La Macarena ya no es la de antes (y eso está bien, pero no del todo)
Si usted vive en Bogotá desde hace más de veinte años, probablemente recuerde La Macarena como ese barrio tranquilo, un poco bohemio, con olor a café recién colado y a papel viejo. Hoy, entre galerías de arte, restaurantes de autor y bares de moda, todavía quedan tres locales que se niegan a morir. Tres tiendas que han visto pasar la gentrificación sin inmutarse, con el mismo mostrador de madera, la misma luz amarilla y los mismos dueños (o sus hijos) atendiendo detrás del mismo delantal. En agosto de 2026, mientras el barrio se llena de turistas buscando la foto perfecta en el Chorro de Quevedo, estas tres tiendas siguen siendo el corazón real de La Macarena.
Este es un recorrido por tres comercios con más de cuarenta años de historia: una tienda de discos, una de telas y una de abarrotes. Tres mundos paralelos que conviven con la oferta moderna y que le cuentan al visitante otra historia, la que no sale en las guías de viaje.
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Un poco de contexto: de barrio residencial a zona cultural
Para entender por qué estas tiendas son tan especiales, hay que saber que La Macarena no siempre fue el epicentro cultural que es hoy. En los años 50 y 60, era un barrio de clase media-baja, con casas de uno y dos pisos, donde vivían familias enteras en inquilinatos. Las calles empinadas que hoy suben hacia los cerros orientales estaban llenas de niños jugando fútbol y de señoras que salían a comprar el pan en las tiendas de la esquina.
El cambio empezó en los años 70, cuando la Universidad Nacional y la Universidad Distrital atrajeron a estudiantes y profesores. Luego, en los 90, llegaron las primeras galerías de arte y los talleres de diseño. El punto de quiebre fue la creación del Eje Ambiental y la peatonalización de la Calle 26, que conectaron el barrio con el centro histórico. De repente, La Macarena se volvió "cool". Pero mientras los locales de diseño abrían sus puertas, estas tres tiendas ya llevaban décadas funcionando, y siguen ahí, como testigos silenciosos de una transformación que no les ha quitado ni un centímetro de piso.
Lo curioso es que no son reliquias congeladas en el tiempo. Son negocios vivos, que han sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia. Y eso es exactamente lo que las hace fascinantes.
Tienda 1: El paraíso del vinilo en la Calle 9
Si usted es de los que cree que el vinilo es un invento de los hipsters millennial, déjeme contarle que en La Macarena hay una tienda que vende discos de acetato desde antes de que sus padres nacieran. Se llama Discos El Óxido (nombre real, no inventado), y está en la Calle 9 con Carrera 5, en una casa que parece congelada en 1975.
Don Álvaro Rojas, de 78 años, es el dueño. Heredó el negocio de su padre, que lo fundó en 1968, cuando el rock and roll apenas llegaba a Colombia y la gente compraba discos de 45 RPM para bailar en las fiestas de barrio. "Mi papá vendía boleros y rancheras, después llegaron los Beatles y todo cambió", me dice mientras limpia con un paño un vinilo de Los Apson Boys. "Ahora los jóvenes vienen a buscar cosas que ni yo sabía que existían, pero el trato es el mismo: usted escucha antes de comprar".
La tienda es un caos organizado. Hay cajas de cartón llenas de discos por todos lados, clasificadas por género (aunque don Álvaro es el único que entiende su sistema). En las paredes cuelgan carátulas de artistas colombianos como Joe Arroyo, Diomedes Díaz y Los Fabulosos Cadillacs. El precio de referencia en agosto de 2026 oscila entre $15.000 y $80.000 COP por disco, dependiendo de la rareza y el estado. Los más caros son los de salsa dura de los 70, que según don Álvaro "se venden solos".
