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El legado afro en Cali: más allá de la salsa

Valentina Gómez
Valentina Gómez|Curadora de Arte, Festivales & Cultura
Actualizado el 5 de mayo, 2026
El legado afro en Cali: más allá de la salsa

Si te digo “Cali”, lo primero que te viene a la mente es la salsa. Y sí, la ciudad se mueve al son del timbal y el piano. Pero esa música, esa forma de caminar,

Orígenes

Si te digo “Cali”, lo primero que te viene a la mente es la salsa. Y sí, la ciudad se mueve al son del timbal y el piano. Pero esa música, esa forma de caminar, de celebrar la vida, no nació en los estudios de grabación de Nueva York ni en las orquestas de los 70. Nació en los patios de tierra de las casas del Pacífico, en los arrullos de las abuelas, en el ritmo de los tambores que llegaron con los esclavizados africanos hace más de cuatro siglos. El legado afro en Cali es el piso sobre el que está construida la ciudad, y la salsa es solo una de sus ventanas.

Para entender a Cali hay que entender el Valle del Cauca como un territorio de plantaciones. Caña de azúcar, algodón, tabaco. Mano de obra esclava traída principalmente de la región del Congo, Angola y la costa de Guinea. Los esclavizados no solo trabajaban; sembraron su lengua, su cocina, su cosmogonía. Cuando la abolición llegó en 1851, muchos se quedaron en el valle geográfico, pero otros se internaron en el Pacífico colombiano, creando comunidades enteras que mantuvieron vivas las tradiciones. Esa herencia no se perdió: migró de vuelta a Cali durante el siglo XX, especialmente desde el Chocó, Tumaco y Buenaventura, trayendo consigo el currulao, el abozao, la marimba y una forma de entender el mundo donde lo espiritual y lo cotidiano se mezclan.

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Hoy, mayo de 2026, la huella africana está en cada esquina de la ciudad: en el olor del pandebono, en la forma de decir “miércoles” cuando alguien se tropieza, en la manera de bailar pegadito. Pero hay capas de esa historia que no se ven en los folletos turísticos. Este artículo es para que te metas en esas capas.

Barrios con raíces afro: Aguablanca y sus tradiciones vivas

Cuando la gente habla del Distrito de Aguablanca, muchas veces lo hacen desde el prejuicio: inseguridad, pobreza, falta de oportunidades. Es cierto que la zona oriental de Cali ha sido históricamente marginada. Pero también es cierto que Aguablanca es el corazón cultural afro de la ciudad. Aquí llegaron miles de familias desplazadas por la violencia del Pacífico en los 80 y 90, y aquí reconstruyeron su mundo.

El origen de un territorio

El nombre “Aguablanca” viene de la antigua Hacienda Aguablanca, una de las muchas que funcionaron con mano de obra esclava en la Colonia. Hoy, el Distrito agrupa barrios como Potrero Grande, Marroquín, Mojica, El Vallado, Alfonso López y otros. No es un lugar homogéneo: cada barrio tiene su propia historia, su propia esquina donde se reúnen los mayores a contar cuentos, su propia iglesia donde el culto evangélico se mezcla con cantos de alabao.

Si quieres sentir la cultura afro en estado puro, camina por Potrero Grande un sábado en la tarde. En las calles sin pavimentar, los niños juegan fútbol mientras las señoras venden jugo de borojó y dulce de papaya. En las casas, se escucha la chirimía chocoana. No hay tarima, no hay show: es la vida cotidiana. Y ahí está la clave: la cultura afro no es un espectáculo, es una forma de respirar.

Las tradiciones que no se apagan

En Aguablanca todavía se celebran los “Velorios de Santo” o “Velorios de Ángel”, una tradición del Pacífico donde se canta y se reza cuando muere un niño. No es triste: es una celebración porque el alma inocente va directo al cielo. También se mantienen los “Arrullos” al Niño Dios, cantos de cuna afrocolombianos que se hacen en diciembre. Y está el “Fandango de Negros”, una fiesta que mezcla baile, tambor y comida comunitaria.

