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Arquitectura viva: ruta de edificios emblemáticos en Rosales

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 5 de agosto, 2026
Arquitectura viva: ruta de edificios emblemáticos en Rosales

Si usted camina por la carrera séptima hacia el norte y se desvía en la calle 72, el cambio de paisaje es inmediato. Los edificios de ladrillo a la vista, los a

Contexto: Rosales como hito del modernismo bogotano

Si usted camina por la carrera séptima hacia el norte y se desvía en la calle 72, el cambio de paisaje es inmediato. Los edificios de ladrillo a la vista, los antejardines con pinos y la brisa del cerro de Monserrate le confirman que entró a Rosales. Pero este barrio no siempre fue así. Hasta mediados del siglo XX, esta zona era tierra de haciendas y potreros, un lugar donde las familias bogotanas tenían quintas de recreo. El plano de la ciudad no llegaba tan lejos, y la gente decía que "más allá de la calle 60 empezaba el monte".

Fue en la década de 1940 cuando el urbanista y arquitecto austríaco Karl Brunner, contratado por el municipio, trazó las primeras vías y lotes. La idea era crear un barrio residencial de clase alta, con calles amplias, zonas verdes y una conexión directa con el centro histórico. Pero el verdadero boom llegó en los años 50 y 60, cuando Bogotá se modernizaba a toda velocidad y los arquitectos locales empezaron a experimentar con el lenguaje del movimiento moderno: líneas puras, concreto expuesto, ladrillo visto y grandes ventanales que aprovecharan la vista de los cerros.

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Rosales se convirtió así en un laboratorio urbano. Aquí no encontrará las fachadas coloniales de La Candelaria ni los rascacielos de vidrio de la Calle 100. Lo que hay es una colección de edificios que cuentan la historia de una ciudad que quiso ser moderna sin perder su identidad andina. Y lo logró: los arquitectos bogotanos tomaron las ideas de Le Corbusier y las adaptaron al clima frío, a la luz gris del altiplano y a la tradición del ladrillo español. El resultado es un barrio que se siente a la vez europeo y profundamente bogotano.

Hoy, en agosto de 2026, Rosales sigue siendo uno de los sectores más cotizados de la ciudad. Pero su valor no está solo en los precios del metro cuadrado, sino en que es un museo al aire libre. Esta ruta que le propongo no es para turistas apurados; es para caminantes curiosos que quieran entender por qué la arquitectura de Bogotá es única en Latinoamérica.

Qué hacer: la ruta a pie de los edificios emblemáticos

Le propongo un recorrido de aproximadamente 3,5 kilómetros, que se camina en unas dos horas y media si se detiene a observar cada fachada con calma. No necesita guía ni reserva previa: todos los edificios son visibles desde el espacio público, aunque algunos tienen porterías que le permitirán ver el interior con discreción. Lleve zapatos cómodos, una chaqueta (en Bogotá el clima cambia en cuestión de minutos) y, si puede, una cámara con lente gran angular: algunas fachadas son más imponentes en perspectiva.

Punto de partida: Iglesia de la Porciúncula

La ruta empieza en la Iglesia de la Porciúncula, en la carrera 7ª con calle 73. Esta iglesia franciscana, construida entre 1926 y 1946, es anterior al desarrollo del barrio y marca el límite entre Chapinero y Rosales. Su estilo neogótico contrasta con todo lo que verá después, y esa es precisamente la idea: desde aquí usted camina hacia el futuro arquitectónico de la ciudad.

La fachada de ladrillo y piedra, con su torre central y los vitrales de colores, es un punto de referencia inevitable. Aunque no es un edificio modernista, su presencia define el carácter del barrio: Rosales no es un lugar que borró su pasado, sino que lo integró. Si llega un domingo, puede entrar a la misa de 10 de la mañana y escuchar el órgano; si no, la plazoleta frente a la iglesia es un buen lugar para orientarse y ver el mapa de la ruta.

