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Secretos de las casas de bahía en Castillogrande

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 27 de junio, 2026
Secretos de las casas de bahía en Castillogrande

Si caminas por Castillogrande un domingo a las 9 de la mañana, cuando el sol aún no quema y el aire huele a marisma y café recién hecho, te vas a topar con ella

Por qué estas casas son el alma de Castillogrande

Si caminas por Castillogrande un domingo a las 9 de la mañana, cuando el sol aún no quema y el aire huele a marisma y café recién hecho, te vas a topar con ellas. Son esas casas de fachadas blancas, balcones de madera tallada y patios interiores que parecen sacados de una película en blanco y negro. No son las torres de vidrio que se están comiendo el skyline de Bocagrande. Son las casas de bahía de Castillogrande, las que resistieron el boom inmobiliario de los últimos veinte años y todavía conservan ese aire de club náutico de los años 50.

Aquí no vienen los turistas de crucero que se bajan media hora en la muralla. Aquí vienen arquitectos, diseñadores, historiadores aficionados y viajeros que quieren dormir en una habitación donde el techo es de madera de cedro y el ventilador gira lento mientras el Caribe se cuela por la ventana. En junio de 2026, estas casas siguen siendo el secreto mejor guardado de Cartagena para quien busca algo más que un hotel con piscina.

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Historia de la construcción: los años dorados de Castillogrande (1950-1970)

Para entender estas casas hay que irse a los años 50, cuando Cartagena empezaba a crecer fuera de las murallas. La élite local, cansada del centro histórico y sus calles estrechas, volteó a mirar la península de Castillogrande. Era un terreno plano, bañado por la bahía, con brisa constante. Allí no había murallas ni iglesias coloniales, pero sí espacio para construir lo que sería el nuevo símbolo de estatus: la casa de playa con vista al mar.

Los arquitectos que llegaron eran una mezcla rara. Algunos venían de Bogotá, formados en la Universidad Nacional, con influencias del movimiento moderno brasileño. Otros eran locales, hijos de maestros de obra que habían aprendido el oficio restaurando casonas de Getsemaní. Juntos crearon un estilo propio: casas de dos o tres pisos, con fachadas blancas y líneas rectas, pero con detalles que solo un cartagenero podía ponerle: barandas de hierro forjado con formas de olas, celosías de madera que filtraban el sol, patios interiores con palmeras y fuentes de agua.

El auge fue entre 1955 y 1965. Familias como los Vélez, los Martínez y los De la Vega encargaron casas a medida. Cada una era única, pero todas compartían algo: la bahía era el centro de la vida. Los balcones miraban al agua, los comedores se abrían a terrazas con vista, y los patios interiores eran el pulmón de la casa, donde se tomaba el fresco al atardecer mientras los niños jugaban.

Para los años 70, Castillogrande ya no era solo un barrio de casas de veraneo. Se había vuelto residencial permanente. Las casas se ampliaron, se añadieron segundos pisos, se modernizaron cocinas y baños. Pero la esencia se mantuvo: techos altos, ventilación cruzada, materiales nobles como el mármol de Carrara, la madera de cedro y el granito pulido a mano.

Características arquitectónicas que las hacen únicas

Si eres arquitecto o diseñador, esto te va a interesar. Las casas de bahía de Castillogrande no son solo bonitas. Son inteligentes. Fueron diseñadas para el trópico antes de que existiera el aire acondicionado. Cada detalle tiene una función.

Balcones que son miradores

El balcón no es un adorno. Es el corazón de la casa. En las casas originales, el balcón da directamente a la bahía, sin edificios que tapen la vista. Están hechos de madera de cedro o de hierro forjado, con barandas que permiten sentarse y ver el atardecer. Algunos tienen toldillos de lona que se bajan al mediodía para proteger del sol. En la casa de la familia De la Vega, en la calle 4, el balcón corre a lo largo de toda la fachada, como una galería cubierta donde todavía cuelgan hamacas.

Patios interiores: el pulmón de la casa

El patio interior es un invento genial. Es un espacio abierto en el centro de la casa, con una fuente o un árbol de mango, que permite que el aire circule por todas las habitaciones. Las puertas de las recámaras se abren a este patio, así que al despertar lo primero que ves es el verde y escuchas el agua. En las casas más grandes, el patio tiene una escalera de caracol que sube al segundo piso, con barandas de madera tallada a mano. En la casa de los Martínez, en la avenida del Lago, el patio tiene una pérgola cubierta de buganvilias que florecen todo el año.

