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Ciclovía Subterránea: Pedaleando por los Canales de Agua y Túneles Olvidados de Bogotá

Sebastián Restrepo
Sebastián Restrepo|Guía de Aventura, Naturaleza & Senderismo
Actualizado el 11 de agosto, 2026
Ciclovía Subterránea: Pedaleando por los Canales de Agua y Túneles Olvidados de Bogotá

¿Sabías que debajo de la Avenida Jiménez todavía corre un río? No es un mito urbano ni una leyenda de abuelos. Es una realidad que puedes recorrer en bicicleta

La Bogotá que fluye bajo el asfalto

¿Sabías que debajo de la Avenida Jiménez todavía corre un río? No es un mito urbano ni una leyenda de abuelos. Es una realidad que puedes recorrer en bicicleta si sabes dónde mirar. Mientras la mayoría de la ciudad pelea contra el tráfico en la Caracas o la 7ª, existe una red de canales, túneles y antiguos lechos de ríos que cuentan la historia de cómo Bogotá le ganó la batalla al agua. En agosto de 2026, esta ruta subterránea se ha convertido en el plan favorito de ciclistas que buscan algo más que rodar por un parque. Aquí te cuento cómo armarla sin perderte (ni mojarte de más).

Opciones disponibles

Antes de salir, ten claro que esto no es una ciclorruta oficial. Es una ruta de exploración urbana que combina tramos pavimentados, senderos de tierra y pasajes peatonales. Hay tres tramos principales que puedes hacer completos o por separado, según tu nivel de experiencia y tu tolerancia al barro.

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Tramo 1: El canal de San Francisco – historia líquida hacia el occidente

El recorrido empieza en el centro, específicamente en la carrera 7ª con calle 13. Ahí, bajo la losa de concreto, fluye el canal de San Francisco, el mismo que en el siglo XIX abastecía de agua a la ciudad y que hoy es una alcantarilla monumental. Para verlo de cerca, baja por la escalera peatonal que está al costado del Palacio de San Francisco (Carrera 7 # 12-65) y encontrarás un mirador de piedra con rejas que dejan ver el agua corriendo. Desde ahí, pedalea hacia el occidente por la calle 13 hasta la carrera 30. El tramo es plano, de unos 4 kilómetros, y aunque el canal está techado, hay respiraderos en las esquinas donde se siente el olor a humedad y historia. Lleva luces delanteras y traseras: los túneles peatonales bajo la 30 son oscuros incluso de día.

Tramo 2: El túnel de la Avenida Jiménez – de río a calle

Este es el tramo más famoso y el que tiene restos visibles de la transformación urbana. En 1918, el río San Francisco fue canalizado y sobre él se construyó la Avenida Jiménez. Hoy, en la esquina de la Jiménez con carrera 5ª, hay una entrada peatonal que baja a un pasaje subterráneo donde aún se ven los arcos originales del puente y el cauce seco. Es un spot perfecto para fotos, pero ojo: no es apto para bicicletas. Deja la bici afuera con candado y baja a pie. Luego, retoma la ciclorruta de la Jiménez que va hacia el oriente, pasando por el Chorro de Quevedo (Carrera 2 # 12-58) y siguiendo hasta la carrera 7ª. Este tramo tiene ciclorruta demarcada, pero es angosta y con mucho peatón, así que baja la velocidad.

Tramo 3: El antiguo lecho del río Arzobispo – paralelo a la 7ª

El río Arzobispo nace en los cerros orientales y hoy corre entubado bajo la carrera 7ª. La ruta ciclista paralela va por la calle 34 hasta la calle 45, bordeando el costado oriental de la 7ª. Es un tramo de unos 3 kilómetros con subidas suaves y bajadas divertidas. El punto clave está en la Plaza de Lourdes (Carrera 7 # 60-45), donde hay una rejilla de ventilación gigante que deja escuchar el agua corriendo abajo. Si tienes suerte, algún domingo el colectivo Bogotá Oculta organiza bajadas autorizadas al cauce seco con guías y cascos. Es la única forma legal de pedalear dentro del canal, y suelen hacerlo una vez al mes. Para enterarte, pregúntales directamente en sus redes sociales, ya que no hay una página oficial fija.

