La historia del taller de bicicletas más viejo del centro de Sabaneta
En el corazón de Sabaneta, entre calles que aún guardan el olor a café y el sonido de herramientas golpeando metal, existe un lugar que parece detenido en el tiempo. Es un taller de bicicletas que abrió sus puertas en 1960, cuando Sabaneta era apenas un corredor de casas de bahareque y potreros. Hoy, en julio de 2026, sigue funcionando casi igual que hace seis décadas: sin letrero, sin redes sociales, sin horario fijo. Solo los que saben, saben.
El fundador fue don Jesús María "Chucho" Ramírez, un campesino que aprendió a reparar bicicletas en Medellín y decidió montar su propio negocio en la esquina de la carrera 43A con calle 45, donde hoy queda el parque principal. Pero en los años 60, ese sector era pura tierra y piedra. Chucho armó un toldo de zinc, colgó tres llantas viejas y empezó a recibir bicicletas de toda la región. Los arrieros llegaban desde Caldas y Envigado con bicicletas destartaladas que solo él sabía cómo dejar funcionando.
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El taller pasó de padre a hijo, y luego al nieto: don Alberto Ramírez, un señor de 58 años que hoy atiende personalmente cada bicicleta que llega. Alberto heredó no solo las herramientas, sino también los secretos: cómo enderezar un marco torcido sin prensa, cómo soldar una horquilla partida con una técnica que nadie más conoce, y cómo reconocer una bicicleta italiana de los años 50 solo por el sonido de los pedales.
Entrevista al dueño actual: Alberto Ramírez, el nieto del fundador
Conocí a don Alberto un martes en la tarde, justo cuando estaba terminando de reparar una Monark de 1968. El taller es un espacio de unos 20 metros cuadrados, con paredes llenas de calendarios viejos, llantas colgadas del techo y un olor a grasa y aceite quemado que te transporta a otra época. Le pregunté por qué sigue con el negocio.
"Mi abuelo me enseñó que una bicicleta no es solo hierro y caucho. Es la historia de la persona que la monta", me dijo mientras ajustaba una tuerca con una llave española que tenía más años que él. Alberto me contó que su abuelo Chucho le dejó un cuaderno con anotaciones de cada reparación que hizo entre 1960 y 1985. "Ahí están las bicicletas de los alcaldes, de los curas, de los ciclistas que iban a competir a Bogotá. Ese cuaderno vale más que todo el taller".
Le pregunté por qué solo abre martes y jueves por la tarde. Se rió. "Porque los lunes descanso, los miércoles voy a la finca, los viernes juego dominó con los amigos, y los fines de semana no me gusta trabajar. Además, la gente que necesita mis servicios sabe cuándo venir. No necesito estar abierto todos los días".
Alberto me mostró una bicicleta que estaba reparando: una Peugeot de los años 70, con cambios de marcha originales y un cuadro de acero que pesaba lo suyo. "Esta me la trajo un señor de 80 años, que la había comprado en París cuando era joven. La quería dejar lista para su nieto. Eso es lo bonito: ver cómo una bicicleta pasa de generación en generación".
Anécdotas de reparaciones famosas
Don Alberto tiene un repertorio de historias que podría contar durante horas. Una de las más recordadas es la de la bicicleta del "Loco" Benítez, un personaje del barrio que en los años 80 compitió en la Vuelta a Colombia con una bicicleta que Alberto le armó pieza por pieza. "El Loco no tenía plata para una bicicleta nueva, entonces yo le conseguí un marco de una marca argentina, le puse ruedas de una Monark y cambios de una Raleigh. Quedó como un Frankenstein, pero ganó una etapa en Manizales. Eso no se olvida".
Otra anécdota que cuenta con orgullo es la del "Mono" Gutiérrez, un ciclista aficionado que en 1995 llegó al taller con una bicicleta que se había partido en dos después de un accidente. "Todo el mundo le dijo que la botara. Pero yo la soldé con una técnica que mi abuelo había aprendido de un herrero de Envigado. El Mono la usó cinco años más".
Pero la más curiosa es la de la "llave de la suerte". Según Alberto, su abuelo tenía una llave inglesa que había pertenecido a un mecánico de bicicletas italiano que llegó a Medellín en los años 50. Esa llave, según la leyenda, tiene la capacidad de "sentir" si una bicicleta está bien ajustada. "Mi abuelo decía que cuando la llave vibraba de cierta manera, la bicicleta quedaba perfecta. Yo no sé si es cierto, pero la uso en cada reparación y nunca me ha fallado".
