El mito: la procesión que nadie registra en redes
En Mamatoco, el barrio más antiguo de Santa Marta, hay una noche del año en que el tiempo se rompe. Mientras el resto de la ciudad se prepara para el desfile oficial de la Batalla de Flores, aquí, en las calles de tierra y casas de bareque, se celebra algo que ningún turista encuentra en Google Maps: el Entierro del Carnaval. No hay pantallas gigantes ni vallas publicitarias. Solo velas, ron, tambores y un ataúd de cartón que carga un muñeco vestido de diablo. Es una tradición que los samarios conocen de oídas, pero que pocos han visto. Y quienes la han vivido, no la filman: la sienten.
La historia cuenta que el Entierro nació a principios del siglo XX, cuando los carnavales oficiales de Santa Marta se volvieron eventos de élite en el centro. Los negros, indígenas y mestizos de Mamatoco, marginados de esas fiestas, crearon su propio ritual: enterrar simbólicamente la alegría del carnaval para que resucitara al año siguiente. Pero no es un entierro triste. Es una parranda fúnebre, donde el llanto es canto y el luto es baile. En mayo de 2026, la tradición sigue viva, aunque cada año menos jóvenes la conocen. Por eso este artículo no es una guía turística común: es un mapa para llegar antes de que el mito se apague.
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El personaje clave: el 'matarife' que toca el tambor y el 'diablo' que queman
El Entierro del Carnaval no tendría sentido sin sus dos figuras centrales: el matarife y el diablo. El matarife es el tamborero principal, casi siempre un hombre mayor del barrio que ha heredado el oficio de su padre o su abuelo. Su nombre viene de los tiempos en que Mamatoco era un pueblo de matarifes (carniceros) que sacrificaban reses para la ciudad. Hoy, el matarife es el que marca el ritmo del bullerengue con un tambor llamado "llamador", mientras carga una botella de ron en la otra mano. No hay ensayo: el ritmo sale del pecho.
El diablo, por otro lado, es un muñeco de trapo y cartón, vestido con una máscara roja y cuernos de papel maché. Lo construyen los vecinos semanas antes, en secreto, en la casa de la viuda del fundador (doña Eufemia, fallecida en 2019, pero cuya familia sigue el rito). Durante la procesión, el diablo va dentro de un ataúd abierto, cargado por cuatro hombres que simulan llorar. Al final de la noche, lo queman en una hoguera frente a la iglesia de Mamatoco. Ese acto es el clímax: el diablo representa los pecados del carnaval, y al quemarlo, el barrio se purifica para la cuaresma.
¿Quién puede ser matarife o diablero?
Cualquier hombre del barrio puede aspirar a ser matarife, pero el puesto se gana con años de toque. Los jóvenes aprenden desde niños, observando a los viejos en las esquinas. Para ser diablero (el que carga el ataúd), solo necesitas fuerza y resistencia al ron. Las mujeres no cargan el muñeco, pero son las que cantan las coplas fúnebres, conocidas como "décimas", que narran las desgracias del año.
El lugar exacto: el callejón de la Cruz Verde
La procesión empieza en el callejón de la Cruz Verde, una calle angosta que conecta la carrera 5 con la calle 12, en el corazón de Mamatoco. Ahí, en una esquina donde hay una cruz de madera pintada de verde (de ahí el nombre), se reúnen los vecinos desde las 5 de la tarde del último sábado de febrero. No hay convocatoria oficial: la gente llega porque suena el tambor. El callejón no aparece en las guías turísticas, pero cualquier mototaxista del barrio lo conoce. Si preguntas por "la cruz donde entierran el diablo", te llevan sin dudar.
El recorrido es corto: unas tres cuadras hasta la iglesia de San José de Mamatoco, en la plaza principal. Pero el camino se hace lento porque la procesión se detiene en cada esquina para que los asistentes beban ron, canten y bailen. No hay horario fijo: puede durar hasta la medianoche. El punto exacto de la quema es frente a la iglesia, en un terreno baldío que los locales llaman "el solar de los muertos", porque allí enterraban a los difuntos del barrio antes de que existiera el cementerio municipal.
¿Por qué la Cruz Verde es sagrada?
Según los ancianos, la cruz marca el lugar donde un matarife llamado Anselmo "el Tuerto" fue asesinado en 1932 durante una pelea de carnaval. Desde entonces, los vecinos colocan velas y flores en la cruz cada año, justo antes de la procesión. Quien no respete la cruz, dicen, tendrá mala suerte en el año.
El sonido: el bullerengue que suena solo esa noche
La música del Entierro no es la champeta ni el vallenato que suenan en las fiestas de playa. Es bullerengue, un ritmo de tambores y palmas que viene de los cimarrones del Caribe colombiano. Pero no cualquier bullerengue: el que se toca en Mamatoco esa noche es el "bullerengue sentao", una variante lenta y cadenciosa, casi hipnótica, que imita el paso de una procesión fúnebre. Los tambores son dos: el llamador (grave) y el alegre (agudo), acompañados de maracas hechas de totumo.
