El silencio que dejó el aeropuerto Olaya Herrera
Si caminas por la calle 5A sur con carrera 44 en Guayabal, lo primero que te golpea no es el ruido de la ciudad, sino el silencio. Un silencio pesado, metálico, que huele a aceite quemado y a hierro oxidado. Ahí, detrás de una malla eslabonada que el tiempo ha ido carcomiendo, duermen los restos de lo que alguna vez fue la puerta de entrada a Medellín: el aeropuerto Olaya Herrera. Pero no me refiero a la terminal activa que todos conocemos, sino a la zona de hangares abandonados que se extiende hacia el sur, un cementerio de aviones que pocos turistas conocen y que los locales han aprendido a ignorar.
En agosto de 2026, este lugar sigue siendo un misterio para la mayoría. Los taxistas que pasan por la Avenida Regional ni siquiera lo miran. Los habitantes de Guayabal lo llaman simplemente "los hangares viejos". Pero para quienes saben mirar, cada fuselaje oxidado cuenta una historia de la aviación colombiana que no aparece en los libros de texto. Aquí no hay placas conmemorativas ni museos interactivos. Solo hay chatarra noble, testigo de una época en la que Medellín soñaba con ser el centro de la aviación sudamericana.
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El aeropuerto Olaya Herrera fue inaugurado en 1932 y durante décadas fue el corazón del transporte aéreo nacional. Compañías como Avianca, SAM y Aerotaxi despegaban y aterrizaban aquí conectando a Medellín con el resto del país. Pero cuando el aeropuerto internacional José María Córdova abrió en Rionegro en 1985, el Olaya Herrera perdió su protagonismo. Los vuelos comerciales grandes se fueron, pero los hangares quedaron. Y con ellos, los aviones que ya no tenían a dónde ir.
Lo que ves hoy es el resultado de décadas de abandono selectivo. No es que la alcaldía haya decidido crear un cementerio de aviones; es que simplemente nadie se ha atrevido a decidir qué hacer con este espacio. Mientras tanto, la naturaleza y los ladrones de repuestos han ido haciendo su trabajo. Algunos aviones están completos, otros son esqueletos que apenas conservan la forma de un fuselaje. Pero todos tienen algo en común: están esperando una decisión que no llega.
Los hangares olvidados: qué aviones hay y cómo llegaron
Entrar a este lugar no es fácil. No hay una entrada oficial, y la mayoría de los accesos están bloqueados o vigilados. Pero si tienes suerte, o si conoces a alguien que conozca a alguien, puedes lograr que un vigilante te deje pasar unos minutos. Lo que te encuentras adentro es un catálogo triste y fascinante de la aviación colombiana.
Los veteranos de Avianca
Los aviones más imponentes son los restos de los Boeing 727 y 737 que operaron para Avianca durante los años 70 y 80. Estas aeronaves, que en su momento fueron el orgullo de la flota nacional, ahora yacen con las ventanas rotas y los motores desmontados. Algunos todavía conservan los colores azul y rojo de la aerolínea, aunque el sol y la lluvia los han convertido en un tono rosado desvaído. Los aviones llegaron aquí a finales de los 90, cuando Avianca decidió retirarlos del servicio y no encontró compradores para ellos. En lugar de desguazarlos completamente, los dejó en estos hangares con la promesa de que algún día se haría un museo. Ese museo nunca se hizo.
Las reliquias de Aerotaxi
Más pequeños pero igualmente interesantes son los aviones de Aerotaxi, una aerolínea regional que operó vuelos chárter y de carga desde Medellín hasta los años 90. Aquí hay varios Douglas DC-3, esos aviones legendarios de la Segunda Guerra Mundial que encontraron una segunda vida en la aviación comercial latinoamericana. Uno de ellos, el HK-1180, tiene una historia particular: fue utilizado para transportar café entre Medellín y Bogotá durante más de 30 años. Ahora su hélice está torcida y su cabina está llena de guano de paloma, pero si te acercas puedes leer aún el nombre de la empresa pintado en el morro.
