El secreto de Pozos Colorados: cuando el turismo se fue
Si llegas a Santa Marta por la Troncal del Caribe, pasás por Pozos Colorados sin darte cuenta. Un letrero descolorido, una entrada de tierra, y al fondo el mar. Pero si te detenés, el barrio te cuenta otra historia. La que no aparece en las guías de viaje ni en los folletos de los hoteles de la zona. Pozos Colorados fue, hasta hace unos quince años, un pueblo de pescadores donde el tiempo se media por las mareas y el olor a pescado frito. Hoy, es un territorio en disputa: entre los edificios nuevos que se asoman al mar y las casas de madera que resisten. Este artículo es un intento de contar lo que pasa cuando el turismo se va y solo quedan los que siempre han estado.
Introducción histórica: de asentamiento de pescadores a zona residencial
Pozos Colorados no siempre fue un barrio. Hasta mediados del siglo XX, era una playa solitaria, rodeada de manglares y bosque seco tropical. Los primeros habitantes llegaron de pueblos cercanos como Taganga y Gaira, atraídos por la abundancia de peces y la tranquilidad. No había luz eléctrica ni agua potable. Las casas eran de palma y madera, y la vida giraba alrededor de la pesca artesanal.
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El nombre "Pozos Colorados" viene de unos pozos naturales de agua dulce que se formaban en la arena, con un tono rojizo por los minerales del suelo. Los pescadores los usaban para beber y lavar el pescado. Con el tiempo, el nombre se quedó.
En los años 80, empezaron a llegar familias de clase media de Santa Marta, que construyeron casas de veraneo. Pero el verdadero cambio llegó con el boom turístico de los 2000. La construcción de la Troncal del Caribe y la llegada de cadenas hoteleras internacionales transformaron la costa. Pozos Colorados pasó de ser un pueblo escondido a un punto estratégico para el desarrollo inmobiliario. Hoy, el barrio tiene unos 3.000 habitantes, pero la cifra varía según la temporada. Los que se quedan son testigos de una transformación que no pidieron.
Qué hacer en Pozos Colorados: más allá de la playa
Si venís a Pozos Colorados, no esperés un destino turístico armado. Acá no hay restaurantes de mantel blanco ni tiendas de souvenirs. Lo que hay es una experiencia auténtica, si sabés dónde mirar.
Caminar por la orilla al atardecer
La playa de Pozos Colorados no es la más bonita de Santa Marta, pero tiene un encanto bravo. La arena es gris, el agua a veces turbia, y el viento sopla fuerte. Pero al atardecer, cuando el sol se pone detrás de la Sierra Nevada, el cielo se pinta de colores que justifican el nombre del barrio. Caminá desde el sector de los pescadores hasta la desembocadura del río Manzanares. Son unos 2 kilómetros de ida.
Visitar la tienda de Doña Carmen
En la calle principal, frente a la cancha de fútbol, está la tienda de Doña Carmen. Abrió en 1987 y desde entonces vende de desde panela hasta cerveza fría. Doña Carmen, que ya pasó los 70, se sienta en la puerta y saluda a todos los que pasan. Si le preguntás, te cuenta cómo era el barrio cuando no había carros y la gente se bañaba en los pozos. No hay letrero, pero todo el mundo la conoce.
Observar aves en el manglar
Detrás del barrio, hacia el sur, queda un pedazo de manglar que todavía resiste. Ahí se refugian garzas, ibises y, si tenés suerte, algún martín pescador. No es un ecoparque ni hay senderos marcados. Solo un camino de tierra que se pierde entre los árboles. Llevá repelente y agua.
Comprar pescado fresco en la mañana
Los pescadores salen en lanchas de madera a las 4 de la mañana y vuelven alrededor de las 9. En la playa, junto al varadero, venden el pescado directamente. Pargo rojo, sierra, jurel. A veces también langosta, aunque cada vez menos. El precio es casi la mitad que en el mercado de Santa Marta. Llevá una nevera portátil si querés llevarlo.
Dónde comer o beber: sabores de barrio
Comer en Pozos Colorados es una experiencia de fogón y sal marina. No hay restaurantes elegantes, pero hay cocinas que saben a verdad.
El fogón de la abuela Elvira
En la casa rosada, a dos cuadras de la playa, Doña Elvira cocina desde las 11 de la mañana. No tiene menú: cocina lo que pescaron ese día. Arroz de coco, patacones, pescado frito y una salsa de hogao que es su secreto. El plato cuesta alrededor de $18.000 COP (precio de referencia de mayo de 2026). No hay carta, solo preguntale qué hay.
