Introducción: El sonido que no esperabas en Bello Horizonte
Entre el ruido de los mototaxis y el olor a fritanga de la Calle 30, hay un taller que parece sacado de otra época. Si caminás por Bello Horizonte, Santa Marta, y te detenés frente al edificio azul —ese que tiene la fachada descascarada y un letrero medio borroso—, vas a escuchar algo que no te esperás: el golpe seco y dulce de la madera contra el cuero, el zumbido grave de una marimba de chonta. Acá, desde hace 22 años, Don Ramiro les da vida a estos instrumentos, y lo hace sin aspavientos, como quien cuida un secreto que solo el barrio conoce.
No es un taller turístico con carteles en inglés ni visitas guiadas cada hora. Es el patio de una casa donde la viruta vuela, el café siempre está caliente y el currulao suena hasta que el sol se esconde. Si sos músico, melómano o simplemente un buscador de experiencias auténticas, este lugar es de esos que te cambian la forma de ver la ciudad. En mayo de 2026, el taller sigue siendo el mismo refugio de madera y tradición.
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Cómo llegar al taller: la guía para no perderte
Bello Horizonte no es el barrio más fancy de Santa Marta, pero tiene su propio ritmo. El taller de Don Ramiro queda en la Calle 30, entre carreras 18 y 19. El punto de referencia infalible es el edificio azul de tres pisos que parece un bloque de Lego descolorido. Justo al frente, en una casa baja de puerta metálica verde, está el taller. No hay letrero grande, solo un dibujo de una marimba rayado en la pared con aerosol plateado.
Si venís desde el centro, tomá un bus que diga "Bello Horizonte" o "Mamatoco" y pedí que te bajés en la esquina de la Calle 30 con la iglesia del barrio. Desde ahí son tres cuadras hacia el norte. En mototaxi, decí "al frente del edificio azul, por la 30" y el conductor te deja en la puerta. No hay Waze preciso para este sitio; la dirección exacta no aparece en Google Maps, pero los vecinos te señalan sin problema.
El horario es relajado: Don Ramiro abre de lunes a sábado, de 9 de la mañana hasta eso de las 6 de la tarde, pero si llegás más temprano o más tarde, a veces lo encontrás igual, porque vive al lado. Lo mejor es llamar antes al número que pega en la puerta —un celular escrito con marcador— o preguntar en la tienda de la esquina si "Don Ramiro está en el taller".
Don Ramiro: el último lutier de marimba en el barrio
Don Ramiro no se hace llamar lutier, aunque eso es lo que es. Él dice que es "carpintero de músicas" y se ríe con una carcajada que retumba en el taller. Tiene 67 años, manos callosas y una memoria que se enciende cuando habla de la marimba. Llegó a Santa Marta desde Tumaco en los 80, huyendo de la violencia, y trajo en la cabeza el sonido de las marimbas de su infancia. Acá montó el taller en el patio de su casa, y desde entonces ha construido más de 300 instrumentos.
Lo que hace especial a Don Ramiro no es solo su técnica, sino que es de los pocos que todavía trabaja la chonta —una palma endémica del Pacífico— de forma artesanal. La madera la trae de la Sierra Nevada, porque en la costa Atlántica no crece fácil. "Cada marimba es un viaje", dice mientras pasa la lija sobre una tabla. "La madera me cuenta cómo quiere sonar".
Su taller es un desorden organizado: serruchos colgados, tarros de barniz, pedazos de cuero de venado secándose al sol. En una esquina, tres marimbas en distintos estados de construcción esperan turno. Don Ramiro no tiene ayudantes, trabaja solo, y cada pieza puede tomarle entre dos semanas y un mes, dependiendo de los detalles. Los músicos locales lo buscan porque saben que una marimba suya no desafina fácil y aguanta el calor húmedo de Santa Marta sin rajarse.
Una vez, un turista alemán le ofreció plata para que le enseñara el oficio en una semana. Don Ramiro le dijo: "Venga, siéntese, mire y aprenda. Pero la madera no tiene prisa". El alemán se quedó tres días y se fue con una marimba en miniatura que Don Ramiro le regaló. Esa historia la cuenta con orgullo, porque el taller no es un negocio de masas, es un lugar donde el tiempo se mide en golpes de gubla.
