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Alojamiento en Medellín: la historia de las ‘casas de inquilinato’ que se convirtieron en hoteles boutique sin perder

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 29 de julio, 2026
Alojamiento en Medellín: la historia de las ‘casas de inquilinato’ que se convirtieron en hoteles boutique sin perder

Medellín no siempre fue la ciudad de rascacielos y hoteles de diseño que ves hoy. Entre los años 40 y 70 del siglo pasado, la ciudad explotó en población. Gente

Orígenes

Medellín no siempre fue la ciudad de rascacielos y hoteles de diseño que ves hoy. Entre los años 40 y 70 del siglo pasado, la ciudad explotó en población. Gente de pueblos de Antioquia, del Chocó, de la costa Caribe y hasta del sur del país llegó buscando trabajo en las fábricas textiles y en la construcción. No había suficiente vivienda para todos. Las familias antioqueñas, conocidas por su pragmatismo, empezaron a dividir sus casas grandes del centro y de barrios como Prado y Laureles. Así nacieron las casas de inquilinato: viviendas unifamiliares convertidas en habitaciones alquiladas, con baños y cocinas compartidas.

Estas casas no eran tugurios improvisados. Tenían una lógica social muy clara: el dueño vivía en la casa, alquilaba cuartos y todos compartían el patio, el comedor y el lavadero. Era una forma de solidaridad urbana, pero también de supervivencia económica. En el barrio Prado, el primer barrio residencial de clase alta de Medellín, muchas mansiones de principios del siglo XX terminaron convertidas en inquilinatos cuando las familias ricas se mudaron a El Poblado en los años 70 y 80. En Laureles, el fenómeno fue distinto: casas de clase media, con patios interiores y fachadas coloridas, se adaptaron para recibir estudiantes universitarios y trabajadores de la zona.

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Para los años 90, estas casas tenían mala fama. Se asociaban con hacinamiento, inseguridad y deterioro. Pero también guardaban algo invaluable: techos altos, pisos de madera, vitrales artesanales y patios que parecen pulmones verdes dentro de la ciudad. Esa arquitectura, que parecía condenada al olvido, empezó a ser redescubierta por una nueva generación de viajeros y emprendedores.

Línea de tiempo o hitos históricos

1940-1960: El auge de las casas de inquilinato

Medellín crece a un ritmo desbordado. Las fábricas de textiles como Coltejer y Fabricato atraen miles de migrantes. Las casas del centro y de barrios obreros como Manrique y Buenos Aires se convierten en inquilinatos. Una casa típica de 300 metros cuadrados podía albergar hasta 15 familias. El patio interior se vuelve el corazón de la vida comunitaria: ahí se cocina, se lava ropa, los niños juegan y los adultos discuten política.

1970-1980: El declive de Prado y el auge de Laureles

Las familias adineradas abandonan Prado. Las mansiones de estilo republicano y art déco se subdividen en cuartos pequeños. Laureles, en cambio, se consolida como un barrio de clase media con casas amplias y arborizadas. Muchas de esas casas se convierten en inquilinatos para estudiantes de la Universidad Pontificia Bolivariana y de la Universidad Nacional. Los patios interiores, con sus jardines y fuentes, se mantienen como espacios de encuentro.

1990-2005: La crisis y el olvido

La violencia de los años 90 golpea fuerte a Medellín. Muchas casas de inquilinato se abandonan o se convierten en focos de inseguridad. El centro y Prado se deterioran. Laureles resiste mejor, pero también pierde parte de su esencia. Los jóvenes de la época recuerdan estas casas como lugares oscuros y húmedos, lejos de cualquier glamour.

2006-2015: El renacer turístico

Medellín empieza a cambiar su imagen. El turismo crece, y con él, la demanda de alojamientos con carácter. Emprendedores locales y extranjeros comienzan a comprar estas casas viejas para convertirlas en hostales y hoteles boutique. El primer caso notable es El Retorno, una casa de inquilinato en Laureles que un grupo de arquitectos transformó en un hotel de 10 habitaciones, conservando el patio interior y los pisos de madera. El éxito de este proyecto inspira a otros.