La esquina de Don Toño
Don Toño tiene un carrito de arepas en la esquina de la cancha. Lleva 23 años ahí. Las arepas son de maíz pelado, rellenas de queso costeño o de chicharrón. Las vende de 6 de la tarde hasta que se acaben, casi siempre antes de las 9. Cuestan $5.000 COP cada una. Si querés probar algo único, pedile la arepa con huevo de codorniz.
Tienda y billar "El Muelle"
En la calle que lleva al mar, "El Muelle" es más un punto de encuentro que un bar. Tiene dos mesas de billar, una nevera con cerveza Águila y un parlante que pone vallenato a todo volumen. Los fines de semana se llena de vecinos que juegan dominó y discuten de fútbol. Una cerveza cuesta $3.500 COP. No es un lugar para turistas, pero si llegás con respeto, te reciben bien.
Cómo llegar y transporte
Pozos Colorados queda a unos 15 minutos en carro desde el centro de Santa Marta. La entrada principal está sobre la Troncal del Caribe, entre la Universidad del Magdalena y el aeropuerto Simón Bolívar.
- En bus: Desde el centro, tomá cualquier bus que diga "Pozos Colorados" o "Gaira". Pasan cada 15 minutos aproximadamente. El pasaje cuesta $2.200 COP. Dejá al chofer que te avise cuando llegues, porque la parada no tiene letrero.
- En mototaxi: Desde el mercado público o la Terminal de Transporte, un mototaxi te deja en la entrada del barrio por $5.000 COP. Negociá el precio antes de subir.
- En carro particular: Si venís manejando, buscá la entrada por la Troncal, a la altura del kilómetro 5. Hay una vía sin pavimentar que lleva al centro del barrio. Estacioná en la playa o cerca de la cancha, sin obstruir el paso.
Advertencia: el transporte público es irregular después de las 8 de la noche. Si te quedás hasta tarde, mejor acordá con un mototaxi que te recoja.
Tips locales: cómo moverse sin parecer turista
- Saludá siempre. En Pozos Colorados, la gente se saluda aunque no se conozca. Un "buenos días" o "buenas tardes" al pasar abre puertas.
- No saqués el celular a cada rato. No es inseguro, pero la gente local se incomoda si ven a un extraño grabando todo. Preguntá antes de tomar fotos, sobre todo a los mayores.
- Llevá efectivo. En el barrio no hay cajeros automáticos ni datáfonos. Las tiendas y puestos de comida solo reciben efectivo.
- Respetá el horario de la siesta. Entre la 1 y las 3 de la tarde, el barrio se queda en silencio. No pongás música alta ni hagás ruido.
- Aprendé una frase en costeño. Decir "¡ay, ombe!" en el momento correcto te gana simpatía. Significa sorpresa, acuerdo o resignación, según el tono.
Perfil de tres personajes icónicos: la memoria del barrio
Pozos Colorados no se entiende sin quienes lo han vivido. Acá van tres historias que resumen el cambio.
Don Marcos, el pescador anciano
Don Marcos tiene 78 años y todavía sale al mar. Nació en una casa de palma donde hoy está el edificio "Mar Azul". Se acuerda de cuando el agua era tan clara que se veían los peces desde la orilla. "Ahora hay que ir más lejos. Los edificios taparon el viento y los peces se fueron", dice mientras remienda una red. Su lancha se llama "La Última", porque fue la última que construyó su papá. Don Marcos es el único pescador que queda de la generación original. Los otros se fueron, murieron o vendieron sus tierras.
Doña Carmen, la dueña de la tienda
Doña Carmen abrió la tienda en 1987, cuando Pozos Colorados era un caserío. Vendía dulces y gaseosas en una mesa de madera. Hoy, su tienda es el centro social del barrio. "Antes conocía a todos los que pasaban. Ahora veo caras nuevas cada semana. Gente que alquila, que construye, que viene y se va", cuenta. Doña Carmen guarda un álbum de fotos viejas donde se ven las casas de palma y las calles de arena. Es el archivo no oficial del barrio.
Jairo, el joven emprendedor
Jairo tiene 29 años y nació en Pozos Colorados. Estudió administración de empresas en la Universidad del Magdalena y volvió al barrio para montar un negocio de alquiler de kayaks y tablas de paddleboard. "Los turistas quieren experiencias, no solo playa. Yo les ofrezco remar en el manglar y contarles la historia del barrio", explica. Jairo es el puente entre el pasado y el futuro. Su negocio emplea a tres jóvenes del barrio y dona un porcentaje a la limpieza de la playa.
Cambios visibles: construcción, extranjeros y desaparición de la fauna
Los cambios en Pozos Colorados se ven a simple vista. En los últimos diez años, se construyeron al menos doce edificios de apartamentos y condominios en la primera línea de playa. La mayoría son de inversionistas extranjeros, especialmente europeos, que compraron lotes a precios bajos antes de que subieran. Hoy, un metro cuadrado en la playa cuesta más de 3 millones de pesos colombianos.
