La primera vez que vi el callejón
Llegué a Cartagena un martes de mayo de 2026 con 200 mil pesos en el bolsillo y la idea de quedarme una semana. Encontrar alojamiento por menos de 50 mil pesos en San Diego parecía misión imposible, hasta que un vendedor de cocadas en la Plaza de la Trinidad me dijo: "Vaya donde doña Rosa, en el callejón que huele a jazmín". Caminé tres cuadras, doblé en una esquina donde un perro lanudo vigilaba la entrada, y ahí estaba: un pasillo estrecho de fachadas coloniales desconchadas, con hamacas de colores colgadas entre balcones de madera, luces de navidad encendidas todo el año y el olor a pescado frito saliendo de una puerta abierta. Pagué 30 mil pesos por esa noche. Terminé quedándome dos semanas.
Ese callejón no tiene nombre en Google Maps. No aparece en guías turísticas ni en blogs de viaje. Es un secreto que los cartageneros conocen desde hace décadas. Y funciona así: doña Rosa, una señora de 68 años que vive en San Diego desde 1980, alquila las hamacas que cuelga entre las paredes de su casa y la del vecino. Sin reservas online, sin recepción, sin aire acondicionado. Solo una hamaca, un ventilador de techo que suena como un avión antiguo y la certeza de que vas a dormir como se dormía aquí antes de que llegaran los hoteles boutique.
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Qué es el callejón de las hamacas
No es un hostal ni un hotel. Es un pasaje residencial de unos 15 metros de largo, ubicado entre la Calle de la Sierpe y la Calle del Guerrero, en el corazón de San Diego. Las hamacas —unas 12 en total— se cuelgan de ganchos de hierro clavados en las paredes de las casas coloniales. Cada hamaca tiene un mosquitero individual y una almohada delgada. Las luces de navidad —que doña Rosa cambia cada diciembre pero nunca apaga— crean un ambiente que los turistas llaman "mágico" y los locales llaman "normal, así es esto".
Doña Rosa heredó el negocio de su madre, que empezó a alquilar hamacas en los años 80 para ayudar a los marineros que llegaban al puerto y no tenían dónde dormir. "Antes era puro hombre ronco y olor a ron", me dijo mientras me servía agua filtrada en un vaso de plástico. "Ahora llegan mochileros de todo lado, alemanes, australianos, hasta uno que vino de Japón y se quedó un mes".
El callejón no tiene nombre oficial. Los vecinos lo llaman "el pasaje de doña Rosa". En las reseñas de Google —que existen porque algunos huéspedes las escribieron sin permiso de ella— aparece como "Alojamiento Doña Rosa" o "Hamacas San Diego". Pero si preguntas en la Plaza de la Trinidad por "el callejón de las hamacas", cualquier vendedor de la calle te va a saber decir.
Qué hacer en San Diego mientras duermes en hamaca
Dormir en hamaca no es para todos. Si eres de los que necesitan colchón ortopédico y silencio absoluto, esto no es lo tuyo. Pero si quieres vivir Cartagena desde adentro, este es el mejor puesto de observación. San Diego es el barrio más auténtico del Centro Histórico, menos gentrificado que Getsemaní, más tranquilo que El Centro. Aquí te cuento qué hacer sin gastar plata.
La Plaza de la Trinidad
Queda a cinco minutos caminando. Por la noche se llena de vendedores de cócteles en bolsa, músicos callejeros y jóvenes sentados en las escaleras de la iglesia. No necesitas comprar nada. Siéntate en el borde de la fuente, escucha el bullerengue que tocan los muchachos con tambores y mira cómo los locales bailan sin vergüenza. Los fines de semana hay un mercado de artesanías que no es caro comparado con las tiendas de El Centro.
El Cerro de la Popa
Desde San Diego puedes caminar hasta la base del cerro en 20 minutos. La subida es empinada y el sol pega fuerte, pero la vista desde el convento vale cada gota de sudor. La entrada cuesta 10 mil pesos (precios de referencia de mayo de 2026). Lleva agua, porque allá arriba una botella cuesta el doble. Si vas en semana santa, hay procesiones que suben cantando.
