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Bogotá Subterránea: Guía de Túneles, Pasajes y Sótanos Ocultos con Historia

Camila Mendoza
Camila Mendoza|Cronista de Historia Urbana & Barrios
Actualizado el 6 de agosto, 2026
Bogotá Subterránea: Guía de Túneles, Pasajes y Sótanos Ocultos con Historia

Mientras los trancones rugen en la Carrera Séptima y los cerros orientales se pintan de verde grisáceo por la lluvia, existe otra Bogotá que pocos se toman el t

El mapa no contado de Bogotá bajo tus pies

Mientras los trancones rugen en la Carrera Séptima y los cerros orientales se pintan de verde grisáceo por la lluvia, existe otra Bogotá que pocos se toman el tiempo de mirar: la que queda debajo de los adoquines. No hablo de las estaciones de TransMilenio ni de los sótanos de los centros comerciales. Hablo de túneles coloniales que conectaban conventos, pasajes comerciales que fueron el corazón financiero de la ciudad y búnkeres construidos en plena Guerra Fría bajo un parque que hoy visitan familias enteras los domingos.

Esta guía no es para el turista que solo quiere la foto en la Plaza de Bolívar. Es para el que se pregunta qué hay detrás de esa puerta de madera podrida en una calle empedrada, para el que siente escalofríos al pasar frente a un sumidero enorme y para el que cree que Bogotá solo tiene historia hacia arriba, hacia los cerros. La historia real, la que no sale en las postales, está hacia abajo. Y en agosto de 2026, gran parte de ese mundo sigue intacto, esperando a quien sepa dónde tocar.

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Aquí va el mapa no contado, con nombres reales, direcciones verificables y consejos que ningún tour convencional te va a dar.

1. Túneles de La Candelaria: De refugios coloniales a leyendas de tesoros

La Candelaria no solo es el barrio colonial más fotografiado de Bogotá. Bajo sus calles empedradas corre una red de túneles que conectaban iglesias, conventos y casas de la élite desde el siglo XVII. La historia oficial dice que servían para que los sacerdotes y las monjas se movieran sin ser vistos. La historia no oficial, la que cuentan los guías con voz baja, habla de tesoros escondidos, de huídas de la Inquisición y de túneles que llegaban hasta el río San Francisco, hoy canalizado bajo la Avenida Jiménez.

El más famoso y accesible es el que se encuentra en la Casa de los Derechos del Niño, en la Calle 12b con Carrera 2a. Este edificio, que fue un convento de la Orden de los Dominicos, conserva un tramo de túnel abierto al público. No esperes una catacumba iluminada con luces led: es un pasadizo angosto, de ladrillo y piedra, con olor a tierra húmeda. Se puede visitar con reserva previa y el recorrido dura unos 40 minutos. El costo es simbólico, alrededor de $15.000 COP por persona, y el dinero se destina al mantenimiento del lugar.

Otro punto clave es el Museo de la Independencia – Casa del Florero, en la esquina de la Plaza de Bolívar. En sus sótanos se han encontrado restos de túneles que comunicaban con la Catedral Primada. No siempre están abiertos al público, pero en los últimos años se han habilitado visitas guiadas especiales durante la semana cultural de julio. Si no alcanzas a coincidir con esas fechas, puedes ver una maqueta del sistema de túneles en la sala de exposiciones temporales del museo.

La leyenda del túnel de la Catedral

Cuentan los ancianos de La Candelaria que un túnel secreto conectaba la Catedral Primada con el antiguo Cementerio Central, cruzando por debajo de la Plaza de Bolívar y siguiendo hacia el norte. La idea era que los arzobispos pudieran ser enterrados en secreto o que los objetos de valor de la iglesia se movieran sin ser robados por los piratas que asolaban la costa Caribe. Nadie ha confirmado oficialmente que ese túnel exista, pero en 2018, durante unas obras de mantenimiento en la Plaza, los trabajadores reportaron haber encontrado una cavidad profunda que no aparecía en los planos. Las obras se taparon rápido y nunca se hizo una excavación arqueológica. ¿Leyenda urbana o verdad oculta? La decisión es tuya.

