Orígenes
Si caminas por el Centro Histórico de Santa Marta un 7 de diciembre, justo al caer la tarde, verás algo que pocos turistas alcanzan a presenciar. No son las luces de neón de la Zona Rosa ni el bullicio de las discotecas del Rodadero. Es un destello tenue, casi tímido, que brota de las aceras, los balcones y las esquinas empedradas. Son velones. Cientos de velones encendidos que convierten las calles en un río de luz temblorosa. Esto no es un simple adorno navideño. Es La Noche de los Velones, un ritual que lleva siglos marcando el pulso espiritual de la ciudad.
Para entender de dónde viene esta tradición hay que remontarse mucho antes de que Santa Marta fuera el puerto turístico que es hoy. Los primeros en encender velas en estas costas no fueron los españoles. Los indígenas taironas, que habitaban la Sierra Nevada de Santa Marta y las estribaciones que bajan hasta la bahía, tenían ceremonias de luz asociadas a los ciclos de la luna y a la siembra. Encendían fogatas y antorchas de resina para agradecer a la Madre Tierra por la cosecha y para guiar a los espíritus de los ancestros en su tránsito nocturno. Cuando llegaron los conquistadores y luego los misioneros católicos, esa costumbre de iluminar la oscuridad se fusionó con el calendario religioso europeo.
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El 7 de diciembre es la víspera de la Inmaculada Concepción, una de las festividades marianas más importantes para la Iglesia Católica. La tradición de encender velas esa noche llegó a América con los españoles, pero en Santa Marta no se quedó como un mero acto litúrgico. Aquí se mezcló con el respeto indígena por la noche y con las prácticas de sanación de los esclavos africanos que llegaron al puerto. En los patios de las casas coloniales del centro, las cocineras y los trabajadores libres empezaron a poner velas no solo en honor a la Virgen, sino también para pedir por la salud de un familiar enfermo, para agradecer un favor recibido o para alejar las malas energías. Así nació La Noche de los Velones como la conocemos: un ritual sincrético, íntimo y profundamente samario.
Línea de tiempo o hitos históricos
Siglo XVI – La llegada de la tradición católica
Los frailes dominicos y franciscanos que acompañaron a Rodrigo de Bastidas en la fundación de Santa Marta (1525) introdujeron la festividad de la Inmaculada Concepción. Las primeras velas se encendieron dentro de las capillas y en las fachadas de las pocas casas de piedra que existían. Era un acto exclusivamente religioso, controlado por la Iglesia.
Siglo XVIII – El sincretismo popular
Con el auge del puerto y la llegada de esclavos africanos, la tradición se expandió. Las velas salieron de las iglesias y se colocaron en las puertas de las viviendas del barrio San Miguel (hoy parte del Centro Histórico) y en el barrio de Pescaíto. La gente empezó a asociar la luz de los velones con la protección del hogar y la purificación del ambiente. Nació el término local "velón" para referirse a la vela grande, de cera o parafina, que se deja arder toda la noche.
Década de 1950 – El apogeo del ritual
Santa Marta era aún una ciudad tranquila, sin el boom turístico. La Noche de los Velones era uno de los eventos más esperados del año. Las familias preparaban sus velones durante semanas. Los niños salían a pedir "la velita" a los vecinos, y las calles del centro se llenaban de un olor a cera derretida y a flores. Los comerciantes de la Calle 10 y la Calle 14 competían por tener la hilera de velas más larga frente a sus locales. Era una fiesta de barrio, sin alcaldías ni patrocinios.
Década de 1980 – El declive por la modernidad
Con la llegada de la electricidad masiva, las luces navideñas LED y el crecimiento de la ciudad hacia el Rodadero, la tradición empezó a perder fuerza. Muchas familias se mudaron del centro a conjuntos cerrados. Los velones fueron reemplazados por decoraciones eléctricas. El ritual quedó relegado a unos pocos barrios tradicionales y a las personas mayores que aún recordaban su significado.
2010 – 2020 – El rescate por parte de la comunidad
Colectivos culturales y gestores del Centro Histórico comenzaron a organizar caminatas de velones para revitalizar la tradición. La Alcaldía de Santa Marta incluyó el evento en la programación navideña oficial, aunque con un enfoque más turístico que espiritual. En mayo de 2026, el ritual sigue vivo, pero en riesgo de convertirse en un mero espectáculo para selfies si no se preserva su esencia.
Personajes o hechos clave
Doña Matilde Pinedo – La última veladora del Centro
Doña Matilde, nacida en 1942 en una casa de la Calle 16 con Carrera 5, es una de las pocas personas que mantiene vivo el ritual con el mismo rigor que hace 60 años. Ella no solo enciende velones. Los prepara: compra la cera en la Plaza de Mercado, los vierte en moldes de lata y les añade esencias de ruda y albahaca para "alejar las malas vibras". Su testimonio es clave para entender el ritual. "No es solo prender una vela y ya", dice. "Uno tiene que poner la intención. Pedir con el corazón. Si uno prende un velón y está pensando en la pelea que tuvo con el vecino, ese velón no sirve de nada".