Las murallas de San Diego
El tramo de muralla que bordea el barrio es menos concurrido que el de El Centro. Puedes subir gratis por la escalera que está detrás del Hotel Santa Teresa. Lleva una cerveza comprada en la tienda de la esquina —cuesta 3 mil pesos, no 8 mil como en los bares— y siéntate a ver el atardecer sobre la bahía. Los locales van a hacer ejercicio al atardecer, así que no te sorprenda que un señor en short pase trotando mientras tú ves el sol caer.
El Mercado de Bazurto (si te atreves)
Está a 15 minutos en bus desde San Diego. No es un lugar turístico. Es ruidoso, sucio, caótico y absolutamente fascinante. Aquí encuentras frutas que no has visto en tu vida, pescado fresco que todavía se mueve, y el mejor jugo de corozo por 2 mil pesos. Pregunta por el puesto de la señora Elvia, que vende arepas de huevo recién fritas. No lleves objetos de valor, ve con efectivo en billetes pequeños y no saques el teléfono en la calle.
Dónde comer y beber cerca del callejón
Doña Rosa no incluye comida, pero te presta la cocina si le compras los ingredientes. La mayoría de huéspedes termina comiendo en la calle. Aquí van mis recomendaciones, todas a menos de 10 minutos caminando.
La Cocina de Socorro
Calle de la Sierpe # 10-23. Un local pequeño con mesas de plástico rojo. El menú del día cuesta 12 mil pesos: sopa, seco (arroz, carne, ensalada, patacón) y jugo. El arroz con coco es el mejor del barrio. Abren de lunes a sábado, 11am a 4pm. No aceptan tarjeta.
El Puesto de Arepas de la Esquina
En la intersección de la Calle del Guerrero con Calle de la Sierpe. Una señora gorda con delantal blanco vende arepas con huevo, arepas de chicharrón y empanadas desde las 6pm hasta que se acaba la masa. La arepa con huevo cuesta 3.500 pesos. Lleva efectivo porque ella no da vueltas con billetes de 50 mil.
La Tienda de Don Miguel
Media cuadra antes del callejón. Vende cerveza fría a 3 mil pesos, agua a 2 mil, y paquetes de galletas. No es un bar, es una tienda de barrio con una nevera blanca y un señor que mira televisión mientras cobra. Puedes comprar y sentarte en la acera a tomar, como hacen los vecinos.
La Sopa de Pescado de los Viernes
Esto no es un restaurante, es una tradición. Los viernes a medianoche, doña Rosa prepara una olla gigante de sopa de pescado con leche de coco, plátano verde y yuca. Invita a todos los que están durmiendo en el callejón. No cobra, pero si quieres dejar una propina, ella la acepta sin hacerse la interesante. La sopa se sirve en platos de plástico y se come sentado en el piso del patio. Es el mejor momento de la semana.
Cómo llegar al callejón de las hamacas
Llegar es fácil si sabes dónde buscar. El callejón no tiene dirección exacta porque no aparece en los mapas digitales. Te explico paso a paso.
Desde el aeropuerto Rafael Núñez
Toma un taxi o un Uber hasta la Plaza de la Trinidad. El viaje cuesta entre 15 y 20 mil pesos (mayo de 2026). Dile al conductor que te deje en la esquina de la Calle de la Sierpe con Calle del Guerrero. Desde ahí, camina hacia el norte por la Calle de la Sierpe unos 50 metros. Verás un pasaje angosto a la izquierda, entre una casa verde y una casa amarilla. Ahí es. Si ves un perro marrón y gordo durmiendo en la entrada, estás en el lugar correcto.
Desde el Centro Histórico
Camina hacia San Diego por la Calle de la Factoría hasta llegar a la Plaza de la Trinidad. Desde la plaza, toma la Calle de la Sierpe en dirección al Cerro de la Popa. El callejón está a dos cuadras, del lado izquierdo. Pregunta por "el pasaje de las hamacas de doña Rosa". Cualquier vecino te señala.
En transporte público
Los buses que van a San Diego pasan por la Avenida Santander. Bájate en la parada de la Torre del Reloj y camina 10 minutos hacia el norte. No recomiendo buses para turistas porque es fácil perderse. Mejor camina: San Diego es pequeño y todo queda a 20 minutos a pie.
