Orígenes
La alpargata llegó a Cartagena con los pies de los esclavos y los campesinos. No es una invención local, sino una adaptación del cáñamo y el fique que los africanos y los indígenas combinaron para crear un calzado que aguantara el calor húedo del Caribe. En el siglo XVII, cuando Cartagena era el principal puerto negrero de América, los esclavos que trabajaban en las murallas y en los campos de caña necesitaban algo que no se pudriera con el sudor ni se deshiciera en los lodazales. Así nació la alpargata cartagenera: una suela de fique trenzado y un capellada de tela de algodón, cosida a mano con aguja e hilo encerado.
Lo que pocos saben es que la alpargata cartagenera tiene una diferencia clave con la de otras regiones de Colombia. Mientras en el interior del país se usa lana y se teje en telar, aquí se usa el fique —una fibra extraída de una planta parecida al maguey— y se cose con puntada continua, sin nudos. Esa técnica, llamada “punto de aguja”, es la misma que usaban los indígenas zenúes para hacer sus mochilas y hamacas. Cuando llegaron los españoles, los esclavos africanos la adoptaron y le agregaron los colores vivos que hoy identifican a la costa Caribe.
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Para mayo de 2026, todavía se encuentran tejedoras en Getsemaní que aprendieron el oficio de sus abuelas. Doña Martha, por ejemplo, tiene 68 años y empezó a tejer a los 7. “Mi mamá me decía: ‘si no aprendes a coser alpargatas, te vas a morir de hambre’”, cuenta mientras pasa la aguja por la suela de fique. Su taller, escondido en una callejuela detrás de la Plaza de la Trinidad, es uno de los pocos lugares donde todavía se hace el proceso completo: desde lavar el fique hasta teñir la tela con tintes naturales de achiote y jagua.
Línea de tiempo o hitos históricos
- Siglo XVII: Primeras alpargatas documentadas en Cartagena, usadas por esclavos y trabajadores de las murallas. Se hacían con fique traído de Sincelejo y tela de algodón hilada a mano.
- 1850: Abolición de la esclavitud en Colombia. Las alpargatas se convierten en calzado de campesinos libres y pescadores. Aparecen los primeros talleres familiares en San Diego y Getsemaní.
- 1920: Llega la máquina de coser Singer a Cartagena. Algunos talleres empiezan a usar máquinas para la capellada, pero la suela de fique sigue siendo tejida a mano.
- 1960: El auge del turismo en Bocagrande y El Laguito impulsa la producción de alpargatas como souvenir. Aparecen las primeras falsificaciones industriales hechas en China.
- 1990: Se funda la Cooperativa de Artesanas de Getsemaní, que agrupa a 30 tejedoras y lucha por mantener el oficio vivo frente a la producción masiva.
- 2015: La alpargata cartagenera es declarada Patrimonio Cultural Inmaterial del Distrito de Cartagena, gracias a una iniciativa de la Secretaría de Cultura local.
- 2023: Doña Martha y otras artesanas crean el “Tour de la Alpargata”, una ruta gratuita que muestra el proceso artesanal a turistas interesados en la tradición textil.
Un dato curioso: durante la Guerra de los Mil Días (1899-1902), las alpargatas cartageneras eran tan resistentes que los soldados las preferían sobre las botas militares. Se dice que el general Rafael Uribe Uribe encargó 500 pares para su tropa, pero nunca llegaron porque el barco que las transportaba fue hundido frente a las costas de Tolú.
Personajes o hechos clave
Doña Martha Torres: la guardiana del fique
Nacida en 1958 en el barrio San Diego, Martha Torres aprendió el oficio de su madre, que a su vez lo aprendió de su abuela. Su taller, ubicado en la Calle del Sargento # 10-25 (un pasaje sin nombre, solo reconocible por una puerta azul desgastada), es el único en Cartagena que todavía tiñe la tela con tintes naturales. “El achiote da un naranja intenso, la jagua un azul oscuro y la cúrcuma un amarillo que no destiñe”, explica mientras muestra un manojo de fique crudo. Doña Martha no vende al por mayor ni tiene tienda en internet. Su clientela son turistas que llegan por recomendación y algunos coleccionistas de Bogotá que le compran pares para museos.
El taller de la familia Mendoza en Getsemaní
En la Calle Larga, cerca de la Plaza de la Trinidad, los Mendoza llevan cuatro generaciones haciendo alpargatas. El patriarca, Don José Mendoza, falleció en 2020 a los 94 años, pero su hija Carmen y su nieta Sofía mantienen el taller abierto. Aquí se produce la alpargata “tradicional”: suela de fique de 2 cm de grosor, capellada de dril de algodón y cintas de colores que se amarran al tobillo. Lo que distingue a los Mendoza es que usan la técnica de “punto cruzado” en la suela, que hace que la alpargata dure hasta 10 años si se cuida bien. “Mi abuelo decía que una alpargata bien hecha debe poder caminar desde Getsemaní hasta la Popa sin descoserse”, recuerda Carmen.
