El parque de Santa Rita: donde los vecinos aún se sientan en la banca
En una ciudad donde el ruido de los motores y el afán parecen haberse tomado las calles, existe un lugar que se resiste a perder el alma. El parque de Santa Rita, en el corazón del barrio del mismo nombre, no aparece en las guías turísticas ni en los mapas de los influencers. No hay un café de especialidad ni una tienda de recuerdos. Lo que hay son bancas de cemento, un kiosco que sobrevive al paso del tiempo y una comunidad que todavía cree en la conversación cara a cara. Si llegas a las 4 de la tarde un sábado cualquiera de mayo de 2026, te vas a encontrar con don Alberto moviendo las fichas del dominó, doña Lucía paseando a sus tres perros mestizos y un señor que vende jugo de lulo en bolsas desde hace quince años. Este artículo es una invitación a sentarte, a observar y a entender por qué este parque es uno de los secretos mejor guardados de Cali.
Introducción histórica o contextual
El barrio Santa Rita nació a mediados del siglo XX, cuando Cali empezaba a expandirse más allá del centro tradicional. Sus casas de un piso, con fachadas de colores desgastados y patios internos, fueron el hogar de familias de clase media que buscaban tranquilidad. El parque, una manzana cuadrada rodeada de árboles de mango y guayacanes, se convirtió en el punto de encuentro natural. Aquí no hubo grandes planificaciones urbanísticas ni diseños de arquitectos famosos. El parque simplemente existe, como una extensión de las casas. Durante décadas, fue el lugar donde los niños jugaban fútbol con piedras, donde las abuelas tejían en las tardes y donde los jóvenes se daban cita para enamorarse.
📌 Transparencia
Este artículo contiene enlaces patrocinados/de afiliados. Podríamos recibir una pequeña comisión sin costo para ti.
Hoy, el barrio ha cambiado. Algunas casas se convirtieron en edificios de apartamentos, llegaron nuevos residentes y el comercio se modernizó. Pero el parque de Santa Rita sigue siendo el mismo. No hay una placa que cuente su historia, pero los vecinos la llevan en la memoria. Un dato curioso que pocos conocen: en la década de los 80, el kiosco del parque funcionó como una pequeña biblioteca comunitaria organizada por una maestra jubilada. Los libros se prestaban sin dejar cédula, solo con la palabra. Esa confianza, aunque hoy casi extinta, marcó el carácter del lugar.
Qué hacer
No esperes encontrar un parque temático ni actividades programadas. La gracia de Santa Rita está en lo que no está escrito. Aquí te cuento lo que realmente se hace, según la hora del día.
Mañana de ejercicios (6:00 a.m. – 9:00 a.m.)
Cuando el sol recién asoma, el parque es de los madrugadores. Un grupo de mujeres mayores, lideradas por doña Helena, de 72 años, hace una rutina de estiramientos y baile suave en la zona de la glorieta. No hay instructor, solo una grabadora portátil que suena a salsa clásica. Los vecinos que pasan con el periódico se detienen a saludar. Es un momento íntimo, casi ritual. Si eres fotógrafo, este es el instante dorado: la luz oblicua de la mañana, los cuerpos moviéndose con calma y el fondo de los árboles frondosos.
Tarde de juegos de mesa (2:00 p.m. – 6:00 p.m.)
Esta es la hora del dominó y el ajedrez. Bajo el kiosco, dos mesas de cemento se llenan de vecinos que compiten con seriedad y bromas. Don Alberto, un jubilado de 68 años que vivió toda su vida en la carrera 2 con calle 15, es el dueño del dominó. Llega puntual a las 2:30 p.m., con su tablero de madera y sus fichas negras. “Aquí no se juega por plata, se juega por orgullo”, dice mientras baraja. Los recién llegados pueden pedir una partida, pero hay que esperar turno. El ambiente es relajado; cualquiera puede acercarse a mirar y aprender.
A un costado, una mesa más pequeña es territorio del ajedrez. Un joven de 25 años, estudiante de ingeniería, reta a los adultos mayores. Las partidas pueden durar horas, con silencios largos interrumpidos por carcajadas cuando alguien comete un error.
Noche de conversación (6:00 p.m. – 9:00 p.m.)
Cuando cae la noche, el parque se transforma. Las familias salen con sillas plásticas y se sientan en las bancas o en el pasto. No hay música alta ni luces de colores. Solo el rumor de las conversaciones. Los vecinos hablan de la vida: del precio de la papa, del nuevo vecino del tercer piso, de las noticias del barrio. Es una escena que parece sacada de otra época. Los niños corretean alrededor de la fuente seca (que nunca tiene agua, pero sirve como pista de carreras). Los adultos mayores ocupan las bancas de cemento, que están estratégicamente ubicadas para ver quién entra y sale.
Dónde comer o beber
Comer en Santa Rita no es una experiencia gourmet, sino una de barrio. No hay restaurantes con manteles ni cartas en inglés. Lo que hay es comida de la que se prepara en casa y se vende en la esquina.
El puesto de jugos de don Jairo
En la esquina de la carrera 4 con calle 14, un carrito de madera con un toldo azul es el punto fijo de don Jairo. Vende jugos naturales en bolsa: lulo, maracuyá, guanábana y el infaltable jugo de mango. Cada bolsa cuesta $2.500 COP (precio de referencia de mayo de 2026). Don Jairo llega a las 9 a.m. y se va cuando se acaba la mercancía, casi siempre antes de las 6 p.m. No hay nada más refrescante después de una partida de dominó.