Las letras son coplas improvisadas que los cantores lanzan mientras caminan. Un ejemplo que se repite cada año: "Ay, se murió el carnaval / pero no llores, mi negro / que el año que viene / vuelve con más ron y fuego". No hay amplificadores ni micrófonos: la voz se impone a pulmón. Por eso, si vas, no lleves audífonos ni esperes silencio. El bullerengue se mete en los huesos y no te suelta hasta el amanecer.
¿Dónde aprender el bullerengue de Mamatoco?
No hay escuelas. El único lugar para escucharlo es en el Entierro. Pero si quieres intentar aprender, busca a don Ramiro "el Pato", un tamborero de 78 años que vive en la calle 11 con carrera 4. Él da clases informales los sábados por la mañana, a cambio de una cerveza o un almuerzo. No cobra, pero exige respeto por el ritmo.
El después: la comilona en la casa de la viuda del fundador
Cuando el diablo se ha quemado y las cenizas se esparcen al viento, la fiesta no termina. Los asistentes se trasladan a la casa de la viuda del fundador, en la calle 10 #3-45, a dos cuadras de la iglesia. Ahí, la familia de doña Eufemia prepara una comilona comunal: arroz con coco, pescado frito, patacones y sancocho de guandú. Todo se sirve en hojas de bijao, y se come con las manos. No hay cubiertos ni platos desechables: la tradición manda que la comida se comparta en el mismo plato de barro.
La casa es una construcción de bahareque con techo de palma, que data de 1920. Adentro, las paredes están llenas de fotos de los carnavales pasados, desde los años 50 hasta hoy. Los visitantes pueden verlas mientras comen, pero no está permitido tocarlas ni tomarles fotos sin permiso. La familia dice que las fotos tienen "el alma del carnaval" y que si se copian, la tradición se debilita.
¿Qué se come exactamente?
El menú es fijo desde que doña Eufemia lo estableció en 1958: arroz con coco (endulzado con panela), pescado frito (generalmente mojarra o sierra), patacones verdes, y un sancocho de guandú con costilla de res. Para beber, solo ofrecen ron blanco de la marca Tres Esquinas, que los vecinos compran en la tienda de la esquina. No hay cerveza ni gaseosa: el ron es parte del ritual, porque "ahuyenta los malos espíritus", según los viejos.
Cómo llegar y transporte
Mamatoco está a 15 minutos en bus desde el centro de Santa Marta. La ruta más directa es tomar un bus de la línea "Mamatoco" en la carrera 1 con calle 22, frente al mercado público. El pasaje cuesta 2.200 COP (precios de referencia de mayo de 2026). También puedes tomar un mototaxi desde cualquier punto del centro por 5.000 COP, pero asegúrate de decirle al conductor: "Déjeme en la Cruz Verde, en Mamatoco". Si vienes desde El Rodadero, el bus te costará 3.500 COP y te deja en la entrada del barrio, sobre la Troncal del Caribe.
Si manejas, ten en cuenta que las calles de Mamatoco son estrechas y de tierra. No hay parqueadero vigilado, así que lo mejor es estacionar en la avenida principal (carrera 1) y caminar. La noche del Entierro, el barrio se llena de gente, así que no intentes meter el carro hasta el callejón: te tocará devolverte en reversa.
Tips locales
- Llega a las 6 PM en punto. La procesión arranca cuando el sol se pone, y si llegas tarde, te pierdes la bendición de la cruz. Los locales son puntuales: el tambor no espera.
- No lleves cámara profesional. Los vecinos desconfían de los equipos grandes. Si quieres grabar, usa tu celular, pero pide permiso antes de enfocar a alguien. Una sonrisa y un "¿puedo?" bastan.
- Lleva efectivo. No hay datáfono en la tienda de ron ni en la casa de la viuda. Los precios son populares: un trago de ron cuesta 2.000 COP, y la comilona es gratuita, pero se agradece un aporte voluntario de 10.000 COP para la familia.
- Vístete de oscuro. El luto simbólico es parte del ritual. Camisa negra o azul oscuro, pantalón de dril y zapatos cerrados (las calles tienen piedras y barro). Nada de chanclas: te lastimarás los pies.
- Aprende una copla. Si cantas durante la procesión, te ganarás el respeto de los matarifes. La más fácil: "Ay, carnaval, carnaval / te vas pero vuelves / con tambor y sal". Repítela cuando todos canten.
- No menciones el carnaval de Barranquilla. En Mamatoco, el Entierro es su orgullo. Compararlo con otras fiestas se considera una falta de respeto. Aquí no hay reinas ni carrozas: hay tambor y ron.
Preguntas frecuentes
¿El Entierro del Carnaval es seguro para turistas?
Sí, siempre que sigas las reglas del barrio. Mamatoco es un sector popular, pero la noche del Entierro la comunidad cuida a los visitantes. Eso sí: no lleves joyas ni objetos de valor visibles. El ambiente es familiar, pero el ron suelta la lengua y puede haber empujones. Mantén tu billetera en el bolsillo delantero y no te alejes del grupo.
¿Pueden participar mujeres en la procesión?