El padre Juan Bautista – El sincretismo olvidado
En la década de 1960, el padre Juan Bautista, párroco de la Catedral Basílica de Santa Marta, intentó purificar la tradición eliminando los elementos "paganos" (las hierbas, las peticiones personales a los santos no oficiales). Su intento fracasó. La gente del centro le dio la espalda y siguió encendiendo sus velones en las aceras, fuera de la iglesia. Este hecho marcó un antes y un después: la Noche de los Velones quedó definitivamente en manos del pueblo, no de la institución religiosa.
El recorrido de las velas – Las calles clave
El ritual no se hace en cualquier parte. Tiene una geografía sagrada dentro del Centro Histórico. Las calles donde aún se concentra la tradición son:
- Calle 14 (entre Carrera 2 y Carrera 4): Aquí se encuentra la casa de Doña Matilde y varias casonas coloniales que han sido restauradas. Es el corazón del ritual. Las velas se colocan directamente sobre el adoquín, formando una línea continua que parece una alfombra de luz.
- Plaza de Bolívar: Alrededor de la estatua del Libertador, los vendedores informales instalan puestos de velones, flores y velas aromáticas. Es el punto más concurrido por turistas.
- Parque de los Novios: En la Calle 17 con Carrera 3, las parejas encienden velones para pedir por la estabilidad de su relación. Es una tradición reciente, de unos 20 años, pero ya se ha arraigado.
- Barrio San Miguelito (alrededor de la Iglesia de San Miguel): Es el barrio más antiguo de Santa Marta, donde viven las familias de pescadores. Aquí el ritual es más austero: velones pequeños, sin adornos, colocados en latas de atún recicladas. La intención es pedir por la seguridad de los que salen a navegar.
El significado espiritual: peticiones, agradecimientos y sanación
La Noche de los Velones no es un carnaval. Es un acto de comunicación con lo divino, sea cual sea la concepción que cada persona tenga de eso. En Santa Marta, el ritual tiene tres capas de significado que a menudo se mezclan:
- Petición: Se enciende un velón para pedir algo específico: la salud de un familiar, un empleo, que un hijo regrese a casa. La vela debe arder hasta consumirse por completo. Si se apaga antes, se interpreta como que la petición fue escuchada pero que el camino será difícil.
- Agradecimiento: Mucha gente enciende velones para dar las gracias por un favor recibido durante el año. Es común ver velones blancos (los de agradecimiento) y velones amarillos (los de petición de dinero o trabajo). Los velones rojos se usan para el amor, pero con cuidado: "el rojo atrae pasión, pero también peleas si no se maneja bien", advierte Doña Matilde.
- Sanación y limpieza espiritual: Esta es la capa más profunda y la menos visible para los turistas. Algunas personas, especialmente las mayores, colocan los velones en las esquinas de las calles, donde se cruzan los vientos. La idea es que la luz purifica el ambiente y "barre" las energías negativas que se acumulan en los hogares. También es común poner velones en los umbrales de las puertas para que ningún espíritu dañino entre durante la noche.
Un dato curioso que muy poca gente conoce: en algunas casas del centro, los velones se colocan dentro de un círculo de sal gruesa. La sal, en la tradición africana y tairona, es un elemento de protección. El círculo evita que la energía negativa se disperse. Si ves un círculo de sal alrededor de un velón, estás ante un ritual de limpieza profunda, no ante una simple decoración navideña.
Testimonios de participantes locales: cómo se vive desde adentro
Carlos "Caco" Mendoza – Pescador del barrio San Miguelito
"Yo no falto a la Noche de los Velones desde que tengo uso de razón. Mi papá me llevaba de niño. Él encendía un velón por cada viaje de pesca que había salido bien. Ahora yo hago lo mismo. El 7 de diciembre, antes de salir al mar, enciendo mi velón en la puerta de mi casa, en la Carrera 1 con Calle 11. No pido por plata. Pido por que el mar me respete. El año pasado, un velón se partió en dos mientras ardía. Al día siguiente, el motor de mi bote se dañó. No fue casualidad. Ese velón me estaba avisando".
María Fernanda Rueda – Guía de turismo y gestora cultural
"Yo empecé a organizar caminatas de velones hace cinco años, porque vi que la tradición se estaba perdiendo. Los turistas llegaban a Santa Marta el 7 de diciembre y no tenían idea de lo que estaba pasando. Veían las velas y pensaban que era un evento de la Alcaldía. No sabían que era un ritual de barrio. Ahora, en mis recorridos, explico que cada vela tiene una historia. La gente se conecta mucho. He visto extranjeros llorar cuando entienden que no es un show, sino una forma de pedir por los que ya no están. El año pasado, una señora de Alemania encendió un velón por su madre, que había fallecido en pandemia. Eso es lo que hace especial esta noche: no importa de dónde vengas, todos tenemos algo que pedir o agradecer".
