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Manrique: la cancha donde nació la súper combo

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 27 de julio, 2026
Manrique: la cancha donde nació la súper combo

Si caminás por la parte alta de Manrique, entre las lomas que suben hacia el oriente de Medellín, hay un lugar que no aparece en las guías turísticas ni en los

Introducción: el polvo de tierra que lo cambió todo

Si caminás por la parte alta de Manrique, entre las lomas que suben hacia el oriente de Medellín, hay un lugar que no aparece en las guías turísticas ni en los mapas oficiales. Es una cancha de tierra, rodeada de casas de ladrillo visto y escaleras que bajan y suben como venas del cerro. Se llama La Toma, y aunque hoy muchos la conocen por los torneos de microfútbol o los partidos de fin de semana, pocos saben que ahí, en ese rectángulo de polvo y piedras, nació una de las barras de fútbol más grandes de Colombia: Los Del Sur.

Corría la década de 1970. Medellín era una ciudad que crecía a empujones, con barrios populares que se formaban en las laderas. Manrique, la comuna 3, ya era un hervidero de gente trabajadora, de talleres de mecánica, de tiendas de barrio y de muchachos que pateaban un balde de trapo en cualquier loma. Pero el fútbol organizado, el de verdad, el de los partidos que se jugaban los domingos en el estadio Atanasio Girardot, era otra cosa. La pasión por el Deportivo Independiente Medellín, el DIM, se vivía en cada esquina, pero no había un grupo organizado que llevara esa pasión al estadio con banderas, cánticos y un solo grito.

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Fue en La Toma donde un puñado de jóvenes, muchos de ellos vecinos de la calle 104, decidió que ya era hora de hacer algo distinto. No sabían que estaban creando un movimiento que marcaría la historia del fútbol colombiano. Solo querían alentar a su equipo.

La Toma: mucho más que una cancha

Para entender cómo nació Los Del Sur, primero hay que entender qué era La Toma en los años 70. No era un estadio, ni siquiera una cancha bien marcada. Era un lote baldío en la parte alta de Manrique, en el sector de La Cruz, donde los muchachos del barrio se reunían a jugar partidos improvisados. El terreno era inclinado, lleno de piedras, y cuando llovía se volvía un lodazal. Pero tenía algo que ningún otro lugar ofrecía: era el punto de encuentro natural de la juventud del barrio.

En esa época, Manrique era un barrio en plena ebullición. Las calles estaban llenas de talleres de mecánica, carpinterías y fábricas pequeñas. La gente vivía del rebusque, del trabajo duro. Y el fútbol era la única diversión que no costaba plata. Los partidos en La Toma se jugaban con equipos improvisados: los del sector de La Cruz contra los de La Salle, los del barrio Manrique Central contra los de El Pomar. No había árbitro, no había reglas claras, pero había pasión.

Fue en uno de esos partidos, un domingo de sol radiante de 1976, que un grupo de amigos decidió que ya era hora de llevar esa pasión al estadio. Cuenta la historia oral del barrio que ese día, después de un partido reñido, alguien gritó: "¡Vamos todos al Atanasio!". Y así, sin más, unos 30 muchachos bajaron la loma, cogieron el bus de la ruta Manrique-Centro, y llegaron al estadio con una bandera hecha con una sábana vieja y pintura de la casa. Ese fue el primer germen de Los Del Sur.

El nacimiento de Los Del Sur: de la cancha al estadio

La historia oficial de Los Del Sur dice que la barra se fundó en 1992, pero los verdaderos conocedores saben que el espíritu ya existía desde mucho antes. Lo que pasó en los 80 fue una consolidación. Los muchachos que habían empezado yendo al estadio desde La Toma se fueron organizando. Empezaron a llevar bombos, a corear canciones que inventaban en las esquinas del barrio, a pintar paredes con el nombre del DIM.

El nombre "Los Del Sur" no es casualidad. En el estadio Atanasio Girardot, la tribuna sur siempre fue la más popular, la más barata, la que ocupaban los hinchas de verdad. Y los muchachos de Manrique, que llegaban desde la parte alta de la ciudad, se sentían identificados con esa tribuna. No solo por el precio, sino porque desde ahí se veía todo el estadio, y porque era el lugar donde el ruido se sentía más fuerte.

