Orígenes
Si hoy caminas por el barrio Obrero o por el Sucre, y ves a un viejo moviendo los pies como si el piso le quemara, no te engañes: ese hombre no está bailando por casualidad. Está repitiendo un ritual que se gestó en la oscuridad de bodegas de caña, patios de tierra y callejones sin luz, mucho antes de que la salsa tuviera nombre en Cali.
La historia de la salsa caleña no empezó en los grandes salones de baile ni en las discotecas de moda. Empezó en las pistas de baile subterráneas, espacios clandestinos que los trabajadores de los ingenios azucareros y los ferrocarriles improvisaban al caer la noche. En los años 40 y 50, Cali era una ciudad que crecía a empujones, llena de migrantes del Pacífico y del Valle que llegaban buscando trabajo. Esa gente trajo consigo ritmos de marimba, currulao, y sobre todo, una hambre de alegría que no cabía en las casas de bareque.
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Los dueños de las fábricas y los terratenientes no veían con buenos ojos que sus trabajadores se reunieran a bailar. Por eso, las primeras pistas se hicieron en sótanos, en bodegas abandonadas de trapiches, o en patios traseros que se alquilaban por monedas. No había reflectores ni equipos de sonido: solo un tocadiscos de cuerda, un par de parlantes prestados y un piso de madera o tierra apisonada. Allí, entre el olor a sudor y aguardiente, nació el estilo que hoy hace famosa a Cali en el mundo.
Línea de tiempo o hitos históricos
Para entender cómo esas pistas subterráneas moldearon la salsa caleña, hay que mirar el reloj de la ciudad:
- 1930-1940: Llegan los primeros discos de son cubano y mambo a través del puerto de Buenaventura. Los trabajadores del ferrocarril los traen escondidos entre la carga. En los patios de las casas de inquilinato del barrio San Pascual se empiezan a organizar las primeras “descargas” informales.
- 1945: Se abre la primera pista subterránea reconocida en el barrio Obrero, en una bodega de la calle 15 con carrera 5. La llamaban “El Hueco” porque estaba en un semisótano. Ahí se bailaba al ritmo de orquestas como la de Pérez Prado, que sonaban en discos de 78 RPM.
- 1948: El Bogotazo y la violencia política empujan a más gente del campo a Cali. Los nuevos barrios populares como Sucre y El Piloto se llenan de desplazados que traen sus propios ritmos. Las pistas subterráneas se multiplican.
- 1952: Aparece el primer “pick-up” (tocadiscos portátil) en el barrio Obrero, propiedad de don Efraín Murillo, un zapatero que montaba bailes los fines de semana en su taller. Cobraba 10 centavos por persona.
- 1955: El músico cubano Benny Moré se presenta en Cali. Su visita marca un antes y un después: los caleños empiezan a preferir el son montuno y el guaguancó, que permitían más libertad en los pies que el mambo rígido.
- 1958: Se funda el primer club de baile formal en el barrio Obrero, “El Palacio de la Salsa”, pero la verdadera acción seguía en las pistas clandestinas, donde no había reglas ni horarios.
- 1960: La Feria de Cali institucionaliza la salsa, pero las pistas subterráneas ya habían creado un estilo único: el “paso libre” caleño, con giros rápidos y movimientos de cadera que no se veían en Cuba ni en Nueva York.
Personajes o hechos clave
La salsa caleña no la inventó una sola persona, pero hubo figuras que, desde el anonimato, marcaron el rumbo. Estos son algunos de los nombres que deberías conocer si quieres entender el verdadero origen:
Don Efraín Murillo: El zapatero que armaba bailes
Efraín Murillo no era músico ni bailarín profesional. Era un zapatero del barrio Obrero que, los sábados por la noche, despejaba su taller, colocaba un tocadiscos sobre una mesa de madera y empezaba a poner discos de son cubano. Su pista subterránea, conocida como “La Zapatería”, era un hueco de 4 por 5 metros donde cabían hasta 30 personas apretadas. Allí, don Efraín enseñaba los pasos básicos a los jóvenes del barrio, y fue el primero en notar que los caleños no bailaban como los cubanos: movían más los pies y menos las caderas. Murió en 1982 sin haber pisado una discoteca de lujo, pero su legado vive en cada paso de los bailarines de la Feria.