Si visitas el taller, pregúntale a don Alberto por la 'llave de la suerte'. Él la guarda en una caja de madera debajo del banco de trabajo, y si te ganas su confianza, te la muestra. Dicen que tocarla trae buena suerte para los ciclistas.
Cómo encontrar el taller (escondido en una calle sin nombre)
Encontrar el taller de don Alberto no es fácil. No hay Google Maps, no hay dirección exacta, no hay letrero. Está en una calle sin nombre, entre la carrera 43A y la calle 44, justo detrás de la antigua estación del tranvía de Sabaneta. Para llegar, tienes que caminar por la calle 44 sur, doblar en la esquina de la ferretería "El Buen Precio", y seguir hasta el final del callejón. Ahí, en una casa de bahareque pintada de verde, con un portón de madera que siempre está entreabierto, está el taller.
Si vienes desde el parque principal de Sabaneta, camina hacia el sur por la carrera 43A, pasa la iglesia y el colegio, y busca una calle angosta que está marcada con un poste de luz amarillo. Esa es la entrada. El taller está a unos 50 metros, a mano derecha. No hay timbre. Solo toca la puerta y espera. Si don Alberto está trabajando, te va a escuchar y te va a abrir.
Horarios secretos: solo abre los martes y jueves por la tarde
Don Alberto es un hombre de rutinas, pero no las típicas. El taller abre únicamente los martes y jueves, de 2:00 p.m. a 6:00 p.m. No hay excepciones. Si llegas un miércoles, no te va a atender, aunque lo veas sentado en la puerta. "Ese día es mío", dice.
Los martes y jueves, sin embargo, es puntual. A las 2:00 p.m. abre el portón, enciende un radio viejo que sintoniza emisoras de boleros, y se sienta a esperar. No acepta citas. Es primero en llegar, primero en ser atendido. Si llegas a las 5:30 p.m., puede que te diga que vuelvas la próxima semana, porque a las 6:00 p.m. cierra sin importar lo que esté haciendo.
Es importante que sepas que no atiende bicicletas eléctricas ni modernas. "Esas no las entiendo", dice. Su especialidad son las bicicletas clásicas, de acero, con cambios de marcha manuales y frenos de varilla. Si tienes una bicicleta de esos tiempos, él es el único que sabe cómo dejarla como nueva.
Qué hacer en Sabaneta mientras esperas tu bicicleta
Si llevas tu bicicleta al taller y don Alberto te dice que la reparación toma un par de horas, no te preocupes. Sabaneta tiene mucho que ofrecer mientras esperas. El parque principal está a solo cinco minutos caminando. Ahí puedes sentarte en una banca, ver a la gente pasar, o comprar un helado en la tienda de la esquina.
Para comer, te recomiendo la "Panadería El Viejo Sabaneta", en la carrera 43A con calle 45, a dos cuadras del taller. Tienen pandebonos recién horneados y café de la región por $3.000 COP. Si prefieres algo más contundente, el "Restaurante Doña Rosa", en la calle 44 sur, sirve bandeja paisa por $18.000 COP. Es un lugar sencillo, pero la comida es casera y abundante.
Si te interesa la historia local, visita la Casa de la Cultura de Sabaneta, en el parque principal. Tienen una exposición permanente sobre el desarrollo del municipio, con fotos de los años 50 y 60 que muestran cómo era Sabaneta cuando don Chucho abrió el taller. La entrada es gratuita.
Cómo llegar a Sabaneta desde Medellín
Llegar a Sabaneta es fácil desde cualquier punto de Medellín. La forma más rápida es usando el Metro de Medellín. Toma la línea A (la línea azul) hasta la estación Sabaneta. El viaje desde el centro de Medellín dura unos 25 minutos. Una vez en la estación, camina hacia el sur por la carrera 43A durante unos 10 minutos hasta llegar al parque principal. Desde ahí, sigue las indicaciones que te di más arriba.
Si vienes en carro, toma la Autopista Sur desde Medellín, sal en la salida de Sabaneta (kilómetro 2.5), y sigue por la carrera 43A hasta el parque. Hay parqueadero público en la calle 44 sur, a una cuadra del taller, por $5.000 COP la hora.