La fauna también cambió. Las tortugas marinas que desovaban en la playa desaparecieron. Los pelícanos son menos. Los manglares, que antes eran un criadero natural de peces, se redujeron a la mitad. Los pescadores locales dicen que las capturas cayeron un 70% en los últimos quince años.
La llegada de extranjeros también trajo dinámicas nuevas. Algunos alquilan casas enteras por temporada, lo que disparó los precios de arriendo para los locales. Una habitación que en 2015 costaba $200.000 pesos al mes, hoy cuesta $600.000. Muchas familias han tenido que mudarse a barrios más alejados, como Gaira o Bastidas.
Reflexión sobre gentrificación y resistencia cultural
Lo que pasa en Pozos Colorados no es único. Es el mismo proceso que se vive en Taganga, en El Rodadero, en Palomino. La gentrificación costera avanza con la promesa de desarrollo, pero deja atrás a quienes construyeron el lugar. Sin embargo, en Pozos Colorados hay algo distinto: una resistencia cultural que no es ruidosa, sino cotidiana.
Doña Carmen sigue vendiendo dulces en su tienda. Don Marcos sigue saliendo al mar. Los jóvenes como Jairo buscan formas de integrar el turismo sin perder la identidad. La cancha de fútbol sigue siendo el centro del barrio, y los domingos se arman partidos que duran hasta el atardecer.
La pregunta es hasta cuándo. El plan de ordenamiento territorial de Santa Marta, aprobado en 2024, permite la construcción de hoteles de hasta 10 pisos en la zona. Si se ejecuta, Pozos Colorados podría desaparecer como barrio y convertirse en un corredor hotelero más. Pero mientras haya alguien que recuerde los pozos colorados de agua dulce, el barrio no se habrá ido del todo.
Galería de fotos antiguas vs. actuales
No podemos mostrar imágenes aquí, pero te invitamos a hacer el ejercicio visual: buscá en internet "Pozos Colorados años 80" y compará con las fotos de Google Maps de hoy. Vas a ver cómo las casas de madera dieron paso a muros de concreto, cómo la playa se llenó de sombrillas y cómo los niños que jugaban en la arena ahora son adultos que miran el mar desde sus terrazas.
Si tenés fotos antiguas del barrio, por favor envialas al archivo comunitario. Cada imagen es un pedazo de historia que no se debe perder.
Preguntas frecuentes
¿Es seguro visitar Pozos Colorados?
Sí, es un barrio tranquilo. Como en cualquier lugar, hay que tomar precauciones básicas: no dejar objetos de valor a la vista, evitar caminar solo de noche por calles oscuras y preguntar a los locales si tenés dudas. La comunidad es unida y cuida a los visitantes respetuosos.
¿Hay alojamiento en Pozos Colorados?
Sí, pero no hoteles grandes. Hay casas de alquiler por temporada, sobre todo en plataformas como Airbnb. También hay algunas habitaciones que alquilan familias locales. Los precios varían entre $50.000 y $150.000 COP por noche, según la temporada. Se recomienda reservar con anticipación y confirmar que el lugar tenga agua potable, porque a veces falla el suministro.
¿Cuál es la mejor época para visitar Pozos Colorados?
La mejor época es entre diciembre y abril, cuando el viento baja y el mar está más tranquilo. De mayo a noviembre, la temporada de lluvias puede hacer que la playa esté más sucia y el acceso al barrio se vuelva lodoso. Sin embargo, si te gusta la tranquilidad, los meses de septiembre y octubre son ideales porque hay menos turistas.
¿Cómo puedo contribuir al archivo comunitario de Pozos Colorados?
Si tenés fotos, videos o historias del barrio, podés enviarlas al correo que aparece en la página de Malokal (malokal.com) o contactar a la Junta de Acción Comunal de Pozos Colorados. Ellos están recopilando material para un libro de memoria local. Cada aporte cuenta.
¿Qué significa "Pozos Colorados"?
El nombre viene de unos pozos naturales de agua dulce que se formaban en la playa. El agua tenía un tono rojizo por los minerales del suelo, como el óxido de hierro. Los pescadores los usaban para beber y lavar el pescado. Hoy casi no quedan pozos, porque la construcción los tapó o los contaminó.
Envía tu historia de Pozos Colorados para el archivo comunitario. Si viviste, visitaste o escuchaste historias de este barrio, compartilas. Cada relato es una pieza que ayuda a entender cómo cambia una comunidad cuando el turismo toca la puerta y, a veces, se va sin cerrar.