Vista al mar desde cada habitación

No es casualidad. Los arquitectos de los años 50 diseñaron las casas en forma de L o de U, con las habitaciones principales orientadas hacia la bahía. Así, desde la cama, desde el baño, desde la cocina, siempre hay un ventanal que enmarca el agua. En las casas de dos pisos, la terraza del segundo nivel es el lugar favorito para leer, trabajar o simplemente no hacer nada mientras miras los veleros pasar.

Materiales que envejecen bien

Estas casas no se construyeron con drywall ni con acabados de catálogo. Usaron mármol traído de Italia, madera de cedro de la Sierra Nevada, granito de las canteras de Sincelejo. Los pisos son de baldosa hidráulica en colores pastel, con patrones geométricos que combinan tradición árabe y modernidad. Los techos son de madera vista, con vigas que cruzan el espacio y le dan calidez. Las puertas son de caoba maciza, con chapas de bronce que aún funcionan después de sesenta años.

Entrevista a un residente original: Don Hernando Vélez

Don Hernando Vélez tiene 84 años y vive en la misma casa de Castillogrande desde que tenía 7. Su papá, un comerciante de telas, mandó a construir la casa en 1958. Él la heredó en los 80 y nunca quiso venderla, ni siquiera cuando llegaron las ofertas de los desarrolladores.

"Aquí todo era diferente", me dice mientras nos sentamos en su balcón, con la bahía de fondo. "No había torres, no había ruido. Los niños jugábamos fútbol en la calle, y los carros pasaban cada media hora. Las casas eran todas de una o dos plantas, con jardines al frente. La mía tenía un jardín de rosas que mi mamá cuidaba todos los días."

Don Hernando recuerda cómo se construyó la casa. "El arquitecto era un señor de Bogotá, pero el maestro de obra era cartagenero. Se peleaban todo el tiempo. El arquitecto quería ventanales de piso a techo, pero el maestro decía que con el sol de aquí se iban a calentar las habitaciones. Al final hicieron una mezcla: ventanales grandes, pero con persianas de madera que se podían cerrar al mediodía. Y funcionó."

Hoy, su casa es una de las pocas que conserva la estructura original. "No le he cambiado nada. Solo pintura cada cinco años y mantenimiento de la madera. La gente me dice que la venda, que me dan millones. Pero ¿para qué? Aquí tengo mi vista, mi brisa, mi paz. Eso no se compra con plata."

Cómo visitar una casa-museo o alquilar una para estancia

No todas las casas de bahía de Castillogrande están abiertas al público. La mayoría son residencias privadas. Pero hay formas de conocerlas sin ser invitado de la familia.

Casas que se pueden visitar

Algunas casas han sido convertidas en hoteles boutique o restaurantes. La más conocida es la Casa del Lago, en la avenida del Lago con calle 5. Es una casa de 1962 que fue restaurada en 2018 y hoy funciona como restaurante y galería de arte. Puedes entrar, tomar un café en el patio interior y ver la arquitectura original: pisos de baldosa hidráulica, techos de madera, balcones con vista a la bahía. El menú es caro (platos desde $80.000 COP), pero vale la pena por el ambiente.

Otra opción es la Casa de la Bahía, en la calle 3. Es una casa privada que su dueño abre dos veces al mes para visitas guiadas. Se anuncia en redes sociales y en la página de la Asociación de Vecinos de Castillogrande. La visita dura una hora, cuesta $30.000 COP, y el dueño cuenta la historia de la casa mientras muestran los cuartos, el patio y la terraza. Es una experiencia auténtica, sin turismo masivo.

Alquilar una casa para estancia

Si quieres dormir en una casa de bahía, hay opciones en Airbnb y plataformas locales. Busca propiedades en la avenida del Lago, la calle 4 o la calle 5, con descripciones que mencionen "casa de los años 60", "arquitectura original" o "vista a la bahía". Los precios van desde $250.000 COP por noche en temporada baja hasta $600.000 COP en diciembre y enero.

Algunas recomendaciones:

  • Casa de los Martínez: en la avenida del Lago, con tres habitaciones, patio interior con pérgola de buganvilias y balcón con hamacas. Precio: $350.000 COP por noche en temporada baja.
  • Casa del Sol: en la calle 5, con dos habitaciones, cocina original de los años 50 y terraza en el segundo piso con vista panorámica. Precio: $280.000 COP por noche.
  • Casa de la Abuela: en la calle 3, con una habitación, ideal para parejas. Tiene un pequeño jardín interior con fuente. Precio: $200.000 COP por noche.

Importante: verifica que la casa tenga aire acondicionado en las habitaciones. Aunque la ventilación natural es excelente, en junio de 2026 el calor puede ser intenso, especialmente al mediodía.

Qué hacer en Castillogrande además de ver casas

Castillogrande no es solo arquitectura. Es un barrio para caminar, comer bien y relajarse.