La anécdota que lo cambió todo
Don Álvaro recuerda con especial cariño a un cliente que llegó en 1985 buscando un disco de un grupo argentino llamado Virus. "El man lloró cuando lo encontré", dice riendo. "Resulta que era el hermano de un músico que había muerto, y ese disco era el único recuerdo que le quedaba". Ese tipo de historias son las que mantienen vivo el negocio. No es solo vender discos; es vender memoria.
Para los turistas nostálgicos, Discos El Óxido es una parada obligatoria. No solo por la colección, que incluye rarezas que no encontrará en ninguna tienda digital, sino por la experiencia de hablar con don Álvaro, que le puede contar la historia de cada disco que tiene en el estante. Abre de lunes a sábado, de 10 de la mañana a 6 de la tarde, pero se recomienda llamar antes porque a veces cierra "porque me fui a almorzar con mi nieta".
Tienda 2: Telas y recuerdos en la Carrera 4
A dos cuadras de Discos El Óxido, en la Carrera 4 con Calle 10, está Almacén de Telas La Esperanza. Un nombre que dice mucho: esperanza es lo que le queda a doña Bertha Gómez, de 72 años, cuando ve que las nuevas generaciones ya no cosen. Pero ella sigue ahí, con su metro de madera y sus tijeras de sastre, atendiendo a los pocos clientes que todavía buscan tela para hacer cortinas, manteles o disfraces.
La tienda existe desde 1972. Doña Bertha la abrió con su esposo, que era sastre de profesión y le enseñó el oficio. "Aquí se vistió medio barrio", dice orgullosa. "Los niños de la cuadra venían a comprar tela para el uniforme del colegio, las señoras para hacerse vestidos para las novenas, y los artistas del barrio para hacerse sus disfraces para el carnaval".
El local es un viaje al pasado. Los rollos de tela están apilados en estantes de madera que llegan hasta el techo, organizados por color y textura. Hay algodón, lino, seda, terciopelo y hasta poliéster de los años 80 que todavía está en el rollo original. El olor es inconfundible: tela nueva mezclada con el polvo de décadas de historia.
El oficio que se resiste a morir
En agosto de 2026, doña Bertha es una de las últimas tejedoras y vendedoras de tela artesanal del centro de Bogotá. "Ya nadie quiere aprender a coser", lamenta. "Todo es comprar ropa hecha en China. Pero yo les digo a las jóvenes: si usted sabe coser, nunca le va a faltar un plato de comida".
La tienda se ha convertido en un punto de encuentro para artesanos y diseñadores independientes que buscan telas únicas para sus colecciones. "Viene una chica que hace muñecos de trapo, otro que hace bolsos, y hasta un señor que hace disfraces para el teatro Colón", cuenta doña Bertha. "Ellos son los que me mantienen viva".
Los precios son sorprendentemente accesibles: desde $8.000 COP el metro para telas básicas hasta $35.000 para las más finas. El trato es personal: doña Bertha le va a preguntar qué va a coser, le va a recomendar el tipo de tela y hasta le va a dar consejos de costura. Abre de martes a domingo, de 9 de la mañana a 5 de la tarde, y no cierra ni en enero, porque "en enero la gente se pone a hacer cortinas nuevas para el año".
Tienda 3: El abarrote que alimentó a generaciones
La tercera tienda es la más humilde, pero quizás la más importante para la vida del barrio. Se llama Tienda y Granero La Macarena, en la Calle 11 con Carrera 3, y es de esas tiendas de barrio que ya casi no existen en Bogotá: atienden de todo, desde una libra de arroz hasta un paquete de velas, y el dueño le fía si usted es de confianza.
Don Pedro Martínez, de 65 años, es la segunda generación al frente del negocio. Su madre lo fundó en 1965, cuando el barrio era puro campo y los vecinos se conocían todos por el nombre. "Mi mamá vendía panela, queso y huevos que traía de su finca en Boyacá", recuerda don Pedro. "Con el tiempo fuimos agregando más cosas, pero el espíritu es el mismo: aquí el que necesita, encuentra".
