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La Ruta de los Murales Olvidados: Arte Urbano y Resistencia en los Barrios de la Periferia de Bogotá

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 8 de agosto, 2026
La Ruta de los Murales Olvidados: Arte Urbano y Resistencia en los Barrios de la Periferia de Bogotá

En Bogotá, los murales más famosos están en La Candelaria, con sus calles coloniales llenas de color y turistas haciendo fila para la foto perfecta. Pero si te

Introducción: Cuando el cemento habla

En Bogotá, los murales más famosos están en La Candelaria, con sus calles coloniales llenas de color y turistas haciendo fila para la foto perfecta. Pero si te alejas del centro histórico y tomas un TransMilenio hacia el sur, hay otra galería de arte completamente distinta, sin guardias de seguridad, sin boletería y sin límite de horario. Esa galería son los muros de Bosa, Usme y Ciudad Bolívar, donde el arte urbano no es decoración: es memoria, denuncia y resistencia.

En agosto de 2026, mientras el centro de la ciudad se gentrifica y los murales comerciales patrocinados por marcas proliferan en Chapinero, la periferia sigue pintando con sus propias manos. Aquí no hay curadores ni inauguraciones con vino espumoso. Hay comunidades enteras que usan el aerosol como herramienta para contar lo que los noticieros ignoran: desalojos, violencia policial, pero también fiesta, fútbol y orgullo barrial.

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Esta guía es para el viajero que no se conforma con la postal. Para el que quiere entender otra Bogotá, la que se construye desde abajo. Te voy a contar qué murales buscar, qué historias cargan y cómo recorrer tres barrios de la periferia en un solo día sin perderte (y sin meterte en problemas).

Qué hacer: Los murales como archivo vivo de la lucha

La escena del graffiti en la periferia de Bogotá no nació ayer. Desde finales de los años 90, colectivos juveniles en Ciudad Bolívar y Usme empezaron a pintar como respuesta al abandono estatal. No había casas de la cultura ni programas de arte; había muros pelados y muchas ganas de decir algo. Hoy, esos mismos barrios tienen algunas de las obras de arte urbano más potentes de la ciudad, y muchas siguen en pie.

Murales emblemáticos en Ciudad Bolívar

Ciudad Bolívar es el epicentro. En la Transversal 27 con Calle 71 Sur, en el sector de Altos de Cazucá (aunque administrativamente parte queda en Soacha), hay un mural de más de 40 metros que retrata a una mujer afrocolombiana con alas de cóndor. Lo pintó el colectivo La Libélula en 2019 como homenaje a las lideresas sociales asesinadas. No hay placa que lo explique; los vecinos te cuentan la historia si preguntas con respeto.

Otro punto clave es el Parque Miraflores, en la UPZ 70. Ahí, en la fachada de un colegio público, está el mural "Semillas de Resistencia", una obra colectiva que muestra manos sembrando maíz mientras tanques militares se convierten en girasoles. Lo pintaron jóvenes del barrio en 2021, en pleno estallido social. Es de los pocos murales que sobrevivió al borrado de la alcaldía, porque la comunidad lo protegió turnándose para cuidarlo.

Bosa y su memoria hídrica

En Bosa, el arte urbano gira alrededor del río Tunjuelo y la laguna de Tibanica. El mural más famoso está en la Calle 65 Sur con Carrera 89, sobre el muro del humedal: una serpiente de colores que parece moverse con la luz. Es obra de Nico Bosa, un artista local que lleva 15 años pintando en el barrio. Su mensaje es claro: "El río no está muerto, lo estamos reviviendo con memoria".

En el barrio El Porvenir, hay una serie de murales pequeños pero poderosos en las fachadas de las casas. No son obras monumentales, sino retratos de líderes comunales, madres cabeza de familia y recicladores. La idea del colectivo Bosa Graff fue hacer un "álbum familiar del barrio" en la calle. Si caminas despacio, los encuentras todos.

Usme: el arte que nace del páramo

Usme es el último pueblo de Bogotá, donde la ciudad se encuentra con el páramo. Aquí, el muralismo tiene un tinte ambiental. En la Plaza Principal de Usme, frente a la iglesia, hay un mural de 60 metros que representa el Páramo de Sumapaz con frailejones y cóndores. Lo pintó el colectivo Alas de Barro en 2022, y fue financiado por la comunidad con bazares y ventas de empanadas. No hay un peso de la empresa privada ahí.

En el barrio La Esperanza, hay un callejón entero dedicado al graffiti. Se llama el Pasaje de los Sueños, y aunque no aparece en Google Maps, cualquier vecino te lleva. Ahí conviven estilos: letras old school, personajes de la cultura muisca y homenajes a los caídos en las marchas del 2021.

Dónde comer o beber: Paradas para reponer fuerzas en la ruta

Recorrer la periferia da hambre. Y aunque no hay restaurantes de mantel largo, la comida callejera es de las mejores de Bogotá. Esto es lo que no te puedes perder en cada parada.

