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La Cali que se fue: Memoria de los Cines de Barrio, Teatro y Salas de Variedades

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 29 de agosto, 2026
La Cali que se fue: Memoria de los Cines de Barrio, Teatro y Salas de Variedades

Antes de que existieran los centros comerciales con multiplex y antes de que el celular reemplazara la conversación en la fila, el cine era el corazón social de

La pantalla grande como centro social del barrio caleño

Antes de que existieran los centros comerciales con multiplex y antes de que el celular reemplazara la conversación en la fila, el cine era el corazón social de Cali. No me refiero a las grandes salas de estreno del centro, sino a esos cines de barrio donde el olor a crispetas con mantequilla rancia se mezclaba con el perfume barato de las muchachas que iban a verse y a dejarse ver. En los años 40, 50 y 60, cada barrio de la ciudad tenía su propio teatro. Iba uno a ver la película, sí, pero sobre todo iba a encontrar a los amigos, a conquistar a la novia en la penumbra o a enterarse de los chismes del vecindario en el intermedio.

La función era un ritual. El portero uniformado revisaba las boletas, el pregonero gritaba los estrenos de la semana y el organista —porque en muchos cines había órgano tubular— amenizaba la espera antes de que se apagaran las luces. Era otro país, otra ciudad. Y para entender la Cali de hoy, hay que caminar por sus ruinas.

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El auge: Cines de estreno en el centro vs. cines de barrio

La historia del cine en Cali es tan vieja como el propio cinematógrafo. Las primeras exhibiciones públicas se hicieron a finales del siglo XIX en carpas improvisadas en la Plaza de Cayzedo, pero fue en las primeras décadas del siglo XX cuando el negocio se formalizó con salas construidas específicamente para proyectar películas. El centro de la ciudad, alrededor de la calle 15 y la carrera 4ta, se llenó de teatros suntuosos con fachadas art déco y neoclásicas. Eran los cines de estreno, donde se veían las películas de Hollywood apenas unas semanas después de su lanzamiento mundial.

Pero la verdadera democratización del cine llegó con los cines de barrio. A medida que Cali se expandía hacia el oeste y el sur, surgieron salas en cada rincón. Estos cines eran más modestos, con una sola pantalla, sillas de madera o de plástico duro, y un ventilador gigante que apenas movía el aire caliente del trópico. Pero tenían algo que los grandes no tenían: identidad. El público era vecino, la taquillera conocía a todos por el nombre y el dueño del almacén de la esquina financiaba la compra de la boletera para los niños del barrio.

El cine San Nicolás y el corazón del centro

Uno de los más emblemáticos fue el Cine San Nicolás, ubicado en pleno centro, cerca de la iglesia del mismo nombre. Este teatro no solo proyectaba películas, sino que también era escenario de eventos cívicos y políticos. Su fachada, con detalles en relieve y una marquesina imponente, era un referente visual de la ciudad. Las crónicas de la época cuentan que en sus butacas se vivieron momentos históricos, como las transmisiones de los partidos de fútbol de la Selección Colombia en los mundiales de 1962 y 1990, cuando la gente iba a ver el partido en pantalla gigante porque no todos tenían televisor.

A pocas cuadras, el Teatro Colón (no confundir con el de Bogotá) era otro de los grandes. Con una capacidad para más de mil personas, era el lugar de estreno de las películas más taquilleras. Su arquitectura interior, con balcones y palcos, imitaba los grandes teatros europeos. Hoy, ese edificio tiene otro uso, pero la gente mayor del centro todavía recuerda las largas filas que daban la vuelta a la manzana.

Los cines de barrio: Alameda, El Obrero y otros

En los barrios obreros y populares, los cines tenían otro sabor. El Cine Alameda, en el barrio del mismo nombre, era famoso por sus funciones dobles los domingos: dos películas por el precio de una. El público era bullicioso, comentaba la película en voz alta y silbaba cuando aparecía la pareja romántica. No había silencio reverencial como en los teatros del centro; era una experiencia comunitaria y ruidosa.