El sonido de la madera: proceso de fabricación paso a paso
Entrar al taller un día de trabajo es como ver a un alquimista en acción. Don Ramiro no usa máquinas eléctricas, salvo un taladro viejo que apenas funciona. Todo lo hace a mano, con herramientas que parecen heredadas de su abuelo. Acá te cuento cómo es el proceso, contado por él mismo mientras trabaja.
Paso 1: La búsqueda de la chonta
La chonta no se compra en cualquier lado. Don Ramiro tiene un contacto en Minca que le baja palmas caídas de la montaña. La madera debe estar seca, sin grietas, y de un grosor específico. "Si la chonta está verde, la marimba suena a cartón", explica. La deja reposar al menos seis meses en un rincón del taller, cubierta con costales, para que pierda la humedad. Cuando la golpea con los nudillos, sabe si está lista.
Paso 2: El corte de las teclas
Con un serrucho de dientes finos, corta la madera en láminas rectangulares de diferentes largos. Las teclas graves miden hasta 50 centímetros; las agudas, apenas 15. Cada una se afina individualmente: Don Ramiro raspa la parte inferior con un cepillo y va probando el sonido golpeando la tecla contra una superficie de cuero. El oído es su único afinador. "Tiene que cantar, no chillar", dice, y se ríe cuando una tecla suena demasiado aguda. "Esta se fue pa' arriba, le toca dieta de viruta".
Paso 3: El armazón y los resonadores
El bastidor de la marimba lo hace con cedro, una madera liviana que no opaca el sonido. Debajo de cada tecla coloca un resonador de guadua, cortado a la medida exacta para amplificar el tono. Los resonadores son como pequeños tubos que cuelgan en fila, y Don Ramiro los ajusta con cera de abejas para sellar las uniones. "La cera es la que le da ese sonido redondo, como de tambor lejano", explica.
Paso 4: El cuero y el toque final
Las baquetas (los palos para tocar) las forra con cuero de venado crudo, que compra a un cazador de la Sierra. El cuero debe estar curtido al sol, pero sin perder la flexibilidad. Don Ramiro lo corta en tiras finas y lo enrolla en las puntas de madera. "El cuero es el que besa la tecla", dice con una sonrisa pícara. "Si está muy duro, la marimba suena a piedra".
El proceso completo, desde la madera hasta la marimba lista, puede tomar un mes. Don Ramiro no hace más de dos al mes, y cada una la prueba durante días antes de entregarla. "No me gusta que el cliente tenga que devolverla. Una marimba es como un hijo, hay que criarla bien".
Las noches de ensayo: cuando el barrio suena a currulao
Los jueves por la noche, el taller se transforma. Don Ramiro corre las mesas de trabajo, despeja el piso y saca las marimbas al patio. Llegan sus amigos: dos percusionistas del barrio, un cantador que trabaja en el mercado y un par de jóvenes que aprenden a tocar. No hay micrófonos ni amplificadores. Solo la madera, el cuero y las voces.
El currulao que suena ahí no es el de los festivales turísticos. Es el que se tocaba en los pueblos del Pacífico, con versos improvisados y un ritmo que te agarra los pies. Don Ramiro se sienta en una silla de plástico, coge las baquetas y empieza a marcar el compás. Los vecinos se asoman a las ventanas, algunos se sientan en la acera a escuchar. "Aquí no hay ruido de malo, es ruido de cultura", dice Doña Lilia, la vecina de al lado, que baja con un termo de café para los músicos.
Las noches de ensayo no tienen horario fijo. A veces empiezan a las 7 y terminan a las 10; otras se alargan hasta la medianoche si la energía está buena. No hay lista de invitados, pero si llegás con respeto y ganas de escuchar, Don Ramiro te ofrece una silla. "El currulao no es para mirar, es para sentir", dice mientras sus manos vuelan sobre las teclas. Es una experiencia que no se paga con plata, pero que deja una marca en el alma.
Para mayo de 2026, las noches de ensayo siguen siendo el corazón del taller. Si querés vivirlas, lo mejor es preguntar el mismo jueves en la tarde, porque a veces Don Ramiro las cancela si está terminando un encargo urgente. Pero si hay suerte, te vas a encontrar con un barrio que suena a tradición viva.