  • Caminar el malecón: el sendero que bordea la bahía es perfecto para trotar o caminar al atardecer. Hay bancas para sentarse y ver los botes pasar.
  • Comer en el Club de Pesca: es un restaurante clásico, con vista al mar y platos de pescado fresco. El ceviche de camarón es imperdible. Precio: platos desde $45.000 COP.
  • Tomar un café en La Tienda del Mar: una cafetería pequeña en la calle 4, con mesas en la acera y buena música. Prueba el café con leche de coco.
  • Ir al mercado de artesanías: los sábados en la mañana, en el parque de la avenida del Lago, se monta un mercado con artesanías locales, ropa de lino y joyería de tagua.

Cómo llegar y transporte

Castillogrande está a 10 minutos en taxi desde el centro histórico. Si vienes del aeropuerto, son 15 minutos y cuesta unos $25.000 COP en taxi o $15.000 COP en Uber.

Dentro del barrio, todo se puede caminar. Las calles son planas y seguras. Si necesitas ir a Bocagrande o al centro, los buses urbanos pasan por la avenida del Lago cada 10 minutos. El pasaje cuesta $2.500 COP.

Para los que alquilan casa, recomiendo alquilar bicicletas. Hay un par de tiendas en la calle 5 que rentan bicicletas por $20.000 COP el día. Es la mejor forma de recorrer el barrio y llegar hasta la punta de Castillogrande, donde hay un mirador con vista a la bahía.

Tips locales

  • Lleva repelente de mosquitos: especialmente al atardecer, cuando los mosquitos salen cerca de la bahía. En las casas antiguas, con patios y jardines, hay más bichos.
  • No uses tacones: las calles de Castillogrande tienen adoquines y aceras irregulares. Mejor zapatos planos o sandalias.
  • Pregunta antes de tomar fotos: muchas casas son privadas y a los dueños no les gusta que les saquen fotos sin permiso. Si ves una casa bonita, toca el timbre y pregunta amablemente. A veces te dejan pasar.
  • Visita entre semana: los fines de semana hay más ruido y más carros. De lunes a viernes, el barrio está tranquilo y puedes caminar sin prisas.
  • Lleva efectivo: aunque hay cajeros en la avenida del Lago, muchos puestos de comida y artesanías no aceptan tarjeta.
  • No te pierdas el atardecer desde el balcón de la Casa del Lago: si cenas allí, pide una mesa en el balcón. La vista del sol cayendo sobre la bahía es inolvidable.

Preguntas frecuentes

¿Se pueden visitar las casas de bahía de Castillogrande sin ser huésped?

Sí, pero no todas. La Casa del Lago (restaurante y galería) está abierta al público de martes a domingo, de 12pm a 10pm. La Casa de la Bahía abre dos veces al mes para visitas guiadas, previa reserva. Para el resto, lo mejor es alquilar una para estancia o contactar a la Asociación de Vecinos, que organiza recorridos ocasionales.

¿Cuánto cuesta alquilar una casa de bahía en Castillogrande?

Los precios varían según la temporada y el tamaño. En temporada baja (marzo a junio, septiembre a noviembre), una casa de dos habitaciones cuesta entre $250.000 y $400.000 COP por noche. En temporada alta (diciembre, enero, Semana Santa), los precios suben a $500.000-$800.000 COP. Es mejor reservar con al menos un mes de anticipación si viajas en diciembre.

¿Qué diferencia a estas casas de las de Bocagrande o El Laguito?

Las casas de Castillogrande son más antiguas (años 50-60) y tienen un estilo arquitectónico único, con patios interiores, balcones de madera y techos altos. En Bocagrande y El Laguito predominan los edificios modernos de apartamentos, construidos en los años 70 en adelante. Las casas de Castillogrande ofrecen una experiencia más auténtica, con espacios abiertos y conexión directa con la bahía, mientras que en Bocagrande todo es más vertical y comercial.

Dónde comer o beber

La Pérgola

Este restaurante ofrece una deliciosa variedad de mariscos frescos, preparados con un toque caribeño. La vista hacia la bahía es impresionante, especialmente al atardecer. Insider Tip: No te pierdas el ceviche de camarones, es uno de los favoritos de los locales. Además, llega temprano para conseguir una mesa en la terraza, donde la brisa marina hace la experiencia aún más agradable.

El Kiosko

Un lugar emblemático para disfrutar de un buen desayuno o un almuerzo ligero. Sus arepas de huevo son un clásico que no puedes dejar de probar. Insider Tip: Acompaña tu arepa con un jugo de guanábana, es una combinación perfecta y muy refrescante para el clima cartagenero.

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Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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