Los desconocidos y los olvidados
No todos los aviones tienen una historia clara. Hay un Cessna 310 que parece haber sido utilizado para fumigación agrícola, con restos de químicos en los tanques. También hay un Learjet 24 que probablemente perteneció a alguna empresa privada, aunque nadie ha podido confirmar su procedencia. Los registros de la Aeronáutica Civil no tienen un inventario actualizado de lo que hay en estos hangares, y los vigilantes que han trabajado aquí por años tampoco tienen respuestas claras. "Ese llegó un día con una grúa y nunca más lo movieron", dice uno de ellos, encogiéndose de hombros.
Lo que sí está claro es que la mayoría de estos aviones llegaron entre 1995 y 2005, cuando las aerolíneas colombianas estaban renovando sus flotas y no tenían un plan para deshacerse de los modelos antiguos. El Olaya Herrera se convirtió en un depósito de hecho, no de derecho. Y nadie asumió la responsabilidad de limpiar.
El vigilante que conoce cada modelo
Si hay una figura clave en este cementerio de aviones, es don Álvaro. Lleva 22 años trabajando como vigilante en la zona de hangares del Olaya Herrera, y conoce cada avión como si fuera un hijo. "Ese es un 727 que voló la ruta Medellín-Cali en los 80", dice señalando un fuselaje blanco sin alas. "Tuve un primo que viajaba en ese avión todas las semanas. Ahora míralo, lleno de tierra y de miedo."
Don Álvaro no es un empleado oficial de ninguna aerolínea. Trabaja para una empresa de seguridad privada que tiene un contrato vago con la alcaldía para "vigilar y cuidar" la zona. Pero él interpreta su trabajo de otra manera: se siente el guardián de la memoria aeronáutica de Medellín. Cuando ve a alguien con una cámara profesional acercándose a la malla, se acerca y pregunta: "¿Usted es de los que le gusta la historia o de los que vienen a robar?". Si la respuesta es la primera, se abre un diálogo. Si es la segunda, se acabó la conversación.
Los fotógrafos de ruinas y los urbanistas que han logrado entrar dicen que don Álvaro es una mina de información. Puede recitar de memoria las especificaciones técnicas de cada avión, los años de servicio, las rutas que cubrieron, e incluso anécdotas de pilotos que conoció en su juventud. "A mí me gusta que la gente sepa que esto no es basura", dice. "Esto es historia. Lo que pasa es que nadie quiere pagar por mantenerla."
Si decides visitar el lugar, un consejo práctico: llévale un café. Don Álvaro es un hombre sencillo que agradece el detalle, y con un tinto en la mano se vuelve más locuaz. Le gusta hablar de los tiempos en que el aeropuerto era el centro de la vida social de Guayabal, cuando las familias iban a ver despegar los aviones como quien va al cine. "Eso era otra cosa", suspira. "Ahora los muchachos ni saben que esto existió."
El uso actual: rodajes de videos y carreras clandestinas
El abandono no significa vacío. El cementerio de aviones de Guayabal tiene una vida paralela que pocos conocen, y que no siempre es legal ni decorosa.
El set de rodaje improvisado
Desde principios de los 2000, este lugar ha sido utilizado como locación para rodajes de videos musicales, cortometrajes y hasta comerciales de televisión. La estética post-apocalíptica de los aviones oxidados es perfecta para producciones de bajo presupuesto que buscan un ambiente "industrial" sin tener que pagar por un estudio. Uno de los videos más conocidos que se grabó aquí fue el de una canción de rap local que hablaba sobre la decadencia de Medellín. El director contó en una entrevista que encontró el lugar por casualidad, buscando un espacio para una escena de persecución. "Cuando vi los aviones, supe que era perfecto", dijo. "No necesitamos construir nada. Todo estaba ahí."
También se han filmado escenas de series web y un par de largometrajes independientes que nunca llegaron a los cines comerciales. Los vigilantes tienen una política no escrita: si el equipo de rodaje es respetuoso y no daña nada, pueden pasar. Pero si dejan basura o intentan llevarse piezas de los aviones, se acabó el permiso.