Don Hernán Díaz – Comerciante de la Calle 14
"Yo tengo una ferretería aquí desde 1975. Antes, el 7 de diciembre era el día más importante del año para el comercio. La gente compraba velas, fósforos, latas. Ahora vendo más luces LED que velones. Da tristeza. Pero todavía hay quienes vienen a comprarme los velones grandes, los de toda la vida. Les pongo un precio especial ese día, porque sé que es una tradición que hay que cuidar. El año pasado, un muchacho joven me compró 20 velones. Le pregunté para qué tantos. Me dijo: 'Para ponerlos en la casa de mi abuela, que ya no puede salir'. Eso me dio esperanza".
Contraste con la fiesta moderna: por qué este ritual está desapareciendo
Es imposible hablar de la Noche de los Velones sin mencionar lo que ha pasado en los últimos 15 años. Santa Marta ha crecido. El Centro Histórico se ha llenado de hostales, bares y restaurantes para turistas. El 7 de diciembre, muchas calles que antes se llenaban de velones ahora se llenan de mesas y sillas de plástico. La música a todo volumen de los bares ahoga el silencio que el ritual necesita. Los velones compiten con las pantallas LED de los locales comerciales. Es un contraste brutal: la luz temblorosa de la cera contra la luz fría de los anuncios publicitarios.
Además, la Alcaldía ha intentado "institucionalizar" la tradición. En los últimos años, han organizado un "Festival de la Luz" que incluye conciertos, espectáculos de láser y shows de fuegos artificiales. El problema es que eso no tiene nada que ver con el ritual original. La Noche de los Velones es silenciosa, íntima, casera. No necesita un escenario. Necesita que la gente apague el televisor, salga a la puerta de su casa y encienda una vela con intención. Eso no se puede fabricar desde una oficina municipal.
Otro factor es la gentrificación. Muchas familias tradicionales del centro han vendido sus casas y se han mudado a barrios más alejados como Mamatoco o Gaira. Las nuevas viviendas son apartamentos en conjuntos cerrados, donde no hay acera para colocar velones. El ritual se ha desplazado a los barrios periféricos, pero sin el contexto histórico del centro, pierde parte de su significado. En Mamatoco, por ejemplo, la gente enciende velones, pero lo hace dentro de sus casas, no en la calle. La dimensión comunitaria se ha perdido.
Sin embargo, no todo está perdido. En mayo de 2026, hay señales de que una nueva generación está redescubriendo el ritual. Jóvenes artistas y músicos del centro han empezado a organizar "velatones" alternativos, donde combinan la tradición de las velas con conciertos acústicos y lecturas de poesía. No es lo mismo que el ritual original, pero al menos mantiene viva la llama. Literalmente.
¿Cómo vivir la Noche de los Velones como un local?
Si estás en Santa Marta un 7 de diciembre, olvídate del Rodadero y de las discotecas. La experiencia real está en el Centro Histórico. Aquí te doy algunas recomendaciones para que vivas el ritual con respeto y sin parecer un turista más:
- Compra tu velón en la Plaza de Mercado: No compres velas aromáticas de supermercado. Ve a la Plaza de Mercado de Santa Marta (Carrera 1 con Calle 11) y busca los puestos de velas artesanales. Pregunta por los velones de cera de abeja
Estado actual
La Noche de los Velones ha ido recuperando su relevancia en los últimos años, convirtiéndose en un evento que atrae tanto a locales como a turistas curiosos por conocer esta tradición que ilumina el Centro Histórico de Santa Marta. Sin embargo, el estado actual de esta festividad refleja una mezcla de modernidad y tradición, donde las nuevas generaciones comienzan a revalorar el ritual que ha sido parte de la cultura samaria por décadas.
Este evento, que se celebra el 7 de diciembre, no solo es un espectáculo visual, sino que también es una manifestación de la identidad cultural de la región. En años recientes, se han incorporado elementos contemporáneos, como música en vivo y actividades artísticas, que complementan la experiencia tradicional. Sin embargo, es importante señalar que algunas de las costumbres originales, como la preparación de los velones de cera y su disposición en las calles, se han mantenido intactas, lo que permite a los asistentes conectarse con la historia local.
Plaza de los Novios
Insider Tip: Llega temprano para encontrar un buen lugar en la plaza, donde los velones crean un ambiente mágico. No olvides probar un "arequipe" de la zona, que se vende cerca, para disfrutar de una combinación perfecta con la festividad.
Parque de los Novios
Insider Tip: Este parque es ideal para disfrutar de música en vivo mientras se observa la iluminación. Lleva una manta para sentarte y disfruta de la compañía de los amigos y la familia, creando una atmósfera de comunidad.


