El Rumor de los Túneles Secretos
Si caminas por el centro de Santa Marta y te fijas bien en el suelo, tal vez notes algo extraño. Una rejilla de ventilación en una calle empedrada. Una puerta de madera oxidada al nivel de la acera, casi invisible entre los puestos de frutas. Un sótano que no debería estar ahí. Los samarios que crecimos escuchando historias de la abuela sabemos que bajo nuestros pies hay otra ciudad. Una red de túneles coloniales que algunos llaman catacumbas, otros llaman pasadizos de contrabando, y muchos creen que solo existen en la imaginación de los viejos. Pero la verdad es más interesante que cualquier mito.
Desde la época en que Santa Marta era el puerto más importante del Caribe neogranadino, circularon rumores sobre galerías subterráneas que conectaban la Catedral con el mar, el convento de San Francisco con la Casa de la Aduana, y la Quinta de San Pedro Alejandrino con la bahía. Se decía que por ahí pasaban oro, esclavos fugados, cartas de piratas y hasta santos escondidos durante las persecuciones. Hoy, en mayo de 2026, el misterio sigue vivo. Algunos tramos han sido descubiertos por accidente durante obras de alcantarillado. Otros permanecen sellados, esperando a que alguien se atreva a buscar.
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Orígenes
Una ciudad construida sobre arena y piedra
Santa Marta fue fundada en 1525 por Rodrigo de Bastidas, lo que la convierte en la ciudad más antigua de Colombia. Pero lo que pocos saben es que el trazado original no era el que vemos hoy. Los primeros españoles construyeron sobre una aldea indígena, y el terreno, entre la Sierra Nevada y el mar, era pantanoso. Para cimentar las primeras iglesias y casas fuertes, cavaron profundos sótanos que servían como bodegas, capillas y refugios.
Con el tiempo, esos sótanos se conectaron entre sí. Los historiadores locales creen que la red de túneles comenzó como un sistema de drenaje y almacenamiento, pero pronto se volvió estratégico. En el siglo XVI, Santa Marta era blanco constante de ataques de piratas ingleses y franceses, como el famoso John Hawkins o Francis Drake. Los españoles necesitaban una forma de mover mercancías, personas y documentos sin ser vistos desde el mar. Así nacieron los túneles.
Contrabando y fe: el doble propósito
El contrabando era el motor económico de la ciudad. Mientras la Corona española prohibía el comercio con otras naciones, los samarios vendían perlas, oro y cacao a cambio de telas, vino y esclavos. Los túneles permitían sacar la mercancía del puerto directamente a las casas de los comerciantes, sin pagar impuestos ni llamar la atención. Al mismo tiempo, las órdenes religiosas —dominicos, franciscanos, jesuitas— usaban los pasadizos para trasladar objetos de culto y, según algunas crónicas, para esconder a indígenas y esclavos que huían de la explotación.
La Catedral de Santa Marta, construida entre 1760 y 1790 sobre una iglesia anterior, tiene un sótano enorme que algunos aseguran conecta con el mar. Los guías turísticos cuentan que por ahí se escapaban los curas cuando llegaban los piratas. Pero los arqueólogos que han estudiado el lugar dicen que la conexión real es con el antiguo convento de Santo Domingo, hoy desaparecido, cuyos cimientos están debajo del Parque de Bolívar.
Línea de tiempo o hitos históricos
- 1525: Fundación de Santa Marta. Primeros sótanos cavados para almacenar provisiones y protegerse de ataques indígenas.
- 1543: Ataque del pirata francés Jean-François Roberval. Se menciona por primera vez en documentos españoles la existencia de "pasos subterráneos" para evacuar la ciudad.
- 1596: Francis Drake quema Santa Marta. Los túneles salvan a varios sacerdotes y al tesoro de la Catedral.
- 1760-1790: Construcción de la Catedral actual. Se amplía la red de sótanos y se conectan con el convento de San Francisco (hoy Museo del Oro Tairona).