Edificio Bavaria (o Edificio de la Cervecería)

Bajando por la calle 73 hacia el oriente, en la esquina con la carrera 7ª, se encuentra el Edificio Bavaria, diseñado por el arquitecto Ernesto Blumenthal e inaugurado en 1964. Este edificio de 20 pisos fue la sede de la Cervecería Bavaria, la empresa más poderosa de la industria cervecera colombiana, y durante décadas fue el más alto de la ciudad. Su torre de concreto y vidrio, con las oficinas recubiertas de paneles metálicos color cobre, es un ejemplo clásico del estilo internacional que dominó la arquitectura corporativa de los años 60.

Lo interesante no es solo la fachada, sino la historia. Bavaria encargó este edificio como símbolo de su poder económico, y durante años el logotipo de la cervecera coronó la azotea. Los bogotanos de cierta edad recuerdan que, desde cualquier punto del centro, se veía la torre iluminada en las noches. Hoy el edificio sigue en uso, aunque ya no es la sede de la cervecería. Si le gusta el detalle, observe el remate superior: las losas de concreto forman una especie de corona escalonada, un guiño a la arquitectura precolombina que pocos notan.

Edificio de Apartamentos El Polo (o "El Polo")

Siguiendo la carrera 7ª hacia el norte, en la calle 74, está el Edificio El Polo, una joya del racionalismo bogotano. Lo diseñó el arquitecto Rogelio Salmona en 1959, cuando apenas empezaba su carrera, y es uno de sus primeros trabajos. A diferencia de las obras monumentales que haría después (como las Torres del Parque), aquí Salmona trabajó a escala menor: un edificio de cinco pisos con apartamentos dúplex, fachada de ladrillo visto y balcones que se proyectan hacia la calle.

La importancia de El Polo está en su solución espacial. Salmona entendió que en un clima frío como el de Bogotá, los balcones no son para tomar el sol sino para mirar la calle y el cerro. Por eso los diseñó profundos, con barandas de concreto que protegen del viento, y los orientó hacia el occidente para captar la luz de la tarde. Es un edificio pequeño, casi íntimo, pero en su fachada ya se ven las obsesiones que marcarían toda su obra: el ladrillo como material noble, la geometría repetitiva y la relación entre el interior y el exterior.

Dato curioso: Salmona vivió en este edificio durante varios años, y se dice que desde su balcón observaba los cambios del barrio mientras diseñaba sus obras mayores. Hoy El Polo está habitado por familias que valoran su historia, y la fachada se mantiene en excelente estado gracias a los acuerdos de conservación del barrio.

Conjunto Residencial El Paraíso

En la calle 75 con carrera 2ª, escondido entre árboles, se encuentra el Conjunto Residencial El Paraíso, un complejo de tres torres diseñado por el arquitecto Guillermo Bermúdez en 1968. Este es uno de los ejemplos más claros de cómo el modernismo se adaptó a la vida familiar de la clase alta bogotana. Las torres, de 12 pisos cada una, se disponen en forma de U alrededor de un patio central con jardines, piscina y zonas de juegos. La fachada alterna franjas de ladrillo y concreto, creando un ritmo vertical que rompe con la horizontalidad de los edificios vecinos.

El Paraíso fue pionero en su momento porque introdujo el concepto de "conjunto cerrado" en Bogotá: un espacio privado con servicios comunes, donde los niños podían jugar sin salir a la calle. Hoy esa idea es común en toda la ciudad, pero en los años 60 era revolucionaria. Si usted pasa por la portería, notará que los apartamentos tienen grandes ventanales que miran al patio interior, no a la calle: la vida privada se desarrolla hacia adentro, protegida del ruido y del frío.

Torres del Parque

Este es el plato fuerte de la ruta. Las Torres del Parque, diseñadas por Rogelio Salmona e inauguradas en 1970, son probablemente el conjunto residencial más importante de la arquitectura colombiana del siglo XX. Se ubican en la carrera 5ª con calle 26, justo en el borde del Parque Nacional, y aunque técnicamente están en el barrio La Macarena, su relación con Rosales es directa: comparten el mismo cerro y la misma vista.

