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El Belén que no ves: las huertas comunitarias que alimentan a sus vecinos

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 21 de julio, 2026
El Belén que no ves: las huertas comunitarias que alimentan a sus vecinos

Belén es conocido por su Parque de la 70, sus iglesias y sus calles empinadas. Pero entre el ruido de los carros y el olor a buñuelo, hay un pulso verde que poc

El Belén que no ves: las huertas comunitarias que alimentan a sus vecinos

Belén es conocido por su Parque de la 70, sus iglesias y sus calles empinadas. Pero entre el ruido de los carros y el olor a buñuelo, hay un pulso verde que pocos turistas conocen: las huertas comunitarias. Mientras la especulación inmobiliaria encarece cada metro cuadrado, un grupo de vecinos decidió tomarse los lotes baldíos y convertirlos en jardines comestibles. Acá te cuento cómo funcionan, dónde encontrarlas y cómo podés sumarte al trueque de semillas que se hace todos los domingos. No es turismo ecológico de postal; es resistencia barrial con las manos en la tierra.

Contexto: cuando el concreto no deja espacio para la lechuga

Belén pasó de ser un corregimiento agrícola a un barrio denso de edificios. En los años 80, las fincas de aguacate y café dieron paso a conjuntos residenciales. Hoy, la inseguridad alimentaria pega duro: muchas familias gastan más del 40% de sus ingresos en comida, y los supermercados venden tomates sin sabor a precios de lujo. Fue ahí, en plena pandemia de 2020, cuando un grupo de amas de casa y estudiantes de la Universidad de Antioquia decidió recuperar un lote abandonado en la Calle 30A con Carrera 70. Así nació la primera huerta comunitaria, y hoy son tres los espacios activos que producen alimentos orgánicos para más de 80 familias.

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Según datos de la Alcaldía de Medellín (2025), el 12% de los hogares en Belén reportan dificultades para acceder a frutas y verduras frescas. Las huertas no solo son una respuesta ecológica, sino un acto político: demostrar que la tierra, incluso en medio del asfalto, puede dar de comer.

Qué hacer: las 3 huertas principales que tenés que conocer

Cada huerta tiene su personalidad. Algunas se enfocan en la producción intensiva, otras en la educación ambiental. Acá te dejo las tres que no te podés perder si querés entender cómo funciona la agricultura urbana en Belén.

Huerta El Amparo (Calle 30A # 70-12)

Es la más grande y la más organizada. Ocupa media manzana que antes era un basurero ilegal. Hoy tiene 20 camas de cultivo elevadas, un sistema de compostaje con lombrices californianas y un invernadero de plántulas. Los miércoles a las 7 a.m. es el día de trabajo colectivo: cualquier persona puede llegar, ensuciarse las manos y llevarse una bolsa de lechugas, espinacas o rúcula. No cobran, pero esperan que devuelvas el favor con abono o semillas. La líder comunitaria, doña Clara, me contó que en julio de 2026 cosecharon 40 kilos de tomates cherry, suficientes para abastecer a 12 familias durante dos semanas.

Coordenadas aproximadas: 6.2305, -75.5895. Horario de visitas: lunes a sábado, 6 a.m. a 10 a.m. y 3 p.m. a 6 p.m.

Huerta La Esperanza (Carrera 72A # 31-12)

Esta es más pequeña, pero tiene un enfoque fuerte en la educación. La maneja un colectivo de estudiantes de la Institución Educativa Belén. Aquí enseñan a niños y adultos cómo germinar semillas, hacer control de plagas con plantas aromáticas y construir huertas verticales en balcones. Los sábados a las 9 a.m. hay talleres gratuitos de permacultura. Lo curioso es que usan un sistema de trueque: si llevás 10 semillas de cilantro, te podés llevar 5 plántulas de albahaca. No hay dinero de por medio.

Coordenadas aproximadas: 6.2281, -75.5912. Horario: sábados y domingos, 8 a.m. a 12 p.m.

