Orígenes
La Sabanita no aparece en las guías turísticas. No tiene un monumento famoso ni una plaza colonial de postal. Pero si usted le pregunta a un panadero viejo de Bogotá por el barrio, se le iluminan los ojos. Este pedazo de ciudad, escondido entre la Avenida 30 y la carrera 24, al sur de la calle 6, es el corazón industrial y obrero que le dio de comer a la capital durante casi un siglo.
El nombre viene de una finca que existía a finales del siglo XIX, cuando Bogotá terminaba en lo que hoy es el centro internacional. La "Sabana" era esa llanura fértil que se extendía hacia el occidente, y la finca "La Sabanita" era una de las primeras paradas del Ferrocarril de la Sabana, que conectaba la ciudad con Facatativá. Los talleres del ferrocarril se instalaron cerca, y con ellos llegaron los primeros obreros. No había nada más; solo potreros, olor a carbón y el silbato del tren marcando el ritmo del día.
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La verdadera transformación ocurrió entre 1920 y 1940. Bogotá crecía a lo loco, y la ciudad necesitaba fábricas. La Sabanita, con su acceso al ferrocarril y su cercanía al centro, se volvió el lugar perfecto para instalar talleres, bodegas y fábricas de textiles, vidrio y, sobre todo, alimentos. Aquí no llegaron familias adineradas; llegaron migrantes del interior del país y, en una ola menos conocida, italianos que huían de la posguerra.
Esos italianos no vinieron a hacerse ricos con bancos ni restaurantes lujosos. Llegaron con sus recetas de pan bajo el brazo, sus hornos de leña portátiles y una obsesión por el trigo bien trabajado. Se instalaron en casas pequeñas con patios grandes, y en esos patios montaron los primeros hornos comunitarios. La Sabanita se convirtió, sin que nadie lo planeara, en el primer distrito panadero de Bogotá.
Línea de tiempo o hitos históricos
1880 – 1900: La era del tren
El Ferrocarril de la Sabana llega y la finca La Sabanita se convierte en un punto de carga y descarga. Los primeros obreros construyen sus casas alrededor de los talleres. No hay panaderías todavía; el pan se hacía en casa, en hornos de barro, con harina traída de Cundinamarca.
1910 – 1920: La industrialización temprana
Aparecen las primeras fábricas de galletas y bizcochos. Una de las más recordadas fue la fábrica de pastas y galletas que operaba cerca de la estación, cuyo nombre se ha perdido en los archivos, pero que los vecinos más antiguos recuerdan como "la fábrica de los gringos". No eran gringos; eran italianos del norte, pero el acento les sonaba raro.
1930 – 1950: La gran ola italiana
Después de la Primera Guerra Mundial y con la crisis europea, llegan familias enteras de Lombardía y Piamonte. Se instalan en La Sabanita porque el arriendo era barato y porque ya había una comunidad. Abren panaderías de barrio con nombres de sus pueblos: "La Lombarda", "El Piamonte", "La Milanesa". Ninguna de esas panaderías originales sobrevive con ese nombre hoy, pero sus descendientes siguen en el oficio.
1950 – 1970: La edad de oro del pan
La Sabanita tiene más de 20 panaderías activas. El pan de La Sabanita se vende en todo el centro de Bogotá. Los camiones de reparto salen a las 3 de la mañana con canastas de pan caliente. Es la época dorada: el pan es barato, abundante y de excelente calidad.
1980 – 2000: La crisis y el olvido
Las grandes cadenas de supermercados empiezan a vender pan industrial. Muchas panaderías de La Sabanita cierran. Los hijos de los italianos ya no quieren heredar el negocio; se van a estudiar o a trabajar en oficinas. El barrio se empobrece y se vuelve invisible.
2010 – 2026: El renacimiento artesanal
Una nueva generación de panaderos, algunos descendientes de aquellos italianos y otros simplemente enamorados del oficio, recupera los hornos viejos. La Sabanita vuelve a oler a pan de verdad, y esta vez con una propuesta artesanal que atrae a foodies de toda la ciudad.
Personajes o hechos clave
No se puede hablar de La Sabanita sin mencionar a la familia Bernasconi. Llegaron de Bérgamo en 1936 con tres hijos y una máquina amasadora desarmada. Don Vittorio Bernasconi montó su panadería en la carrera 26 con calle 4, y su pan francés se volvió legendario. Se dice que el presidente Eduardo Santos mandaba a buscarlo todas las mañanas. La panadería original cerró en los años 80, pero un nieto, Andrés Bernasconi, reabrió un local pequeño en el 2019 con el mismo horno restaurado. Hoy es uno de los puntos más buscados de la ruta del pan.
Otro personaje clave es Doña Rosa Gaitán, una panadera bogotana de pura cepa que trabajó 40 años en una de las panaderías italianas y luego montó la suya propia. Ella no tiene apellido italiano, pero guarda las recetas originales de los maestros que la formaron. Su pan de yuca y su almojábana son considerados por muchos los mejores de la ciudad. Doña Rosa sigue amasando a mano, a sus 78 años, y no usa calculadora: "todo está en la cabeza", dice.
