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Los Caminos del Cóndor: Rutas de Avistamiento de Aves en el Cerro de las Tres Cruces que los Locales Guardan

Sebastián Restrepo
Sebastián Restrepo|Guía de Aventura, Naturaleza & Senderismo
Actualizado el 1 de septiembre, 2026
Los Caminos del Cóndor: Rutas de Avistamiento de Aves en el Cerro de las Tres Cruces que los Locales Guardan

La mayoría de los turistas llega al Cerro de las Tres Cruces por la entrada principal, esa que sube desde el barrio Los Naranjos y que en fin de semana parece u

El punto de partida: La Cuesta del Viento y el acceso desde El Salvador

La mayoría de los turistas llega al Cerro de las Tres Cruces por la entrada principal, esa que sube desde el barrio Los Naranjos y que en fin de semana parece una fila para montar en el Metrocable. Los que saben, los que realmente han aprendido a leer la montaña, entran por otro lado. Desde el barrio El Salvador, en la comuna 8, se desprende un sendero que los locales conocen como "La Cuesta del Viento". No es un nombre oficial, no aparece en Google Maps ni en las guías impresas. Es un nombre que se pasa de boca en boca, como se pasan las buenas rutas de montaña.

Para llegar a este acceso, hay que tomar un bus que suba hasta el sector de El Salvador. Desde el centro de Medellín, cualquier bus que diga "El Salvador" o "Villa Lilliam" sirve. El viaje dura unos 30 minutos y cuesta alrededor de $3.000 COP. El bus lo deja en la plazoleta principal del barrio, donde los vecinos todavía se sientan a tomar tinto en las esquinas. Desde ahí, camine dos cuadras hacia el oriente, buscando siempre la montaña. Va a ver una calle empinada que termina en una puerta metálica verde. Esa es la entrada. No hay letrero, no hay taquilla. Solo la puerta y el silencio de la montaña al otro lado.

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Este acceso tiene una ventaja enorme: la pendiente es más gradual que la de la entrada principal. Los primeros 500 metros son una trocha ancha que serpentea entre matorrales y árboles de guayabo silvestre. En septiembre de 2026, la vegetación está especialmente frondosa porque las lluvias de agosto fueron generosas. Eso significa más cobertura para las aves, pero también más dificultad para verlas. Hay que moverse despacio, con paciencia, y sobre todo, con silencio.

A diferencia de la entrada principal, donde el ruido de los parlantes portátiles es constante, aquí el único sonido es el del viento moviendo las hojas de los yarumos. Por eso los locales la llaman "La Cuesta del Viento". No es poético, es descriptivo. El viento sube desde el valle del Aburrá y golpea la ladera oriental del cerro con una constancia que a veces desconcierta. Pero ese mismo viento es el que trae a las aves rapaces, que aprovechan las corrientes térmicas para elevarse sin gastar energía.

Horas doradas: cuando el cerro despierta

Si usted quiere ver el cóndor andino, tiene que madrugar. No hay otra forma de decirlo. Las horas entre las 5:30 y las 7:30 de la mañana son sagradas para los observadores de aves en el Cerro de las Tres Cruces. En ese lapso, la montaña está bañada por una luz oblicua que facilita la identificación de siluetas, y las aves rapaces salen a cazar con el primer calor del día.

La Sociedad Antioqueña de Ornitología, que monitorea la zona desde hace más de una década, ha documentado que los avistamientos de cóndor andino en este cerro son más frecuentes entre las 6:00 y las 6:45 de la mañana. Los cóndores que se ven aquí no son residentes permanentes; vienen desde el Páramo de Belmira, a unos 40 kilómetros al norte, buscando alimento y aprovechando las corrientes de aire que se forman sobre el valle. Es un espectáculo que dura apenas unos minutos, cuando el ave cruza el cielo con sus alas extendidas, que pueden medir hasta 3 metros de punta a punta.

El águila de páramo, conocida localmente como "águila real" o "águila de la paramuna", es más esquiva. Los registros de la Sociedad Antioqueña de Ornitología indican que se la ve con mayor frecuencia entre las 7:00 y las 8:30 de la mañana, siempre en las laderas más altas, por encima de los 2.200 metros. A diferencia del cóndor, que planea en círculos amplios, el águila de páramo suele volar en línea recta, siguiendo el borde de la montaña, buscando pequeños mamíferos y aves en los matorrales.

