El contexto del barrio en los años 80: entre el abandono y la autogestión
Para entender qué son los búnkeres del 85 en El Cabrero, hay que retroceder cuatro décadas, cuando este barrio tradicional de Cartagena vivía una paradoja brutal: estaba geográficamente pegado a la ciudad amurallada y al mar Caribe, pero socialmente era un territorio olvidado por el Estado. Mientras el Centro Histórico se llenaba de turistas y el barrio de Bocagrande brillaba con sus edificios nuevos, en El Cabrero la historia era otra: calles sin pavimentar, servicios públicos deficientes y una juventud que crecía sin muchas opciones más allá del rebusque.
Para agosto de 2026, cuando caminas por El Cabrero, cuesta creer que este lugar —hoy con murales coloridos y una brisa que llega directo del mar— fuera escenario de una de las épocas más duras que recuerde la ciudad. Los años ochenta en Cartagena no fueron solo salsa y champeta en las esquinas. Fue una década marcada por la llegada del narcotráfico, el desplazamiento forzado desde el sur del departamento de Bolívar y la aparición de grupos armados que veían en los barrios populares un territorio fértil para el control social y económico.
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El Cabrero, con su cercanía al mar y su posición estratégica entre el Centro y la zona norte, se convirtió en un punto de disputa. Los jóvenes del barrio, muchos de ellos pescadores o hijos de pescadores, empezaron a ser reclutados por bandas locales o por estructuras más grandes que llegaban de otras regiones. Las noches dejaron de ser tranquilas: los disparos se volvieron parte del paisaje sonoro y las familias comenzaron a encerrarse en sus casas antes del anochecer.
Fue en ese contexto de miedo y desamparo que la comunidad decidió no esperar más a las autoridades. Si el Estado no los protegía, se protegerían ellos mismos. Así nacieron los búnkeres del 85: una red de refugios comunitarios construidos con sus propias manos, con materiales que conseguían de obras de construcción, de demoliciones o simplemente comprando con lo poco que reunían entre vecinos.
Lo que muchos desconocen es que El Cabrero no fue un caso aislado. En barrios como Olaya Herrera, La María o Nelson Mandela también se vivieron procesos similares de autogestión y resistencia, pero los búnkeres de El Cabrero tienen una particularidad: fueron diseñados y construidos por la comunidad misma, sin la intervención de ingenieros ni arquitectos, y muchos siguen en pie hoy, como testigos mudos de una época que marcó a varias generaciones.
Qué hacer: recorrer la memoria en cada esquina
Visitar El Cabrero hoy no es solo un paseo turístico más por Cartagena. Es un viaje a la memoria viva de la ciudad, con historias que no aparecen en los folletos de las agencias ni en los tours tradicionales por el Centro Histórico. Aquí te cuento qué puedes hacer para entender realmente qué pasó en este barrio y por qué sus búnkeres son patrimonio invisible pero fundamental de la ciudad.
La caminata comentada "Memoria en El Cabrero"
Si hay una experiencia que no te puedes perder, es la caminata comentada "Memoria en El Cabrero", que se realiza cada primer sábado de mes, saliendo a las 9 de la mañana desde el Parque de El Cabrero. Esta caminata no es un tour convencional: es un recorrido guiado por líderes comunitarios y adultos mayores que vivieron la época de los búnkeres en carne propia. Ellos te van contando, con lujo de detalles y sin filtros, cómo era la vida en el barrio en los años ochenta, cómo se organizaron para construir los refugios y qué significó esa experiencia para la identidad del barrio.
La caminata dura aproximadamente dos horas y media, y el recorrido incluye paradas en los sitios donde aún se conservan restos de los búnkeres, así como en lugares emblemáticos del barrio como la Iglesia de El Cabrero y la antigua estación del tren. Al final del recorrido, hay un espacio de conversación con los guías, donde puedes preguntar todo lo que quieras y escuchar anécdotas que no encontrarás en ningún libro de historia oficial.