Huerta El Refugio (Calle 32 # 69-45)

Es la más nueva (abrió en marzo de 2026) y la más experimental. Está en un lote que iba a ser un parqueadero, pero los vecinos frenaron la construcción con una tutela. Aquí cultivan hortalizas de clima frío como acelgas, remolachas y repollos. También tienen un banco de semillas criollas que intercambian con otras huertas de la ciudad. Los domingos a las 8 a.m. hacen el trueque de semillas más grande de Belén: podés encontrar desde semillas de fríjol cargamanto hasta variedades antiguas de maíz.

Dato curioso: en esta huerta hay un árbol de aguacate que sobrevivió a la tala de los años 80. Los vecinos lo consideran un testigo vivo de la historia agrícola del barrio.

Dónde comer o beber: opciones orgánicas cerca de las huertas

Después de trabajar la tierra, el hambre aprieta. Belén tiene varias opciones para comer sano sin gastar plata de más. Acá van tres recomendaciones que combinan con el espíritu de las huertas.

Mercado Orgánico de Belén (Calle 30 # 68-20)

Los sábados de 7 a.m. a 1 p.m. se arma un mercado campesino donde los mismos productores de las huertas venden sus excedentes. Encontrarás lechugas a $3.000 COP, huevos de gallina feliz a $12.000 COP la docena y pan de masa madre a $8.000 COP. No hay plástico de un solo uso: llevá tu propia bolsa o canasto.

La Tienda Verde (Carrera 70 # 31-15)

Es un café-restaurante que trabaja con ingredientes de las huertas. Ofrecen desayunos con arepas de maíz orgánico y huevos revueltos con espinacas. Los platos cuestan entre $15.000 y $25.000 COP. Abren de martes a domingo, 8 a.m. a 4 p.m. El dueño, don Carlos, es el mismo que coordina la Huerta El Amparo. Si le decís que venís del trueque, te regala un café.

Jugos de la Abuela (puesto en la Calle 30A con Carrera 70)

Un carrito de jugos naturales que usa frutas de temporada compradas a los vecinos. El jugo de maracuyá con hierbabuena cuesta $4.000 COP. No tiene dirección fija, pero siempre está cerca de la Huerta El Amparo los miércoles y sábados. Preguntá por doña Rosa, que también participa en el trueque de semillas.

Impacto social: cuando la huerta es más que comida

El impacto de estas huertas va mucho más allá de la producción de lechugas y tomates. Son un tejido social que se teje entre surcos y abonos. En un barrio donde el 12% de los hogares reporta dificultades para acceder a alimentos frescos, según la Alcaldía de Medellín (2025), las huertas se han convertido en una red de apoyo mutuo que fortalece la comunidad.

Doña Clara, líder de la Huerta El Amparo, lo resume así: “Cuando empezamos en 2020, veníamos a sembrar lechugas. Pero lo que realmente sembramos fue confianza. Hoy, si una familia tiene una emergencia médica, organizamos una vaquita con lo que cosechamos y lo vendemos en el mercado orgánico para apoyarlos”. Esta lógica de solidaridad es el corazón del proyecto: no se trata solo de comer sano, sino de construir una red de seguridad comunitaria.

Las huertas también han sido un espacio de integración para poblaciones vulnerables. En la Huerta La Esperanza, por ejemplo, participan adultos mayores que encontraron un propósito y un lugar de encuentro diario. Don Jorge, de 72 años, exfumigador de cultivos en Urabá, encontró en la huerta un espacio para compartir sus conocimientos sobre suelos. “Yo pensé que mi conocimiento ya no servía para nada. Acá me siento útil otra vez”, comenta mientras señala las camas de cultivo que él mismo ayudó a construir.

El impacto también se mide en cifras de participación. Según los registros comunitarios de julio de 2026, más de 200 personas participan activamente en las tres huertas, y unas 80 familias reciben alimentos frescos de manera regular. El trueque de semillas de los domingos convoca a un promedio de 30 personas por sesión, incluyendo vecinos de otros barrios como Laureles y América.