Cómo reservar y qué esperar
Doña Rosa no tiene internet. No usa WhatsApp, no tiene página web, no aparece en Booking ni Airbnb. Para reservar, tienes que llamar por teléfono. El # lo consigues preguntando en la tienda de Don Miguel o en la Plaza de la Trinidad. Si no hablas español, pídele a alguien que te ayude a llamar. Ella habla solo español, pero es paciente con los extranjeros que intentan comunicarse.
La reserva se confirma cuando ella dice "listo, te espero". No pide anticipo. Si no llegas, simplemente asume que cambiaste de planes. Lleva efectivo porque no recibe transferencias ni tarjetas. El pago es diario: 30 mil pesos por noche, exactos. No regatea. Si intentas regatear, te dice "pues busca otro lado" y tiene razón.
Qué incluye la hamaca
- Hamaca de algodón tejido a mano, con mosquitero individual.
- Almohada delgada (lleva tu propia si eres delicado del cuello).
- Baño compartido con ducha de agua fría y sanitario. El agua es potable pero lleva jabón para baño.
- Agua filtrada gratis en un dispensador del patio.
- Ventilador de techo que funciona de 6pm a 6am. Durante el día, el calor es intenso.
- Seguridad: el perro de la cuadra, un mestizo llamado Chato, duerme en la entrada y ladra si alguien desconocido se acerca. No muerde, pero intimida.
- No incluye: toalla, jabón, papel higiénico, ni desayuno. Lleva tus propias cosas.
Qué llevar
- Efectivo en billetes pequeños (10 mil, 20 mil).
- Toalla de secado rápido.
- Repelente de mosquitos (el mosquitero ayuda, pero no es infalible).
- Tapones para los oídos (el gallo del vecino canta a las 4am).
- Linterna de cabeza (el baño queda en el fondo del patio y no hay luz de noche).
- Chaleco o camisa ligera para la noche (el ventilador puede enfriar).
Tips locales para sobrevivir en hamaca
Dormir en hamaca tiene su técnica. Si nunca lo has hecho, las primeras noches serán incómodas. Aquí van consejos que aprendí después de 14 noches colgado.
- Siéntate primero, acuéstate después. No te avientes de espaldas a la hamaca porque puedes voltearte. Siéntate en el centro, luego recuéstate en diagonal. La posición diagonal es clave: el cuerpo queda recto, no encorvado.
- Usa la almohada debajo de las rodillas. Si pones la almohada en la cabeza, te dolerá el cuello. Colócala detrás de las rodillas para aliviar la presión lumbar.
- El ventilador es tu enemigo y tu amigo. Apunta el ventilador hacia los pies, no hacia la cara. Evitas resfriados y el aire circula mejor.
- No cuelgues objetos de valor en la hamaca. Guarda todo en tu mochila y pon la mochila debajo de la hamaca, no colgada. Los carteristas no son comunes en San Diego, pero mejor prevenir.
- El baño se ocupa temprano. Entre 6am y 7am hay fila. Levántate antes o después. Doña Rosa pone un balde con agua para el sanitario si se va la luz, que pasa seguido.
- Saluda a Chato. El perro es la llave del callejón. Si lo ignoras, te gruñe. Si le das una galleta, te lame la mano y te deja pasar sin problema.
- No uses perfume ni colonia. Atrae mosquitos y además doña Rosa dice que "eso apesta el ambiente". Ella usa agua de baño con hierbabuena, que es más natural.
Preguntas frecuentes
¿Es seguro dormir en hamaca en San Diego?
Sí, relativamente. San Diego es un barrio tranquilo comparado con otras zonas de Cartagena. El callejón está en una calle residencial con vecinos que se conocen entre sí. Chato, el perro, vigila la entrada. Los robos no son comunes, pero no dejes objetos de valor a la vista. Doña Rosa guarda las mochilas en un cuarto cerrado si se lo pides. Como en cualquier lugar de Cartagena, usa el sentido común: no camines solo después de las 11pm por calles oscuras y no saques el teléfono en la calle.
¿Hay ruido por la noche?
Sí. El callejón no es insonoro. Se escuchan los vecinos viendo televisión, el gallo del señor de al lado, los perros de la cuadra, y los fines de semana la música de la Plaza de la Trinidad llega hasta aquí. Si eres sensible al ruido, lleva tapones para los oídos. La mayoría de huéspedes se acostumbra después de la segunda noche. La sopa de pescado de los viernes también genera ruido, pero ese es el bueno.
