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La Candelaria de noche: historias de fantasmas que nadie te cuenta

Equipo Editorial Malokal
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Actualizado el 7 de septiembre, 2026
La Candelaria de noche: historias de fantasmas que nadie te cuenta

Cuando el sol se esconde detrás de los cerros orientales y los turistas guardan sus cámaras, La Candelaria se transforma. Los faroles amarillos proyectan sombra

La Candelaria de noche: historias de fantasmas que nadie te cuenta

Cuando el sol se esconde detrás de los cerros orientales y los turistas guardan sus cámaras, La Candelaria se transforma. Los faroles amarillos proyectan sombras largas sobre los adoquines y el silencio de las calles coloniales se llena de algo más que el viento frío de Bogotá. Pregúntele a cualquier vigilante de la zona o a un taxista que haya recogido pasajeros después de la medianoche: todos tienen una historia. Algunos dicen que vieron una monja sin rostro en la Calle del Sol; otros juran haber escuchado cadenas arrastrándose cerca de la Casa del Florero. No es casualidad que La Candelaria sea considerada el epicentro de las leyendas urbanas de la capital. Aquí, entre casonas que sobrevivieron a la fundación de Santa Fe y pasajes que han visto pasar cuatro siglos de historia, lo inexplicable no es la excepción: es la regla.

Este recorrido no es para creyentes ni escépticos. Es para quienes quieren ver el centro histórico con otros ojos, los que se abren cuando cae la noche. Le prometo que después de leer esto, no va a volver a pasar por el Chorro de Quevedo sin mirar dos veces hacia las ventanas del segundo piso.

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El peso de la historia en cada esquina

Para entender por qué La Candelaria es un imán de historias paranormales, hay que entender qué fue este lugar. Estamos hablando del corazón fundacional de Bogotá, establecido en 1538 por Gonzalo Jiménez de Quesada. Durante la Colonia, aquí vivieron los virreyes, los arzobispos y las familias más poderosas del Nuevo Reino de Granada. Pero también fue escenario de ejecuciones, epidemias y las famosas "tapias" donde se escondían tesoros y también cuerpos.

La Candelaria no es un barrio cualquiera: es un palimpsesto. Debajo de cada iglesia hay un cementerio indígena o un antiguo camposanto. Dentro de cada casona restaurada como hotel o museo, hubo capillas, cárceles o claustros. Los historiadores calculan que solo en el sector comprendido entre la Plaza de Bolívar y el Chorro de Quevedo, hubo al menos cinco cementerios coloniales que fueron "trasladados" de manera apresurada, dejando restos olvidados bajo los cimientos. Ese tipo de cosas no quedan impunes en el plano espiritual.

Y no es solo el pasado indígena o colonial. El siglo XX también dejó su marca: el Bogotazo en 1948, cuando la ciudad ardió tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, convirtió a La Candelaria en un laberinto de escombros y muerte. Muchas de las casonas que hoy vemos restauradas fueron reconstruidas sobre cenizas y, presuntamente, sobre cuerpos que nunca fueron reclamados. Con ese historial, no es raro que los vecinos digan que las paredes "sudan historias".

En septiembre de 2026, el interés por el turismo oscuro ha crecido exponencialmente en Bogotá. Tours de fantasmas, noches de leyendas en museos y hasta aplicaciones de audio-guías paranormales están apareciendo por toda la ciudad. Pero nada supera la experiencia de caminar solo, con las manos en los bolsillos y el corazón latiendo rápido, por las calles que han inspirado a generaciones de creyentes en lo sobrenatural.

Las historias que duermen en las casonas

Aquí van las leyendas más persistentes de La Candelaria. Cada una tiene una ubicación concreta, un ancla en la historia real y una versión que ha mutado con el tiempo. Tome nota: si decide ir a comprobarlas, hágalo con respeto. Los lugareños dicen que las ánimas no molestan a quien no las molesta.

