Un recorrido por los espacios donde la artesanía tradicional del Valle del Cauca cobra vida en Cali, desde talleres familiares hasta mercados vibrantes donde los maestros artesanos mantienen vivas técnicas centenarias.
En Cali, donde el ritmo de la salsa parece dictar el pulso de la ciudad, existe otro latido más antiguo y silencioso: el de las manos que tejen, tallan y moldean la tradición artesanal del Valle del Cauca. Esta ruta no es solo un recorrido turístico; es como seguir el rastro de los secretos familiares que mi abuela me contaba de niño, historias que se entrelazan con cada pieza artesanal.
La artesanía valluna es más que un lenguaje visual - es un susurro de memoria. Te cuento un secreto: la iraca no es solo una palma, es un testigo vivo de generaciones. Imagínate a una abuela enseñándole a su nieta a tejer, compartiendo historias mientras sus manos danzan entre las fibras, igual que como lo hacían sus ancestros hace décadas.
En los talleres como el de doña María o don Javier, no compras un objeto, sino que rescatas un fragmento de alma caleña. Es como si cada cesta o figura de tagua tuviera un pedazo de conversación, un suspiro de historia que solo los locales pueden entender. Un consejo de amigo: cuando visites estos talleres, no solo mires, escucha. Cada artesano tiene una historia más fascinante que su obra.
Y en la Plaza de Caycedo los sábados, donde los artesanos se encuentran, no es un simple mercado. Es una reunión familiar donde cada pieza tiene un nombre, un origen, un alma. Un lugar donde los turistas son como invitados a una gran mesa donde se comparten historias más que productos.
Te confieso que cada vez que veo una pieza artesanal, no veo un recuerdo, veo un pedazo de Cali que late, que respira, que resiste. No es solo tradición, es resistencia hecha arte.