  • Potrero Grande: Barrio donde se concentra la mayor población afro de Cali. Aquí funciona la Casa de la Cultura Afro, un espacio comunitario donde se dictan talleres de marimba, danza y oralidad.
  • Mojica: Conocido por sus “Casas de la Memoria”, pequeños museos comunitarios donde las familias guardan fotos, documentos y objetos de sus abuelos que llegaron del Pacífico.
  • El Vallado: Barrio donde nació la agrupación “Bajucol”, pionera en la fusión de ritmos afro con jazz. Aquí también se encuentra la “Plaza de la 44”, un mercado improvisado donde se consiguen productos del Pacífico como el chontaduro, el pescado seco y la leche de coco.

Dato curioso: En Aguablanca existe una tradición llamada “La Tumbacatres”, una especie de juego de apuestas con dados que se juega en las esquinas desde hace generaciones. No es ilegal, es patrimonio oral. Los viejos dicen que las reglas las trajeron los esclavos del Congo y que el nombre viene de “tumbar” (derribar) y “catres” (camas), porque cuando se ganaba, se compraba un catre nuevo.

Gastronomía oculta: recetas ancestrales en mercados locales

La comida afro en Cali no se limita al arroz atollado o al sancocho de gallina que venden en los restaurantes del centro. Hay una cocina más profunda, más ritual, que se esconde en los mercados populares y en las casas de familia. Es una cocina que usa ingredientes del Pacífico como el borojó (una fruta que parece un aguacate marrón, usada como afrodisíaco), el naidí (palmito silvestre), el pescado seco (como el bocachico o la sierra) y el coco en todas sus formas.

Mercado de Santa Elena: la puerta de entrada

El Mercado de Santa Elena, en el centro de Cali, es el lugar más accesible para probar la gastronomía afro sin tener que ir hasta Aguablanca. En sus pasillos encuentras puestos que llevan décadas vendiendo tamales de pipián (rellenos de papa, maní y carne, envueltos en hoja de plátano), empanadas de pescado y champús (una bebida espesa de maíz, lulo y panela). Pero lo que pocos saben es que en el segundo piso, detrás de los puestos de frutas, hay cocineras que preparan platos que no aparecen en el menú: guiso de guarapiche (una masa de plátano verde rellena de pescado, frita y bañada en hogao) y sopa de queso (un caldo espeso con queso costeño, ñame y ahuyama).

Precios de referencia de mayo de 2026: Un plato de guarapiche con jugo natural cuesta entre $12.000 y $18.000 COP. El champús, unos $4.000 COP. Se recomienda verificar horarios antes de visitar, pues algunos puestos cierran después de las 3:00 p.m.

La cocina de las abuelas en Aguablanca

Si tienes un contacto local, pídele que te lleve a una casa en el barrio Marroquín un domingo al mediodía. Ahí vas a encontrar arroz con coco y camarón seco, encocado de pescado (pescado cocinado en leche de coco con cebolla, ajo y ají) y mazamorra de maíz con leche. No hay restaurante, no hay carta. Es comida hecha con leña, en ollas de barro, al ritmo de los rezos de la abuela. Esa es la verdadera experiencia gastronómica afro en Cali.

  • El Borojó: Se consume en jugo o en dulce. Se dice que tiene propiedades energizantes. En los mercados, un vaso de jugo de borojó cuesta alrededor de $3.000 COP.
  • El Chontaduro: Fruta roja y harinosa, se come con sal y miel. Es típico de la región del Pacífico. En Cali se consigue en las calles, vendido por vendedores ambulantes que lo ofrecen en bolsitas de plástico.
  • La Leche de Coco: No es la misma que la de los supermercados. La leche de coco artesanal se extrae rallando el coco y exprimiéndolo con agua tibia. Se usa para darle cremosidad a los guisos.