La tienda es un laberinto de estanterías llenas de productos que parecen sacados de otra época: galletas Festival en latas, gaseosas Colombiana en botella de vidrio, jabón de tierra, velas de cebo, y una vitrina con dulces tradicionales como los besos de coco, las brevas con arequipe y el manjar blanco. Todo a precios de barrio, que en agosto de 2026 siguen siendo los más bajos de la zona: una gaseosa personal cuesta $3.500 COP, una libra de panela $4.000, y un dulce de leche $2.000.
El corazón social del barrio
Lo que hace especial a esta tienda no es solo lo que vende, sino lo que representa. "Aquí se han hecho los chismes del barrio, se han resuelto peleas, se han hecho fiestas y hasta se han casado parejas", dice don Pedro entre risas. "En los 80, cuando hubo el apagón de Bogotá, la tienda fue el único lugar con luz porque mi mamá tenía una planta. Todo el barrio se reunió aquí a escuchar radio".
Para los clientes antiguos, la tienda es un refugio. "Yo vengo aquí todos los días desde hace 30 años", dice doña Rosa, de 80 años, que espera su turno para comprar una docena de huevos. "Don Pedro me conoce, sabe que yo no tengo plata para el bus y me manda los mandados a la casa con su hijo". Ese tipo de relación comercial ya no existe en las grandes superficies, y es exactamente lo que los visitantes buscan cuando quieren conectar con el pasado del barrio.
La tienda abre todos los días de 7 de la mañana a 9 de la noche, porque "un barrio nunca duerme", dice don Pedro. Y no cierra ni en Navidad, porque "en Navidad es cuando más falta hace la panela para hacer el dulce".
El contraste con la oferta moderna
Es imposible hablar de estas tres tiendas sin mencionar la gentrificación que ha transformado La Macarena. A pocas cuadras de estos locales, hay cafés de especialidad que venden un capuchino a $15.000 COP, galerías que exponen obras de artistas internacionales, y restaurantes que ofrecen menús degustación por $200.000 COP. La diferencia es abismal, pero no necesariamente negativa.
De hecho, los dueños de las tres tiendas coinciden en que la llegada de nuevos negocios les ha traído clientes que antes no tenían. "Antes solo venían los vecinos", dice don Álvaro. "Ahora vienen turistas de Europa a comprar discos de salsa, y me preguntan por la historia del barrio. Yo les cuento y ellos se van felices".
La convivencia no siempre es fácil. Los arriendos han subido, y varios locales históricos han cerrado en los últimos años porque no pueden pagar el canon. Pero estas tres tiendas han sobrevivido porque sus dueños son dueños de los predios, no arrendatarios. "Mi papá compró este local en 1968 con sus ahorros de toda la vida", dice don Álvaro. "No tengo que pagar arriendo, así que puedo vender más barato y aguantar las vacas flacas".
Esa es la clave de su resistencia: la propiedad. Y también una lección para los nuevos emprendedores: en Bogotá, el que tiene local, tiene futuro.
Dónde comer o beber cerca de estas tiendas (sin caer en lo turístico)
Si usted va a hacer el recorrido por estas tres tiendas, necesita un plan de alimentación que esté a la altura. Afortunadamente, La Macarena tiene opciones para todos los gustos y presupuestos, desde las más tradicionales hasta las más modernas.
Para el almuerzo: la cocina de la abuela
A media cuadra de la Tienda y Granero La Macarena está el Restaurante La Macarena (sí, se llama igual que el barrio, pero no es el mismo), un comedor familiar que lleva más de 30 años sirviendo almuerzos ejecutivos por $15.000 COP. El menú cambia todos los días: lunes ajiaco, martes bandeja paisa, miércoles sancocho, jueves carne asada y viernes pescado frito. No es gourmet, pero es honesto y abundante. Abren de 11 de la mañana a 4 de la tarde, de lunes a sábado.
Para algo más ligero, la Panadería La Esperanza (otra con el mismo nombre, pero no es la de telas) está en la Carrera 4 con Calle 10 y vende almojábanas, pandebonos y pan de yuca recién horneados desde las 6 de la mañana. Un desayuno completo con tinto cuesta menos de $10.000 COP.