Si usted llega después de las 8:00 de la mañana, probablemente se pierda lo mejor. No es que no haya aves después de esa hora, pero la actividad disminuye notablemente. El sol calienta el suelo, el aire se vuelve más turbulento y las aves rapaces buscan refugio en las sombras. Los que madrugan, los que suben con la primera luz, son los que tienen las mejores historias para contar.

Para maximizar sus posibilidades, le recomiendo subir el lunes o el martes. Los fines de semana, especialmente los domingos, el cerro se llena de familias y grupos de ejercicio que hacen ruido y ahuyentan a las aves. Entre semana, en cambio, el cerro está casi vacío. Usted puede caminar durante horas sin cruzarse con nadie, solo con el viento y las aves.

El mirador oculto: la Roca del Silencio

A unos 2.400 metros sobre el nivel del mar, en la cara nororiental del cerro, hay un afloramiento rocoso que no aparece en los mapas oficiales. Los locales lo llaman la Roca del Silencio, y el nombre no es casualidad. Es un lugar donde el viento parece detenerse, donde el ruido de la ciudad desaparece por completo y donde, si usted tiene paciencia, puede ver aves que no verá en ningún otro punto del cerro.

La Roca del Silencio no está señalizada con letreros ni con banderas. La única pista es una serie de marcas de pintura azul que aparecen cada 50 metros aproximadamente, pintadas sobre las piedras y los troncos de los árboles. Son marcas discretas, casi imperceptibles si usted no sabe qué buscar. Los guías locales las conocen bien, pero los visitantes independientes rara vez las notan.

Para llegar a la Roca del Silencio, hay que desviarse del sendero principal en un punto que los locales llaman "el cruce de las tres piedras". Es un lugar donde tres rocas grandes, del tamaño de un carro pequeño, forman un triángulo natural. Si usted llega a ese punto, mire hacia el oriente. Va a ver una senda angosta que se pierde entre la vegetación. Esa es la ruta.

El camino hasta la Roca del Silencio toma unos 40 minutos desde el cruce, y no es fácil. Hay tramos donde hay que trepar sobre rocas mojadas, y otros donde la vegetación es tan densa que apenas deja pasar la luz. Pero el esfuerzo vale la pena. La roca en sí es una plataforma natural de unos 20 metros cuadrados, con una vista panorámica del valle del Aburrá que quita el aliento. Y es, según los registros de la Sociedad Antioqueña de Ornitología, el mejor punto del cerro para observar aves rapaces.

Desde la Roca del Silencio, los observadores han documentado avistamientos de cóndor andino, águila de páramo, halcón peregrino y hasta el raro gavilán tijereta, una especie que no se había registrado en el cerro hasta 2024. La explicación es simple: la roca está orientada hacia el nororiente, lo que permite ver las aves contra la luz del amanecer, facilitando la identificación de los patrones de vuelo y las marcas de las alas.

Es importante aclarar que la Roca del Silencio está dentro de la zona de reserva del cerro, y que el acceso está restringido. La administración de la reserva no permite que visitantes independientes lleguen a este punto sin un guía certificado. Los que lo intentan por su cuenta se arriesgan a recibir una multa, y más importante aún, a perderse en un terreno que no perdona los errores. La neblina puede bajar en cuestión de minutos, y sin un guía que conozca las marcas de pintura azul, es fácil desorientarse.

Equipo mínimo y reglas de silencio

El Cerro de las Tres Cruces no es una excursión de lujo. No necesita botas de montaña de $500.000 ni una chaqueta técnica de última generación. Pero sí necesita algunas cosas básicas que marcan la diferencia entre una buena experiencia y una frustrante.

Para el avistamiento de aves, los binoculares son imprescindibles. Unos binoculares 8x42 son el estándar de oro para este tipo de actividad: ofrecen un buen equilibrio entre aumento y campo de visión, y funcionan bien en condiciones de poca luz, como las de las primeras horas de la mañana. Si usted no tiene binoculares, puede alquilarlos en algunas tiendas de deportes del centro de Medellín por unos $20.000 COP al día. No es una inversión grande, y le va a cambiar por completo la experiencia.