2016-2026: La consolidación del modelo

Hoy, en julio de 2026, las casas de inquilinato reconvertidas son un sello distintivo de la oferta de alojamiento en Medellín. Barrios como Laureles, Prado, El Poblado (en menor medida) y Belén tienen decenas de estos hoteles boutique. La clave ha sido no perder la esencia: las habitaciones siguen siendo pequeñas, los baños compartidos en algunos casos, y los patios interiores siguen siendo el centro de la vida social del hotel.

Personajes o hechos clave

La familia Restrepo y ‘La Casa Vieja’ en Prado

Doña María Restrepo heredó de su abuela una mansión de 1920 en el barrio Prado. En los años 80, la casa tenía 12 cuartos alquilados a familias desplazadas. Cuando la violencia arreció, muchos inquilinos se fueron y la casa quedó semivacía. En 2014, su nieto, Andrés Restrepo, un arquitecto de 32 años, convenció a la familia de convertirla en un hotel boutique. Hoy, La Casa Vieja tiene 8 habitaciones, todas con techos de 4 metros y vitrales originales. Doña María, a sus 87 años, todavía vive en el primer piso y saluda a los huéspedes cada mañana.

“Mi abuela no entendía por qué alguien pagaría por dormir en un cuarto sin baño privado”, cuenta Andrés. “Pero los extranjeros aman la autenticidad. Les encanta sentarse en el patio a leer, como si estuvieran en la casa de una familia antioqueña de los años 50”.

El Retorno: el pionero en Laureles

En 2008, un grupo de amigos arquitectos compró una casa en la Carrera 73 con Calle 42, en pleno Laureles. La casa había sido un inquilinato durante 30 años. En lugar de demolerla y construir un edificio moderno, decidieron restaurarla. Conservaron el patio con la fuente de piedra, los pisos de madera de roble y los vitrales de colores. Le pusieron El Retorno, en honor a los migrantes que volvían a sus pueblos. Hoy es uno de los hoteles boutique más cotizados de Medellín, con precios desde $180.000 COP por noche en temporada baja.

El caso de El Retorno demostró que se podía hacer negocio con la memoria. Atrae a viajeros culturales, fotógrafos y parejas que buscan algo más que una cama. La clave, según sus dueños, ha sido mantener el espíritu de la casa: las habitaciones no tienen televisor, pero el wifi es rápido. El desayuno se sirve en el patio, bajo un limonero que tiene más de 50 años.

La transformación de la Calle 10 en El Poblado

No todo es nostalgia. En El Poblado, el barrio más turístico de Medellín, también hay ejemplos de esta transformación. En la Calle 10, una casa de inquilinato de los años 60 fue comprada en 2019 por un inversionista local. La convirtió en Casa 10, un hotel boutique de 12 habitaciones que mezcla estructura original con comodidades modernas: aire acondicionado, baño privado en cada cuarto y una terraza con vista al Valle de Aburrá. Los precios arrancan en $250.000 COP por noche, pero la experiencia incluye un recorrido histórico por el barrio.

Estado actual

Hoy, las casas de inquilinato reconvertidas son una opción real para quienes buscan alojamiento con historia en Medellín. No son para todos: si necesitas un hotel con gimnasio, piscina y servicio de habitaciones 24/7, mejor busca en El Poblado. Pero si valoras la autenticidad, los pisos que crujen y los patios donde se cuelga la ropa al sol, este es tu tipo de alojamiento.

Dónde encontrarlas hoy: 5 casas reconvertidas por menos de $150.000 COP por noche