Beneficios ambientales: oxígeno, abono y menos basura

Las huertas comunitarias no solo alimentan a los vecinos; también alimentan el ecosistema urbano. Cada cama de cultivo en Belén cumple una función ambiental que muchos pasan por alto. Según el estudio “Huertas Comunitarias: Un Modelo de Innovación Social” (2024), estos espacios urbanos contribuyen a mitigar el efecto de isla de calor, mejorar la calidad del aire y aumentar la biodiversidad en áreas densamente pobladas.

En términos prácticos, las tres huertas de Belén procesan aproximadamente 150 kilos de residuos orgánicos por mes a través de sus sistemas de compostaje. Es decir, convierten cáscaras de frutas, restos de café y hojas secas en abono rico en nutrientes. Esto significa que, cada mes, alrededor de 150 kilos de desechos dejan de ir al relleno sanitario de La Pradera. En un año, son casi dos toneladas de residuos que se transforman en tierra fértil.

Además, las huertas funcionan como pequeños pulmones verdes. Un estudio de la Universidad Nacional (2025) estimó que un metro cuadrado de huerta urbana puede absorber hasta 5 kg de CO2 al año. Sumando las tres huertas de Belén, que ocupan aproximadamente 1.200 metros cuadrados, estamos hablando de unas 6 toneladas de CO2 absorbidas anualmente. No es una cifra astronómica, pero sí significativa en un barrio donde el espacio verde escasea.

La biodiversidad también se ve beneficiada. Los cultivos de flores como caléndula y girasol, plantados estratégicamente para controlar plagas, atraen abejas y mariposas. Don Carlos, coordinador de La Tienda Verde, señala que ha visto un aumento notable en la población de abejas en el barrio desde que empezaron las huertas: “Antes no veías ni una abeja por acá. Ahora, en las mañanas, el zumbido es constante. Eso es señal de que el ecosistema está respondiendo”.

Historias de éxito: cómo la huerta cambió vidas

Detrás de cada cama de cultivo hay una historia personal de transformación. Una de las más conmovedoras es la de Yuliana, madre soltera de 28 años que vivía en condición de inseguridad alimentaria. Antes de unirse a la Huerta El Amparo, dependía de los mercados solidarios y de la ayuda de sus vecinos para alimentar a sus dos hijos. Hoy, Yuliana es una de las principales productoras de la huerta y vende sus excedentes en el Mercado Orgánico de los sábados.

“La huerta me dio independencia. Ya no tengo que pedir limosna para darle de comer a mis hijos. Aprendí a cultivar mis propios alimentos y hasta genero un ingreso extra. El año pasado pude pagar el uniforme escolar de mi hija mayor con lo que saqué de la venta de tomates”, relata con orgullo mientras desmaleza una cama de espinacas.

Otra historia es la de los hermanos Pérez, de 12 y 14 años, que pasaban las tardes en la calle hasta que un vecino los invitó a la Huerta La Esperanza. Hoy son parte del grupo juvenil que mantiene el invernadero y enseñan a otros niños cómo germinar semillas. Su madre, doña Marta, cuenta que desde que empezaron en la huerta, sus hijos mejoraron sus notas en el colegio y están más tranquilos: “Antes estaban todo el día con el celular o en la esquina. Ahora tienen responsabilidades y se sienten importantes”.

La historia más reciente es la de don Ramiro, un exmilitar de 58 años que llegó a Belén huyendo de la violencia en el Urabá. Con síntomas de estrés postraumático, encontró en la Huerta El Refugio un espacio de paz. Los vecinos lo recibieron sin preguntas y le dieron un lugar donde trabajar la tierra. Hoy, don Ramiro es el encargado del banco de semillas criollas y ha recuperado variedades de maíz que su abuela cultivaba en su tierra natal. “La tierra me ha sanado. Cuando estoy acá, sembrando, el pasado no pesa tanto”, confiesa.