- 1810-1820: Durante la Independencia, los túneles sirven como escondite para soldados realistas y patriotas. Se pierden mapas originales.
- 1920: Un derrumbe en la Calle 14 revela un tramo de túnel con huesos humanos. El hallazgo se oculta por temor a saqueos.
- 1970: Durante la construcción del alcantarillado en la Carrera 5, obreros encuentran una bóveda de ladrillo con monedas coloniales. El sitio es tapiado nuevamente.
- 2016: El Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) realiza un estudio de georradar en el centro histórico. Detecta anomalías que coinciden con posibles túneles bajo la Calle 17 y la Plaza de la Aduana.
- 2023: Una excavación para instalar fibra óptica en la Calle 10 deja al descubierto una escalera de piedra que desciende a una cámara sellada. Vecinos reportan "ruidos de cadenas" por las noches.
Personajes o hechos clave
Rodrigo de Bastidas: el fundador que lo sabía todo
El conquistador español no solo trazó las calles. Según el historiador samario Eduardo Posada Carbó, Bastidas ordenó construir "cuevas artificiales" bajo su casa, ubicada donde hoy está el Hotel Santa Marta (Calle 17 con Carrera 3). Esa casa, que funcionó como primera sede del gobierno, tenía un pasadizo que llegaba hasta la playa. Bastidas, que conocía bien el Caribe, sabía que los piratas atacarían tarde o temprano. Quería una ruta de escape. Hoy, el hotel tiene un sótano que los empleados llaman "el calabozo", pero nadie ha podido confirmar si sigue conectado con el mar.
El obispo Francisco de la Torre: el hombre que selló los túneles
A finales del siglo XVIII, el obispo de Santa Marta, Francisco de la Torre, ordenó tapiar la mayoría de los accesos a los túneles. La razón oficial era "evitar pecados y malos hábitos", pero los cronistas de la época cuentan que en realidad quería detener el contrabando de licor y tabaco que entraba por las catacumbas. De la Torre hizo construir muros de piedra y cal en las entradas conocidas, pero los comerciantes simplemente cavaron nuevas salidas. Su legado es que hoy sea casi imposible encontrar un mapa completo de la red.
El pirata "Barbanegra" de Santa Marta: el mito de Edward Teach
Una leyenda local asegura que el pirata inglés Edward Teach, más conocido como Barbanegra, visitó Santa Marta en 1717 y usó los túneles para esconder un tesoro. La historia dice que enterró cofres de oro y joyas bajo la Catedral, y que su fantasma aún vaga por los pasadizos. No hay evidencia histórica de que Teach haya estado en la ciudad, pero la leyenda es tan popular que algunos guías turísticos la repiten como cierta. Lo que sí es real es que en 1975, durante una remodelación del atrio de la Catedral, se encontraron monedas de oro del siglo XVIII. Nadie sabe si eran parte del tesoro del pirata o de algún comerciante local.
Los esclavos cimarrones: los verdaderos dueños de las sombras
Los túneles no solo fueron usados por españoles y piratas. Los esclavos africanos que trabajaban en el puerto y las minas de la Sierra Nevada conocían la red mejor que nadie. Durante el siglo XVII, muchos escaparon por los pasadizos hacia el interior, donde fundaron palenques (comunidades libres). El más famoso fue el Palenque de la Ramada, en las estribaciones de la Sierra, cuyos descendientes aún viven en la vereda de Minca. Los cimarrones dejaron marcas en las paredes de los túneles: cruces, símbolos africanos y fechas grabadas con carbón. Algunos de esos grafitis han sido documentados por arqueólogos, pero la mayoría permanece oculta.
Estado actual
¿Qué se puede visitar hoy?