El Cine El Obrero, en el barrio Obrero, era otro de los favoritos. Su nombre no era casualidad: estaba ubicado en una zona de clase trabajadora y sus tarifas eran las más económicas de la ciudad. Allí se veían películas mexicanas de la Época de Oro, rancheras y comedias de Cantinflas que hacían reír a carcajadas a un público que se identificaba con esos personajes. No era raro que la gente llevara comida desde la casa, envuelta en papel periódico, porque no había plata para las crispetas del cine.

En el sur, el Cine Versalles y el Cine Granada atendían a un público de clase media emergente. Eran salas más cómodas, con aire acondicionado —un lujo en los años 50— y butacas de terciopelo rojo. Allí se estrenaban las películas de Cantinflas, Pedro Infante y las superproducciones de Hollywood. Pero también eran el lugar de encuentro de los jóvenes de la época, que iban a ver y a ser vistos, en una especie de paseo social que terminaba en la heladería de al lado.

La lista de cines de barrio en Cali es larga y hoy casi todos han desaparecido. Algunos nombres que la memoria caleña guarda con cariño: el Teatro San Fernando (del que hablaremos más adelante), el Cine Calima, el Cine Bolívar, el Cine Municipal y el Cine Florida. Cada uno tenía su personalidad, su público y sus historias. Algunos eran de estreno, otros de reestreno (películas viejas a precio reducido) y otros de cine porno en sus últimos años, cuando la decadencia ya era evidente.

Línea de tiempo o hitos históricos

Los años dorados (1930-1960)

  • 1930-1940: Auge de la construcción de teatros en el centro. Se inauguran el Teatro Colón y el Teatro Municipal. Las películas son mudas, con piano en vivo.
  • 1940-1950: Llega el cine sonoro y los cines de barrio empiezan a multiplicarse. Se funda el Cine San Nicolás y el Cine Alameda. Las funciones de cine mexicano e argentino dominan la cartelera.
  • 1950-1960: Es la época dorada. Se estrenan las grandes producciones de Hollywood. Las salas de variedades y el teatro de revista viven su esplendor. El cine se convierte en el principal entretenimiento de los caleños.

La transición (1960-1980)

  • 1960: La televisión llega a Cali y empieza a competir con el cine. Las familias que antes iban al teatro los domingos, ahora se quedan en casa viendo la programación nacional.
  • 1970: El auge del cine porno en las salas de barrio acelera su decadencia. Muchas familias dejan de asistir y los cines se convierten en lugares "de hombres".
  • 1980: El narcotráfico cambia la dinámica social de Cali. El centro se vuelve peligroso y los cines de estreno pierden público. Algunas salas cierran y otras se convierten en iglesias cristianas.

La muerte lenta (1980-2000)

  • 1990: Los pocos cines que sobreviven se convierten en salas de cine para adultos o en bingos. La arquitectura original se destruye para adaptar los espacios a otros usos.
  • 2000: Llegan los multiplex a los centros comerciales (Cinemar, Royal Films, Cine Colombia), que ofrecen más comodidad y tecnología. Los cines de barrio, con su única pantalla y sus butacas viejas, no pueden competir y cierran definitivamente.

Las salas de variedades y el teatro de revista: El humor valluno y las vedettes

No todo era cine en los teatros de Cali. Las salas de variedades eran espacios donde se combinaba el cine con espectáculos en vivo. El formato era simple: se proyectaba una película y, en el intermedio o después, subía al escenario un show de humor, música y baile. Este formato fue la cuna del teatro de revista en la ciudad, un género que mezclaba comedia, música tropical y la presencia de vedettes —bailarinas exuberantes con vestuarios llamativos— que hacían las delicias del público masculino.

El teatro de revista en Cali tenía su propio sabor. El humor era valluno, con doble sentido y referencias locales que solo los caleños entendían. Los personajes típicos eran el "chocoano" (afrodescendiente del Pacífico), el "paisa" (del interior) y el "valluno" (el local), cada uno con sus estereotipos y sus chistes. Los libretos eran escritos por autores locales que conocían el alma de la ciudad y sus contradicciones.

Las vedettes más famosas de la época eran mujeres que llegaban de otras ciudades, especialmente de Medellín y Bogotá, en busca de fama y fortuna. Algunas se quedaron, se casaron con caleños y se convirtieron en personajes de la vida social. El Teatro Jorge Isaacs, el más importante de la ciudad, era el escenario de estas funciones, que alternaban con las temporadas de ópera y ballet. Era un espacio ecléctico donde cabía tanto la alta cultura como el entretenimiento popular.