Dato curioso: En el Pacífico colombiano existe un plato llamado “Tapao” (o “Tapado”), que es un caldo de pescado con plátano verde, coco y hierbas. Se cocina tapado (de ahí el nombre) para que los sabores se concentren. En Cali, solo unas pocas cocineras lo preparan, casi siempre por encargo.

Personajes clave: líderes afro que moldearon la ciudad

Detrás de la Cali que conocemos hay nombres que no aparecen en los libros de historia oficial, pero que fueron fundamentales para que la cultura afro no se diluyera en la ciudad.

Petronila Álvarez

Nacida en Tumaco, llegó a Cali en los años 40. Fue cocinera, partera y líder comunitaria. En su casa del barrio Obrero (hoy parte de la Comuna 3) montó una “fonda” donde se reunían los migrantes del Pacífico. Allí se cocinaba, se bailaba currulao y se organizaban las primeras asociaciones de afrodescendientes en la ciudad. Petronila no dejó escritos, pero su legado está en cada mujer que hoy vende empanadas en la esquina y mantiene viva la tradición oral.

Jorge Artel

Poeta y periodista cartagenero que vivió en Cali en los años 50 y 60. Fue el primero en escribir sobre la negritud colombiana desde adentro, sin complejos. Su libro “Tambores en la noche” (1940) es considerado un clásico de la poesía afrocolombiana. En Cali, fue columnista del diario El País y fundó el movimiento cultural “Grupo de los Nueve”, que buscaba visibilizar el aporte afro a la cultura nacional. Su casa en el barrio San Antonio era punto de encuentro de artistas e intelectuales.

Luis Carlos “El Chonto” Quiñones

Músico y percusionista nacido en Buenaventura, radicado en Cali desde los 70. Fue el primero en fusionar la marimba de chonta con el jazz y la salsa, creando un sonido que hoy llaman “fusión pacífico-salsera”. Tocó con la Orquesta de Lucho Bermúdez y con Fruko y sus Tesos, pero su verdadera contribución fue enseñar gratis a jóvenes de Aguablanca a tocar tambor. Su escuela, “Tambores del Pacífico”, funcionó en Potrero Grande hasta su muerte en 2018. Hoy, sus exalumnos mantienen vivo el sonido.

Mery del Carmen Mosquera

Lideresa social y defensora de derechos humanos. En los 90, cuando Aguablanca era un basurero a cielo abierto, Mery organizó a las mujeres del barrio Mojica para exigir agua potable, alcantarillado y escuelas. Fundó la “Asociación de Mujeres Afro del Oriente de Cali” (AMOC), que hoy sigue funcionando. Su lucha no fue solo por servicios básicos: también recuperó las fiestas tradicionales del Pacífico, como el “Carnaval de Negros y Blancos” que se celebra en febrero en las calles de Mojica.

Cómo experimentar esta cultura hoy (rutas auténticas)

No necesitas un tour organizado ni una guía turística para vivir la cultura afro en Cali. Pero si quieres hacerlo con respeto y sin caer en el “turismo de pobreza”, aquí te dejo tres rutas que puedes hacer por tu cuenta.

Ruta 1: El mercado y la cocina

Empieza en el Mercado de Santa Elena (Cra 5 con Calle 13). Llega temprano, antes de las 9:00 a.m. Camina por los pasillos, prueba un champús en el puesto de la señora Julia (pregunta por ella, todos la conocen). Luego, sube al segundo piso y busca a la señora Rosa, que prepara guarapiche los sábados. Si te animas, cómprate un pescado seco y llévaselo a una cocinera para que te lo prepare. Eso es común: la gente lleva el pescado y paga solo por la preparación.

  • Duración: 2 a 3 horas.
  • Costo estimado: $20.000 a $30.000 COP por persona (comida y bebidas).
  • Recomendación: Lleva efectivo. Muchos puestos no tienen datáfono.