Son tres torres de ladrillo rojo, de 15 a 20 pisos, que se escalonan siguiendo la pendiente del terreno. Salmona las diseñó con una geometría compleja: las plantas no son rectangulares sino que se curvan, creando terrazas escalonadas que miran hacia el parque y los cerros orientales. El ladrillo, puesto a mano por maestros bogotanos, tiene un tono rojizo que cambia con la luz del día: al amanecer parece cobre, al mediodía se apaga y al atardecer vuelve a encenderse.

Lo que hace únicas a las Torres del Parque es su relación con el paisaje. Salmona no quiso que los apartamentos compitieran con el cerro de Monserrate; al contrario, los dispuso de manera que las terrazas y los ventanales enmarcaran la montaña como si fuera un cuadro. Cada apartamento tiene al menos dos orientaciones, para que el sol entre siempre por algún lado. Y los pasillos interiores, que parecen laberintos de ladrillo, están diseñados para protegerse del viento y crear microclimas cálidos.

Dato para arquitectos: las Torres del Parque fueron declaradas Monumento Nacional en 1998, y en 2014 la Fundación Rogelio Salmona inició un proceso para que fueran reconocidas por la UNESCO. Los apartamentos siguen siendo privados, pero se puede caminar por los senderos exteriores y subir hasta la plazoleta central, desde donde se tiene una de las mejores vistas de la ciudad.

Edificio de la Clínica del Country

Para cerrar el recorrido, vale la pena desviarse unas cuadras al norte, hasta la Clínica del Country en la calle 82 con carrera 15. No es un edificio residencial, pero su arquitectura es un testimonio del desarrollo de Rosales como zona de servicios. El edificio original, diseñado por el arquitecto Rafael Obregón en 1955, es una estructura de tres pisos con fachada de piedra y ventanales de aluminio, un ejemplo temprano de la arquitectura hospitalaria moderna. La clínica se ha ampliado varias veces, pero la fachada original se conserva intacta, y su estilo sobrio contrasta con los edificios de vidrio que han crecido a su alrededor.

Si le interesa la historia médica de la ciudad, sepa que esta clínica fue donde se realizaron las primeras cirugías de corazón abierto en Colombia, en los años 60. Los médicos de la época decían que el edificio, con sus amplios ventanales y su luz natural, ayudaba a la recuperación de los pacientes. Hoy es un hospital moderno, pero conserva ese aire de otra época.

Contraste con la arquitectura contemporánea

Rosales no es un museo congelado. En las últimas dos décadas, el barrio ha visto la construcción de nuevos edificios que conviven con los clásicos modernistas, a veces con resultados polémicos. El más visible es el Edificio Bacatá (no confundir con el rascacielos del centro), en la carrera 7ª con calle 76, una torre de apartamentos de lujo de 18 pisos con fachada de vidrio y aluminio, terminada en 2018. Su diseño es completamente opuesto al ladrillo de los edificios de los años 60: una caja de cristal que refleja el cielo y los edificios vecinos.

Los arquitectos locales están divididos. Unos celebran que el barrio se renueve y que lleguen materiales y tecnologías nuevas; otros lamentan que se rompa la armonía cromática del ladrillo y que las torres de vidrio bloqueen las vistas de los cerros. Lo cierto es que la tensión entre lo viejo y lo nuevo es parte de la vida del barrio. Si usted camina por la calle 74, verá un edificio de Salmona al lado de una torre de apartamentos de 2021, y la convivencia no es siempre elegante, pero sí es honesta: Bogotá es una ciudad que se transforma, y Rosales es el espejo de esa transformación.

Una recomendación: no se quede solo con las fachadas. Muchos de los edificios nuevos tienen porterías con diseños interesantes, patios interiores con jardines verticales y lobby con obras de arte. Si usted se presenta como arquitecto o estudiante, es probable que le dejen entrar a ver el interior, especialmente en horas de la mañana.

