La casa de 1920 que esconde un museo de fotografía familiar
En el barrio Bolívar de Santa Marta, entre el ruido de los mototaxis y el olor a pescado frito que viene del mercado, hay una casa de fachada amarilla que parece haberse quedado dormida en 1920. No tiene letrero, ni horario de atención, ni entrada para turistas. Pero si te asomas a la puerta de madera desgastada y ves un letrero escrito a mano que dice “Se atiende con cita – tocar fuerte”, estás en el lugar correcto. Adentro, una familia ha conservado más de 500 negativos fotográficos que cuentan la historia visual del barrio Bolívar desde sus inicios. Esto no es un museo oficial, ni una galería curada por expertos. Es la memoria viva de un barrio que pocos conocen, guardada en cajas de cartón y álbumes que huelen a naftalina.
Yo llegué ahí por casualidad, siguiendo el rumor de que una señora llamada Doña Matilde vendía fotos antiguas del barrio en su casa. Lo que encontré fue un archivo personal que documenta la transformación de Bolívar desde que era un arrabal de pescadores hasta convertirse en el barrio popular que es hoy. La casa, construida en 1920 por el abuelo de Doña Matilde, ha sido el epicentro de esta colección. Cada negativo es un pedazo de historia: la primera tienda de la esquina, la procesión de la Virgen del Carmen en 1953, los niños jugando en la calle que hoy es la Carrera 5. Este artículo es una guía para que tú también puedas vivir esa experiencia, pero con una advertencia: no esperes un museo con vitrinas y guías turísticos. Esto es más íntimo, más real, y más valioso que cualquier exposición oficial.
📌 Transparencia
Este artículo contiene enlaces patrocinados/de afiliados. Podríamos recibir una pequeña comisión sin costo para ti.
Qué hacer
Identificar la fachada y cómo llegar
La casa está en la Calle 18 con Carrera 4, en el barrio Bolívar, a dos cuadras del mercado público. La fachada es de color amarillo mostaza, con un zócalo de cemento pintado de verde oscuro. La puerta principal es de madera maciza, con dos hojas que tienen un aldabón de bronce oxidado. No hay placa ni # visible, pero los vecinos la conocen como “la casa de las fotos de la señora Matilde”. Si llegas caminando desde el Parque de los Novios, son unos 15 minutos hacia el sur. En mototaxi, desde cualquier punto del centro, te cobran entre 3.000 y 5.000 COP. Dile al conductor que te deje en la Calle 18 con Carrera 4, frente a la tienda “Donde Pacho”.
Lo primero que notas es el silencio. Afuera, el barrio Bolívar es un hervidero de vendedores ambulantes, música a todo volumen y perros callejeros. Pero al cruzar el umbral de la casa, el ruido se apaga. El patio interior tiene un aljibe de piedra y un limonero que da sombra. Ahí, en el fondo, está la sala donde Doña Matilde recibe a los visitantes. No esperes una exposición curada: las fotos están en álbumes de cartón negro, en cajas de zapatos, y algunas enmarcadas en la pared con marcos de madera baratos. La colección incluye más de 500 negativos de vidrio y película, muchos de los cuales nunca han sido digitalizados. Doña Matilde, que tiene 78 años, los conoce todos de memoria. Te puede señalar una foto de 1945 y decirte: “Ese es mi papá, parado frente a la primera bomba de gasolina que hubo en Bolívar”.
La historia de la colección
Todo empezó con el abuelo de Doña Matilde, Don Ezequiel, un fotógrafo ambulante que llegó a Santa Marta desde Sincelejo en 1918. Compró una cámara de fuelle y empezó a retratar a las familias del barrio Bolívar, que en ese entonces era un conjunto de casas de bahareque rodeadas de manglares. Don Ezequiel no solo tomaba fotos de estudio; salía a la calle y documentaba la vida cotidiana: los pescadores en la playa, las lavanderas en el río Manzanares, las fiestas patronales. Cuando murió en 1965, dejó más de 300 negativos de vidrio. Su hija, la mamá de Doña Matilde, continuó el oficio hasta los años 80, cuando la fotografía digital empezó a reemplazar la película. Hoy, la colección completa tiene más de 500 negativos, algunos en placas de vidrio de 8x10 pulgadas, otros en rollos de 35mm. Lo más sorprendente es que muchos están en excelente estado, gracias al clima seco de Santa Marta y a que la familia los guardó en cajas de madera forradas con papel periódico.
Doña Matilde no cobra entrada, pero acepta donaciones voluntarias. Ella dice que lo hace “para que la historia no se pierda”. Pero la verdad es que la colección está en riesgo. No hay fondos para digitalizar los negativos, y la humedad del Caribe está empezando a dañar algunos. Si eres fotógrafo documental o historiador, puedes ofrecerte a ayudar con la digitalización a cambio de acceso a las imágenes. Doña Matilde siempre está abierta a eso, siempre que le devuelvas una copia digital de cada negativo que trabajes.