El costo de la caminata es voluntario, con una sugerencia de aporte de 20.000 COP por persona, que se destina directamente a los guías comunitarios y al mantenimiento de los sitios de memoria. Se recomienda llegar 15 minutos antes, llevar agua, sombrero y calzado cómodo, porque parte del recorrido se hace por calles sin pavimentar.
El mural de la memoria
En la calle principal del barrio, frente a la cancha de fútbol, hay un mural colectivo que los jóvenes del barrio pintaron en 2021 para conmemorar los 35 años de la construcción de los primeros búnkeres. El mural es un mapa visual de la historia del barrio: aparecen los búnkeres, los rostros de los líderes comunitarios, las herramientas que usaron para construir y una frase que resume el espíritu del lugar: "Aquí no nos rendimos, aquí resistimos".
Este mural no es solo un adorno: es un punto de encuentro para la comunidad y un recordatorio de que la memoria se construye todos los días. Si tienes suerte, algún vecino te contará la historia detrás de cada rostro pintado. No es raro que los mismos protagonistas de la época se acerquen a los visitantes para compartir sus recuerdos, especialmente los fines de semana cuando el barrio está más tranquilo.
El museo comunitario de El Cabrero
Aunque no es un museo formal con vitrinas y guías profesionales, en la Casa de la Cultura del barrio —ubicada a dos cuadras del parque principal— hay una pequeña colección de objetos donados por los vecinos que vivieron la época de los búnkeres: herramientas de construcción, fotografías en blanco y negro, recortes de periódicos de la época, e incluso algunas cartas que los jóvenes enviaban a sus familias cuando estaban refugiados.
El acceso es gratuito y puedes pedirle a doña Carmen, la señora que cuida la Casa de la Cultura, que te cuente la historia de cada objeto. Ella tiene 74 años y vivió la construcción de los búnkeres desde su casa, que estaba a media cuadra de uno de los refugios principales. Su memoria es prodigiosa y sus relatos te van a poner la piel de gallina.
La playa de El Cabrero
Después del recorrido por la memoria, no está de más bajar al mar. La playa de El Cabrero es una de las más auténticas de Cartagena, frecuentada principalmente por locales y no tanto por turistas. Aquí puedes almorzar en los pequeños restaurantes de la zona, probar el arroz de coco con pescado frito o simplemente sentarte a ver el atardecer mientras piensas en todo lo que has escuchado durante el día.
Pero ojo: la playa también tiene historia. Durante los años ochenta, los búnkeres que estaban cerca de la costa servían también como punto de vigilancia para alertar sobre la llegada de lanchas sospechosas o de patrullas militares. Los pescadores del barrio, que conocían el mar como la palma de su mano, jugaron un papel clave en la red de protección comunitaria. Sus historias también se escuchan en la caminata comentada, y son de las más impactantes.
Dónde comer o beber: sabores que cuentan historias
El Cabrero no es Bocagrande ni el Centro Histórico: aquí no vas a encontrar restaurantes gourmet ni bares de moda. Lo que sí encuentras es comida de verdad, hecha con recetas que pasan de generación en generación y que tienen su propia historia que contar.
Restaurante El Pescador de la Esquina
En la esquina de la calle 29 con carrera 5, El Pescador de la Esquina es un clásico del barrio desde hace más de 30 años. Doña Rosa, su dueña, es hija de pescador y abrió el negocio en 1988, justo cuando la violencia estaba en su punto más alto. Su restaurante, que empezó como una ventana donde vendía arroz con pescado a los trabajadores de la zona, hoy es un punto de referencia para los vecinos y para quienes visitan el barrio en busca de comida auténtica.