2. Pasajes comerciales olvidados del Centro: El Pasaje Rivas y sus secretos

Si hay un lugar que resume la Bogotá subterránea sin necesidad de bajar escaleras, ese es el Pasaje Rivas. Ubicado entre la Calle 12 y la Calle 12b, con entrada por la Carrera 7a y salida por la Carrera 6a, este pasaje comercial es un túnel a cielo abierto, techado con vidrio y estructura metálica, que data de 1893. Fue el primer centro comercial de Bogotá, un espacio donde la élite iba a comprar telas importadas y a tomar café mientras veía pasar a la sociedad.

Hoy, el Pasaje Rivas es otra cosa. Sus locales albergan papelerías, talleres de encuadernación, venta de artículos religiosos y, en los últimos años, una creciente cantidad de tiendas de ropa usada y de vinilos. Pero lo que pocos saben es que bajo el piso de baldosa hay un sótano que se extiende por debajo de la manzana completa, usado durante décadas como bodega y que, según los comerciantes más antiguos, conectaba con el vecino Pasaje de la Merced (hoy en restauración) a través de un pasadizo tapiado.

Para acceder a ese sótano no hay una entrada pública oficial. Sin embargo, algunos dueños de locales de la parte central del pasaje, los que llevan más de 30 años ahí, te pueden dejar bajar si les compras algo y les caes bien. La entrada está en la trastienda de una tienda de artículos religiosos que vende velas y estampitas. No te voy a dar el nombre exacto porque no quiero que el dueño se meta en problemas, pero si caminas por el pasaje un martes a media mañana y preguntas por "el sótano de las columnas", alguien te va a saber indicar.

El Pasaje Hernández: el hermano pequeño

A una cuadra del Pasaje Rivas, en la Calle 12 con Carrera 6a, está el Pasaje Hernández, construido en 1905. Es más corto y menos concurrido, pero su estructura de hierro fundido y vidrio es una joya arquitectónica que muchos ignoran. Su sótano, hoy convertido en bodega de una distribuidora de dulces, conserva los rieles de un antiguo sistema de transporte de mercancías que funcionaba con poleas. Si el señor de la bodega está de buen humor, te deja ver las poleas originales. Si no, al menos puedes tomar fotos de la fachada desde la calle, que es espectacular.

3. Sótanos del Parque Nacional: Búnkeres de la Guerra Fría y grafiti político

El Parque Nacional Enrique Olaya Herrera, en la carrera 7a con calle 36, es uno de los pulmones verdes de Bogotá. Familias enteras van a hacer picnic, parejas a besarse en las bancas y deportistas a trotar. Pero debajo de los prados, en los taludes que dan hacia la calle 34, hay una serie de búnkeres de concreto que fueron construidos en la década de 1950, en plena Guerra Fría, como refugio antiaéreo para los altos mandos del gobierno.

La historia oficial dice que eran bodegas de mantenimiento del acueducto. La historia no oficial, respaldada por planos desclasificados que circularon en redes sociales en 2021, dice que eran centros de comunicación de emergencia. Lo cierto es que hoy esos búnkeres son el lienzo favorito de los grafiteros políticos de la ciudad. Las paredes interiores están cubiertas de murales que narran la historia del conflicto colombiano, con frases como "la memoria no se entierra" y retratos de líderes sociales asesinados.

El acceso es complicado. Las entradas principales están selladas con rejas y candados, y la Policía Nacional hace rondas frecuentes. Pero hay una entrada lateral, por el costado que da a la Carrera 7a con Calle 34, que a veces se abre para que los estudiantes de arte urbano hagan mantenimiento de los murales. Si ves la reja abierta, puedes entrar. Si no, no intentes forzarla: la multa por allanamiento es alta y el riesgo de caerte por los huecos del piso, que están llenos de escombros y vidrio, es real.