Pero el vínculo con La Toma nunca se rompió. Durante los 80 y 90, la cancha siguió siendo el lugar donde los integrantes de Los Del Sur se reunían antes de los partidos. Ahí planeaban los viajes, ensayaban los cánticos, resolvían las peleas internas. La Toma era el cuartel general, el punto cero de una hinchada que crecía sin parar.

Un testimonio recogido de don Jairo, un señor de 68 años que vivió toda su vida en la calle 104, lo resume bien: "Aquí en La Toma aprendimos a ser hinchas. No era solo ir al estadio, era sentir que el barrio entero iba con uno. Cuando el DIM ganaba, la fiesta bajaba desde La Toma hasta la avenida. Cuando perdía, nos sentábamos en las piedras a hablar de fútbol hasta que anochecía".

Cómo el espacio físico moldeó la identidad del barrio

La Toma no es solo una cancha. Es un símbolo de cómo el espacio público puede crear comunidad. En Manrique, las calles son estrechas, las aceras casi no existen, y los parques son pequeños. La Toma, con su terreno amplio y abierto, se convirtió en el único lugar donde los jóvenes podían reunirse sin sentirse apretados. Ahí se jugaba fútbol, pero también se hacían reuniones políticas, se celebraban cumpleaños, se organizaban bazares para recoger plata para el viaje del equipo.

Esa identidad de barrio obrero, de gente que se rebusca, se refleja en la forma de alentar del DIM. Los Del Sur no son una barra elegante, no tienen coreografías ensayadas ni banderas importadas. Son ruidosos, intensos, a veces violentos. Pero todo eso nació en La Toma, donde la competencia no era solo con el equipo rival, sino con la propia vida dura del barrio.

Hoy, en julio de 2026, La Toma sigue siendo un punto de referencia. Aunque el barrio ha cambiado —hay más edificios, más tiendas, más tráfico—, la cancha se mantiene casi igual. Sigue siendo de tierra, sigue teniendo las mismas piedras, sigue siendo el lugar donde los niños del barrio aprenden a patear un balón. Y aunque Los Del Sur ya no se reúnen ahí antes de los partidos (ahora tienen un local en el centro), la memoria del lugar sigue viva.

Qué hacer en La Toma y sus alrededores

Si querés visitar La Toma, no esperes un lugar turístico. No hay restaurantes gourmet ni tiendas de souvenirs. Lo que hay es vida de barrio, auténtica y sin filtros. Acá te dejo algunas ideas de qué hacer en la zona:

  • Caminar la cancha: Llegá temprano, cuando el sol todavía no pega fuerte. Caminá el terreno, sentí la tierra bajo los pies. Si hay un partido, quedate a verlo. Los locales son amables y te contarán historias si les preguntás.
  • Visitar el sector de La Cruz: Subí unas cuadras más arriba de La Toma y llegás a La Cruz, un mirador natural con vista a todo Medellín. Desde ahí se ve el centro, el Estadio Atanasio Girardot, y en días despejados, hasta el Cerro del Padre Amaya.
  • Comer en la calle 104: La avenida principal de Manrique está llena de puestos de comida callejera. Probá una arepa de chócolo con queso, un salchipapa o un perro caliente. Los precios son populares: una arepa cuesta alrededor de $5.000 COP (precios de referencia de julio de 2026).
  • Buscar grafitis alusivos al DIM: En las paredes alrededor de La Toma hay varios murales pintados por hinchas de Los Del Sur. Algunos tienen años, otros son recientes. Son parte del patrimonio visual del barrio.

Dónde comer o beber cerca de La Toma

Manrique no es una zona gastronómica de moda, pero tiene opciones auténticas y económicas. Acá van algunas recomendaciones:

  • La Tienda de Don Carlos (calle 104 # 49-20): Un local pequeño donde venden empanadas, pasteles y gaseosas. Es el punto de encuentro de los vecinos después de los partidos en La Toma. Abierto de lunes a sábado, 8am a 8pm.
  • Asadero El Manriqueño (Carrera 50 con calle 103): Especializado en pollo asado y carne al carbón. Un plato completo cuesta entre $15.000 y $25.000 COP. Ideal para comer después de una caminata. Abierto de martes a domingo, 11am a 10pm.
  • La Esquina del Sabor (calle 105 # 48-30): Venden bandeja paisa y sancocho de gallina. Es un restaurante de menú, con platos desde $12.000 COP. Atienden de lunes a sábado, 10am a 5pm.