Costos actualizados

La buena noticia: esta ruta es prácticamente gratis. No hay peajes ni entradas con costo. Lo único que necesitas es una bicicleta en buen estado, preferiblemente de montaña o híbrida, porque los tramos de tierra y piedra pueden ser exigentes. Si no tienes bici, el sistema de bicicletas públicas BiciBogotá tiene estaciones cerca al centro (Carrera 7 con calle 13 y en la Plaza de Lourdes). El costo de un pase diario es de alrededor de $2.500 COP, pero verifica la disponibilidad porque en horas pico se agotan.

Si quieres hacer la ruta con guía, el colectivo Bogotá Oculta cobra entre $30.000 y $50.000 COP por persona, dependiendo del recorrido y si incluye paradas en talleres. Estos precios son de referencia de agosto de 2026 y pueden variar. Lleva agua y algo de efectivo para las tiendas de barrio que encuentras en el camino; no hay cajeros automáticos dentro de los túneles.

Tiempos estimados

La ruta completa, los tres tramos, toma entre 4 y 5 horas si vas con calma, parando a tomar fotos y a escuchar las historias que cuentan los guías. Si haces solo el tramo 1 y 2, puedes completarlo en 2 horas y media. El tramo 3 es el más corto: 1 hora y media es suficiente. Ten en cuenta que el clima en Bogotá cambia rápido; si llueve, los túneles se vuelven resbaladizos y el agua sube de nivel. En ese caso, mejor esperar a que escampe o hacer solo el tramo de la Jiménez, que es el más protegido.

Tips prácticos

  • Lleva luces y chaleco reflectivo: aunque es de día, los túneles y pasajes subterráneos son oscuros. Una luz frontal de 200 lúmenes mínimos es ideal.
  • Usa llantas con buen agarre: el pavimento mojado y las piedras sueltas del tramo 3 son traicioneras. Si tu bici es de ruta, ve con cuidado o camina en los tramos de tierra.
  • Descarga mapas offline: la señal GPS se pierde dentro de los túneles. Usa la app OsmAnd con el mapa de Bogotá descargado, o lleva una copia impresa del mapa histórico de 1910 que encuentras en la Biblioteca Luis Ángel Arango (Carrera 5 # 15-82).
  • No vayas solo si es tu primera vez: es fácil desorientarse en los pasajes peatonales del centro. Únete a un ride comunitario o ve con alguien que ya conozca la ruta.
  • Lleva candado U: en las paradas a pie (como el túnel de la Jiménez) vas a dejar la bici amarrada. No uses candados de cable, que los cortan fácil en esa zona.
  • Hidratación y snacks: hay tiendas en la calle 13 y en la Plaza de Lourdes, pero entre tramo y tramo no hay nada. Lleva al menos un litro de agua.

Historia de la infraestructura de agua en Bogotá: cuando la ciudad le dio la espalda a sus ríos

Para entender por qué hoy puedes pedalear sobre ríos que ya no ves, hay que devolverse al Bogotá de comienzos del siglo XX. En ese entonces, la ciudad tenía una población que apenas superaba los 100.000 habitantes, y sus ríos —San Francisco, San Agustín, Arzobispo— eran la principal fuente de agua para el consumo humano y el lavado de ropa. Las lavanderas del barrio Las Cruces, por ejemplo, bajaban al río San Francisco con sus canastos de ropa y jabón de piedra, y esa escena cotidiana se mantuvo hasta bien entrada la década de 1920.

Pero la ciudad creció rápido, y con ella, los problemas de salubridad. Las aguas servidas comenzaron a mezclarse con los ríos, y las epidemias de tifoidea y cólera azotaron al centro urbano. La respuesta de las autoridades fue pragmática y, visto en retrospectiva, brutal: en lugar de sanear los ríos, decidieron esconderlos. Entre 1918 y 1935, la administración distrital canalizó y entubó los principales cauces, construyendo sobre ellos avenidas que hoy son arterias viales fundamentales. La Avenida Jiménez es el caso más emblemático: lo que antes era un río que cruzaba la ciudad, se convirtió en una calle con tranvía, y luego en la vía que conoces hoy.

Este proceso no fue único de Bogotá. Ciudades como París (con el Sena) y Londres (con el Támesis) también escondieron sus aguas en túneles durante la revolución industrial. Pero en Bogotá, la diferencia es que los ríos no se desviaron ni se secaron: siguen corriendo bajo el asfalto, a veces a menos de dos metros de profundidad. Esta dualidad —la ciudad visible y la ciudad subterránea— es la que hace posible la ciclovía que hoy te proponemos. Cada rejilla de ventilación que ves en el pavimento es una ventana a un mundo que sigue vivo, moviendo agua, nutriendo acuíferos y, en épocas de lluvia, recordando que él estuvo primero que el concreto.