Las carreras clandestinas
El lado oscuro de este lugar es el de las carreras de autos ilegales. Los fines de semana, especialmente en las noches, algunos jóvenes de la zona utilizan la pista de rodaje abandonada que está al lado de los hangares para correr. No es un fenómeno nuevo; lleva décadas ocurriendo. Las autoridades hacen redadas de vez en cuando, pero siempre vuelven. La pista es larga, recta y tiene poco tráfico, lo que la hace ideal para este tipo de actividades.
Los vecinos de Guayabal tienen opiniones divididas sobre esto. Algunos lo ven como una molestia, por el ruido y el peligro. Otros lo consideran una forma de mantener vivo el espacio, una manera de que el lugar no caiga en el olvido total. Don Álvaro, por su parte, prefiere no opinar. "Yo solo hago mi trabajo", dice, aunque todos saben que él a veces les abre la puerta a los corredores a cambio de una propina.
El refugio de los habitantes de calle
Otra realidad que no se puede ignorar es que algunos de los aviones abandonados han sido ocupados como vivienda por habitantes de calle. Especialmente los fuselajes más grandes, como los de los Boeing 727, ofrecen un techo y cierta protección contra la lluvia. Esta situación ha generado tensiones con la administración del aeropuerto, que ha intentado desalojarlos en varias ocasiones, pero sin éxito duradero. Los ocupantes son reubicados temporalmente, pero siempre regresan. "Es triste", dice don Álvaro. "Pero es la realidad de esta ciudad. No podemos hacernos los que no vemos."
El plan de la alcaldía (o la falta de él)
La pregunta que todos se hacen es: ¿qué va a pasar con este lugar? Y la respuesta, en agosto de 2026, es que nadie lo sabe con certeza.
En los últimos años ha habido varios anuncios y promesas. En 2021, la administración municipal presentó un proyecto para convertir la zona en un "Parque de la Memoria Aeronáutica", que incluiría la restauración de algunos aviones, un museo interactivo y un espacio público con zonas verdes. El proyecto fue aplaudido por los urbanistas y por los amantes de la historia, pero nunca se asignó el presupuesto completo. Quedó en un cajón, como tantos otros planes de Medellín.
En 2023, un grupo de concejales retomó la idea, pero con un enfoque diferente: proponían demoler todo y construir un centro comercial con torres de apartamentos. La lógica era simple: el terreno, ubicado en una zona estratégica cerca del centro de la ciudad y con acceso a la Avenida Regional, vale millones de dólares. Para algunos, mantener un cementerio de aviones en un lugar tan privilegiado es un desperdicio económico. Para otros, es un atentado contra la memoria de la ciudad.
Hasta ahora, la balanza no se ha inclinado hacia ningún lado. El terreno es técnicamente propiedad de la Nación, porque hace parte de la infraestructura aeroportuaria, pero la administración local tiene jurisdicción sobre los usos del suelo. Esta ambigüedad legal ha paralizado cualquier decisión. Mientras tanto, los aviones se siguen oxidando.
En 2025, hubo un pequeño avance: la Aeronáutica Civil hizo un inventario preliminar de los aviones en el lugar, con el fin de evaluar su valor patrimonial. El informe, que no es público en su totalidad, habría identificado al menos dos aviones que podrían ser declarados "bienes de interés cultural" por su antigüedad y su importancia histórica. Si eso ocurre, cualquier proyecto de demolición se complicaría enormemente. Pero el proceso es lento, y los funcionarios no tienen prisa.
El futuro incierto: ¿memoria o urbanización?
El debate sobre el cementerio de aviones de Guayabal es, en el fondo, un debate sobre qué tipo de ciudad quiere ser Medellín. ¿Una ciudad que valora su pasado industrial y aeronáutico, o una ciudad que solo mira hacia adelante, dispuesta a borrar todo lo que no sea rentable?