Sí, pero con roles específicos. Las mujeres cantan las décimas y reparten el ron, pero no cargan el ataúd ni tocan el tambor principal. Sin embargo, pueden bailar delante de la procesión, marcando el paso con movimientos de cadera. Si eres mujer y quieres cantar, acércate a las señoras mayores que lideran las coplas; ellas te enseñarán la letra.
¿Qué pasa si llueve el día del Entierro?
La tradición dice que la lluvia es una bendición: "el diablo se lava", dicen los viejos. La procesión sigue igual, aunque se acorta el recorrido. La quema del diablo se hace bajo un techo de zinc que los vecinos colocan frente a la iglesia. Lleva un paraguas, pero no uses capota: el sonido del tambor se escucha mejor sin protección.
¿Hay alguna restricción para extranjeros?
Ninguna. De hecho, los locales se sienten orgullosos cuando un extranjero asiste. Pero no esperes que te expliquen el Entierro se vive, no se cuenta. Si no entiendes una copla, pregunta después, no durante el canto. Los matarifes valoran el silencio respetuoso mientras tocan.
¿Se puede comprar el muñeco del diablo después de la quema?
No. El diablo se quema por completo y sus cenizas se esparcen en el solar de los muertos. Quien intente llevarse un pedazo, según la creencia, tendrá mala suerte. Los niños del barrio a veces recogen trozos de cartón carbonizado, pero los adultos les quitan el "tesoro" y lo queman de nuevo. Es un objeto sagrado, no un souvenir.
Introducción histórica o contextual
Mamatoco es un barrio que no solo es conocido por su historia, sino también por las tradiciones que ha logrado preservar a lo largo de los años. Fundado en el siglo XVI, este lugar ha sido testigo de la evolución de Santa Marta y ha mantenido vivas las costumbres que lo definen. La celebración del entierro de los carnavales, que se lleva a cabo cada año, es uno de los eventos más significativos que reflejan la fusión de la cultura indígena, africana y española.
Este evento no es simplemente un desfile; es un ritual donde los habitantes de Mamatoco rinden homenaje a la muerte de las festividades y celebran la vida a través del baile y la música. La mezcla de sonidos de tambores y la alegría de los danzantes crean una atmósfera única que atrae tanto a locales como a visitantes.
El entierro de los carnavales simboliza un ciclo de renovación y transformación, alineándose con la cosmovisión de la población que ve la muerte como parte integral de la vida. La noche está llena de rituales que incluyen la representación de personajes tradicionales y la creación de un ambiente donde la tristeza y la alegría coexisten.
Para aquellos que deseen experimentar esta tradición de manera auténtica, es recomendable llegar temprano y participar en las actividades previas al desfile. Conversar con los vecinos del barrio y aprender sobre sus historias y significados detrás de cada danza enriquecerá la experiencia. No olvides probar la comida típica que se ofrece durante estos días, como el arequipe y el dulce de guayaba, que son parte del patrimonio gastronómico de la región.
Qué hacer
Disfrutar del Entierro de los Carnavales
Participa en este evento único que marca el cierre de las festividades. Las calles de Mamatoco se llenan de música, bailes y un ambiente festivo. Asegúrate de llevar ropa cómoda y estar preparado para disfrutar de la energía contagiosa de los asistentes.
Insider Tip: Llega temprano para encontrar un buen lugar y no te olvides de probar la gastronomía local que se ofrece en los alrededores. Los arepas de huevo son un must.
Visitar la Plaza de Mamatoco
Esta plaza es un punto de encuentro para los residentes y visitantes. Es un lugar ideal para observar la vida cotidiana de los habitantes y disfrutar de un café local.
Insider Tip: Pregunta a los vendedores sobre las historias del lugar. Muchos de ellos tienen relatos fascinantes sobre tradiciones y anécdotas que han pasado de generación en generación.
Explorar las calles del barrio
Caminar por las calles de Mamatoco es una experiencia que te permite apreciar la arquitectura colonial y el ambiente acogedor del barrio. Cada esquina tiene su propia historia que contar.
Insider Tip: No te pierdas el mural de homenaje a los carnavales, ubicado en una de las calles principales. Es perfecto para una foto y para entender el significado cultural del evento.
Dónde comer o beber
Restaurante La Cueva
Este icónico lugar es famoso no solo por su deliciosa comida, sino también por su historia. En sus paredes, se pueden ver obras de arte y fotos que cuentan la historia de la música y la cultura de la región. No te pierdas su famoso sancocho de pescado.
Insider Tip: Si puedes, visita durante la semana para evitar las multitudes del fin de semana y disfrutar de una atmósfera más relajada. Pregunta por las recomendaciones del chef, que a menudo incluyen ingredientes frescos del día.
Bar La Cienaga
Un lugar perfecto para disfrutar de una buena bebida después de un día explorando Mamatoco. La Cienaga ofrece una variedad de cócteles y cervezas artesanales locales. La decoración es un homenaje a la cultura costeña, lo que lo convierte en un ambiente acogedor.
Insider Tip: Prueba el cóctel "Mamatoco", que mezcla sabores tropicales con un toque de maracuyá. Además, los jueves suelen tener música en vivo, así que asegúrate de estar ahí para disfrutar del talento local.