Imágenes clave que cuentan la evolución del barrio
Hay tres fotos que no te puedes perder. La primera es un negativo de 1932 que muestra la esquina de la Calle 18 con Carrera 4, exactamente donde está la casa hoy. En esa foto, no hay asfalto, solo tierra apisonada, y en lugar de edificios hay un potrero con vacas. La segunda es una imagen de 1958: la procesión de la Virgen del Carmen, con cientos de personas vestidas de blanco caminando por la Carrera 5, que hoy es una vía congestionada de motos y buses. La tercera es un retrato de 1975 de un grupo de niños jugando fútbol en la calle, con la iglesia de San José al fondo. Esa iglesia sigue en pie, pero ahora está rodeada de tiendas de repuestos y talleres mecánicos. El contraste entre esas fotos y el barrio actual es brutal. Donde antes había manglares, ahora hay casas de ladrillo. Donde había silencio, ahora hay ruido. Pero la familia de Doña Matilde sigue ahí, conservando la memoria visual de un barrio que se niega a desaparecer.
Dónde comer o beber
Después de la visita, te va a dar hambre. El barrio Bolívar no es conocido por su oferta gastronómica turística, pero hay opciones locales que valen la pena. A una cuadra de la casa, en la Carrera 4 con Calle 17, está la “Fritanga de la Tía Lola”, un puesto callejero que vende arepas de huevo, empanadas de carne y patacones con hogao desde las 4 de la tarde hasta las 10 de la noche. Los precios son populares: una arepa de huevo cuesta 3.500 COP, y una porción de patacones con suero cuesta 5.000 COP. No esperes un menú escrito; la Tía Lola te dice lo que hay cuando llegas.
Si prefieres algo más sentado, a tres cuadras está el “Restaurante El Sabor de Bolívar”, en la Calle 19 con Carrera 3. Es un local pequeño con mesas de plástico, especializado en comida costeña: arroz de coco, pescado frito, y sancocho de guandú. El plato del día, que suele ser pescado frito con patacones y ensalada, cuesta 12.000 COP. Abren de lunes a sábado, de 11:00 a.m. a 5:00 p.m. No aceptan tarjeta de crédito, solo efectivo. Para beber, busca un carrito de jugos naturales en la esquina de la Carrera 5 con Calle 18. El jugo de corozo, una fruta típica de la región, cuesta 2.000 COP y es perfecto para el calor.
Si quieres algo más turístico, camina 10 minutos hacia el norte hasta el Parque de los Novios, donde hay restaurantes como “La Casa de la Arepa” o “Ouzo”, que son más caros pero tienen opciones para extranjeros. Pero mi recomendación es que te quedes en Bolívar y comas como local. La experiencia completa del barrio incluye el olor a fritanga y el ruido de los vecinos.
Cómo llegar y transporte
Llegar al barrio Bolívar es fácil desde cualquier punto de Santa Marta. Si estás en el centro histórico, camina hacia el sur por la Carrera 5 hasta la Calle 18. Son unos 20 minutos a pie, pasando por la iglesia de San José y el mercado público. Si vienes desde El Rodadero, toma un bus de la ruta “Rodadero – Centro” que te deja en la Carrera 5 con Calle 19. El pasaje cuesta 2.500 COP. Desde el aeropuerto, un taxi directo a la casa cuesta entre 15.000 y 20.000 COP, dependiendo del tráfico. No hay estación de TransMilenio ni sistema de metro; el transporte público son buses y mototaxis.
El mototaxi es la opción más rápida para moverse dentro del barrio. Desde el Parque de los Novios, un mototaxi a la casa cuesta 3.000 COP. Asegúrate de acordar el precio antes de subir. Los conductores conocen bien la zona, pero si dices “la casa de las fotos de la señora Matilde”, muchos sabrán exactamente a dónde ir. Si vienes en carro particular, ten en cuenta que las calles del barrio Bolívar son estrechas y con frecuencia hay trancones, especialmente en horas pico (7:00–9:00 a.m. y 5:00–7:00 p.m.). Lo mejor es estacionar en la Carrera 5, que es más ancha, y caminar las dos cuadras hasta la casa.
Un dato práctico: la casa solo se visita con cita previa. Doña Matilde atiende de lunes a viernes, de 9:00 a.m. a 12:00 p.m. No hay # de teléfono fijo, pero ella pega un letrero en la puerta con un # de celular que solo funciona en las mañanas. Si llegas sin cita, toca fuerte y espera. A veces, si ella está en casa, te abre, pero no es seguro. Lo mejor es llamar la noche anterior o temprano en la mañana. El # cambia cada cierto tiempo porque Doña Matilde pierde los celulares, pero los vecinos siempre saben el actual. Pregunta en la tienda “Donde Pacho” (Calle 18 con Carrera 4) y ellos te darán el #.