Las empanadas de la esquina
A media cuadra del parque, sobre la carrera 3, una señora llamada doña Marta vende empanadas fritas desde las 4 p.m. hasta las 8 p.m. Son de carne, pollo y queso, con un ají casero que pica justo lo necesario. La gente hace fila, y no es raro ver a vecinos comprando una docena para llevar a la casa. El precio: $2.000 COP cada una. No hay menú escrito, solo pregúntale a doña Marta lo que tiene.
Panadería Santa Rita
A dos cuadras, en la calle 15 con carrera 5, está la Panadería Santa Rita, un negocio familiar que abre desde las 6 a.m. hasta las 9 p.m. Venden pan de yuca, pandebono, almojábanas y café con leche. Es el lugar ideal para desayunar antes de la rutina de ejercicios o para comprar algo dulce en la tarde. Un pandebono cuesta $1.200 COP.
Cómo llegar y transporte
El parque de Santa Rita está ubicado en la intersección de la carrera 4 y la calle 14, en el barrio Santa Rita, al norte del centro de Cali. Llegar es sencillo si conoces las rutas.
- En bus: Toma cualquier bus de la ruta P14 o P21 que suba por la avenida 3N. Bájate en la parada de la calle 15 con carrera 4. Desde ahí caminas una cuadra hacia el sur. El pasaje cuesta $2.600 COP.
- En taxi o Uber: Desde el centro, el viaje no pasa de 10 minutos y cuesta alrededor de $8.000–$10.000 COP. Desde el sur de la ciudad (zona de Ciudad Jardín), puede tomar 25 minutos y costar $20.000 COP.
- En carro particular: Hay parqueo gratuito en las calles alrededor del parque, pero es limitado. Los fines de semana es más fácil encontrar espacio. Evita estacionar en la carrera 4 después de las 6 p.m., porque se pone más concurrido.
- A pie: Si estás en el centro, puedes caminar 15 minutos hacia el norte por la carrera 4. Es una caminata segura durante el día, con tiendas y casas a los lados.
Tips locales
Estos consejos te van a servir si quieres vivir el parque como un vecino más, no como un turista de paso.
- Lleva tu propia silla plegable. Las bancas de cemento son frías y duras. Los vecinos llevan sillas de playa o plásticas. Si te sientas en el pasto, lleva un plástico o una manta.
- Saluda a todos. En Santa Rita, la gente se saluda aunque no se conozca. Un “buenas tardes” o “qué hubo” rompe el hielo. No te sorprendas si alguien te pregunta de dónde eres o qué haces ahí.
- No uses el celular todo el tiempo. El parque es para conversar, no para scrollear. Si te ven pegado a la pantalla, los vecinos van a pensar que eres un bicho raro. Guarda el teléfono y observa.
- La seguridad real. El parque es seguro durante el día y hasta las 9 p.m. Después de esa hora, se vacía y no hay mucha vigilancia. Los vecinos recomiendan no quedarse más allá de las 10 p.m. si no eres del sector. No hay problemas de atracos frecuentes, pero como en cualquier barrio de Cali, no regales papaya (no dejes objetos de valor a la vista).
- El mejor momento para fotos. La luz de la tarde, entre las 4 p.m. y las 5:30 p.m., es perfecta para retratos de los personajes del parque. Pide permiso antes de tomar fotos, especialmente a los señores del dominó. A la mayoría no les molesta, pero agradecen la cortesía.
- Prueba el jugo de lulo. Es la especialidad de don Jairo. Si no te gusta muy dulce, pídele que le ponga poca azúcar. Él sabe.
Preguntas frecuentes
¿El parque de Santa Rita es apto para niños pequeños?
Sí, pero no hay juegos infantiles modernos ni columpios. Los niños juegan en el pasto, corren alrededor de la fuente seca y se entretienen con los perros de los vecinos. Si tu hijo necesita un parque con toboganes y hamacas, este no es el lugar. Si buscas un espacio abierto para que corra sin peligro de carros, funciona bien.
¿Se puede llegar en bicicleta?
Sí. El barrio tiene calles relativamente planas y el parque no está en una avenida principal. Puedes dejar la bici amarrada a un árbol o a la reja del kiosco, pero asegúrate de usar un candado bueno. No hay biciparqueadero oficial.
¿Por qué ningún turista conoce este parque?
Porque no aparece en las guías de viaje ni en los tours organizados. No hay un letrero grande ni un evento famoso que lo promocione. Los turistas que llegan a Santa Rita lo hacen por casualidad, porque se alojan en un Airbnb del barrio o porque un amigo local los trajo. Es un lugar que los caleños guardan para ellos mismos, como un secreto que no quieren que se vuelva masivo.
Lleva una silla plegable y siéntate a las 4 p.m. con los vecinos. No necesitas más que eso para entender por qué este parque, sin aspavientos ni etiquetas, sigue siendo el corazón del barrio. En una ciudad que cambia a toda velocidad, Santa Rita se aferra a lo simple: una banca, una conversación y un jugo de lulo al atardecer.