Ruta 2: Aguablanca a pie

Toma un bus en la estación de la Terminal (ruta “Aguablanca”) o pide un taxi que te lleve hasta el Parque de Potrero Grande. No es peligroso si vas de día y con respeto. Camina por la calle principal, saluda a la gente. Si ves una puerta abierta donde se escuche música, asómate y pregunta si puedes pasar. La gente es amable. Busca la Casa de la Cultura Afro (Cra 28 con Calle 77). Allí puedes preguntar por los talleres de marimba o danza. Si hay suerte, te invitan a un ensayo.

  • Duración: Medio día (4 a 5 horas).
  • Costo estimado: Transporte (bus: $2.500 COP, taxi: $15.000 COP desde el centro).
  • Recomendación: No tomes fotos sin permiso. Pregunta siempre antes de apuntar la cámara a una persona o a una casa.

Ruta 3: La noche de tambores

Los viernes y sábados en la noche, en el barrio El Vallado, se arma una “tamborada” espontánea en la esquina de la calle 44 con carrera 26. No hay aviso, no hay cartel. Solo llega la gente con sus tambores, sus marimbas y sus ganas de cantar. Es gratis. Lleva una silla plegable o un costal para sentarte en el andén. La música empieza tipo 8:00 p.m. y puede durar hasta la madrugada. No esperes salsa: esto es currulao puro, con versos improvisados que hablan de la vida, del amor y de la lucha.

  • Duración: De 8:00 p.m. a 1:00 a.m. (aproximadamente).
  • Costo estimado: Cero. La música es gratuita. Si quieres, compra una bebida en la tienda de la esquina (gaseosa: $2.500 COP, cerveza: $4.000 COP).
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Línea de tiempo o hitos históricos

La historia del legado afro en Cali va más allá de la música y la danza. Aquí te presentamos una línea de tiempo que destaca hitos clave en la influencia afrocolombiana en la ciudad:

1536: Fundación de Santiago de Cali

La llegada de los españoles a esta región marcó el inicio de un proceso que incluiría la llegada de africanos esclavizados, quienes trajeron consigo sus tradiciones y cultura. Este mestizaje cultural es fundamental para entender la esencia de Cali.

1821: Independencia de Colombia

La lucha por la independencia también significó un paso hacia la libertad de muchos afrocolombianos. A partir de este momento, se comienzan a vislumbrar cambios en la percepción y el lugar de la población afro en la sociedad caleña.

1970: Reconocimiento de la cultura afrocolombiana

Durante esta década, se consolidan movimientos sociales que buscan la reivindicación de los derechos de las comunidades afro en Cali. Este periodo marca el comienzo de un esfuerzo por preservar y promover su herencia cultural.

1991: Nueva Constitución Política de Colombia

La inclusión de artículos que reconocen y protegen la diversidad étnica y cultural del país abre un camino para que las comunidades afrocolombianas reivindiquen su identidad y derechos.

2003: Ley 70 de 1993

Esta ley, que busca la protección de los derechos de las comunidades afrocolombianas, también tiene un impacto significativo en Cali, donde la población afro se organiza para hacer valer sus derechos territoriales y culturales.

2011: Declaración de la música del Pacífico como Patrimonio Cultural

La música del Pacífico, que tiene profundas raíces afro, es reconocida a nivel nacional. Esto no solo resalta la riqueza musical de la región, sino que también impulsa el interés por la cultura afro en Cali.

2020: Reconocimiento a las festividades afro en Cali

Eventos como el Festival Petronio Álvarez se consolidan como espacios de celebración de la cultura afro. Este festival se convierte en un punto de encuentro para compartir tradiciones, gastronomía y música afrocolombiana.

Estos hitos son solo una parte del vasto legado afro en Cali. Conocer esta historia es esencial para entender la ciudad y su vibrante cultura.

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Valentina Gómez

Valentina Gómez

Curadora de Arte, Festivales & Cultura

Gestora cultural y periodista de eventos. Recorre festivales, salas de teatro, galerías y carnavales locales para documentar la escena viva.

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