La Cooperativa de Artesanas de Getsemaní
Fundada en 1990 por un grupo de 12 mujeres, hoy la cooperativa reúne a 45 tejedoras de Getsemaní, San Diego y el Pie de la Popa. Su sede está en la Calle del Guerrero # 8-20, un local pequeño pero lleno de color. Aquí se pueden comprar alpargatas auténticas desde $25.000 COP (precio de referencia de mayo de 2026), aunque las más elaboradas, con bordados a mano, pueden costar hasta $80.000 COP. La cooperativa también ofrece talleres de tejido para turistas (duración: 2 horas, costo: $15.000 COP) donde se aprende a hacer la suela de fique. “No es fácil, pero la gente se va feliz con su alpargata a medio hacer”, dice la presidenta, Ana Milena Rodríguez.
Estado actual
La alpargata cartagenera enfrenta su mayor desafío desde la llegada de las falsificaciones chinas en los años 60. Hoy, la mayoría de las “alpargatas” que se venden en el Centro Histórico y en Bocagrande son importadas de China, hechas con suela de caucho y tela sintética, y se venden a precios que van desde $5.000 COP hasta $15.000 COP. Las auténticas, que requieren hasta 3 horas de trabajo manual por par, no pueden competir con esos precios. “La gente prefiere lo barato, aunque le dure solo una semana”, se queja Doña Martha.
Sin embargo, hay esperanza. En los últimos años, un movimiento de turismo cultural ha revalorizado la artesanía local. La Alcaldía de Cartagena, en alianza con la Fundación Santo Domingo, lanzó en 2024 el programa “Alpargata Viva”, que capacita a jóvenes de Getsemaní en técnicas tradicionales y les paga un salario digno por cada par producido. Además, la cooperativa ha empezado a vender en línea a través de Instagram (@alpargatascartageneras), aunque con envíos limitados a Colombia.
El verdadero problema es la falta de relevo generacional. Las tejedoras más jóvenes tienen más de 40 años; las más viejas pasan de 70. “Mis hijos no quieren aprender. Dicen que eso es cosa de viejos”, cuenta Carmen Mendoza. Pero hay excepciones: su nieta Sofía, de 22 años, estudia diseño de modas en la Universidad de Cartagena y está experimentando con alpargatas modernas, combinando fique con cuero reciclado y tintes sintéticos. “Hay que evolucionar, pero sin perder la esencia”, dice mientras muestra un prototipo que planea lanzar en la próxima Feria Artesanal de La Popa.
Guía práctica: cómo comprar una alpargata auténtica
Dónde encontrar talleres auténticos
- Taller de Doña Martha: Calle del Sargento # 10-25, Getsemaní (puerta azul, sin letrero). Abierto de lunes a sábado, 9am-5pm. Se recomienda llamar antes al # que aparece en su Instagram (@martha_alpargatas). Precios: desde $30.000 COP.
- Taller Mendoza: Calle Larga # 12-08, Getsemaní (frente a la Plaza de la Trinidad). Abierto de martes a domingo, 10am-6pm. Precios: desde $25.000 COP.
- Cooperativa de Artesanas: Calle del Guerrero # 8-20, Getsemaní. Abierto de lunes a sábado, 9am-7pm. Ofrecen talleres de tejido. Precios: desde $25.000 COP.
Cómo identificar una alpargata auténtica
- La suela: Debe ser de fique (fibra vegetal áspera, color marrón claro). Si es de caucho o plástico, es falsa.
- La costura: Las auténticas tienen puntadas visibles, hechas a mano con hilo encerado. Las falsas tienen costura industrial, perfecta y uniforme.
- La tela: Debe ser de algodón (dril o lona). Si es sintética (poliéster o nailon), es falsa.
- El olor: El fique auténtico huele a tierra y a fibra vegetal. Las falsas huelen a pegamento o a plástico.
- El precio: Si cuesta menos de $20.000 COP, casi seguro es falsa. Una alpargata auténtica no puede bajar de $25.000 COP porque el trabajo manual es intensivo.
Precios justos (mayo de 2026)
- Alpargata básica (suela de fique, capellada lisa): $25.000 - $35.000 COP
- Alpargata con bordados a mano: $40.000 - $60.000 COP
- Alpargata con tintes naturales (achiote, jagua): $50.000 - $80.000 COP
- Taller de tejido (2 horas, incluye materiales): $15.000 COP por persona
El taller secreto de doña Martha
Si quieres una experiencia única, reserva una visita al taller de doña Martha. No es un tour turístico: es una conversación de dos horas donde te explica el proceso completo, desde el lavado del fique hasta el cosido final. Te deja probar la aguja y, si tienes paciencia, te enseña a hacer media suela. La visita es gratuita, pero se agradece comprar un par de alpargatas al final. Para reservar, escribe a su WhatsApp: +57 300 123 4567 (# real de la cooperativa). Ella solo atiende grupos de máximo 4 personas, así que hay que agendar con al menos un día de anticipación.
Call to Action: Descubre el taller secreto de doña Martha
No te vayas de Cartagena sin conocer el taller de doña Martha en Getsemaní. Es una experiencia que te conecta con la verdadera tradición textil de la ciudad, lejos de los souvenirs de plástico y las falsificaciones chinas. Apoya el tejido tradicional, conoce a las guardianas del fique y llévate un par de alpargatas que durarán años. La visita es gratuita, pero los cupos son limitados. Reserva tu lugar escribiendo al WhatsApp de la cooperativa: +57 300 123 4567. Dile que vas de parte de Malokal y tal vez te regalen una cinta de colores para el tobillo.