La monja del Callejón del Sombrero

Entre la Calle 12 y la Carrera 2a hay un pasaje angosto que pocos notan de día: el Callejón del Sombrero. De noche, los pocos que se atreven a cruzarlo cuentan que han visto a una mujer con hábito negro y velo que camina sin hacer ruido, flotando a unos centímetros del suelo. No tiene rostro: el capuchón está vacío.

La historia real se remonta al siglo XVII, cuando el convento de las Carmelitas Descalzas ocupaba parte de esta zona. Una novicia llamada Sor María Ignacia fue acusada de mantener un romance con un capitán español. El castigo fue severo: fue emparedada viva en una de las celdas del convento. Desde entonces, los residentes del sector reportan lamentos que salen de las paredes de las casas que hoy ocupan el lugar, especialmente entre la 1 y las 3 de la madrugada.

Algunos vecinos del Callejón del Sombrero, que hoy alberga hostales y cafés, dicen que la monja solo aparece cuando hay luna llena. Otros, más prácticos, dicen que aparece cuando hay problemas de humedad en las paredes, como si el espíritu buscara salir. Lo más inquietante: varios huéspedes de hostales en esa cuadra han reportado despertar a las 2:33 a.m. (hora exacta de su muerte, según los archivos parroquiales) con la sensación de que alguien los observa desde el rincón.

La mula herrada del Chorro de Quevedo

El Chorro de Quevedo es el lugar más visitado de La Candelaria durante el día. Es pintoresco, bohemio y lleno de estudiantes tomando café. Pero cuando cierran los restaurantes de la plazoleta, la leyenda más antigua del barrio cobra vida.

Cuenta la tradición oral que en la época colonial, un arriero malhumorado llamado Don Eustaquio maltrataba a su mula con una crueldad insoportable. La bestia, cargada de aguardiente y mercancías para las tiendas del centro, era golpeada cada vez que tropezaba en los empedrados resbaladizos. Una noche de tormenta, la mula se negó a avanzar y Don Eustaquio la azotó hasta matarla justo frente al antiguo pozo de agua que dio nombre al lugar.

Lo que pasó después es materia de leyenda. Dicen que el arriero murió una semana después, pisado por una mula fantasma en el mismo punto. Y desde entonces, los trasnochados que se sientan en las piedras del Chorro de Quevedo después de la medianoche aseguran escuchar el sonido de herraduras sobre el adoquín... pero no ven ningún animal. Algunos afirman ver una silueta borrosa de una mula bebiendo del chorro de agua que ya no existe (el pozo original fue tapado en los años 60).

La versión más moderna de esta leyenda en septiembre de 2026 involucra a los conductores de aplicación que recogen pasajeros en esa zona: varios han reportado que un pasajero misterioso pide que lo lleven a la Carrera 2a con Calle 13, y al llegar, el asiento trasero está vacío, pero el vehículo huele a cuero viejo y a tierra mojada.

La Llorona del Palacio de San Carlos

El Palacio de San Carlos, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores en la Plaza de Bolívar, no solo guarda la historia de la independencia. También guarda una de las leyendas más desgarradoras del barrio.

Durante la época colonial, el palacio fue residencia de los virreyes. Una de las hijas de un virrey, Doña Isabel, se enamoró de un criado. Cuando su padre descubrió el romance, el criado fue enviado a las minas de oro de Antioquia y nunca regresó. Isabel, embarazada y deshonrada, dio a luz en secreto a un niño que, según las malas lenguas, fue entregado a un orfanato. La joven enloqueció de dolor y pasó sus últimos años recorriendo los pasillos del palacio llorando por su hijo.

Los guardias de seguridad que trabajan en el turno de noche (y que prefieren no dar su nombre por temor a represalias) cuentan que ocasionalmente se escucha un llanto profundo que viene de las habitaciones del segundo piso, donde hoy funcionan oficinas diplomáticas. El llanto, dicen, siempre se escucha a la misma hora: las 3 de la mañana, cuando el palacio está completamente vacío.