¿Puedo quedarme más de una noche?
Sí, doña Rosa prefiere huéspedes que se queden varios días. Si le dices que te quedas una semana, te pone la misma hamaca y no la alquila a nadie más. El pago sigue siendo diario. No hay descuento por larga estadía, pero si te quedas más de cinco noches, ella suele ofrecerte un café en la mañana sin cobrar. No esperes lujos, pero sí consistencia.
¿Hay internet?
No en el callejón. Doña Rosa no tiene wifi. Si necesitas internet, puedes ir a la Plaza de la Trinidad, donde hay señal gratuita del gobierno (lenta pero funciona para mensajes) o a un café cercano. El Café del Mar en la muralla tiene wifi pero te obliga a consumir. Mejor compra un chip local de Claro o Tigo por 10 mil pesos y usa tus datos.
¿Qué hago si llego y no hay hamacas disponibles?
Doña Rosa solo tiene 12 hamacas. En temporada alta (diciembre, enero, Semana Santa, julio) se llenan rápido. Si llegas y no hay espacio, ella te recomienda otros alojamientos económicos en San Diego. Pregúntale por el Hostal San Diego, que está a dos cuadras, o por la Casa de las Hamacas en Getsemaní, que también es barata. Pero siempre llama antes para confirmar disponibilidad.
¿Puedo llevar a alguien al callejón?
Solo si es huésped registrado. Doña Rosa no permite visitas externas después de las 8pm. Tampoco acepta parejas que quieran usar la hamaca para otras actividades. "Esto es para dormir", dice con una mirada que no admite discusión. Si llevas a alguien sin avisar, te pide que te vayas al día siguiente.
Por qué vale la pena
Dormir en el callejón de las hamacas no es cómodo. El baño es compartido, el gallo canta a las 4am, y el ventilador suena como un motor fuera de borda. Pero ninguna de esas incomodidades importa cuando despiertas a las 6am, ves el sol filtrarse entre las hamacas de colores, escuchas a doña Rosa cantar mientras barre el patio y sientes el olor del café que está preparando para los que madrugaron. Eso no se paga con tarjeta de crédito. Se paga con 30 mil pesos en efectivo y la disposición a vivir Cartagena como se vivía antes.
Si llegas un viernes, doña Rosa te va a invitar a la sopa de pescado de medianoche. Si llegas un martes, te va a prestar su radio para que escuches vallenato. Si llegas un domingo, te va a despertar para que vayas a misa con ella a la Iglesia de la Trinidad. Puedes decir que no, pero te vas a perder la mejor experiencia del viaje.
El callejón no tiene página web, no tiene reseñas en TripAdvisor, no tiene estrellas. Tiene una hamaca, un perro gordo y una señora que hace sopa los viernes. Si eso te parece suficiente, bienvenido a San Diego.
Introducción histórica o contextual
El Callejón de las Hamacas es un espacio que refleja la esencia de San Diego, un barrio que ha sido testigo de la transformación de Cartagena a lo largo de los años. Originalmente, esta zona estaba habitada por pescadores y trabajadores del puerto, y con el tiempo se ha convertido en un lugar de encuentro para viajeros y locales. Lo que una vez fue un área de viviendas humildes ahora se ha visto revitalizado por la llegada de turistas y emprendedores, sin perder su autenticidad.
La cultura cartagenera se siente en cada rincón del Callejón de las Hamacas, donde las hamacas se cuelgan entre las casas coloniales y los sonidos de la vida cotidiana se mezclan con risas y música. Dormir aquí no solo es una experiencia económica, sino también una forma de conectarse con la vida local. Este lugar, además de ofrecer alojamiento asequible, brinda la oportunidad de interactuar con los residentes y conocer sus historias.
Si decides hospedarte en este callejón, considera estos consejos para aprovechar al máximo tu estancia:
Interactúa con los locales
Habla con los residentes del barrio. Muchos de ellos tienen historias fascinantes sobre la historia de San Diego y pueden recomendarte lugares poco conocidos que merecen ser visitados.
Prueba la comida callejera
No dejes de probar las arepas de huevo o los patacones que se venden en los alrededores. Son deliciosos y te permitirán experimentar la gastronomía local sin gastar mucho.