La Negra Teodora: La voz que unió dos mundos
Teodora Mosquera, conocida como “La Negra Teodora”, era una cantante de currulao que llegó de Tumaco a Cali en 1947. Se instaló en el barrio Sucre y empezó a cantar en las pistas subterráneas. Su voz ronca y potente se volvió la favorita de los trabajadores. Fue ella quien empezó a mezclar los ritmos del Pacífico colombiano con el son cubano, creando una fusión que más tarde se llamaría “salsa caleña”. Cuenta la leyenda que en una pista del barrio Obrero, La Negra Teodora se enfrentó a un grupo de músicos que querían tocar solo mambo, y les gritó: “¡Esto no es Cuba, esto es Cali, y aquí se baila con sabor a río!”. Ese momento se considera el nacimiento del estilo local.
Los Hermanos Zapata: Los arquitectos del paso libre
Los hermanos Juan y Luis Zapata eran mecánicos de la fábrica de textiles “Coltejer” en el barrio El Piloto. En los años 50, empezaron a experimentar con los giros en las pistas subterráneas. Mientras los bailarines cubanos se movían en círculos cerrados, los Zapata desarrollaron el “paso libre”: una serie de movimientos rápidos de pies, giros amplios y cambios de ritmo que exigían mucha destreza. Su técnica se volvió viral entre las pistas clandestinas, y para 1958 ya había escuelas informales donde se enseñaba el “estilo Zapata”. Juan Zapata murió en 2001, pero hasta sus últimos días daba clases gratis en el parque del barrio Obrero.
El dato curioso: Las pistas subterráneas y el aguardiente
Un dato que pocos conocen: en las pistas subterráneas de los años 40 y 50, el aguardiente no se vendía en botellas, sino en “totumadas” (vasos de totumo). Los dueños de las pistas compraban el licor a granel y lo revendían por vasos. Pero había una regla no escrita: si un bailarín derramaba el aguardiente en el piso de tierra, tenía que pagar una multa de 5 centavos para “mantener el piso firme”. Ese dinero se usaba para comprar más discos. Así, el olor a aguardiente y a tierra mojada se convirtió en la marca de fábrica de las primeras pistas caleñas.
Estado actual
Hoy, en mayo de 2026, las pistas subterráneas de los años 40 y 50 ya no existen como tales. La mayoría fueron demolidas o convertidas en bodegas, talleres o viviendas. Pero su espíritu sigue vivo en lugares como el barrio Obrero, el Sucre y el Piloto, donde todavía se organizan bailes informales en patios y garajes.
Si quieres sentir ese ambiente original, te recomiendo visitar el Parque del Barrio Obrero (calle 15 con carrera 4). Los domingos por la tarde, un grupo de veteranos se reúne a bailar al ritmo de un equipo de sonido portátil. No hay luces ni escenario, solo un círculo de sillas y un piso de cemento. Allí podrás ver a hombres y mujeres de 70 u 80 años moviéndose con la misma energía que hace 60 años. Es la versión contemporánea de las pistas subterráneas.
Otro lugar clave es el Salón del Barrio Sucre (carrera 10 con calle 12), un espacio comunitario que alberga bailes todos los sábados desde las 7 pm. La entrada cuesta alrededor de $5.000 COP (precio de referencia de mayo de 2026) e incluye una gaseosa. Allí se respira el mismo ambiente de las antiguas pistas: poca luz, mucho sudor y música que te llega a los huesos.
Sin embargo, hay que ser honestos: la gentrificación y el auge de las discotecas turísticas han desplazado a estas pistas tradicionales. Muchos jóvenes ya no conocen la historia del barrio Obrero ni saben que allí nació el estilo que hoy bailan en Nueva York o Tokio. Por eso, si eres turista, te recomiendo buscar a don Álvaro, un veterano de 78 años que todavía da clases de paso libre en el parque del barrio Obrero los sábados a las 10 am. Él te contará historias que no aparecen en ningún libro.
El legado de las pistas subterráneas también sobrevive en la música. Bandas como La 33 o Son de Cali han grabado canciones que homenajean esos espacios. Y cada año, durante la Feria de Cali, se organiza una “ruta de las pistas clandestinas” que recorre los antiguos sitios. Pero la verdadera magia está en los patios de los barrios populares, donde todavía se baila como en los años 40: sin reglas, sin reflectores, solo con el corazón.
Si conoces alguna pista de baile antigua en tu barrio, comparte su historia en los comentarios. Tal vez juntos podamos armar el mapa completo de la salsa subterránea de Cali.