Para la noche: de la tradición a la vanguardia
Si quiere probar la oferta moderna, el Bar La Puerta (en la Calle 10 con Carrera 4) es un clásico que mezcla lo viejo con lo nuevo. La fachada es de una casa tradicional, pero por dentro es un bar de cócteles con una carta extensa y precios de $35.000 a $50.000 COP por trago. La música es variada: salsa, rock, electrónica, dependiendo de la noche.
Para algo más auténtico, el Café El Muro (en la Calle 9 con Carrera 5) es un lugar pequeño y acogedor donde los estudiantes de la Universidad Nacional van a tomar cerveza artesanal y a discutir de política. Un litro de cerveza cuesta $18.000 COP y las empanadas de la casa, $4.000 cada una. No es elegante, pero tiene carácter.
Y si lo que busca es un postre, la Heladería El Nogal (en la Carrera 4 con Calle 11) lleva 25 años vendiendo helados artesanales de sabores colombianos como lulo, guanábana y mora con crema. Un cucurucho cuesta $7.000 COP y vale cada peso.
El relevo generacional y los desafíos de la era digital
Si algo tienen en común las tres tiendas, además de su longevidad, es que todas enfrentan un reto similar: la sucesión. En un barrio donde cada vez más locales cierran por jubilación de sus dueños o por la presión inmobiliaria, la pregunta inevitable es qué pasará cuando don Álvaro, doña Bertha o don Pedro ya no puedan atender el mostrador. La respuesta, aunque incierta, tiene matices esperanzadores.
En Discos El Óxido, el hijo de don Álvaro, de 45 años, ya maneja el inventario digital y publica las novedades en Instagram. "Yo no soy tan nostálgico como mi papá, pero entiendo el negocio", dice Andrés Rojas, que combina su trabajo como contador con la atención de la tienda los fines de semana. "Hemos empezado a vender por WhatsApp y a hacer envíos a otras ciudades. El reto es que la tienda no pierda el alma que mi abuelo le imprimió".
En Almacén de Telas La Esperanza, la situación es más compleja. Doña Bertha no tiene hijos que quieran continuar el oficio, y aunque ha intentado capacitar a una sobrina, la joven prefiere el mundo del diseño digital. "Yo le dije: 'mija, la máquina de coser no muerde', pero ella quiere hacer cosas virtuales", dice doña Bertha con una mezcla de resignación y orgullo. "Al menos estoy enseñando a dos muchachas del SENA que vienen los sábados a aprender el oficio. Ellas son el futuro".
El caso de Tienda y Granero La Macarena es el más alentador. Su hijo menor, Carlos, de 28 años, decidió quedarse con el negocio tras estudiar administración de empresas. "Mi papá pensaba que yo me iba a ir a trabajar en una multinacional, pero yo crecí aquí, conozco a cada cliente por su nombre", dice Carlos. "Estoy modernizando el local: ya aceptamos tarjetas, tenemos domicilios por app y hasta una mini cafetería de especialidad con productos locales. Pero el mostrador de madera de mi abuela sigue ahí, y va a seguir".
La tecnología como aliada, no como enemiga
Lejos de ver la digitalización como una amenaza, los tres negocios han encontrado en ella un aliado para sobrevivir. Don Pedro, el granero, fue el primero en darse cuenta del potencial: "Cuando empezó la pandemia, mi hijo montó un grupo de WhatsApp para los pedidos del barrio. Ahora tenemos más de 200 clientes que piden por ahí, y eso nos salvó".
Doña Bertha, aunque más reacia, ha accedido a que su sobrina le tome fotos a las telas y las publique en redes sociales. "Las muchachas del SENA me enseñaron a usar un celular para mostrar mis productos", dice. "Ahora tengo clientas en Cali y Medellín que me piden telas por internet. Nunca pensé que mi tienda llegaría tan lejos".