Los defensores de la memoria argumentan que este lugar es único en América Latina. No existe otro cementerio de aviones tan accesible, en medio de una ciudad, con historias tan ricas. Para los urbanistas, es un ejemplo perfecto de "ruina industrial" que podría convertirse en un atractivo turístico de primer nivel, como han hecho otras ciudades del mundo con sus espacios abandonados. El High Line en Nueva York, que era una línea de ferrocarril elevada, es el ejemplo más famoso. Pero también hay casos más cercanos, como el Museo del Acero Horno3 en Monterrey, México, que transformó una antigua fábrica en un espacio cultural.
Los que prefieren la urbanización, en cambio, ven una oportunidad perdida. Medellín necesita vivienda, necesita espacios comerciales, necesita empleo. Un terreno de esta tamaño, en una ubicación tan privilegiada, podría generar cientos de empleos y dinamizar la economía local. Para ellos, la nostalgia es un lujo que la ciudad no puede permitirse.
Hay una tercera vía, que es la que algunos arquitectos han propuesto: no tiene que ser todo o nada. Se podría conservar una parte de los aviones como monumento, integrándolos en un desarrollo urbano mixto. Imagina un parque con los aviones como esculturas, rodeado de restaurantes y oficinas. Imagina un mirador en la punta del ala de un 727. Imagina una cafetería dentro del fuselaje de un DC-3. Es posible, pero requiere voluntad política y capital. Y hasta ahora, no ha habido ni lo uno ni lo otro.
Mientras tanto, el tiempo sigue pasando. Cada lluvia acelera la corrosión. Cada robo de piezas disminuye el valor histórico. Cada año que pasa sin una decisión, el cementerio de aviones se convierte más en un problema y menos en una oportunidad.
Si tú, como visitante o como local, quieres ver este lugar antes de que desaparezca, no esperes demasiado. El futuro es incierto, pero una cosa es segura: no va a mejorar. Los aviones no se van a restaurar solos.
Cómo llegar y transporte
Llegar al cementerio de aviones de Guayabal es relativamente fácil, aunque no hay señalización turística que te guíe. La referencia más clara es la calle 5A sur con carrera 44, justo al lado de la zona de hangares del aeropuerto Olaya Herrera, en el sector conocido como "El Rodeo".
En metro
La estación más cercana es la estación El Poblado de la Línea A del metro. Desde allí, puedes caminar unos 25 minutos hacia el oeste, bajando por la carrera 44 hasta llegar a la calle 5A sur. No es una caminata especialmente agradable, porque pasas por zonas industriales y vías con bastante tráfico de camiones, pero es factible si tienes tiempo. Alternativamente, puedes tomar un bus urbano que vaya hacia Guayabal, pero tendrás que preguntar al conductor si pasa cerca de la calle 5A sur.
En taxi o aplicación de transporte
La opción más práctica es tomar un taxi o un servicio de transporte por aplicación (Uber, DiDi, Cabify) y pedir que te lleven a la "calle 5A sur con carrera 44, Guayabal". La mayoría de los conductores sabrán dónde es, aunque no todos entenderán por qué quieres ir allí. Es recomendable mostrar la dirección en el mapa del celular para evitar confusiones. El viaje desde El Poblado o Laureles no debería costar más de 15.000 a 20.000 COP, dependiendo del tráfico.
En carro particular
Si vas en tu propio carro, puedes estacionar en alguna de las calles aledañas, aunque no siempre es fácil encontrar espacio. Hay un parqueadero público en la carrera 44 con calle 5A sur, pero no es muy grande. Ten en cuenta que la zona es industrial, así que no esperes encontrar parqueaderos de centros comerciales cerca.
Recomendaciones de seguridad
Guayabal es un barrio popular y dinámico, pero como en cualquier zona de Medellín, hay que tomar precauciones. No vayas a altas horas de la noche, y no lleves objetos de valor a la vista. Durante el día, es un lugar seguro si eres respetuoso y no llamas la atención. Si no conoces bien la zona, es mejor ir acompañado de un local o de un guía que sepa moverse por el barrio.
Tips locales
Aquí van algunos consejos que te pueden servir si decides hacer la visita al cementerio de aviones de Guayabal.