Tips locales
- Lleva un rollo de 35mm: Doña Matilde tiene una tradición: si le llevas un rollo de película sin usar (puede ser blanco y negro o color), ella te regala una copia antigua de su colección. Es un intercambio simbólico, pero para ella significa que la fotografía analógica sigue viva. Puedes comprar rollos en la tienda “Foto Estudio Santa Marta” en el centro (Calle 14 con Carrera 4), a 15.000 COP cada uno.
- Ve con tiempo: La visita puede durar entre 1 y 3 horas, dependiendo de cuánto quieras hablar con Doña Matilde. Ella es muy conversadora y te va a contar historias de cada foto. No tengas prisa. Lleva agua, porque en la casa no hay venta de bebidas.
- No uses flash: Los negativos son frágiles y la luz directa los daña. Doña Matilde te va a pedir que apagues el flash de tu cámara o celular. Si quieres tomar fotos de las imágenes, usa luz natural o una linterna tenue.
- Aprende algo de español básico: Doña Matilde no habla inglés. Si no sabes español, lleva a un amigo que traduzca o usa un traductor en el celular. Ella es paciente, pero se comunica mejor en su lengua materna.
- Respeta el espacio: La casa es el hogar de Doña Matilde y su familia. No entres a las habitaciones privadas ni toques los objetos sin permiso. Ella es generosa, pero hay límites.
- Lleva efectivo: No hay datáfono ni cajero cerca. La donación voluntaria que le hagas a Doña Matilde debe ser en efectivo. Ella sugiere entre 10.000 y 20.000 COP, pero tú decides.
- Visita en mayo de 2026: En este mes, Doña Matilde está organizando una exposición temporal en el patio de la casa con las fotos más antiguas, para conmemorar los 106 años de la construcción de la vivienda. Es una oportunidad única para ver los negativos de vidrio en persona. Pregúntale por la exposición cuando llames.
Preguntas frecuentes
¿La casa es un museo oficial?
No, no es un museo registrado en el Ministerio de Cultura ni tiene financiación pública. Es una colección privada que la familia ha mantenido por generaciones. Doña Matilde la llama “mi museo de la memoria”, pero no hay vitrinas ni guiones curatoriales. Las fotos están en álbumes y cajas, y ella misma te va explicando cada una. Es más auténtico que cualquier museo formal, pero también más frágil.
¿Puedo comprar copias de las fotos?
Sí, pero con condiciones. Doña Matilde vende copias impresas en papel fotográfico de las imágenes que ella considera “menos valiosas” (generalmente fotos de los años 70 y 80). Cada copia cuesta 5.000 COP. Las fotos más antiguas (de 1920 a 1950) no están a la venta, porque los negativos de vidrio son únicos y ella teme que se dañen al hacer copias. Si quieres una copia digital, puedes negociar con ella llevándole un rollo de 35mm, como mencioné en los tips.
¿Hay algún peligro en el barrio Bolívar?
El barrio Bolívar es un sector popular de Santa Marta, con los mismos problemas de seguridad que cualquier zona urbana de la ciudad: hay que estar atento a los carteristas y evitar caminar solo de noche. Durante el día, especialmente en las horas de la mañana, es seguro. La casa está en una calle tranquila, y los vecinos cuidan la zona. Lleva tus pertenencias cerca, no exhibas objetos de valor, y usa las rutas principales (Carrera 5 y Calle 18). Si vienes en mototaxi, pide que te esperen mientras tocas la puerta, por si acaso no hay respuesta.
Introducción histórica o contextual
La casa que alberga el museo de fotografía familiar en el barrio Bolívar tiene una historia rica que se remonta a 1920. Esta zona, que ha sido testigo del crecimiento de Santa Marta, refleja la mezcla de tradiciones y modernidad que caracteriza a la ciudad. Originalmente, el barrio Bolívar era un área residencial donde las familias de clase media y alta construyeron sus hogares, y su arquitectura aún conserva el legado de esa época. Las calles empedradas y las fachadas coloridas cuentan historias de generaciones pasadas, mientras que el bullicio cotidiano ofrece un vistazo a la vida actual de los samarios.
La casa amarilla, que se destaca entre el ruido de los mototaxis y el olor a pescado frito del mercado cercano, no solo es un rincón de la historia familiar, sino también un espacio que invita a los visitantes a comprender la evolución de la fotografía en la región. Cada fotografía expuesta narra la historia de la familia y de Santa Marta, uniendo el pasado con el presente.
Visitar este museo no es solo una experiencia visual; es una oportunidad para conectar con la historia local. Aquí hay algunos consejos de insider para disfrutar al máximo tu visita:
Explora el Mercado Público
Insider Tip: Antes o después de la visita, date un paseo por el Mercado Público de Santa Marta, donde podrás probar delicias locales como el pescado frito y las arepas de huevo. Es una excelente manera de sentir la esencia de la vida cotidiana samaria.
Visita la Plaza de Bolívar
Insider Tip: A pocos pasos de la casa, la Plaza de Bolívar es el lugar ideal para descansar y observar la vida pasar. Busca un café local y disfruta de un buen tinto mientras te empapas de la cultura y el ambiente del lugar.