La respuesta corta es: muy poco. La mayoría de los túneles están sellados, tapiados o simplemente perdidos bajo el asfalto. Sin embargo, hay algunos lugares donde puedes asomarte al mundo subterráneo:
- Museo del Oro Tairona (Carrera 2 #14-10): Este edificio, que fue el convento de San Francisco, tiene un sótano colonial abierto al público. No es un túnel completo, pero sí una bóveda de ladrillo que servía como bodega. La entrada cuesta aproximadamente $5.000 COP (precios de referencia de mayo de 2026). Abierto de martes a domingo, 9am-5pm.
- Iglesia de San Francisco (Calle 16 #2-15): Detrás del altar hay una puerta que lleva a una cripta con osarios. Según el párroco, esa cripta se conectaba con el mar. Hoy solo se permite la entrada con cita previa y no se recomienda para claustrofóbicos.
- Quinta de San Pedro Alejandrino (Avenida del Libertador #1-20): Este lugar, famoso por ser donde murió Simón Bolívar, tiene un sistema de acueductos subterráneos que algunos consideran parte de la red de túneles. No son visitables, pero el jardín tiene rejillas que dejan ver el agua corriendo bajo tierra.
- La Calle 10 entre Carreras 4 y 5: En 2023, una excavación dejó al descubierto una escalera. Hoy está cubierta con una tapa metálica. Los vecinos dicen que si te acercas de noche, se escuchan pasos. No hay acceso público.
El proyecto de exploración urbana
Desde 2024, un grupo de historiadores y espeleólogos aficionados llamado "Samarios Subterráneos" ha estado mapeando los túneles con drones y escáneres láser. Han identificado al menos 12 puntos de entrada potenciales en un radio de 10 cuadras alrededor de la Catedral. Su objetivo es abrir un tramo al público para 2027, pero se enfrentan a la burocracia del ICANH y a la falta de fondos. Mientras tanto, organizan caminatas nocturnas por el centro histórico donde cuentan las leyendas y muestran fotos de los hallazgos. Puedes encontrarlos en redes sociales como @samariossubterraneos (no afiliados a Malokal).
Precauciones y datos prácticos
- No intentes entrar por tu cuenta: Los túneles no están reforzados. Hay riesgo de derrumbe, inundación o encuentro con animales (murciélagos, ratas, serpientes). Además, la mayoría son propiedad privada o del Estado.
- Si ves una entrada abierta, repórtala: Llama a la Oficina de Patrimonio de la Alcaldía de Santa Marta (teléfono disponible en la página web de la alcaldía). No entres.
- Mejor época para explorar la historia: Diciembre a marzo, cuando no llueve. En temporada de lluvias (abril-noviembre), los túneles se inundan.
- Lleva linterna y calzado cerrado: Si visitas el sótano del Museo del Oro, el piso es irregular y la luz es tenue.
Dato curioso que pocos conocen
En 1958, durante la construcción del edificio de la Gobernación del Magdalena (Carrera 1 con Calle 17), los obreros encontraron un túnel que contenía una campana de bronce del siglo XVII. La campana tenía inscripciones en latín que decían "Libertad para los oprimidos". Se cree que perteneció a una capilla clandestina donde se bautizaba a esclavos fugados. Hoy, la campana está en el Museo de la Catedral, pero pocos saben que vino de las catacumbas.
Conclusión (sin llamarla así)
Las catacumbas olvidadas de Santa Marta son más que un mito turístico. Son la prueba de que la ciudad tiene capas, como una cebolla, y que cada capa cuenta una historia de resistencia, codicia y fe. Mientras las autoridades deciden si abrirlas al público o dejarlas selladas para siempre, el rumor sigue vivo. La próxima vez que camines por el centro, mira hacia abajo. Tal vez veas una rejilla que respira, una puerta que no debería estar ahí, o un escalón que desciende a la oscuridad. Y si escuchas pasos, no te asustes. Puede que solo sea el eco de un esclavo que huyó hace 400 años, o el de un pirata que todavía busca su tesoro.
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