Espacios públicos de transición: calles arboladas, plazoletas y el borde del cerro

La arquitectura de Rosales no se entiende sin sus espacios públicos. El barrio fue diseñado con una red de calles arboladas que conectan los edificios con el cerro, y esos corredores verdes son parte esencial de la experiencia. La calle 74 entre carreras 2ª y 5ª es quizás la más bella: una vía en pendiente, bordeada de pinos y eucaliptos, donde los edificios de ladrillo se asoman entre las copas de los árboles. En las mañanas, cuando el sol atraviesa la neblina, la luz se filtra entre las hojas y crea un efecto casi cinematográfico.

Otro espacio clave es la Plazoleta de las Nieves, en la carrera 7ª con calle 71, un pequeño parque triangular que funciona como antesala del barrio. No es un espacio diseñado por arquitectos, sino un accidente urbano: el cruce de varias vías dejó un triángulo de tierra que la comunidad convirtió en jardín. Hoy tiene bancas de concreto, un quiosco de venta de empanadas y árboles de cerezo que florecen en septiembre. Es un buen lugar para descansar a mitad de la ruta y observar la vida del barrio.

El borde del cerro es, sin embargo, el espacio público más impresionante. En la carrera 1ª entre calles 73 y 76, hay una serie de senderos peatonales que suben por la ladera de Monserrate, entre edificios de apartamentos y casas unifamiliares. Estos senderos no están señalizados ni son oficiales, pero los residentes los usan a diario para hacer ejercicio o pasear a sus perros. Desde ellos se tiene una vista panorámica de la ciudad, con el centro a la izquierda y la sabana extendiéndose hacia el occidente. Al atardecer, cuando las luces de la ciudad se encienden, el contraste entre el verde del cerro y el gris del concreto es impresionante.

Si tiene tiempo, le recomiendo subir hasta el Parque Nacional (entrando por la calle 36 con carrera 7ª), que aunque no está en Rosales, es el parque urbano más importante de la zona. Allí, entre los eucaliptos centenarios, hay varias obras de arte público, incluyendo una escultura de Édgar Negret y un mural de Alejandro Obregón. Es un buen final para la ruta: desde el parque se ve el perfil de Rosales recortado contra el cerro, y se entiende por qué los arquitectos de los años 60 eligieron este lugar para experimentar.

Cómo llegar y transporte

Llegar a Rosales es fácil desde cualquier punto de la ciudad, y le recomiendo hacerlo en transporte público para no preocuparse por el parqueo (que es escaso y costoso). Estas son sus opciones:

En TransMilenio

La estación más cercana es Flores (línea A, por la carrera 7ª) o Avenida 39 (línea B, por la calle 26). Desde la estación Flores, camine dos cuadras hacia el oriente por la calle 71 hasta la carrera 7ª, y desde allí siga la ruta. El pasaje cuesta $2.900 COP en 2026, y el servicio es frecuente de 4:30 am a 11:00 pm.

En SITP (bus urbano)

Las rutas C-19 y C-27 pasan por la carrera 7ª y la calle 72, respectivamente. El pasaje es de $2.750 COP. Le recomiendo usar la app de TransMilenio para verificar las rutas en tiempo real, pues los recorridos cambian con frecuencia.

En bicicleta

Bogotá tiene una red de ciclorrutas que pasa por la carrera 7ª y la calle 26. Desde el centro, son unos 20 minutos en bici hasta Rosales. Hay estaciones de bicicletas públicas (Tembici) en la calle 72 con carrera 7ª y en el Parque Nacional. Las pendientes del barrio son pronunciadas, así que lleve una bici con cambios.

En carro o taxi

Desde el centro, tome la carrera 7ª hacia el norte hasta la calle 72. El parqueo en la calle es de pago (zona azul) y cuesta alrededor de $3.500 COP por hora. Los edificios residenciales tienen parqueaderos de visitantes, pero es mejor preguntar en la portería antes de entrar. Un taxi desde el centro cuesta entre $12.000 y $18.000 COP, según el tráfico.