La ropa también importa, pero no por razones de moda. Las aves tienen una visión excelente, y los colores brillantes las ahuyentan. Los locales usan ropa de camuflaje, o al menos colores tierra: verdes oscuros, marrones, grises. Una camisa de manga larga de color oliva es perfecta. Además, la ropa de manga larga lo protege de los mosquitos y de la vegetación rasposa que hay en algunos tramos del sendero.

El calzado es otro punto crítico. Las botas de senderismo con buen agarre son esenciales, especialmente en la ruta a la Roca del Silencio, donde hay tramos de roca mojada y pendientes pronunciadas. Unas botas de caña media, con suela de goma, son suficientes. Evite los tenis de running: son resbaladizos en las piedras y no ofrecen soporte para el tobillo.

Y luego está el tema del silencio. La reserva del Cerro de las Tres Cruces tiene un reglamento interno que prohíbe explícitamente el uso de parlantes portátiles y la música a volumen alto. No es una sugerencia, es una regla. Los guardaparques tienen autoridad para pedirle que apague su música e incluso para expulsarlo de la reserva si no cumple. La razón es simple: el ruido estresa a las aves y las obliga a abandonar sus zonas de alimentación y anidación.

El silencio no solo es una regla, es una estrategia. Las aves rapaces tienen un oído excelente, y el menor crujido de una rama puede hacer que cambien su ruta de vuelo. Los observadores experimentados caminan despacio, haciendo el menor ruido posible, y se detienen cada pocos metros para escuchar. Porque en la montaña, el sonido es tan importante como la vista. El canto de un mirlo, el llamado de un gavilán, el aleteo de una paloma: todos son pistas que lo guían hacia los avistamientos.

Qué hacer: rutas y puntos de observación

El Cerro de las Tres Cruces ofrece varias rutas de senderismo, cada una con sus propias características y su propio valor para el avistamiento de aves. Más allá de la ruta principal y la ruta a la Roca del Silencio, hay otros puntos que vale la pena conocer.

La ruta principal, la que sube desde Los Naranjos, es la más transitada y la más fácil. Son unos 2,5 kilómetros de subida con una pendiente moderada, que se pueden completar en unas dos horas. A lo largo del camino, hay varios miradores naturales donde se pueden observar aves canoras, como el sirirí, el azulejo y la mirla. Esta ruta es ideal para principiantes, pero los observadores experimentados la evitan los fines de semana por el ruido.

La ruta circular, que conecta la cumbre con la cara occidental del cerro, es menos conocida y más exigente. Son unos 4 kilómetros en total, con algunos tramos de subida empinada y otros de descenso pronunciado. Esta ruta es excelente para observar aves de sotobosque, como el colibrí cola de raqueta y el hormiguero común. El mejor momento es a media mañana, cuando el sol ha calentado lo suficiente para que los insectos comiencen a moverse.

Y luego está la ruta a la Roca del Silencio, que ya hemos descrito. Esta es la ruta más exigente y la más gratificante para los observadores de aves rapaces. Se recomienda hacerla solo con guía certificado, tanto por la dificultad del terreno como por las restricciones de acceso.

En cuanto a los puntos de observación, además de la Roca del Silencio, hay dos lugares que los locales frecuentan. El primero es la "Piedra del Águila", un afloramiento rocoso en la cara sur del cerro, a unos 2.100 metros de altitud. Este punto es especialmente bueno para observar el águila de páramo, que suele volar siguiendo la línea de la montaña. El segundo es el "Mirador del Valle", un balcón natural en la cara occidental, desde donde se puede ver el valle del Aburrá extenderse hasta el horizonte. Este punto es bueno para observar aves planeadoras, como el gallinazo y el gavilán.

Dónde comer o beber: el puesto de tinto de Don Efrén

Después de una mañana de caminata y avistamiento, el cuerpo pide reposo y algo caliente. Y en la base del cerro, en el sector de El Salvador, hay un lugar que los locales conocen bien y que rara vez aparece en las guías turísticas: el puesto de tinto de Don Efrén.

Don Efrén es un hombre de unos 70 años, con las manos callosas de toda una vida de trabajo en la montaña, que lleva más de dos décadas atendiendo su puesto de tinto en la esquina donde termina la ruta de la Cuesta del Viento. No es un café gourmet ni un lugar instagrameable. Es un puesto sencillo, con unas pocas mesas de plástico, un fogón de leña y un termo enorme de tinto que nunca se vacía.