En bus, las rutas "Sabaneta Directo" y "Envigado-Sabaneta" salen desde la Terminal del Sur en Medellín cada 15 minutos. El pasaje cuesta $3.200 COP y el viaje dura unos 30 minutos, dependiendo del tráfico.
Tips locales para aprovechar la visita
- Lleva tu biciclista en buen estado si quieres que don Alberto la revise. No le gusta perder tiempo con bicicletas que están más allá de la reparación. Si la bicicleta tiene el marco roto o las ruedas inservibles, probablemente te dirá que la botes.
- Llega temprano. Los martes y jueves, el taller se llena rápido. Si llegas a las 2:00 p.m., serás de los primeros. Si llegas a las 4:00 p.m., puede que tengas que esperar hasta la semana siguiente.
- No le hagas muchas preguntas mientras trabaja. Don Alberto es amable, pero se concentra en lo que hace. Si quieres conversar, espera a que termine la reparación. Entonces se sienta en una silla de madera y te cuenta historias sin que le preguntes.
- Lleva efectivo. Don Alberto no acepta tarjetas ni transferencias. Sus precios son justos: una reparación básica (cambio de llanta, ajuste de frenos) cuesta entre $10.000 y $20.000 COP. Una reparación más compleja (soldadura, cambio de cadena) puede llegar a $50.000 COP.
- Si eres coleccionista, pregúntale por las bicicletas que tiene guardadas. En el fondo del taller, detrás de una cortina de plástico, hay varias bicicletas antiguas que don Alberto ha ido recolectando a lo largo de los años. Algunas están en venta, otras # Pero si le caes bien, te las muestra.
- Respeta su horario. No le pidas que abra un miércoles o un viernes. No lo va a hacer. Y si insistes, se va a molestar. Él es dueño de su tiempo y lo sabe.
Preguntas frecuentes
¿El taller tiene algún nombre o letrero?
# No tiene nombre, ni letrero, ni ninguna señal que indique que es un taller de bicicletas. Los locales lo conocen como "el taller de don Chucho" o simplemente "el taller del nieto". Si preguntas en el parque principal, la gente te va a saber decir cómo llegar.
¿Acepta bicicletas de montaña o modernas?
Don Alberto prefiere las bicicletas clásicas, de acero, con cambios manuales y frenos de varilla. Si tienes una bicicleta de montaña moderna con suspensiones y cambios electrónicos, probablemente te dirá que no sabe cómo repararla. Sin embargo, si es una bicicleta de montaña de los años 90 o anteriores, puede que la acepte.
¿Cuánto cuesta una reparación típica?
Los precios varían según la complejidad. Un cambio de llanta o una ajustada de frenos cuesta entre $10.000 y $20.000 COP. Una soldadura de marco o un cambio de cadena puede costar hasta $50.000 COP. Don Alberto cobra en efectivo y no da factura. Es un trato de palabra, como se hacía antes.
¿Se puede comprar alguna bicicleta antigua en el taller?
Sí, pero no siempre. Don Alberto tiene varias bicicletas antiguas guardadas en el fondo del taller. Algunas están en venta, otras # Si estás interesado, pregúntale directamente. Los precios varían según el estado y la rareza de la bicicleta. He visto una Monark de 1965 en $200.000 COP y una Peugeot de los 70 en $350.000 COP. Pero todo es negociable, especialmente si le caes bien.
Dónde comer o beber
La Casa del Café
Este acogedor café ofrece una experiencia auténtica de Sabaneta, donde puedes disfrutar de un delicioso tinto o un café filtrado. La decoración rústica y el ambiente familiar hacen que sea un lugar ideal para relajarte después de un paseo por el taller de bicicletas.
Insider Tip: No te pierdas su arepa de choclo, un acompañante perfecto para tu café. Además, pregunta por las historias de los propietarios sobre la tradición cafetera de la región.
Restaurante El Patio
Un lugar que resalta la gastronomía antioqueña con platos tradicionales como el ajiaco y la bandeja paisa. El ambiente es informal, lo que lo convierte en un sitio popular entre los locales.
Insider Tip: Si quieres probar un plato diferente, el mondongo aquí es altamente recomendado. Además, los fines de semana suelen tener música en vivo que le da un toque especial a la experiencia.
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