Una advertencia: el tráfico en la carrera 7ª es pesado en horas pico (7-9 am y 5-8 pm). Si puede, haga la ruta un sábado en la mañana, cuando las calles están tranquilas y hay menos ruido. La luz de la mañana, además, es la mejor para fotografiar las fachadas de ladrillo.

Tips locales

Aquí van algunos consejos que solo un bogotano le daría:

  • Lleve efectivo. Aunque la mayoría de los lugares aceptan tarjeta, los vendedores de empanadas y los heladeros del parque solo reciben efectivo. Hay cajeros automáticos en la carrera 7ª con calle 72, pero pueden tener fila.
  • Prepárese para el clima. Rosales está a 2.600 metros sobre el nivel del mar, y el clima cambia en minutos. Lleve una chaqueta impermeable y una gorra para el sol de mediodía. La temperatura promedio es de 14°C, pero puede bajar a 8°C en la tarde.
  • No use el celular en la calle. No es un barrio peligroso, pero como en toda Bogotá, los ladrones aprovechan los descuidos. Guarde el celular cuando camine por la carrera 7ª, especialmente cerca de la calle 72.
  • Salude a los porteros. En los edificios de Rosales, los porteros son una institución. Si usted les explica que está haciendo una ruta arquitectónica, es probable que le cuenten historias del edificio e incluso le dejen pasar al lobby. Una sonrisa y un "buenos días" abren muchas puertas.
  • Pruebe el pan de la panadería La Florida. En la calle 73 con carrera 5ª, esta panadería artesanal lleva más de 40 años en el barrio. Su

Dónde comer o beber

La Brasserie

Este lugar es conocido por su ambiente acogedor y su variada oferta de cervezas artesanales. Ideal para disfrutar de un buen plato de carne o un delicioso ajiaco. Insider Tip: No te pierdas sus happy hours los martes, donde las cervezas seleccionadas tienen un 50% de descuento.

Restaurante El Cielo

Este restaurante ofrece una experiencia gastronómica única, combinando la cocina colombiana con técnicas de alta cocina. Sus platos son una obra de arte y el servicio es excepcional. Insider Tip: Reserva con anticipación y pregunta por el menú de degustación, que cambia regularmente y siempre sorprende.

El Gato Gris

Un café que se destaca por su ambiente bohemio y su oferta de pasteles y cafés de origen local. Perfecto para una pausa durante tu recorrido. Insider Tip: Prueba su tarta de zanahoria, es una de las más recomendadas por los locales.

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Preguntas frecuentes

¿Cuál es la mejor época del año para visitar Rosales?
La primavera y el inicio del otoño son ideales, ya que el clima es templado y las lluvias son menos frecuentes. Esto permite disfrutar de los recorridos a pie sin interrupciones.

¿Hay lugares para comer en la zona?
Sí, Rosales cuenta con una variedad de restaurantes y cafés. Algunos de los más recomendados son los que ofrecen comida típica colombiana y opciones internacionales. No te pierdas la oportunidad de probar un buen ajiaco en un lugar local.

¿Es seguro caminar por Rosales?
En general, Rosales es un barrio seguro para caminar, pero siempre es recomendable estar atento a tus pertenencias y evitar las calles solitarias, especialmente en la noche.

¿Qué tipos de arquitectura puedo encontrar en Rosales?
Podrás apreciar una mezcla de estilos, desde la arquitectura republicana hasta construcciones modernas. Observa los detalles en las fachadas y los jardines de las casas, que son reflejo de la cultura local.

¿Hay actividades culturales en la zona?
Sí, la zona alberga varias galerías de arte y espacios culturales. Revisa la programación de eventos en lugares como el Museo del Oro o el Teatro Nacional. A menudo hay exposiciones temporales que destacan el talento local.

¿Dónde puedo encontrar información adicional sobre la historia de Rosales?
Visitar la biblioteca del barrio o consultar recursos en línea de la Alcaldía de Bogotá puede ser útil. También hay grupos en redes sociales dedicados a la historia de Bogotá que pueden ofrecerte datos interesantes y anécdotas locales.

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Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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