El tinto de Don Efrén cuesta $2.000 COP, y es fuerte, oscuro y dulce, servido en vasos de vidrio grueso que han visto pasar miles de manos. También ofrece pan de yuca, arepas de chócolo y, si usted tiene suerte, unos huevos pericos que prepara su esposa, doña Rosa, los fines de semana. Pero el verdadero atractivo del puesto no es la comida: es la conversación.

Alrededor de las mesas de Don Efrén, los lugareños se reúnen al final de la mañana para intercambiar avistamientos del día. Es una tradición que se ha mantenido durante años, y que los guías locales conocen bien. Si usted se sienta ahí con su tinto, no necesita preguntar qué aves se han visto. Solo escuche. "Hoy vi un gavilán sobre la Piedra del Águila", dice uno. "Yo vi una bandada de loros en el bosque de eucaliptos", dice otro. Y así, entre sorbos de tinto y pedazos de arepa, se va armando el mapa del día.

Don Efrén, por su parte, escucha todo con una sonrisa. Él no es observador de aves, pero ha aprendido a reconocer los nombres, y le gusta repetirlos con su acento paisa: "cóndor, águila, gavilán, sirirí". A veces, cuando alguien cuenta un avistamiento especialmente bueno, asiente con la cabeza y dice: "Esa es la montaña. Ella da lo que tiene que dar".

Si usted quiere vivir esta experiencia, le recomiendo llegar al puesto de Don Efrén alrededor de las 9:30 de la mañana, después de la caminata. Es el momento en que los primeros grupos de observadores bajan de la montaña y se sientan a compartir sus historias. El puesto abre todos los días, desde las 6:00 de la mañana hasta las 3:00 de la tarde, aproximadamente. Los precios son de referencia de septiembre de 2026, y pueden variar ligeramente.

Cómo llegar y transporte

Llegar al Cerro de las Tres Cruces es relativamente fácil, pero hay que saber cómo hacerlo para evitar las trampas del tráfico y las multitudes.

La opción más conveniente para los turistas es tomar un taxi o un servicio de transporte por aplicación desde el centro de Medellín o desde El Poblado. El viaje hasta el sector de El Salvador toma entre 25 y 40 minutos, dependiendo del tráfico, y cuesta entre $15.000 y $25.000 COP. Es una opción práctica, especialmente si usted va a madrugar y no quiere lidiar con el transporte público antes de las 6:00 de la mañana.

Si prefiere el transporte público, hay varias opciones. Desde el centro, puede tomar un bus que diga "El Salvador" o "Villa Lilliam" en la carrera 46, cerca del Parque de Berrío. El bus lo deja en la plazoleta principal del barrio, a unas dos cuadras de la puerta verde de la Cuesta del Viento. El pasaje cuesta $3.000 COP y el viaje dura unos 35 minutos.

Otra opción es combinar el Metro con el bus. Tome la línea A del Metro hasta la estación Bicentenario, y desde ahí tome un bus que suba hacia El Salvador. Esta opción es un poco más larga, pero le permite evitar el tráfico del centro en horas pico.

Si usted viene desde El Poblado o desde la Zona Rosa, puede tomar un taxi hasta el sector de Los Naranjos y subir por la entrada principal. Esta es la opción más fácil, pero también la más concurrida, especialmente los fines de semana. Le recomiendo evitarla si su objetivo es el avistamiento de aves.

Para el regreso, la situación es similar. Si usted baja por la Cuesta del Viento, puede tomar un bus en el sector de El Salvador que lo lleve de vuelta al centro o a la estación Bicentenario. Si baja por la entrada principal, encontrará taxis y buses en el sector de Los Naranjos. En ambos casos, le recomiendo no quedarse hasta muy tarde: después de las 4:00 de la tarde, el transporte público hacia las laderas orientales se vuelve menos frecuente.

Tips locales

Los que conocen bien el cerro tienen una serie de consejos que no aparecen en las guías, pero que marcan la diferencia entre una buena excursión y una experiencia inolvidable.

Lleve agua, pero no demasiada. El camino a la Roca del Silencio no tiene puntos de agua, y en los días de calor, la deshidratación es un riesgo real. Pero llevar demasiada agua también es un problema: el peso extra lo cansa más rápido. Un litro y medio por persona es suficiente para una mañana de caminata.