En Ciudad Bolívar: la olla de la abuela

Frente al Parque Miraflores, busca el puesto de doña Martha, que vende ajiaco en tazas desde las 6 de la mañana. No tiene letrero, pero siempre hay fila de trabajadores. El ajiaco cuesta alrededor de $8.000 COP (precio de referencia de agosto de 2026) y viene con crema de leche y alcaparras. Si llegas más tarde, prueba las empanadas de pipián de la esquina de la Carrera 18 con Calle 70 Sur; son de las pocas que aún se fríen en manteca de cerdo.

En Bosa: el sabor del pacífico

Bosa tiene una comunidad afrocolombiana enorme, y eso se nota en la comida. En la Plaza de Bosa, los fines de semana se instala el mercado de comida del Pacífico. Prueba el encocado de pescado (desde $15.000 COP) o el viche, un trago de caña con hierbas que te va a despejar las vías respiratorias y el alma. Hay un puesto que se llama Doña Rosa, con sombrillas rojas, que lleva más de 20 años ahí.

En Usme: la chicha que sobrevivió

Usme es de los pocos lugares de Bogotá donde todavía se consigue chicha hecha de maíz fermentado, la bebida ancestral que fue prohibida en el siglo XX por "peligrosa". En la Plaza Principal, los sábados hay una chichería clandestina que se arma después de las 3 de la tarde. No tiene nombre, pero preguntando por "donde la tía Leticia" llegas. El vaso grande cuesta $5.000 COP. Ojo: la chicha pega fuerte, así que ve con calma.

Si prefieres algo más estructurado, en el Centro Comercial Plaza de las Américas (que queda en el límite entre Bosa y Kennedy) hay opciones de comida rápida, pero no tienen el encanto de la calle.

Cómo llegar y transporte: La ruta en TransMilenio y SITP

Moverse a la periferia de Bogotá no es difícil, pero requiere paciencia y conocimiento del sistema. Aquí te dejo la ruta recomendada para un día completo, pensada para que no andes de arriba abajo sin rumbo.

Parada 1: Ciudad Bolívar (mañana)

Toma el TransMilenio en cualquier estación de la Trunkal Sur (línea que va hacia Portal Usme o Portal Tunal) y bájate en la estación Biblioteca Tunal. De ahí, toma un alimentador (bus naranja) hacia Miraflores o Altos de Cazucá. El pasaje integrado cuesta $3.100 COP (tarifa de 2026). El trayecto desde el centro toma unos 50 minutos. Si vienes desde el norte, suma otros 20 minutos.

Advertencia: los alimentadores en Ciudad Bolívar se llenan. Si viajas con mochila grande, mejor déjala en el hostal.

Parada 2: Bosa (mediodía)

Desde Ciudad Bolívar, la forma más directa es tomar un taxi o servicio de transporte por aplicación hasta la Plaza de Bosa. El viaje son unos 15 minutos y cuesta alrededor de $15.000 COP. Si quieres ahorrar, baja de nuevo al Portal Tunal y toma el transmilenio hacia Portal Sur, que te deja en la estación Bosa. De ahí, el centro queda a 10 minutos a pie.

Para el humedal de Tibanica y el mural de la serpiente, camina desde la plaza hacia el oriente por la Calle 65 Sur. Son 20 minutos de caminata plana.

Parada 3: Usme (tarde)

Desde Bosa, toma un SITP (bus azul) que vaya hacia el Portal Usme. La ruta más directa es la que pasa por la Avenida Villavicencio. El viaje dura unos 40 minutos y cuesta $2.900 COP. Bájate en el Portal y de ahí camina 15 minutos hasta la Plaza Principal de Usme, que es el corazón del pueblo.

Para el Pasaje de los Sueños, tendrás que preguntar. No hay señalización turística. Cualquier persona mayor te indica; es parte de la experiencia.

Regreso al centro

Desde Usme, toma el TransMilenio en el Portal Usme de vuelta al centro. El último bus sale a las 11 pm, pero te recomiendo estar en la estación antes de las 9 pm. La periferia se pone complicada de noche si no conoces la zona.

Tips locales: Cómo moverse con respeto y seguridad

Visitar la periferia de Bogotá no es peligroso si vas con sentido común. Pero hay reglas no escritas que debes conocer para que la experiencia sea buena para ti y para la comunidad.