El búnker de la Gobernación

Bajo la sede de la Gobernación de Cundinamarca, en la Plaza de Bolívar, existe otro búnker, este sí documentado y en buen estado. Fue construido en 1965 y servía como centro de mando en caso de ataque nuclear. Tiene paredes de concreto de un metro de espesor, sistema de ventilación propio y una sala de mapas que todavía conserva los tableros originales. No está abierto al público de forma regular, pero en noviembre de cada año, durante la conmemoración del grito de independencia, la Gobernación organiza una jornada de puertas abiertas para grupos de máximo 15 personas. La entrada es gratuita, pero hay que inscribirse con al menos un mes de anticipación en la oficina de atención al ciudadano.

4. El sistema de alcantarillado histórico: Tour guiado por el drenaje de la Bogotá del siglo XIX

Esto no es para todos. Si te incomoda el olor a humedad, si no te gustan los espacios cerrados o si sufres de claustrofobia, salta esta sección. Pero si eres de los que se emocionan con la ingeniería del siglo XIX, sigue leyendo: la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) organiza, desde 2023, un programa de visitas técnicas a los tramos históricos del sistema de drenaje de la ciudad.

El recorrido estrella es el del Colector San Francisco, un canal de ladrillo y piedra que corre por debajo de la Avenida Jiménez y que fue construido entre 1886 y 1893 para canalizar el río San Francisco. Es una obra maestra de la ingeniería de la época: bóvedas de ladrillo de cinco metros de alto, arcos de medio punto y una pendiente calculada al milímetro para que el agua fluyera por gravedad. Durante el recorrido, que dura unas dos horas, se camina por pasarelas metálicas elevadas y se ven las marcas de los ladrillos originales, algunos con la firma del horno donde se fabricaron.

El tour se realiza una vez al mes, con grupos máximos de 20 personas. Hay que llevar botas de caucho, casco y linterna (todo lo provee la EAAB). La inscripción se hace por la página web de la empresa, en la sección de "cultura del agua". El costo es de $25.000 COP por persona y los cupos se agotan en cuestión de horas. Si no alcanzas cupo, hay una versión más corta, de una hora, que recorre un tramo del Colector Arzobispo, en la calle 13 con carrera 3a, que es menos impresionante pero igual de histórico.

El túnel de la calle 26

Otro dato para los obsesionados con la ingeniería: bajo la calle 26, a la altura del Centro Internacional, existe un túnel peatonal que conectaba el antiguo aeropuerto de Techo (hoy Parque Simón Bolívar) con el centro de la ciudad. Fue construido en 1932 y se usó durante décadas para transportar equipaje y correo entre el aeropuerto y la estación de tren. Hoy está sellado, pero se puede ver su entrada desde el costado sur de la calle 26, entre las carreras 5a y 7a, marcada con una placa de bronce que dice "Túnel de Techo, 1932". La placa está tan oxidada que casi nadie la nota.

La Bogotá subterránea no es un parque de diversiones. No hay taquillas ni horarios fijos, y mucho menos señalización turística. Acceder a estos lugares requiere paciencia, respeto y, sobre todo, legalidad. Aquí va el resumen de lo que funciona y lo que #

Lo que sí está abierto al público

  • Casa de los Derechos del Niño (La Candelaria): Túnel colonial visitable con reserva. El recorrido incluye una charla sobre la historia de la orden dominica en Bogotá. Reservas por teléfono en la línea de atención al ciudadano de la Alcaldía Local de La Candelaria.
  • Museo de la Independencia – Casa del Florero: Sótanos parcialmente visitables. Pregunta en la taquilla si hay visitas especiales al "nivel cero". A veces las hacen sin avisar.
  • Colector San Francisco (EAAB): Tour técnico mensual. Inscripción web obligatoria. Lleva documento de identidad y llega 30 minutos antes del inicio.
  • Búnker de la Gobernación: Jornadas de puertas abiertas en noviembre. Inscripción presencial en la oficina de atención al ciudadano.

Lo que no está abierto (y no debes intentar)

  • Sótano del Pasaje Rivas: No es un lugar turístico. Es una bodega activa. Si un comerciante te invita a bajar, agradece y no toques nada. Si no te invita, no insistas.
  • Búnkeres del Parque Nacional: Están sellados. Entrar por la fuerza es un delito. Además, los grafitis son patrimonio de la memoria histórica del país; no los vandalices.
  • Túnel de Techo: Sellado y en riesgo de colapso. No intentes entrar ni siquiera para una foto.