Y está el horno de la calle 5, un horno de leña comunitario que data de 1942 y que funcionó hasta los años 90. Los vecinos lo recuerdan como "el horno de todos": cada familia llevaba su bandeja con masa y pagaba una moneda al dueño para que la horneara. Ese horno fue restaurado en 2023 por una cooperativa de panaderos jóvenes, y hoy se usa para talleres de panadería abiertos al público.
Un dato curioso: durante la época dorada, los panaderos de La Sabanita desarrollaron una técnica única para hacer el "pan de agua", un pan crujiente por fuera y suave por dentro, que no se encuentra igual en ninguna otra parte de Bogotá. La técnica consistía en rociar el pan con agua fría justo en el momento en que salía del horno, creando un choque térmico que le daba ese brillo característico. Esa técnica se perdió casi por completo, y hoy solo dos panaderías del barrio la conservan.
Estado actual
En agosto de 2026, La Sabanita está viviendo un momento curioso. No es un barrio gentrificado ni de moda; sigue siendo un barrio obrero, con casas bajas, talleres mecánicos y tiendas de barrio. Pero los fines de semana, sobre todo los sábados por la mañana, llegan grupos de jóvenes con cuadernos y cámaras buscando pan artesanal. La ruta del pan de La Sabanita ya es un recorrido que se promueve de boca en boca, y algunos tours gastronómicos de Bogotá lo están incluyendo como alternativa a la Zona G o a La Candelaria.
Estas son las tres panaderías históricas que no se puede perder en su visita:
1. Panadería Bernasconi (la abuela)
Dirección: Carrera 26 # 4-18. Es la más antigua de las que siguen funcionando. El local es pequeño, con mesas de fórmica y un mostrador de vidrio. El pan francés es el rey, pero también hacen un pan de masa madre espectacular. Precio de referencia de agosto de 2026: un pan francés grande cuesta $2.500 COP. Horario: de lunes a sábado, 6am a 6pm. Se recomienda llegar antes de las 10am porque el pan se agota.
3. La Masa de la Sabanita (la nueva generación)
Dirección: Carrera 24 # 4-12. Es un local moderno que abrió en 2023, dirigido por un colectivo de panaderos jóvenes que rescatan las recetas italianas originales. Aquí encuentra pan de fermentación larga, focaccia y un pan de cebada que es rareza. Precio de referencia de agosto de 2026: focaccia desde $8.000 COP. Horario: miércoles a domingo, 8am a 5pm. Tienen un pequeño café de especialidad que acompaña muy bien el pan.
Además de las panaderías, el barrio tiene otros atractivos que vale la pena conocer:
- Murales del colectivo "Pan y Arte": En las paredes de la carrera 25 entre calles 4 y 5 hay varios murales que cuentan la historia del barrio. Uno de ellos muestra un tren saliendo de un horno de pan. Fueron pintados entre 2021 y 2024, y son un buen punto para fotos.
- La tienda de la esquina (Calle 5 con Carrera 26): Una tienda de barrio clásica, con gaseosas en botella de vidrio, dulces de leche y el famoso "superpan" local. Es un buen lugar para conversar con los vecinos.
- El parque de La Sabanita: Un parque pequeño pero tranquilo, con árboles viejos y una cancha de baloncesto. Los sábados hay mercado campesino de productores locales.
- La antigua estación del ferrocarril: Aunque no está en perfecto estado, la fachada de la estación original (carrera 30 con calle 6) se conserva y es un testimonio de la historia del barrio.
Para los que quieran profundizar, la Plaza de Paloquemao está a solo 15 minutos caminando. Puede combinar su visita a La Sabanita con un recorrido por la plaza, donde encontrará frutas exóticas, flores y el famoso mercado de comida. El plan ideal es llegar a La Sabanita temprano, desayunar pan caliente, caminar por los murales, y luego ir a Paloquemao a almorzar.
Consejos prácticos de visita
- Vaya entre semana si quiere ver el barrio en su actividad normal. Los fines de semana es más tranquilo, pero las panaderías abren igual.
- Lleve efectivo. La mayoría de las panaderías y tiendas del barrio no aceptan tarjeta.
- El barrio es seguro durante el día, pero como en todo Bogotá, evite caminar solo por calles muy solitarias después de las 6pm.
- Si va en carro, el parqueo puede ser difícil. Mejor use TransMilenio (estación Avenida 30, a 10 minutos caminando) o un taxi/uber hasta la carrera 26 con calle 4.
- No se vaya sin probar el pan de agua. Es el tesoro local.
La Sabanita no es un barrio bonito en el sentido tradicional. No tiene fachadas coloniales ni cafés instagrameables. Pero tiene algo más valioso: una historia viva que se amasa todos los días a las 4 de la mañana. Es un recordatorio de que Bogotá no es solo La Candelaria o la Zona T; es también esta red de barrios obreros donde la ciudad forjó su carácter, con harina, sudor y un horno de leña.
Si usted es de los que cree que el pan industrial es un pecado, La Sabanita lo va a reconciliar con el oficio. Y si es de los que piensa que ya conoce Bogotá, este barrio le va a demostrar que le falta mucho por explorar.
Para cerrar, una invitación: descargue el mapa de la ruta de panaderías de La Sabanita (lo puede encontrar en las redes de los colectivos de panaderos del barrio) y comparta su pan favorito en Instagram con el hashtag #PanDeLaSabanita. Los panaderos locales lo agradecen, y usted se va con una historia que contar.