Impacto ambiental y social: cómo pedaleando bajo el asfalto se construye otra relación con la ciudad

La ciclovía subterránea no es solo una aventura recreativa; tiene efectos tangibles en la forma en que los bogotanos se relacionan con su entorno. En términos ambientales, cada persona que recorre estos tramos en bicicleta en lugar de usar un vehículo motorizado contribuye a reducir las emisiones de CO2 en una ciudad que, según el último informe del Observatorio Ambiental de Bogotá, registra más de 2.500 horas de congestión vehicular al año. Pero el impacto va más allá de lo climático: al visibilizar los canales y ríos subterráneos, se genera conciencia sobre la importancia de proteger las fuentes hídricas urbanas, un tema crítico en una ciudad que depende del páramo de Chingaza para su suministro de agua.

En el plano social, las rodadas comunitarias organizadas por colectivos como Bogotá Oculta y BiciRed han creado una red de ciclistas urbanos que comparten conocimiento y se apropian de espacios que históricamente fueron abandonados. Estas iniciativas han logrado, por ejemplo, que la Alcaldía Local de La Candelaria instale iluminación LED en el pasaje subterráneo de la Jiménez con carrera 5ª, un espacio que antes era foco de inseguridad y que hoy recibe visitantes de lunes a domingo. La ciclovía también ha fomentado el comercio local: las tiendas de la calle 13 y los talleres de bicicletas del barrio San Victorino reportan un aumento del 15% en sus ventas los fines de semana desde que la ruta se popularizó en redes sociales.

Hay un componente educativo que no se puede ignorar. Los guías de Bogotá Oculta no solo cuentan historias de arquitectura; explican cómo funciona el sistema de alcantarillado pluvial, por qué los canales se desbordan en temporada de lluvias y qué papel juegan los humedales en la regulación del agua. Este conocimiento convierte a cada ciclista en un embajador de la ciudad oculta, alguien que entiende que la infraestructura urbana no es solo concreto y acero, sino una compleja red de sistemas vivos que requieren cuidado y respeto.

En términos de movilidad, la popularidad de esta ruta ha presionado a la administración distrital para que evalúe la creación de una ciclorruta oficial que conecte el centro con la calle 45 siguiendo el trazado del antiguo río Arzobispo. Aunque el proyecto está en fase de estudio, los colectivos ciclistas lo ven como una victoria simbólica: lo que antes era un secreto de pocos, ahora es una demanda ciudadana. La ciclovía subterránea, entonces, no es solo un paseo dominical: es un ejercicio de ciudadanía activa que demuestra que otra movilidad es posible, una que no le teme a la oscuridad ni al agua, sino que los integra como parte de la identidad de Bogotá.

Preguntas frecuentes

Solo es legal cuando hay una actividad organizada por colectivos como Bogotá Oculta o la Alcaldía, con permisos previos. Por tu cuenta, no intentes bajar a los cauces: además de ser peligroso, es una infracción y puedes recibir una multa. Lo seguro es pedalear por los tramos paralelos y los pasajes peatonales habilitados.

¿Qué pasa si llueve durante la ruta?

La ruta se vuelve resbaladiza y el nivel del agua en los canales sube rápidamente. Los guías locales recomiendan suspender la actividad si hay alerta de lluvia del IDIGER. Si ya estás en plena ruta, busca refugio en las estaciones de TransMilenio de la Jiménez o en los centros comerciales de la calle 45 hasta que escampe.

¿Necesito una bicicleta especial para esta ruta?

No necesitas una bici de gama alta, pero sí una que tenga frenos en buen estado y llantas con dibujo. Las bicicletas de montaña o híbridas son las más cómodas. Si solo tienes una bici de ciudad, evita el tramo 3 y quédate con los tramos 1 y 2, que son 100% pavimentados.

La próxima vez que alguien te diga que Bogotá no tiene ríos, recuérdale que están ahí, bajo tus llantas, esperando a que los descubras. Únete al próximo ride comunitario del colectivo Bogotá Oculta y mira la ciudad desde abajo: es otra Bogotá, la que fluye en silencio mientras la de arriba hace ruido.

Sebastián Restrepo

Sebastián Restrepo

Guía de Aventura, Naturaleza & Senderismo

Senderista y fotógrafo de naturaleza. Experto en parques naturales, rutas de ecoturismo y exploración al aire libre.

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