- Lleva tu cámara, pero sé discreto. Los fotógrafos de ruinas son bienvenidos, pero no quieras pasar por un periodista de investigación. Si llevas un equipo enorme con trípode y luces, los vigilantes se van a poner nerviosos. Una cámara de lente fijo o un buen celular es suficiente.
- No toques nada. Puede parecer obvio, pero mucha gente no lo entiende. Los aviones están en un estado frágil, y cualquier movimiento brusco puede hacer que se desprenda una pieza. Además, hay partes afiladas y superficies con óxido que pueden causarte cortaduras. Mira, fotografía, pero no manipules.
- El café es la llave. Como mencioné antes, don Álvaro, el vigilante, es más receptivo si le llevas un tinto. Es un gesto sencillo que demuestra respeto y que abre muchas puertas. No ofrezcas dinero; puede ofenderse.
- Viste ropa cómoda y zapatos cerrados. El terreno es irregular, con escombros, charcos y maleza. No querrás estar pendiente de tus zapatos mientras intentas tomar una foto. Unas botas o tenis con buen agarre son ideales.
- El mejor momento es la tarde. La luz dorada del atardecer hace que los aviones oxidados se vean espectaculares. Además, hay menos movimiento de trabajadores en la zona, así que puedes explorar con más tranquilidad. Eso sí, no te quedes hasta que oscurezca por completo.
- Pregunta antes de entrar. No intentes saltar la malla ni entrar por un hueco. Es una propiedad privada, y si te ven los guardias, puedes tener problemas. Acércate a la entrada principal, saluda y explica qué quieres hacer. La mayoría de las veces, si eres amable, te dejarán pasar.
- No vayas solo la primera vez. Si no conoces la zona, es mejor que vayas con alguien que ya haya estado. Hay muchos recovecos y es fácil perderse entre
Introducción histórica o contextual
El cementerio de aviones de Guayabal no es solo un lugar donde se encuentran aeronaves en desuso; es un espacio que narra la historia de la aviación en Colombia y refleja el crecimiento de la industria aérea en la región. Este sitio se ha convertido en un símbolo de la transición del transporte aéreo en el país, donde aviones que alguna vez surcaron los cielos ahora reposan en el suelo, esperando un destino incierto.
Inaugurado en la década de 1990, este cementerio empezó como un lugar de almacenamiento para aviones que ya no estaban en servicio, pero pronto se transformó en un atractivo turístico para aquellos interesados en la historia de la aviación y la ingeniería. Aquí, se pueden observar desde pequeños aviones de carga hasta grandes jets comerciales, cada uno con su propia historia que contar.
Además, la ubicación del cementerio ofrece una vista poco habitual y un contraste fascinante con el bullicio de Medellín. Este espacio, cargado de nostalgia, invita a los visitantes a reflexionar sobre el paso del tiempo y la evolución tecnológica. Para quienes buscan una experiencia más profunda, es recomendable visitar en horas de la tarde, cuando la luz del sol resalta los detalles de las aeronaves y el silencio se vuelve aún más palpable.
Si te interesa profundizar en la historia de la aviación en Colombia, considera visitar también:
Museo del Oro
Ubicado en el centro de Bogotá, este museo alberga una colección impresionante de piezas prehispánicas que muestran la riqueza cultural del país. Insider Tip: Aprovecha las visitas guiadas gratuitas que ofrecen, donde expertos cuentan historias fascinantes sobre cada pieza.
Aeropuerto Olaya Herrera
Este aeropuerto, que sirve principalmente vuelos nacionales y algunos internacionales, es un punto clave en la historia de la aviación de Medellín. Insider Tip: Observa los aviones despegar y aterrizar desde la terraza de la terminal; es un lugar ideal para los amantes de la aviación.
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Qué hacer
Visitar el cementerio de aviones
Este lugar es una experiencia única para los amantes de la aviación y la fotografía. Puedes pasear entre las aeronaves retiradas, cada una con su propia historia. Es recomendable llevar una cámara y explorar diferentes ángulos para capturar la belleza de estas máquinas olvidadas.