Otra sala emblemática de este género fue el Teatro El Palacio, en el centro, que se especializó en revistas musicales. Las funciones comenzaban a las 7 de la noche y terminaban pasada la medianoche. El público era variado: familias en la función de la tarde, y hombres solos en la función de la noche, cuando el show subía de tono y las vedettes se quitaban más prendas. Era una época de mayor tolerancia con el desnudo, pero también de mayor control social: la policía hacía redadas periódicas para verificar que no hubiera "espectáculos inmorales".

Las salas de variedades también servían como plataforma para los músicos locales. El bolero, el pasillo y más tarde la salsa encontraron en estos teatros un espacio para presentarse en vivo. Muchas orquestas caleñas, que luego triunfarían en la Feria de Cali, comenzaron tocando en los intermedios de estas funciones. Era una escuela de música popular donde se formaron generaciones de artistas.

Personajes o hechos clave

El Teatro Jorge Isaacs: El sobreviviente monumental

El Teatro Jorge Isaacs es el único teatro histórico de Cali que sigue en pie, funcionando y con su arquitectura original casi intacta. Inaugurado en 1931, fue diseñado por el arquitecto italiano Mario Saint Amani, quien también construyó el Palacio Nacional. Su estilo es neoclásico con influencias art déco, y su fachada, en la carrera 3ra con calle 12, es una de las postales más hermosas del centro histórico.

El teatro debe su nombre al escritor Jorge Isaacs, autor de "La María", la novela más famosa del romanticismo colombiano, que nació en Cali en 1837. Durante décadas, el Jorge Isaacs fue el centro de la vida cultural de la ciudad: allí se presentaron las mejores compañías de teatro, ballet, ópera y música clásica. También fue sede del Festival de Cine de Cali en sus primeras ediciones, en los años 60.

Un dato curioso: el telón de boca del escenario, pintado por el artista Óscar Rodríguez Naranjo, es una obra de arte en sí mismo. Representa una alegoría de la música y el teatro, y fue restaurado en los años 90 con técnicas tradicionales. El teatro también tiene un órgano de tubos, de los pocos que quedan en Colombia, que se usa en conciertos especiales.

Hoy, el Teatro Jorge Isaacs es administrado por la Alcaldía de Cali y sigue ofreciendo una programación variada: conciertos, obras de teatro, cine y eventos institucionales. Es un espacio vivo, pero también un museo de lo que fue la ciudad. Su restauración, completada en 2018, devolvió el esplendor a sus muros, y es una visita obligada para cualquier amante de la historia urbana.

El Teatro San Fernando: El último cine de barrio en pie

Si hay un lugar que resume la nostalgia de los cines de barrio, es el Teatro San Fernando, en el barrio San Fernando, al sur de Cali. Este teatro fue fundado en 1947 y es uno de los pocos que conserva su estructura original: fachada art déco, marquesina con luces de neón y un interior con balcones y butacas de madera.

Durante décadas, el San Fernando fue el cine de estreno del sur de la ciudad. Las familias de clase media de los barrios San Fernando, Granada y El Peñón iban allí los fines de semana. El teatro también fue escenario de festivales de cine, conciertos y eventos políticos. En los años 80, con la llegada del narcotráfico y la violencia, el barrio se volvió más peligroso y el público dejó de asistir.

El San Fernando sobrevivió a duras penas, alternando funciones de cine porno con eventos de salsa y conciertos de rock. A finales de los años 90, un grupo de gestores culturales lo rescató y lo convirtió en un espacio para el teatro, la danza y la música alternativa. Hoy es un lugar de culto para la contracultura caleña, con una programación que incluye desde cine independiente hasta conciertos de bandas locales. Su fachada, con la marquesina original restaurada, es un monumento a la resistencia cultural.