Estas historias demuestran que las huertas comunitarias de Belén no son solo un proyecto agrícola; son un proyecto de vida. Y si querés ser parte de esta red de transformación, ya sabés: llevá tus guantes, una bolsa de semillas y muchas ganas de ensuciarte las manos. La tierra devuelve con creces lo que se le da.

Cómo llegar y transporte

Belén está bien conectado, pero las huertas están en calles secundarias. Acá te explico cómo llegar desde el centro o desde El Poblado.

  • Desde el centro (Parque Berrío): tomá el metro hasta la estación San Javier (línea B) y luego un bus alimentador hacia Belén (ruta Belén Rincón o Belén Los Alpes). Bajate en la Parada 70 (Calle 30A con Carrera 70). Caminá dos cuadras al sur.
  • Desde El Poblado: tomá el metro hasta la estación Poblado, transbordá en la estación San Antonio hacia la línea B, y seguí las mismas indicaciones. En taxi desde El Poblado, el viaje cuesta entre $15.000 y $20.000 COP (julio de 2026).
  • En bicicleta: Belén tiene ciclorrutas en la Carrera 70 y la Calle 30. Las huertas tienen parqueaderos para bicicletas. El trayecto desde la estación San Javier son 15 minutos en bici.

Recomendación: si venís en carro, estacioná en la Carrera 70 cerca de la Iglesia de Belén (hay parqueadero público a $3.000 COP la hora). Las calles de las huertas son angostas y no hay espacio para parquear.

Tips locales

  • Llevá guantes y ropa que se pueda ensuciar: las jornadas de trabajo colectivo son a ras de tierra. No importa si sos turista; los vecinos te prestan herramientas, pero los guantes son personales.
  • No llegues con plata: el trueque es el corazón del sistema. Llevá semillas, abono orgánico, esquejes de plantas o frascos de vidrio para intercambiar. El dinero no se usa en los intercambios internos.
  • Respetá los horarios: las huertas abren temprano (6 a.m.) y cierran antes del mediodía en días de semana. Los fines de semana hay más flexibilidad. No llegues a las 2 p.m. porque probablemente no encuentres a nadie.
  • Preguntá antes de cosechar: aunque veas lechugas listas, no arranques nada sin permiso. Cada planta tiene un dueño o una familia asignada. Los líderes te indican qué podés llevarte.
  • Conectate con los líderes: doña Clara (Huerta El Amparo) y don Carlos (La Tienda Verde) son los contactos principales. Si querés sumarte al trueque de semillas, escribiles a través del grupo de WhatsApp "Huertas Belén" (preguntá en la huerta misma cómo unirte).
  • No te olvides del bloqueador solar: Medellín tiene sol todo el año, y las huertas no tienen sombra artificial. Llevá agua y un sombrero.

Preguntas frecuentes

¿Puedo visitar las huertas si soy extranjero y no hablo español?

Sí, total. Los líderes comunitarios están acostumbrados a recibir visitantes de otros países. Doña Clara aprendió frases básicas en inglés durante los talleres de la Alcaldía. Eso sí, llevá un traductor en el celular por si acaso. El trueque no necesita palabras: con señas y sonrisas se entiende todo.

¿Cuánto cuesta participar en el trueque de semillas?

Nada. Es completamente gratuito. La regla no escrita es que traigas algo para intercambiar: semillas, abono, plantas, frascos, o incluso tu tiempo (ayudar a cavar o regar). Si no tenés nada, podés donar una libra de café o un kilo de panela, que siempre se necesita para las reuniones comunitarias.

¿Las huertas reciben donaciones de empresas o personas?

Sí, y las necesitan. Aceptan tierra abonada, semillas certificadas, herramientas de jardinería (palas, rastrillos, regaderas) y materiales para cercas (madera, alambre). También reciben donaciones económicas para comprar mangueras y sistemas de riego. Si querés donar, hablá directamente con los líderes en los horarios de trabajo colectivo. No hay intermediarios ni ONGs.

Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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