Si lo que querés es tomar algo, buscá las tiendas de barrio alrededor de La Toma. Venden cerveza fría, aguardiente y jugos naturales. No esperes coctelería de autor, pero sí un ambiente relajado y charla de fútbol.

Cómo llegar a La Toma y transporte

Llegar a La Toma es fácil si conocés las rutas. Acá te explico:

  • En Metro: Tomá la línea A hasta la estación Manrique. Desde ahí, salí a la avenida y buscá un bus o una mototaxi que suba hasta la parte alta. El trayecto en bus cuesta $2.900 COP (julio de 2026).
  • En bus: Desde el centro de Medellín, tomá cualquier bus que diga "Manrique" o "La Cruz". Preguntale al conductor que te deje cerca de la cancha La Toma. La mayoría de rutas pasan por la calle 104.
  • En taxi o app: Pedí un Uber o Didi hasta la dirección "calle 104 con carrera 48, Manrique". El viaje desde el centro cuesta entre $10.000 y $15.000 COP. Desde El Poblado, puede costar hasta $30.000 COP.
  • Caminando: Si estás en la parte baja de Manrique, podés subir caminando. Son unos 20 minutos de subida empinada. Llevá agua y zapatos cómodos.

Tips locales para visitar La Toma

  • No vayas solo de noche: La zona es segura durante el día, pero como en cualquier barrio popular, de noche puede haber movimientos extraños. Mejor visitá en la mañana o en la tarde, antes de las 7pm.
  • Preguntá antes de sacar fotos: La gente del barrio es amable, pero algunos no les gusta que les tomen fotos sin permiso. Preguntá siempre, especialmente si vas a retratar a personas o casas particulares.
  • Llevá efectivo: En las tiendas y puestos de comida cerca de La Toma no aceptan tarjeta. Llevá billetes pequeños de $2.000, $5.000 y $10.000 COP.
  • Si hay partido del DIM, el ambiente cambia: Los días de juego, La Toma se llena de hinchas que se reúnen antes de ir al estadio. El ambiente es festivo, pero también puede ser intenso. Si no sos hincha del DIM, mejor no uses camisetas de otros equipos.
  • Conversá con los vecinos mayores: Los señores y señoras que viven cerca de La Toma tienen historias increíbles. Si te ven interesado, te van a contar cómo era el barrio antes, cómo se formó Los Del Sur, y quiénes eran los jugadores locales que llegaron lejos.

Dato curioso: el primer viaje de Los Del Sur

Pocos saben que el primer viaje organizado de Los Del Sur no fue a otro departamento, sino a la vecina ciudad de Bello. En 1987, un grupo de 15 muchachos de La Toma se subió a un bus escalera (de esos con bancas de madera) para ir a ver al DIM contra el Atlético Nacional en el estadio de Bello. No tenían plata para las entradas, así que se colaron por un hueco en la malla. Ese día, el DIM perdió 2-1, pero ellos volvieron cantando todo el camino. Esa anécdota se cuenta todavía en las reuniones de la barra.

Preguntas frecuentes

¿La Toma es un lugar seguro para visitar?

Sí, especialmente durante el día. Manrique es un barrio popular con una comunidad unida. Como en cualquier zona de la ciudad, hay que tener precaución con objetos de valor y evitar calles solitarias de noche. Lo recomendable es ir en grupo o con un local que conozca el sector.

¿Todavía se reúne Los Del Sur en La Toma?

Ya no de forma regular. La barra tiene un local en el centro de Medellín donde hacen reuniones y planean actividades. Sin embargo, muchos hinchas veteranos aún se juntan en La Toma los fines de semana para recordar viejos tiempos o jugar partidos informales. El lugar sigue siendo un punto de referencia emocional.

¿Hay algún evento especial en La Toma relacionado con el fútbol?

Cada año, alrededor de la fecha de fundación de Los Del Sur (16 de agosto), algunos vecinos organizan torneos de microfútbol en La Toma en homenaje a los primeros hinchas. No es un evento masivo ni publicitado, pero si preguntás en las tiendas del barrio, te pueden dar detalles. También se hacen partidos conmemorativos cuando el DIM gana un título importante.

Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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