El Cine San Nicolás y el auge del cine porno

El Cine San Nicolás, que en sus años dorados fue un teatro de estreno, terminó sus días como sala de cine porno. Esta fue la historia de casi todos los cines de barrio: a medida que la televisión y los multiplex ganaban terreno, las salas antiguas buscaron sobrevivir con el único público que les quedaba: hombres adultos que iban a ver películas eróticas. La transformación fue gradual. Primero dejaron de proyectar películas familiares, luego las funciones de medianoche se volvieron más explícitas y finalmente el cine se convirtió en un lugar estigmatizado. Para los vecinos, era un problema social; para los dueños, una forma de no quebrar.

El San Nicolás cerró definitivamente en los años 90. El edificio fue comprado por una iglesia cristiana y hoy es un templo. La fachada original fue modificada, pero si uno se fija bien, todavía puede ver la estructura del teatro bajo los letreros religiosos. Es una imagen triste pero también un testimonio de la transformación de la ciudad.

El Cine Alameda: De sala de cine a supermercado

El Cine Alameda tuvo un destino distinto. Después de cerrar como cine en los años 80, el edificio fue convertido en un supermercado de cadena. Los caleños que hoy compran sus víveres en ese local probablemente no saben que están pisando un lugar donde sus abuelos vieron películas de Cantinflas y se enamoraron. La estructura interior fue completamente remodelada, pero la fach

Orígenes

Los cines de barrio en Cali emergieron como parte fundamental de la vida social y cultural de la ciudad a mediados del siglo XX. En una época donde la televisión no había conquistado los hogares y las redes sociales no existían, estos espacios se convirtieron en puntos de encuentro para la comunidad, ofreciendo una mezcla de entretenimiento y socialización. Las salas de cine eran más que simples lugares para ver películas; eran escenarios donde se tejían historias colectivas, donde las familias y amigos compartían risas y lágrimas, y donde se forjaban recuerdos que perduraban en el tiempo.

Los primeros cines, como el Cine Colombia y el Cine Calima, comenzaron a operar en la década de 1940, presentando películas que iban desde clásicos de Hollywood hasta producciones nacionales que resonaban con el público local. Estos espacios estaban diseñados para ser accesibles, con precios asequibles que permitían que personas de diferentes estratos sociales disfrutaran de una misma función. La llegada del cine sonoro y a color en los años 50 fue un hito que transformó la experiencia cinematográfica, atrayendo aún más a los espectadores y consolidando la importancia de estas salas en la vida cotidiana de los caleños.

A medida que la ciudad creció, también lo hizo la diversidad de cines. La aparición de cines de variedades que ofrecían espectáculos en vivo, desde presentaciones de música tropical hasta comedias, brindó aún más opciones de entretenimiento. Estos cines no solo mostraban películas, sino que también celebraban la cultura local, integrando elementos de la identidad caleña en sus propuestas.

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Estado actual

Hoy en día, el panorama del cine en Cali ha cambiado drásticamente. Las antiguas salas de barrio han cedido su lugar a los modernos multiplex que ofrecen una experiencia más pulida, pero carecen del carácter íntimo y la historia que caracterizaba a los cines tradicionales. Aunque la cultura del cine sigue viva, es fundamental reconocer que la esencia de la experiencia cinematográfica en Cali ha evolucionado.

Las salas de cine como Royal Films y Cine Colombia siguen siendo populares, pero el desafío radica en mantener viva la memoria de aquellos cines que formaron parte de la identidad caleña. Los cinéfilos y los amantes de la cultura local pueden encontrar refugio en eventos como el Festival Internacional de Cine de Cali, que celebra el séptimo arte y brinda un espacio para recordar y revivir esas experiencias cinematográficas pasadas.

Teatro Municipal Enrique Buenaventura

Insider Tip: Asiste a las funciones de teatro que se realizan regularmente. Este espacio no solo alberga cine, sino también obras de teatro y presentaciones culturales que mantienen viva la tradición artística de Cali. La experiencia en este teatro es única, con su arquitectura histórica que invita a la reflexión.

La Tertulia

Insider Tip: Este cine arte es ideal para los amantes del cine independiente y de autor. Revisa su programación semanal para no perderte las proyecciones de películas que no suelen llegar a las grandes salas. Además, el ambiente acogedor y la posibilidad de disfrutar de un café en su café-bar hacen de cada visita una experiencia memorable.

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Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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