Cartagena al ritmo del jazz
En Cartagena, el jazz no es solo música; es un susurro que se cuela entre las murallas coloniales, un diálogo entre el pasado y el presente que late al compás del Caribe. Mientras el sol se esconde detrás de los bastiones, la ciudad amurallada se transforma: los callejones empedrados, testigos de siglos de historia, comienzan a resonar con los acordes de saxofones, contrabajos y pianos que encuentran su hogar en rincones íntimos y terrazas con vista al mar. Esta no es una escena masiva ni ruidosa; es una conversación íntima entre músicos y oyentes, donde cada nota parece contar una historia propia de esta ciudad que siempre ha sabido mezclar culturas.
Bares y clubes donde el jazz respira
El corazón del jazz en Cartagena late en lugares que han hecho de la música su razón de ser. El Corralito de la Media Luna, escondido en el barrio Getsemaní, es más que un bar: es un santuario donde cada jueves y sábado a partir de las 9 PM, músicos locales como el saxofonista Juan "Pacho" Díaz improvisan sobre estándares mientras el aire se llena de humo y ron. La entrada cuesta alrededor de 20.000 COP e incluye una bebida. A pocas cuadras, en la calle del Sargento Mayor, La Vitrola ofrece jazz en vivo los viernes desde las 10 PM en un ambiente que mezcla elegancia colonial con la calidez de un living room; aquí, el pianista Miguel Ángel Rojas lidera sesiones que a menudo se extienden hasta la madrugada, con precios de cocteles entre 25.000 y 40.000 COP.
En la ciudad amurallada, Café del Mar transforma sus atardeceres en veladas jazzísticas los domingos desde las 6 PM, donde el sonido del mar se funde con trios acústicos. Mientras tanto, Donde Fidel, un restaurante-bar en la Plaza de Santo Domingo, reserva los miércoles para jam sessions informales donde turistas y locales se unen a músicos como la vocalista Clara Montes. Para una experiencia más underground, El Arsenal en el barrio Manga abre sus puertas los sábados a medianoche con fusiones de jazz y ritmos afrocaribeños, con cover de 15.000 COP.
Festivales que transforman la ciudad
Dos veces al año, Cartagena se viste de gala para celebrar el jazz a lo grande. El Festival Internacional de Jazz de Cartagena, que se realiza cada noviembre desde 2015, llena plazas como la de la Aduana y teatros como el Adolfo Mejía con nombres internacionales y talento local durante cuatro días de conciertos, muchos de ellos gratuitos. En febrero, el Cartagena Jazz & Blues Festival toma el Castillo de San Felipe y espacios al aire libre, ofreciendo desde clásicos del blues hasta experimentaciones contemporáneas, con boletos que van desde 50.000 COP para eventos menores hasta 200.000 COP para los headliners.
Los músicos que dan alma a la escena
Detrás de cada nota hay rostros. Juan "Pacho" Díaz, saxofonista cartagenero que aprendió jazz escuchando discos de su abuelo, dice: "Aquí el jazz tiene sabor a mango y brisa salada". Clara Montes, cuya voz evoca a Ella Fitzgerald, agrega: "Cartagena es un lienzo donde pintamos con sonidos; cada concierto es único porque la ciudad misma improvisa". Estos artistas, junto a otros como el contrabajista Ricardo Torres, son los guardianes de una tradición que crece en jam sessions espontáneas, especialmente en El Corralito y Donde Fidel, donde cualquier músico con su instrumento es bienvenido a subir al escenario.
Consejos para vivir el jazz cartagenero
Para disfrutar al máximo, llega temprano a los bares para asegurar un buen lugar, especialmente los fines de semana. Lleva efectivo, ya que algunos lugares pequeños no aceptan tarjetas. Viste ligero pero elegante; el ambiente es relajado, pero Cartagena tiene su estilo. No te limites a los lugares famosos: pregunta a los locales por sesiones improvisadas en patios privados o cafés escondidos. Y sobre todo, déjate llevar; el jazz aquí es una experiencia sensorial donde la música se mezcla con el olor del mar y el calor de la noche caribeña.
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