Dónde comprar una marimba o aprender a tocarla
Si después de escuchar a Don Ramiro te dan ganas de llevarte una marimba, tenés opciones. El taller vende instrumentos completos, desde marimbas de concierto (con 25 teclas, desde 1.200.000 COP) hasta versiones más pequeñas de 12 teclas (alrededor de 450.000 COP). También hace marimbas en miniatura, perfectas para decorar o regalar, por unos 80.000 COP. Estos son precios de referencia de mayo de 2026, sujetos a cambios según la madera disponible.
Comprar una marimba no es como comprar un souvenir. Don Ramiro te va a preguntar para qué la querés, si sabés tocar o si pensás aprender. Si no sabés, te ofrece un curso básico de cuatro sesiones (sábados por la mañana, 50.000 COP cada una) donde te enseña los golpes fundamentales del currulao y cómo cuidar el instrumento. "La marimba no es un adorno, es una amiga que necesita cariño", dice.
Si no querés comprar, podés encargar una hecha a tu medida. Don Ramiro toma medidas de tu altura y la fuerza de tus manos para ajustar la separación de las teclas. "Cada músico tiene su mano, y la marimba tiene que acomodarse a ella", explica. El tiempo de entrega es de tres a cuatro semanas, y podés ir a ver el proceso cuando quieras.
También podés llevar tu propia marimba para reparación o afinación. Don Ramiro cobra desde 50.000 COP por una afinación completa, y él mismo te dice si vale la pena o si es mejor hacer una nueva. "A veces la madera ya no da más, y toca jubilarla con honores", dice con un tono que mezcla humor y respeto.
Cómo llegar y transporte al barrio Bello Horizonte
Bello Horizonte está al norte de Santa Marta, a unos 15 minutos en bus desde el centro. La forma más fácil de llegar es desde la Terminal de Transporte o desde la Avenida del Río. Buscá buses con letrero "Bello Horizonte" o "Mamatoco", que pasan cada 10 minutos. El pasaje cuesta 2.200 COP (precio de referencia de mayo de 2026).
En mototaxi, desde cualquier punto de la ciudad, el viaje cuesta entre 5.000 y 8.000 COP, dependiendo de la distancia. Decí "hasta la Calle 30 con edificio azul" y el conductor te deja en la puerta del taller. Si venís en carro particular, podés estacionar en la calle sin problema, pero cuidado con los huecos en la vía después de las lluvias.
Para los turistas que vienen de otras ciudades, la mejor opción es tomar un taxi desde el aeropuerto Simón Bolívar hasta el barrio (unos 25.000 COP, negociando). También podés usar apps de transporte, pero a veces no llegan hasta la Calle 30 exacta; es mejor poner como destino la "Iglesia de Bello Horizonte" y caminar las tres cuadras hasta el edificio azul.
Tips locales para aprovechar la visita
- Llegá temprano. Don Ramiro está más conversador en la mañana, antes de que el calor apriete. Si llegás después de las 11, se pone a trabajar en silencio y es más difícil que te cuente historias.
- Llevá efectivo. El taller no tiene datáfono ni recibe transferencias. Los precios son en pesos colombianos y es mejor pagar en billetes pequeños.
- No llevés prisa. Una visita al taller puede durar 20 minutos o dos horas, dependiendo de cómo fluya la charla. Don Ramiro no cronometra las visitas, pero si ves que está concentrado en un trabajo delicado, esperá a que termine para preguntar.
- Respetá el espacio. El taller es su casa y su lugar de trabajo. No toqués las herramientas ni las marimbas sin preguntar. Si querés probar una tecla, pedile permiso y él mismo te va a pasar una baqueta.
- Combiná con un paseo por el barrio. Bello Horizonte tiene una plaza principal con una iglesia bonita y puestos de comida. Probá un jugo de zapote en la esquina o un patacón con suero, que son especialidad de las señoras del barrio.
- Si vas a las noches de ensayo, llevá algo para compartir. Don Ramiro ofrece café, pero si llegás con un paquete de galletas o una gaseosa, te ganás su corazón y el de los músicos.
Preguntas frecuentes
¿Puedo visitar el taller sin cita previa?