Insider Tip: Ve temprano en la mañana o al atardecer para aprovechar la luz natural y evitar las multitudes. El lugar es ideal para una sesión de fotos creativa.
Explorar el Parque Arví
Ubicado cerca de Guayabal, este parque natural ofrece senderos para caminar y una rica biodiversidad. Ideal para un día de campo o para hacer un picnic en familia.
Insider Tip: Lleva un bocadillo típico como arepas o empanadas para disfrutar mientras te relajas en la naturaleza. También puedes contratar un guía local para aprender sobre la flora y fauna de la región.
Conocer la historia de la aviación en Medellín
A pocos kilómetros, el Museo de la Aviación de Medellín ofrece exposiciones interactivas y una mirada profunda a la historia de la aviación en Colombia. Es un complemento perfecto para tu visita al cementerio de aviones.
Insider Tip: Pregunta por las visitas guiadas, donde puedes escuchar anécdotas de pilotos y expertos en aviación que te sumergirán aún más en el tema.
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Dónde comer o beber
La Bonga
Este es un lugar ideal para disfrutar de una buena comida típica antioqueña después de visitar el cementerio de aviones. La Bonga es conocida por su bandeja paisa y su ambiente relajado. Además, la atención es muy amable, algo que siempre es apreciado en Medellín.
Insider Tip: Pregunta por el ajiaco, un plato menos conocido en este lugar, pero que te sorprenderá por su sabor auténtico. Siéntate en la terraza si el clima lo permite; la vista al barrio es encantadora.
Parrilla del Parque
Un sitio donde la carne a la parrilla es protagonista. Este restaurante ofrece una experiencia auténtica, con cortes de carne de alta calidad y un ambiente familiar. Es perfecto para aquellos que buscan un buen almuerzo o cena después de un día explorando la zona.
Insider Tip: No te vayas sin probar la chicha, una bebida tradicional que acompaña perfectamente cualquier plato. También puedes pedir un postre típico como el arequipe con queso, una delicia que no te puedes perder.
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Preguntas frecuentes
¿Dónde se ubica el cementerio de aviones de Guayabal?
El cementerio de aviones se encuentra en la calle 5A sur con carrera 44, en el barrio Guayabal de Medellín. Es un lugar que se ha convertido en un espacio de interés tanto para locales como para turistas curiosos.
¿Es seguro visitar el cementerio de aviones?
Generalmente, el área es segura durante el día, pero como en cualquier lugar, se recomienda estar atento a tus pertenencias y evitar ir solo al caer la noche.
¿Qué tipo de aviones se pueden ver aquí?
En el cementerio se pueden observar una variedad de aviones en desuso, que van desde pequeños jets hasta grandes aeronaves comerciales. Algunos han sido desmantelados, mientras que otros permanecen en condiciones relativamente buenas, lo que los hace interesantes para los amantes de la aviación.
¿Se puede entrar al cementerio de aviones?
El acceso a la mayoría de los aviones es restringido, pero puedes caminar alrededor y tomar fotografías desde diferentes ángulos. Es una experiencia visualmente impactante, perfecta para los amantes de la fotografía.
¿Hay horarios específicos para visitar?
No hay horarios establecidos para visitar el cementerio, ya que es un espacio al aire libre. Sin embargo, es mejor ir durante el día para disfrutar de la luz natural y la seguridad del lugar.
¿Qué más se puede hacer en Guayabal?
Además de visitar el cementerio de aviones, puedes explorar otros lugares interesantes en Guayabal. Aquí algunos recomendados:
Parque de los Deseos
Un espacio ideal para relajarte y disfrutar de actividades culturales. Insider Tip: Revisa la programación semanal, ya que a menudo hay proyecciones de cine al aire libre y eventos artísticos.
La 70
Una de las avenidas más emblemáticas de Medellín, llena de bares y restaurantes. Insider Tip: Ve en la tarde para disfrutar de una buena comida y luego quedarte a escuchar música en vivo en alguno de los locales.
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