  • Casa de la Abuela (Laureles): En la Carrera 76 con Calle 39, a tres cuadras de la estación Estadio del Metro. Tiene 10 habitaciones, algunas con baño compartido. Precios desde $120.000 COP por noche (precios de referencia de julio de 2026). El patio interior es enorme, con hamacas y un horno de leña para pizza los viernes. Reserva con el código HISTORIA25 y obtén un 10% de descuento.
  • La Casa Vieja (Prado): En la Calle 54 # 45-20, a 15 minutos caminando del centro. 8 habitaciones, baño compartido en algunas. Precios desde $100.000 COP por noche. Incluye desayuno casero con arepas y café de la región.
  • El Patio de las Flores (Belén): En la Carrera 80 con Calle 30, cerca del Parque de Belén. 6 habitaciones, todas con baño privado. Precios desde $130.000 COP por noche. Se especializa en huéspedes que viajan con mascotas.
  • Hostal La Abuelita (Manrique): En la Calle 67 # 52-10, en el barrio Manrique Central. 12 habitaciones, baño compartido. Precios desde $80.000 COP por noche. Es el más económico de la lista, pero el barrio tiene una vida cultural intensa y está cerca del Jardín Botánico.
  • Casa 10 (El Poblado): En la Calle 10 # 43-15. 12 habitaciones, baño privado. Precios desde $250.000 COP por noche (supera el límite de $150.000, pero es la opción más céntrica y moderna de la lista).

La fusión de lo viejo y lo nuevo

Lo que hace especiales a estos hoteles es que no sacrifican la esencia por la comodidad. En El Retorno, por ejemplo, los vitrales originales de la década de 1950 están intactos, pero las camas son nuevas y los colchones de espuma viscoelástica. En Casa de la Abuela, los pisos de madera crujen al caminar, pero el wifi llega a 100 megas. Los patios interiores, que antes eran el espacio de lavado y secado de ropa, ahora tienen mesas, sillas y plantas que invitan a la conversación.

Los baños compartidos, que para muchos son un inconveniente, se han rediseñado para ser espacios agradables: azulejos de colores, buena presión de agua y jabones artesanales. En algunas casas, como La Casa Vieja, los huéspedes tienen acceso a una cocina comunitaria equipada con todo lo necesario para preparar sus propias comidas.

Los dueños: de alquilar cuartos a gestionar hoteles

Detrás de cada una de estas casas hay una historia familiar. En La Casa Vieja, la familia Restrepo pasó de alquilar cuartos por $50.000 COP al mes a cobrar $100.000 COP por noche. Pero el cambio no fue solo económico: también fue cultural. “Antes, los inquilinos eran personas que necesitaban un techo. Ahora son viajeros que buscan una experiencia”, dice Andrés Restrepo. “A veces extraño el bullicio de antes, cuando el patio se llenaba de niños y de ollas. Pero también me gusta ver a un francés leyendo en el mismo lugar donde mi abuela colgaba la ropa”.

En El Retorno, los dueños son arquitectos que viven en el mismo barrio. Ellos mismos reciben a los huéspedes, les recomiendan restaurantes y les cuentan la historia de la casa. “No somos una cadena hotelera. Somos una familia que abrió las puertas de su casa”, dice Carlos, uno de los socios. “Eso es lo que la gente valora”.

Un dato curioso

¿Sabías que en algunas de estas casas de inquilinato originales, los inquilinos tenían que turnarse para usar el baño? En La Casa Vieja, había un sistema de turnos escrito en una pizarra en la cocina. Hoy, los huéspedes pueden usar el baño cuando quieran, pero algunos piden mantener la tradición y se anotan en la pizarra como un juego. Es un detalle que conecta el pasado con el presente.

Qué esperar al hospedarte

Si te animas a quedarte en una de estas casas, espera esto:

  • Espacios pequeños pero acogedores: Las habitaciones son más chicas que en un hotel estándar. Aprovecha el patio y las áreas comunes.
  • Ruido de la calle: Muchas están en barrios residenciales con tráfico y vida de barrio. Lleva tapones para los oídos si eres sensible.
  • Desayunos caseros: La mayoría incluye arepas, huevos, café y fruta. Nada de buffets internacionales.
  • Interacción con otros huéspedes: Los patios y las cocinas compartidas fomentan la conversación. Perfecto para viajeros solitarios.

En julio de 2026, estas casas siguen siendo una opción asequible y auténtica para conocer Medellín. Los precios han subido respecto a hace cinco años, pero siguen siendo más baratos que los hoteles de cadena en El Poblado. Y lo más importante: te llevas una historia, no solo una habitación.

Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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