El plato insignia es el arroz de pescado con patacón y ensalada, que cuesta alrededor de 18.000 COP (precios de referencia de agosto de 2026). También preparan un cazón en salsa de coco que es famoso en todo el barrio, y los domingos hacen sancocho de pescado desde temprano, hasta agotar existencia. El local es pequeño, con unas seis mesas, pero la atención es de las que te hacen sentir en familia.
Doña Rosa, que sigue al frente de la cocina, te va a contar que durante la época de los búnkeres, su restaurante funcionaba como punto de encuentro para los líderes comunitarios, que se reunían aquí para planificar la construcción de los refugios. "Aquí se tomaron muchas decisiones importantes", dice con orgullo, mientras te sirve un jugo de corozo bien frío.
La Esquina del Sabor
Otro imperdible es La Esquina del Sabor, un puesto de comidas rápidas que queda justo frente al parque principal del barrio. Es el lugar perfecto para almorzar después de la caminata comentada, con opciones como hamburguesas, perros calientes y salchipapas, pero también con platos típicos como el arroz con pollo o el mote de queso.
Lo que hace especial a La Esquina del Sabor es su jugo de zapote, una fruta tropical que cada vez es más difícil de conseguir en Cartagena. El dueño, don José, tiene un árbol de zapote en su casa y cuando hay temporada, prepara el jugo más cremoso que vas a probar en tu vida. El precio es módico: un vaso grande cuesta 5.000 COP y una hamburguesa completa, 12.000 COP.
Tienda y Bar El Refugio
El nombre no es casualidad. El Refugio, en la carrera 7 con calle 30, es un pequeño bar de barrio que abrió sus puertas en 1990, justo cuando la comunidad empezaba a respirar más tranquila. Su nombre es un homenaje a los búnkeres, y en la pared del fondo hay una placa que recuerda la historia del lugar.
Aquí puedes tomarte una cerveza bien fría (desde 6.000 COP), un ron con limón o un viche, el licor tradicional de la costa Caribe. El ambiente es tranquilo, con música de fondo que va desde el vallenato clásico hasta la champeta, dependiendo de la hora y de quién esté a cargo de la música. Los fines de semana, el bar se llena de vecinos que llegan a conversar y a recordar, y no es raro que alguien saque una guitarra y se arme una parranda improvisada.
Se recomienda verificar los horarios antes de visitar, porque el bar no tiene un horario fijo: a veces cierra temprano entre semana y se extiende hasta la madrugada los sábados. Lo mejor es preguntar a los vecinos o simplemente dejarse llevar por el ambiente.
Cómo llegar y transporte: moverse hasta El Cabrero
Llegar a El Cabrero es más fácil de lo que muchos piensan, y de hecho, su cercanía con el Centro Histórico lo convierte en una excursión perfecta para una mañana o una tarde. Aquí te cuento las opciones que tienes, desde las más económicas hasta las más cómodas.
Desde el Centro Histórico: a pie o en bici
Si estás hospedado en el Centro Histórico o en Getsemaní, la opción más recomendable es ir caminando. El Cabrero está a solo 20 o 25 minutos a pie desde la Torre del Reloj, cruzando el Puente Heredia y siguiendo por la Avenida Santander. El camino es agradable, con vista al mar en buena parte del trayecto, y te permite ir entrando en ambiente antes de llegar al barrio.
Otra opción es alquilar una bicicleta, que puedes conseguir en varios puntos del Centro por precios que van desde 15.000 hasta 30.000 COP por hora, dependiendo de la calidad de la bici y del tiempo de alquiler. El recorrido en bici toma unos 10 minutos y es ideal si quieres combinar la visita con otros puntos cercanos como el Castillo de San Felipe o el barrio de San Diego.
En bus o en mototaxi
Si vienes de otras zonas de la ciudad, como Bocagrande o el sector de La Boquilla, puedes tomar un bus urbano que pase por la Avenida Santander. Las rutas que van hacia el Centro o hacia el Mercado de Bazurto suelen pasar por El Cabrero. El pasaje cuesta alrededor de 2.700 COP y el recorrido desde Bocagrande toma unos 20 minutos, dependiendo del tráfico.