No use perfume ni colonia. Los olores fuertes se propagan en el aire de la montaña y pueden ahuyentar a las aves. Además, los perfumes atraen a las abejas y otros insectos. Los locales van limpios, sin olores artificiales.

Aprenda a reconocer el canto del sirirí. El sirirí (Tyranus melancholicus) es una de las aves más comunes del cerro, y su canto, un trino agudo y repetitivo, es una señal de que hay otras aves cerca. Cuando usted escucha un sirirí, deténgase y espere: es probable que otras especies aparezcan en los minutos siguientes.

No alimente a las aves. Puede parecer inofensivo, pero alimentar a las aves silvestres altera sus patrones de comportamiento y las hace dependientes de los humanos. Además, la comida que los turistas les dan (pan, galletas, frutas) no es adecuada para su dieta. Los locales observan, no interactúan.

Vaya con un gu

Introducción histórica o contextual

El Cerro de las Tres Cruces, ubicado en Medellín, no solo es un destino popular para el avistamiento de aves, sino también un lugar cargado de historia y significado cultural. Su nombre proviene de las tres cruces que se pueden observar en su cima, un símbolo que ha perdurado a lo largo de los años y que representa tanto la fe como la resistencia de la comunidad local. Este cerro es parte de la cordillera de los Andes, hogar de una gran diversidad de especies de aves, muchas de las cuales son endémicas.

Históricamente, el Cerro de las Tres Cruces ha sido un punto de referencia para los habitantes de Medellín. Desde tiempos precolombinos, las comunidades indígenas lo consideraban un lugar sagrado. A medida que la ciudad creció, el cerro se transformó en un espacio de recreación y espiritualidad, donde los locales vienen a rendir homenaje a sus tradiciones y a disfrutar de la naturaleza. Este énfasis en la conexión espiritual y comunitaria es lo que hace que el Cerro de las Tres Cruces sea un lugar especial para los avistadores de aves y los amantes de la naturaleza.

Para aquellos que deseen aprovechar al máximo su visita, aquí hay algunos consejos prácticos:

1. Acceso Alternativo

Si bien la entrada principal es la más conocida, considera acceder por el barrio El Poblado, donde hay rutas menos concurridas y vistas espectaculares de la ciudad. Insider Tip: Lleva agua y comida, ya que las rutas pueden ser largas y algunas áreas carecen de servicios.

2. Mejor Hora para el Avistamiento

Las primeras horas de la mañana son ideales para observar aves. A esa hora, los cantos de las aves son más activos y hay menos ruido. Insider Tip: Lleva binoculares y una guía de aves locales para identificar especies mientras caminas.

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Preguntas frecuentes

¿Cuál es la mejor época para avistar aves en el Cerro de las Tres Cruces?

La mejor época para avistar aves en el Cerro de las Tres Cruces es durante la temporada seca, que va de diciembre a febrero. Durante estos meses, las aves son más activas y es más fácil verlas volar. Sin embargo, no subestimes los días nublados, ya que algunos pájaros aprovechan la cobertura para salir a alimentarse.

¿Existen guías locales para el avistamiento de aves?

Sí, puedes encontrar guías locales que ofrecen recorridos personalizados. Estas personas suelen tener un profundo conocimiento de la avifauna local y pueden llevarte a los mejores puntos de avistamiento. Pregunta en el barrio Los Naranjos o en grupos de Facebook de avistamiento de aves en Medellín para recomendaciones.

¿Es seguro visitar el Cerro de las Tres Cruces solo?

Generalmente es seguro, pero siempre es recomendable ir acompañado, especialmente si no conoces bien la zona. Opta por ir temprano en la mañana o en grupos organizados, y mantente en los senderos principales. Esto no solo mejora tu seguridad, sino que también aumenta tus posibilidades de avistamiento.

¿Qué equipo debo llevar para el avistamiento de aves?

Un buen par de binoculares es esencial. También, lleva agua, bloqueador solar y un sombrero para protegerte del sol. Si puedes, lleva una cámara con un buen zoom para capturar imágenes de las aves que encuentres. No olvides un cuaderno para anotar tus observaciones y disfrutarlas más tarde.

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Sebastián Restrepo

Sebastián Restrepo

Guía de Aventura, Naturaleza & Senderismo

Senderista y fotógrafo de naturaleza. Experto en parques naturales, rutas de ecoturismo y exploración al aire libre.

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