  • No llegues con actitud de safari. Estos barrios no son un zoológico. La gente es orgullosa de su territorio y te van a recibir bien si tú llegas con humildad. Saluda, pregunta, escucha.
  • Pide permiso para fotografiar. Los murales son públicos, pero las casas # Si vas a tomar foto de una fachada, pregunta primero. En muchos casos, el dueño de la casa te va a contar la historia del mural y hasta te ofrece un tinto.
  • No toques las obras. Suena obvio, pero pasa. El aerosol fresco se daña con las manos. Si ves un mural en proceso, no te acerques a "ayudar" sin que te lo pidan.
  • Camina con propósito. Los locales notan al turista perdido. Lleva tu mapa (el de esta guía o el que descargues de Malokal) y camina como si supieras a dónde vas. Si te pierdes, pregunta en una tienda, no en la calle a desconocidos.
  • Lleva efectivo. En la periferia, el datáfono no es la norma. Las empanadas, la chicha y el transporte en alimentador se pagan en efectivo. No cargues billetes grandes; monedas y billetes de $10.000 COP son ideales.
  • Viste cómodo pero no llamativo. Nada de cámaras colgando al cuello ni joyas. Un celular en el bolsillo delantero y una cámara que saques solo para la foto puntual. Los locales usan ropa normal, no ropa de trekking.
  • Horarios. La mejor luz para fotos es entre 8 am y 11 am. Después del mediodía, el sol está duro y las sombras arruinan las tomas. Además, las calles se llenan de gente al mediodía y es más difícil apreciar los murales.
  • Dato curioso: En Ciudad Bolívar existe el Festival de la Periferia, que se hace cada dos años (la última edición fue en 2025). Durante una semana, artistas de toda Latinoamérica vienen a pintar muros que la comunidad elige. Si tu viaje coincide, es la mejor época para visitar.

Entrevistas: Las voces detrás del aerosol

Para entender esta escena, hablé con dos artistas que llevan años pintando en la periferia. Sus nombres completos no los publico porque, aunque el graffiti es legal en Bogotá (con permiso del dueño del muro), algunos aún tienen líos con la ley por obras viejas.

"El muro es el único periódico que nos creen"

K-Ram (33), artista de Ciudad Bolívar, lleva 15 años pintando.

"Empecé a los 18, pintando mi firma en los muros del colegio. Me cogieron, me suspendieron, y mi mamá me pegó una pela que todavía recuerdo. Pero no paré. En el 2010, un profe de artes me invitó a pintar un mural en la fachada de la escuela. Ese día entendí que el muro no era para vandalismo, era para comunicar. En mi barrio, los periódicos no llegan, el noticiero habla de nosotros solo cuando hay un muerto. El muro es el único periódico que nos creen. Aquí pintamos lo que sentimos, no lo que nos dictan."

"No somos decoración, somos memoria"

La Gata (28), muralista de Bosa, integrante de Bosa Graff.

"Mucha gente del norte viene a tomarse fotos y se va. Creen que el mural es un fondo bonito para Instagram. Pero cada obra aquí tiene un porqué. El mural de la serpiente del humedal, por ejemplo, es para que la gente sepa que hubo una laguna donde hoy hay un centro comercial. El mural de las madres recicladoras es para que no las invisibilicen. Nosotros no somos decoración, somos memoria. Si el visitante entiende eso, bienvenido. Si no, que se quede en la Zona T."

Preguntas frecuentes

¿Es seguro visitar los murales de la periferia de Bogotá?

Con precaución, sí. Los barrios de Ciudad Bolívar, Bosa y Usme tienen índices de criminalidad, como cualquier zona popular de una ciudad grande. Pero la mayoría de los recorridos se hacen de día, en zonas donde la comunidad es presente y protectora de su arte. Evita ir solo, no muestres objetos de valor y no te adentres en callejones solitarios sin un local que te guíe. Contratar un recorrido con un colectivo local (como los que organiza Bosa Graff) es la opción más segura y además apoyas la economía del barrio.

¿Puedo comprar obras de estos artistas?

Sí, muchos artistas venden lienzos y prints de sus obras. Los precios son mucho más accesibles que en las galerías del centro: un lienzo pequeño puede costar desde $80.000 COP. La mejor forma de comprar es hablando directamente con los artistas en los murales (muchos trabajan los fines de semana) o a través de sus redes sociales. No hay tiendas físicas establecidas; el contacto es directo y personal.

¿Cuál es la mejor época del año para ver los murales?

Cualquier mes es bueno, pero si quieres ver arte en proceso, evita diciembre y enero, cuando muchos artistas descansan o viajan. El Festival de la Periferia (que se hace en años impares, así que la próxima edición sería en 2027) es el momento ideal. También hay actividad intensa en abril y octubre, cuando se conmemoran fechas relacionadas con la memoria histórica y los artistas suelen hacer intervenciones especiales.

Mapa interactivo y comunidad

Esta guía es el punto de partida, pero la ruta cambia constantemente. Los murales se borran, se repintan, se transforman. Para estar al día, descarga el mapa interactivo de la ruta de los murales olvidados en la app de Malokal, donde la propia comunidad actualiza las ubicaciones y el estado de las obras.

Y cuando encuentres un mural que te mueva algo, sácale foto y compártela con el hashtag #MalokalMuralesBogota. Cuéntanos qué historia te contó ese muro. Porque al final, eso es lo que hace el arte urbano en la periferia: convertir el silencio en conversación, y el olvido en memoria colectiva.

Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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