el sol se pone alrededor de las 6:10 p.m., así que las salidas son temprano. El regreso al punto de partida es entre las 10:00 y las 10:30 de la noche.
Costos de referencia (agosto de 2026)
Los precios varían según el guía y el tamaño del grupo, pero estos son los rangos que se manejan actualmente:
- Ruta de Aguas Claras (acceso 1): entre $45.000 y $60.000 COP por persona, con un mínimo de 4 personas. Incluye el permiso del Acueducto, el acompañamiento del guía certificado y el termo de bebida caliente.
- Ruta de la mina de cal (acceso 2): entre $70.000 y $90.000 COP por persona, con un mínimo de 6 personas. Es más cara porque requiere un guía con especialización en ese sector y porque el grupo es más reducido.
- Salidas privadas: si quieres una experiencia exclusiva (para fotógrafos o grupos familiares), los guías cobran desde $250.000 COP por grupo de hasta 4 personas.
Estos son precios de referencia de agosto de 2026 y pueden cambiar. Se recomienda confirmar directamente con el guía antes de reservar.
¿Y si llueve?
En Bogotá, llueve de repente y sin aviso. Los guías tienen una política clara: si la lluvia es leve, la salida se hace igual (con ponchos impermeables). Si hay tormenta eléctrica o lluvia torrencial, la salida se reprograma sin costo. La razón es simple: los senderos se vuelven extremadamente resbalosos y hay riesgo de caída de árboles. No es miedo, es sentido común.
Dónde desayunar al amanecer en la base del cerro
Después de la caminata, con las piernas temblando y el estómago rugiendo, lo único que quieres es un desayuno contundente. Y aquí es donde los locales tenemos nuestros secretos. Olvídate de las cadenas de café: lo que necesitas es una panadería de barrio con olor a pan recién horneado y chocolate caliente espeso.
Panadería La Vieja (barrio La Vieja, Carrera 1 Este # 68-32)
Esta es una institución del barrio. Abre desde las 5:30 de la mañana, así que si terminas la ruta a las 10:30 de la noche, no te sirve para esa noche, pero sí para el día siguiente si te quedas a dormir en la zona. El pan de yuca es de los mejores de Chapinero y el chocolate con queso es una experiencia religiosa. Un desayuno completo (tamal, chocolate, pan y jugo) cuesta alrededor de $15.000 COP. Eso sí: no tiene mesas, solo un mostrador y dos bancas. Es para comer rápido y de pie, como los locales.
La Esquina del Pan (Calle 70 # 2-15, Chapinero Alto)
Un poco más formal, con mesas y un patio interior. Especializada en pan artesanal de masa madre, pero también tienen opciones tradicionales como almojábanas y garullas. El desayuno ejecutivo (huevos al gusto, arepa, chocolate, fruta y café) cuesta alrededor de $18.000 COP. El servicio es rápido y el café es de buena calidad. Eso sí, a las 7 de la mañana ya está lleno de gente del barrio que va a trabajar, así que no vayas con afán de sentarte a leer el periódico.
Café El Mirador (Carrera 1 Este # 70-08, segundo piso)
Este es el lugar que pocos turistas conocen. Está en un segundo piso, casi escondido, y desde su ventana se ve el cerro y la ciudad. No es una panadería, pero tienen buenas opciones de desayuno: huevos pericos, arepa de chócolo, caldo de costilla (los fines de semana) y un café de origen que cambia cada mes. El dueño, un señor que se llama Don Álvaro, siempre tiene una anécdota del cerro. Si le preguntas, te cuenta cómo era la zona en los años 80, antes de que llegara la urbanización. El desayuno completo está entre $20.000 y $25.000 COP.
Mi recomendación personal: si terminas la ruta un sábado o domingo, ve al Café El Mirador y pide el caldo de costilla con arepa de chócolo. Es el premio perfecto después de una noche de frío y caminata.
Tips locales que solo te dice un bogotano
Aquí van las cosas que no salen en los folletos turísticos:
- La luna y las luciérnagas no son amigas. Las noches de luna llena son bonitas para el skyline, pero malas para las luciérnagas, porque la luz natural reduce el contraste. Si tu prioridad es ver muchos insectos, busca salidas cerca de la luna nueva. En agosto de 2026, la luna nueva cae el día 12 y la luna llena el 27. Planea en consecuencia.
- No uses perfume ni cremas con olor fuerte. Los insectos se espantan y, además, los olores artificiales pueden atraer a otros bichos que no quieres conocer. Ve limpio y sin fragancias.
- El silencio es oro. Los guías piden que el grupo hable en voz baja durante todo el recorrido. No es una imposición arbitraria: es que las luciérnagas y los murciélagos reaccionan al ruido. Un grupo ruidoso puede arruinar la experiencia para todos.
- No lleves tu perro
Introducción histórica o contextual
La historia de los Cerros Orientales de Bogotá es tan antigua como la ciudad misma. Durante siglos, estos cerros han sido testigos de la evolución de la capital y han servido como un importante punto de referencia tanto cultural como geográfico. Originalmente, esta área fue habitada por las comunidades muiscas que encontraron en sus laderas un lugar fértil y sagrado. Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, la relación con el territorio cambió, pero los cerros continuaron siendo un símbolo de resistencia y conexión con la naturaleza.
A lo largo de los años, los Cerros Orientales han sido objeto de diversas iniciativas de conservación y apreciación. En las últimas décadas, se han llevado a cabo proyectos de reforestación y educación ambiental, resaltando la importancia de estos ecosistemas en la lucha contra el cambio climático y la preservación de la biodiversidad en la región. La ruta de las luciérnagas es solo una de las muchas formas en que los bogotanos y visitantes pueden experimentar la riqueza natural e histórica de este entorno.
Los senderos nocturnos ofrecen una experiencia única para conectar con la ciudad y sus alrededores, alejándose del bullicio urbano. Conocer la fauna y flora que habita en estos cerros, así como las leyendas que giran en torno a ellos, añade una dimensión especial a la caminata. A continuación, algunos consejos para aprovechar al máximo tu visita.
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Dónde comer o beber
El Buen Gusto
Este acogedor restaurante en la localidad de Chapinero es conocido por su deliciosa comida típica. Prueba el ajiaco, un plato que no solo es un favorito local, sino que también es perfecto para calentar el cuerpo después de una caminata nocturna por los cerros. Insider Tip: Pregunta por el ajiaco con guascas frescas, que le da un sabor auténtico. Además, no te vayas sin probar su arequipe artesanal de postre.
La Puerta Falsa
Un clásico en el centro histórico de Bogotá, La Puerta Falsa ofrece una experiencia culinaria que ha perdurado por generaciones. Su chocolate santafereño es ideal para esos fríos de la noche. Insider Tip: Combina el chocolate con un queso fresco; la mezcla de sabores es insuperable. Además, este lugar tiene un ambiente nostálgico que te hará sentir parte de la historia de la ciudad.
El Jardín Secreto
Ubicado en la zona de Usaquén, este pequeño café es un refugio ideal para relajarte después de un largo paseo. Su especialidad son las infusiones de hierbas locales y los postres caseros. Insider Tip: No dejes de probar el bizcocho de guayaba, un deleite que resalta los sabores autóctonos. El ambiente es tranquilo y perfecto para disfrutar de una charla amena.
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