Pero hay una variante más inquietante. Algunos taxistas que pasan por la Plaza de Bolívar a altas horas de la madrugada juran que han visto a una mujer joven con vestido blanco de época colonial caminando por el costado oriental del palacio, justo donde antes había un pasaje que comunicaba con la Catedral. Cuando el vehículo se acerca, la mujer desaparece. Los más viejos del lugar dicen que esa es Isabel, que sigue buscando la manera de llegar a la iglesia para rezar por el alma de su hijo.

La Casa del Florero y sus visitantes nocturnos

El Museo de la Independencia, más conocido como la Casa del Florero (Calle 11 con Carrera 6), es otro de los puntos calientes de actividad paranormal en La Candelaria. No es para menos: este lugar fue testigo de los eventos del 20 de julio de 1810 que desencadenaron la independencia de Colombia.

La leyenda dice que los héroes de la independencia no fueron los únicos presentes esa noche. Los empleados del museo (que hoy funciona como espacio de memoria histórica) reportan que en varias ocasiones han encontrado objetos movidos de lugar al llegar en la mañana. Sillas que estaban en la sala de exposiciones temporales aparecen alineadas contra la pared. Libros de la biblioteca interna cambian de estante.

Una de las historias más recurrentes tiene que ver con una figura masculina vestida con uniforme militar de principios del siglo XIX que ha sido vista en el patio central. Los vigilantes nocturnos lo describen como un hombre de estatura media, con bigote y sombrero de la época, que camina con paso firme desde la entrada principal hasta el fondo del patio y luego desaparece en la pared que da hacia la Carrera 6. Los investigadores de lo paranormal que han visitado el lugar especulan que podría ser alguno de los próceres que participó en los eventos de 1810 y que murió poco después en las guerras de independencia, condenado a repetir eternamente el momento más glorioso de su vida.

El dato curioso (y poco conocido) es que la Casa del Florero fue también un centro de operaciones de la policía política durante la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla en los años 50. En el sótano, que hoy no está abierto al público, funcionaron celdas de detención. Algunos trabajadores jubilados del museo cuentan que en los años 80 se hicieron obras para ampliar los cimientos y se encontraron huesos humanos que no fueron reportados a las autoridades. ¿Serán esos restos los que todavía deambulan por los pasillos? Nadie lo sabe con certeza, pero los que han trabajado allí por décadas prefieren no hablar del tema.

El fantasma del poeta en la Casa de Poesía

La Casa de Poesía, ubicada en la Calle 12 con Carrera 3, es un lugar hermoso y tranquilo durante el día. Alberga eventos literarios, talleres y una biblioteca especializada en poesía latinoamericana. Pero los que conocen su historia saben que este edificio fue el hogar del poeta José Asunción Silva, uno de los grandes del modernismo hispanoamericano.

Silva vivió allí a finales del siglo XIX, en una época marcada por la ruina económica de su familia y la muerte de su hermana Elvira, a quien amaba profundamente. El poeta, sumido en la depresión, se suicidó en 1896 a los 31 años. Pero antes de morir, escribió algunos de los versos más desgarradores de la literatura colombiana, muchos de ellos inspirados en la casa que hoy alberga la fundación que lleva su nombre.

Los empleados de la Casa de Poesía cuentan que en las noches de tormenta (que en Bogotá son frecuentes) se escuchan pasos en el segundo piso, donde está la oficina principal. También reportan que el olor a tabaco (Silva era fumador empedernido) inunda repentinamente algunas habitaciones, sin que haya nadie fumando cerca. Algunos visitantes de eventos nocturnos han visto la silueta de un hombre alto y delgado, con bigote y traje negro de la época, observándolos desde el balcón interior que da al patio central.