Sí, podés llegar sin avisar, pero tené en cuenta que Don Ramiro a veces sale a buscar madera o atiende encargos fuera del taller. Lo mejor es llamar al número que está pegado en la puerta del taller (un celular escrito con marcador) o preguntar en la tienda de la esquina. Si no contestan, podés dejar razón y volver más tarde.
¿Cuánto cuesta una marimba hecha por Don Ramiro?
Los precios de referencia de mayo de 2026 van desde 450.000 COP por una marimba pequeña de 12 teclas hasta 1.200.000 COP por una de concierto con 25 teclas. Las marimbas en miniatura cuestan alrededor de 80.000 COP. Estos precios pueden variar según la disponibilidad de madera de chonta y el tiempo de trabajo. Se recomienda consultar directamente con Don Ramiro para precios actualizados.
¿Se puede aprender a tocar marimba en el taller?
Sí, Don Ramiro ofrece clases básicas los sábados por la mañana. Son cuatro sesiones de una hora cada una, con un costo de 50.000 COP por sesión. Te enseña los golpes fundamentales del currulao, cómo afinar el oído y cómo cuidar el instrumento. No necesitás experiencia previa, solo ganas de aprender y paciencia.
¿El taller vende marimbas para envío a otras ciudades?
Don Ramiro prefiere que la gente vaya al taller a conocer el instrumento antes de comprarlo, pero si estás fuera de Santa Marta, podés coordinar un envío. Él mismo empaca la marimba en una caja de madera y la envía por transportadora. El costo del envío corre por cuenta del comprador y se negocia directamente con él. No tiene página web ni redes sociales, así que todo se maneja por llamada o en persona.
¿Hay algún otro lugar en Santa Marta donde se pueda escuchar currulao en vivo?
Además del taller de Don Ramiro, podés encontrar presentaciones de currulao en la Casa de la Cultura de Santa Marta, especialmente durante las fiestas patronales de noviembre. También hay grupos locales que tocan en la Plaza de Bolívar los fines de semana, pero no es tan frecuente. El taller de Don Ramiro sigue siendo el lugar más auténtico y constante para escuchar este ritmo en el barrio.
Qué hacer
Taller de marimba
Visitar el taller de marimba es una experiencia única. Aquí no solo aprenderás sobre la música tradicional de la región, sino que también podrás participar en clases donde la marimba se convierte en el corazón de la cultura local. Escucharás historias de los maestros que han dedicado su vida a este arte.
Insider Tip: Pregunta si hay sesiones abiertas al público donde puedas tocar o simplemente disfrutar de una presentación. Así, podrás conectar más con la esencia del lugar.
Parque de los Novios
Un excelente lugar para relajarte después de tu visita al taller. Este parque es un punto de encuentro para los locales y ofrece un ambiente perfecto para disfrutar de un buen libro o simplemente observar el ir y venir de la gente.
Insider Tip: Lleva un picnic con algunas delicias locales, como arepas o empanadas, y disfruta de la gastronomía en medio de la naturaleza. Los fines de semana suelen haber eventos culturales, así que mantente atento a la programación.
Plaza de Mercado de Santa Marta
Un lugar vibrante donde puedes encontrar productos frescos y artesanías. Aquí, la vida local se despliega en su máxima expresión, y es el lugar ideal para probar frutas exóticas y otros sabores de la región.
Insider Tip: No dudes en hablar con los vendedores. Ellos son una fuente de conocimiento sobre los productos y pueden recomendarte platos típicos para que pruebes en tu visita.
Dónde comer o beber
La Cabaña
Este restaurante es famoso por su pescado frito y sus deliciosos patacones. La Cabaña se llena de locales, lo que garantiza una experiencia auténtica. Insider Tip: No te vayas sin probar su salsa de ajo, es el complemento perfecto para cualquier plato de mariscos.
Restaurante El Patio
Con un ambiente acogedor y platos típicos de la región, El Patio es ideal para disfrutar de un buen ajiaco. Su ubicacion cerca del taller de marimba lo hace perfecto para una pausa después de la música. Insider Tip: Pregunta por las recomendaciones del chef, suelen tener platos del día que son un verdadero hallazgo.
La Pescadería
Un lugar que combina frescura y sabor. Aquí puedes seleccionar el pescado que deseas comer y ellos lo preparan al instante. Insider Tip: Ve temprano, ya que los mejores pescados suelen agotarse rápido, especialmente los fines de semana.