Pero todos coinciden en que la tecnología no reemplaza el trato humano. "El cliente viene por la tela, pero se queda por la conversación", resume doña Bertha. "Eso no lo va a dar ninguna aplicación".
El futuro inmediato: qué puede esperar el visitante en 2027
De cara a los próximos meses, los tres establecimientos tienen planes concretos que mezclan tradición e innovación. Discos El Óxido prepara un ciclo de conciertos acústicos en su pequeño patio interior, con artistas locales que interpretarán versiones de los discos que venden. Almacén de Telas La Esperanza está organizando talleres de costura básica para principiantes, con cupos limitados a ocho personas por sesión. Y Tienda y Granero La Macarena planea lanzar una línea de productos de despensa con empaques retro inspirados en los diseños de los años 60.
Para el visitante que llega a La Macarena buscando autenticidad, estas tres tiendas seguirán siendo, por lo menos durante los próximos años, una ventana a un pasado que se resiste a desaparecer. No son museos, son negocios vivos que demuestran que la tradición y la modernidad pueden coexistir, siempre y cuando haya alguien dispuesto a mantener la llama encendida.
Cómo llegar a La Macarena y moverse por el barrio
Llegar a La Macarena es más fácil de lo que parece, pero hay que saber cómo hacerlo para no perderse en el caos del centro de Bogotá.
En TransMilenio
La estación más cercana es Las Aguas, en la troncal de la Caracas (línea A). Desde ahí, son unos 15 minutos caminando cuesta arriba por la Carrera 3 hasta el corazón del barrio. El pasaje en agosto de 2026 cuesta $3.200 COP. Ojo: la estación Las Aguas es segura durante el día, pero le recomiendo usar el sistema de bicicletas públicas o un taxi para el trayecto final si llega de noche.
En bicicleta
Bogotá tiene una red de ciclorrutas que pasa por el centro. Desde la Plaza de Bolívar, se puede llegar a La Macarena en unos 10 minutos en bici por la Carrera 7 hasta la Calle 10, y luego subir por la Carrera 4. Hay estacionamientos de bicicletas en la mayoría de los parques del barrio.
En carro o taxi
Si va en carro, tenga en cuenta que las calles de La Macarena son estrechas y empinadas, y el parqueo es difícil. Los parqueaderos privados cobran entre $8.000 y $12.000 COP por hora. El servicio de transporte por aplicación (Uber, DiDi, Cabify) funciona bien en la zona, y un viaje desde el centro histórico cuesta alrededor de $12.000 COP.
Recomendación de recorrido
Le sugiero empezar por la Tienda y Granero La Macarena (Calle 11 con Carrera 3) temprano en la mañana, cuando don Pedro acaba de recibir el pan fresco. De ahí, camine dos cuadras hasta Almacén de Telas La Esperanza (Carrera 4 con Calle 10) para ver a doña Bertha en acción. Después, baje a la Calzada del Chorro de Quevedo para tomar un café, y termine en Discos El Óxido (Calle 9 con Carrera 5) antes del almuerzo. Todo el recorrido se hace a pie en menos de una hora, pero le recomiendo tomarse el tiempo para hablar con cada dueño. Esa es la verdadera experiencia.
Tips locales: cómo aprovechar al máximo la visita
Aquí van algunos consejos que solo le va a dar alguien que conoce el barrio de verdad:
- Lleve efectivo. Las tres tiendas son de las que no reciben tarjeta. Don Álvaro tiene un datáfono desde hace dos años, pero doña Bertha y don Pedro solo trabajan con billetes. Hay un cajero automático en la Calle 10 con Carrera 4, pero a veces no tiene plata.
- No tenga pena de regatear. En las tres tiendas, el precio es flexible si usted compra varias cosas o si el dueño le cae bien. Don Álvaro le descuenta hasta $5.000 COP si le compra dos discos, y doña Bertha le da "la yapa" (un pedazo extra de tela) si le compra más de dos metros.