La versión más poética de la leyenda dice que Silva no puede irse porque sigue buscando los manuscritos de su obra cumbre, "El libro de versos", que se perdió en un naufragio cuando viajaba a Venezuela. Otros dicen que simplemente no quiere dejar la casa donde escribió sus mejores poemas, incluso si eso significa quedarse atrapado entre dos mundos.

Un recorrido nocturno de dos horas

Si después de leer esto le quedó el interés (y el valor), le propongo un itinerario de caminata nocturna por La Candelaria. Es un recorrido de aproximadamente dos horas, diseñado para hacerlo en grupo y con precaución. No es un tour oficial ni guiado; es simplemente la ruta que los locales curiosos han trazado para mostrarle a los visitantes el lado oscuro del barrio.

Punto de partida: Chorro de Quevedo (Calle 13 con Carrera 2a)
Llegue entre las 8:00 y las 8:30 de la noche, cuando la plazoleta se está vaciando. Es el mejor momento para sentarse en las escalinatas y observar el ambiente que se transforma. Mire hacia las ventanas del segundo piso de las casas coloniales. Si tiene suerte (o mala suerte, según se mire), verá una sombra que se mueve detrás de una ventana iluminada. La leyenda de la mula herrada es más fácil de "experimentar" si se queda quieto y escucha con atención el sonido del viento moviéndose entre los callejones.

Primera parada: Callejón del Sombrero (Calle 12 entre Carreras 2a y 3a)
Camine hacia el sur por la Carrera 2a hasta llegar a la Calle 12. Gire a la derecha y camine lentamente por este pasaje angosto. La iluminación aquí es deficiente (un farol al inicio y otro al final), lo que aumenta la sensación de claustrofobia. Si va con amigos, caminen en fila india y no hablen en voz alta. Los residentes de los hostales cercanos están acostumbrados a ver curiosos, pero los vecinos de toda la vida podrían salir a preguntar qué hacen. Sea respetuoso y siga su camino.

Segunda parada: Casa de Poesía (Calle 12 con Carrera 3)
Continúe por la Calle 12 hacia el occidente. La Casa de Poesía estará cerrada a esta hora, pero la fachada iluminada es imponente. Deténgase al frente y observe el balcón del segundo piso. Los vecinos del sector cuentan que si uno se queda mirando fijamente por más de un minuto, es posible ver una figura que se asoma y luego se retira rápidamente. No intente entrar: el edificio tiene alarmas y el vigilante nocturno no recibe bien a los curiosos.

Tercera parada: Casa del Florero (Calle 11 con Carrera 6)
Siga por la Calle 12 hasta la Carrera 6 y gire a la izquierda. En la esquina con la Calle 11 está la Casa del Florero. La fachada principal está iluminada con luces cálidas que le dan un aspecto casi teatral. Los vigilantes nocturnos que están en la entrada suelen ser amables si uno les pregunta con respeto sobre las historias del lugar. Algunos incluso cuentan anécdotas propias, pero muchos prefieren guardar silencio por miedo a represalias laborales. No insista si no quieren hablar.

Cuarta parada: Plaza de Bolívar y Palacio de San Carlos
Continúe por la Calle 11 hacia el occidente hasta llegar a la Plaza de Bolívar. La plaza está bastante iluminada, lo que la hace relativamente segura a esta hora. Cruce hacia el costado oriental, donde está el Palacio de San Carlos. Los guardias de la policía que custodian la plaza están acostumbrados a ver curiosos y trasnochados. No se acerque demasiado al palacio; la zona está restringida y podría tener problemas con la seguridad. Quédese en la acera opuesta y observe la fachada. Si tiene suerte, verá una luz que se enciende y se apaga en una de las ventanas del segundo piso. Los guardias dicen que eso ocurre con frecuencia, incluso cuando el edificio está vacío.