Otra opción muy local es el mototaxi, que encuentras en las esquinas principales del barrio. El servicio dentro de El Cabrero cuesta alrededor de 4.000 a 6.000 COP, y si vienes desde el Centro, el precio puede subir a 8.000 o 10.000 COP. Eso sí, negocia el precio antes de montarte, porque los conductores a veces cobran más a los turistas.
En carro particular o taxi
Si prefieres la comodidad, un taxi desde el Centro Histórico hasta El Cabrero te costará entre 12.000 y 15.000 COP, dependiendo del tráfico y de la hora del día. Desde el Aeropuerto Internacional Rafael Núñez, el trayecto en taxi toma unos 20 minutos y cuesta alrededor de 25.000 a 35.000 COP. Las aplicaciones de transporte como Uber o Didi también operan en la ciudad y pueden ser una opción más económica y con precio fijo.
Si vienes en carro particular, ten en cuenta que el parqueo en El Cabrero es limitado. Hay algunos parqueaderos privados cerca del parque principal, con tarifas de 5.000 a 8.000 COP por hora, pero también puedes buscar parqueo en la calle, siempre y cuando respetes las señales de tránsito y no bloquees entradas de viviendas.
Tips locales: lo que nadie te cuenta en las guías turísticas
Visitar El Cabrero con respeto y con ganas de aprender te va a dar una experiencia completamente diferente a la del turista que solo pasa por el Centro Histórico. Aquí van algunos consejos que solo los locales te pueden dar.
El respeto es lo primero
El Cabrero es un barrio popular, con una historia de resistencia y orgullo comunitario. No es un zoológico ni un museo de cera: la gente que vive aquí tiene su vida cotidiana, sus problemas y sus alegrías. Acércate con respeto, saluda, pregunta antes de tomar fotos de las personas o de sus casas, y escucha más de lo que hablas. Si vienes con la actitud correcta, te van a recibir con los brazos abiertos y te van a contar historias que no vas a encontrar en ningún libro.
La mejor hora para visitar
La caminata comentada "Memoria en El Cabrero" es cada primer sábado de mes, pero el barrio se puede visitar cualquier día de la semana. Si quieres ver el barrio en su máxima expresión, te recomiendo venir un domingo en la mañana, cuando las familias salen a la calle, los niños juegan en el parque y el ambiente es más festivo. Los días entre semana, el barrio es más tranquilo y puedes tener una experiencia más íntima con los lugares de memoria.
El dato curioso que pocos conocen
¿Sabías que los búnkeres de El Cabrero no fueron construidos solo como refugio contra la violencia armada? También funcionaron como refugio climático. En 1985, Cartagena sufrió una de las temporadas de lluvias más fuertes de su historia, y las inundaciones dejaron a varias familias del barrio sin hogar. Los búnkeres, que ya estaban en construcción, sirvieron como albergue temporal para quienes lo habían perdido todo. Esta doble función —protección contra la violencia y contra la naturaleza— es un ejemplo perfecto de cómo la comunidad se adaptó a todas las adversidades posibles.
Compra local, apoya a la comunidad
Si quieres llevar un recuerdo de tu visita, compra en las tiendas del barrio, no en los souvenirs del Centro. En la Casa de la Cultura venden artesanías hechas por los vecinos, como muñecas de trapo, collares de semillas y pequeñas réplicas de los búnkeres hechas en madera. El dinero va directamente a la comunidad y ayuda a mantener vivos los proyectos de memoria.
No te olvides del repelente y el agua
El Cabrero está cerca del mar y de zonas verdes, así que los mosquitos pueden ser una molestia, especialmente al atardecer. Lleva repelente, protector solar y suficiente agua, porque las caminatas por el barrio pueden ser largas y el calor de Cartagena no perdona. También te recomiendo llevar un sombrero o gorra, porque varias zonas del recorrido no tienen sombra.