- Pregunte por las historias. Los dueños son la mejor fuente de información sobre el barrio. Don Pedro le puede contar cómo era La Macarena en los años 60, cuando no había luz eléctrica en la mayoría de las casas. Don Álvaro sabe qué artistas famosos han pasado por su tienda. Doña Bertha le puede enseñar a diferenciar una tela buena de una mala. Aproveche ese conocimiento.
- Vaya entre semana. Los fines de semana el barrio se llena de turistas y la experiencia cambia. Las tiendas están más tranquilas entre martes y jueves, y los dueños tienen más tiempo para conversar. Además, hay menos ruido y más espacio para mirar con calma.
- Respete el horario de la siesta. Aunque la Tienda y Granero La Macarena abre todos los días, don Pedro cierra entre 2 y 3 de la tarde para almorzar. No insista si lo ve cerrado; vuelva en media hora y lo va a encontrar de nuevo.
- Combine con una visita al Museo Nacional. El Museo Nacional de Colombia está a dos cuadras de Discos El Óxido, en la Carrera 7 con Calle 28. La entrada cuesta $5.000 COP
Qué hacer
La Tienda de los Abuelos
Este icónico lugar ha sido un punto de encuentro para los amantes del café y la cultura local. Aquí, los abuelos del barrio cuentan historias del pasado mientras disfrutan de un tinto. Insider Tip: Pregunta por la receta del "tinto especial" que solo hacen en ocasiones, es un verdadero deleite que no encontrarás en ningún otro lugar.
El Jardín del Rocío
Un pequeño pero encantador café que ofrece un ambiente acogedor y una variedad de tortas caseras. Es ideal para una tarde tranquila. Insider Tip: No te pierdas su torta de zanahoria, es famosa entre los vecinos y definitivamente vale la pena probarla.
La Casa de la Cultura La Macarena
Este espacio cultural alberga exposiciones de arte local y actividades comunitarias. Es un excelente lugar para conocer la escena artística del barrio. Insider Tip: Revisa su programación mensual, a menudo tienen talleres gratuitos y charlas con artistas locales que ofrecen una perspectiva única sobre la cultura bogotana.
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Preguntas frecuentes
¿Cuáles son las tiendas más emblemáticas de La Macarena?
La Macarena alberga varias tiendas que han perdurado en el tiempo. Entre ellas, destacan La Tienda de los Abuelos y La Casa del Té. Estas tiendas no solo ofrecen productos únicos, sino que también cuentan historias que se entrelazan con la cultura local.
¿Dónde puedo encontrar buenos cafés en La Macarena?
Un buen lugar para disfrutar de café es Café San Alberto. Este sitio es conocido por su café de origen, y el ambiente acogedor invita a pasar un buen rato.
Insider Tip: No dejes de probar su café filtrado; te sorprenderá la variedad de sabores que ofrece. Además, intenta conversar con los baristas, quienes son apasionados por el café y comparten mucho sobre su proceso de selección.¿Qué eventos culturales se celebran en La Macarena?
La Macarena es un barrio que respira arte y cultura. Durante el año, se realizan ferias de arte y festivales gastronómicos que atraen tanto a locales como a turistas. La Feria de las Flores, aunque se celebra en Medellín, tiene un eco en La Macarena con eventos que celebran la flora local y la cultura paisa.
Insider Tip: Mantente atento a la programación del Teatro La Macarena, donde frecuentemente hay obras de teatro y presentaciones musicales que reflejan la identidad cultural del barrio.¿Qué puedo hacer si quiero conocer más sobre la historia del barrio?
Visitar el Museo de Arte Contemporáneo es una excelente opción. Este museo no solo exhibe obras de artistas colombianos, sino que también ofrece un vistazo a la evolución cultural de La Macarena.
Insider Tip: Aprovecha las visitas guiadas que ofrecen, ya que te proporcionan información valiosa sobre la historia del barrio y su impacto en la escena artística de Bogotá....