Punto final: Plaza de Bolívar
Termine el recorrido sentándose en una de las bancas de la plaza, de espaldas a la Catedral. Desde allí tiene una vista perfecta del Palacio de Justicia (que tiene su propia historia trágica con el asedio de 1985) y del Capitolio Nacional. Tómese unos minutos para reflexionar sobre lo que ha visto. Si va en grupo, compartan las sensaciones que tuvieron en cada parada. La mayoría de la gente reporta una mezcla de adrenalina y una extraña calma, como si las historias antiguas de La Candelaria no fueran para asustar, sino para recordar que la ciudad tiene más capas de las que vemos a simple vista.

Duración total: aproximadamente 2 horas (si camina a paso tranquilo y se detiene en cada punto).
Distancia: 1.5 kilómetros en total, sin desvíos.
Horario recomendado: 8:00 p.m. a 10:00 p.m.

Dónde comer o beber después del recorrido

Después de una caminata llena de historias de fantasmas, el cuerpo pide algo caliente y el estómago pide algo sustancioso. La Candelaria tiene opciones nocturnas que no son las típicas discotecas de la Zona Rosa. Aquí van algunas recomendaciones que funcionan bien después de las 10 de la noche.

La Puerta Falsa (Calle 11 con Carrera 6)
Es el restaurante más antiguo de Bogotá (funciona desde 1816) y aunque cierra relativamente temprano (alrededor de las 9:00 p.m.), si llega antes de esa hora puede probar sus famosos tamales y el chocolate santafereño con queso. El lugar es pequeño y siempre está lleno, pero vale la pena la espera. Los precios son moderados: un tamal con chocolate cuesta alrededor de $18.000 COP (precio de referencia de septiembre de 2026). Eso sí, si va después de las 8:00 p.m., es probable que ya no haya tamales. Pregunte por las opciones del día.

La Paila (Calle 12 con Carrera 4)
Un restaurante informal especializado en comida colombiana con un toque contemporáneo. Abren hasta las 11:00 p.m. los viernes y sábados. Pruebe el ajiaco o la bandeja paisa si tiene mucha hambre. Los precios van desde $25.000 COP por plato principal. El ambiente es relajado y el personal está acostumbrado a recibir grupos de amigos que vienen de hacer tours nocturnos.

El Gato Gris (Calle 13 con Carrera 2a, cerca al Chorro de Quevedo)
Un café-bar bohemio que se llena de estudiantes

Qué hacer

Visitar el Museo del Oro

Este icónico museo alberga la colección de orfebrería prehispánica más grande del mundo. Al caer la noche, el edificio adquiere un aire misterioso que resuena con las historias de los pueblos indígenas. Insider Tip: Los miércoles la entrada es gratuita hasta las 8 p.m., así que planifica tu visita para disfrutar de la atmósfera nocturna sin gastar un peso.

Pasear por la Plaza de Bolívar

La Plaza de Bolívar es el epicentro de la historia política de Colombia y, al anochecer, se llena de sombras y relatos de tiempos pasados. Las luces de los edificios alrededor crean un ambiente único. Insider Tip: No te pierdas la oportunidad de escuchar a los cuenteros que suelen narrar leyendas locales en la plaza; su habilidad para contar historias te transportará a otro tiempo.

Explorar La Casa de la Moneda

Este museo ofrece una mirada profunda a la historia monetaria de Colombia, pero también alberga relatos sobre fantasmas de anteriores empleados y visitantes. Insider Tip: Pide unirte a una de las visitas guiadas nocturnas, donde los guías suelen compartir anécdotas escalofriantes que no se encuentran en los folletos.

Cenar en Casa de la Cerveza

Un lugar perfecto para disfrutar de una buena comida y una amplia variedad de cervezas artesanales. La decoración rústica y el ambiente acogedor son ideales para una velada relajante después de un recorrido por la zona. Insider Tip: Prueba la bandeja paisa, es un plato típico que no decepciona, y acompáñalo con una cerveza local para una experiencia auténtica.