La historia de los búnkeres: resistencia, sudor y comunidad
La historia de los búnkeres de El Cabrero es una de esas que no se enseñan en los colegios ni aparecen en los libros de historia oficial de Cartagena. Es una historia oral, transmitida de generación en generación, que se mantiene viva gracias a la memoria de quienes la vivieron y a la voluntad de los más jóvenes de no dejar que se pierda.
Corría el año 1985. El barrio El Cabrero, como muchos sectores populares de la ciudad, estaba inmerso en una crisis profunda. El desempleo era alto, la drogadicción empezaba a golpear a los jóvenes y las bandas delincuenciales disputaban el control del territorio. Pero la gota que rebosó el vaso fue una noche de abril, cuando una balacera entre bandas rivales dejó a tres jóvenes del barrio heridos, uno de ellos de gravedad. Las balas atravesaron las paredes de las casas de adobe y varias familias quedaron atrapadas en medio del fuego cruzado.
Al día siguiente, los vecinos se reunieron en la casa de doña Carmen, la misma que hoy cuida la Casa de la Cultura. La reunión fue tensa: había miedo, había rabia, pero también había una determinación que no se veía desde los tiempos de la independencia. Alguien propuso construir refugios subterráneos, como los que habían visto en las películas de guerra que pasaban en el cine del barrio. Al principio sonó descabellado, pero la idea fue tomando fuerza a medida que hablaban.
No tenían planos, no tenían ingenieros, no tenían dinero. Pero tenían manos, tenían voluntad y tenían un conocimiento ancestral de la tierra que venía de sus abuelos, muchos de ellos campesinos desplazados por la violencia en el interior del país. Así que se organizaron por cuadrillas: unos conseguían materiales, otros cavaban, otros transportaban tierra y otros cocinaban para mantener alimentados a los trabajadores.
Los búnkeres no eran refugios elegantes. Eran hoyos excavados en la tierra, reforzados con maderas, piedras y cualquier material que encontraran. Tenían una entrada estrecha, casi siempre camuflada con ramas o costales, y en el interior cabían entre 10 y 15 personas, apretadas, pero a salvo. Algunos tenían salidas de emergencia que daban a patios vecinos, para
Preguntas frecuentes
¿Qué son los búnkeres del 85 en El Cabrero?
Los búnkeres del 85 son estructuras que fueron construidas durante un periodo de gran violencia en Colombia, específicamente en Cartagena. Se erigieron como refugios ante el conflicto armado que golpeó la ciudad y representan un capítulo oscuro de su historia. Hoy en día, son recordatorios de esos tiempos difíciles y un símbolo de la resiliencia de la comunidad.
¿Cómo puedo visitar los búnkeres del 85?
Visitar los búnkeres requiere un poco de preparación. La mejor forma de hacerlo es a través de un recorrido guiado que te permita entender el contexto histórico y social de estos lugares. Pregunta a los guías locales sobre tours especializados en la historia de El Cabrero, ya que algunos incluyen relatos de personas que vivieron esos momentos.
¿Es seguro caminar por El Cabrero?
El Cabrero es un barrio tradicional con una rica historia, pero como en cualquier lugar, es importante estar alerta. Te recomendamos visitar durante el día y mantenerte en las zonas más transitadas. Conversar con la gente local te proporcionará no solo seguridad, sino también anécdotas que enriquecen tu experiencia.
¿Qué más puedo encontrar en El Cabrero?
Además de los búnkeres, El Cabrero tiene una vibrante vida cultural. No te pierdas la oportunidad de disfrutar de la gastronomía local, como el famoso arequipe de Cartagena, en uno de los pequeños restaurantes familiares del barrio. Ellos no solo ofrecen comida deliciosa, sino que también cuentan historias que te conectarán más con la cultura del lugar.
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