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Cómo llegar y transporte

Para llegar a La Candelaria, la zona más emblemática y rica en historia de Bogotá, tienes varias opciones de transporte. La movilidad en la ciudad puede ser un desafío, pero con algunos consejos, el recorrido se vuelve más fácil y agradable.

Transmilenio

El sistema de Transmilenio es una de las formas más rápidas de llegar. Las estaciones más cercanas son "Museo del Oro" y "Las Aguas". Desde allí, puedes caminar hacia La Candelaria. Insider Tip: Evita las horas pico, que son entre 7:00 a 9:00 a.m. y 5:00 a 7:00 p.m., para que tu experiencia sea más cómoda.

Taxi o aplicaciones de movilidad

Tomar un taxi o usar aplicaciones como Beat o Didi es una opción conveniente, especialmente si viajas en grupo o prefieres evitar el transporte público. Recuerda pedir el servicio en la calle o a través de la app. Insider Tip: Siempre verifica que el taxímetro esté encendido o acuerda un precio antes de iniciar el viaje.

Bici de Sitp

Si te sientes aventurero, puedes optar por una bicicleta. Bogotá cuenta con una red de ciclovías bastante extensa. Puedes alquilar una bici en alguna de las estaciones del sistema de bicicletas públicas. Insider Tip: Las noches en La Candelaria son frescas, así que lleva una chaqueta para disfrutar del trayecto sin pasar frío.

A pie

Si te encuentras en el centro de Bogotá, caminar hacia La Candelaria es una excelente opción. El recorrido te permitirá apreciar la arquitectura y el ambiente de la ciudad. Insider Tip: Lleva un mapa en tu celular y no dudes en preguntar a los locales sobre los mejores caminos. Ellos suelen tener recomendaciones que no verás en guías turísticas.

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Tips locales

Visita el Museo del Oro

Insider Tip: Aunque muchos lo conocen como un lugar de día, el Museo del Oro ofrece visitas nocturnas especiales en ciertas fechas. Aprovecha para ver las piezas más emblemáticas con menos gente, lo que añade un aire de misterio y te permite apreciar los detalles de la orfebrería precolombina en un ambiente más íntimo.

Caminata guiada de fantasmas

Insider Tip: Participa en una caminata guiada centrada en las leyendas de La Candelaria. Busca guías locales que cuenten historias auténticas y no solo los relatos típicos. Algunos de ellos han vivido en la zona toda su vida y tienen anécdotas fascinantes que no encontrarás en libros o sitios web.

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Preguntas frecuentes

¿Es seguro caminar por La Candelaria de noche?

La Candelaria es relativamente segura por la noche, especialmente en las zonas más turísticas. Sin embargo, siempre es recomendable mantener precauciones, como evitar calles solitarias y estar atento a tus pertenencias. Siempre que puedas, camina en grupo y elige rutas bien iluminadas.

¿Qué lugares debo visitar para conocer las historias de fantasmas?

La Candelaria está llena de sitios con historias escalofriantes. Algunos de los más destacados son:

Casa de la Moneda

Insider Tip: Este lugar no solo es un museo fascinante sobre la historia monetaria de Colombia, sino que también cuenta con relatos de apariciones. Si tienes la oportunidad, únete a una de sus visitas guiadas nocturnas, donde te contarán las leyendas más inquietantes.

Iglesia de San Francisco

Insider Tip: Además de su impresionante arquitectura barroca, la Iglesia de San Francisco tiene un aire misterioso por la noche. Busca a un guía local que pueda compartirte las historias sobre sus antiguos feligreses y los fenómenos inexplicables que han ocurrido en su interior.

La Casa de Rafael Uribe Uribe

Insider Tip: Este edificio, que se puede visitar, tiene un pasado oscuro y un ambiente enigmático. Si tienes la suerte de visitarlo en una noche de evento, es el momento perfecto para escuchar relatos de su historia y las leyendas que lo rodean.

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