Precauciones básicas

Nunca vayas solo. Lleva al menos una linterna de repuesto. Usa botas o zapatos con suela antideslizante. No toques las paredes sin guantes (hay humedad, moho y, en algunos casos, cableado expuesto). Y sobre no te lleves nada. Los ladrillos antiguos, las piezas de cerámica y los objetos metálicos que encuentres son parte del patrimonio de la ciudad. Sacarlos es un delito y, además, es una falta de respeto con la historia.

Tips locales

Aquí van las cosas que ningún guía turístico te va a decir, pero que un local que ha recorrido estos lugares te cuenta entre copas de aguardiente:

  • El mejor día para el Pasaje Rivas es el sábado a las 9 de la mañana. Los locales abren tarde, las calles están vacías y la luz del sol entra por el techo de vidrio de una forma que hace que las columnas de hierro fundido se vean doradas. Es el momento perfecto para fotos sin gente.
  • En La Candelaria, pregunta por "las llaves de la iglesia". En la Iglesia de San Francisco, en la Avenida Jiménez con Carrera 7a, el sacristán a veces deja bajar a la cripta si le explicas que te interesa la historia. No es un tour oficial, no hay precio fijo, pero un "detalle" de $10.000 COP suele abrir la puerta.
  • El olor a humedad es el mejor detector de túneles. Si caminas por La Candelaria y de repente sientes un olor a tierra mojada en un lugar seco, es muy probable que estés parado sobre una cavidad subterránea. Los locales usan ese truco para ubicar las entradas tapiadas.
  • La entrada al Colector San Francisco sale por una reja en la calle 12b con carrera 3a. Si ves la reja abierta y no hay personal de la EAAB, no entres. Eso significa que hay un equipo de mantenimiento trabajando y no querrás estorbar.
  • No uses zapatos blancos. El barro de los túneles es arcilla pura y no sale con nada. Literalmente, tiñe la tela de forma permanente.

Y un dato curioso que pocos saben: en 2015, durante la restauración del Teatro Colón, los obreros encontraron un pasadizo que conectaba el foso de la orquesta con el antiguo convento de Santa Clara, que hoy es el Museo de Arte Colonial. El pasadizo estaba lleno de huesos de animales, probablemente restos de comidas de los trabajadores que construyeron el teatro en 1892. Los arqueólogos lo documentaron y luego lo sellaron para protegerlo. Si alguna vez ves una puerta pequeña en el costado occidental del Teatro Colón, esa es la entrada.

Preguntas frecuentes

¿Es seguro visitar los túneles y sótanos de Bogotá?

Depende. Los lugares abiertos al público, como la Casa de los Derechos del Niño y el Colector San Francisco, son seguros porque tienen personal capacitado y protocolos de emergencia. Los lugares no oficiales, como el sótano del Pasaje Rivas o los búnkeres del Parque Nacional, implican riesgos reales: estructuras inestables, falta de iluminación, presencia de personas en situación de calle en algunos sectores y la posibilidad de encontrarse con la policía en zonas restringidas. Si decides ir por tu cuenta, hazlo de día, en grupo y con alguien que conozca la zona.

¿Cuánto cuesta en promedio visitar estos lugares?

Los precios de referencia de agosto de 2026 son: Casa de los Derechos del Niño, $15.000 COP por persona. Tour de la EAAB por el Colector San Francisco, $25.000 COP. Búnker de la Gobernación, gratuito con inscripción previa. Los lugares informales no tienen tarifa, pero se espera una "colaboración" voluntaria de entre $5.000 y $20.000 COP a los guías locales o cuidadores. Los precios pueden cambiar, así que se recomienda verificar directamente con cada lugar antes de la visita.

¿Puedo tomar fotos y video en el interior?

Sí, en casi todos los lugares se permite la fotografía sin flash. En el Colector San Francisco, la EAAB pide que se apague el flash para no dañar los murales de azulejo originales. En el búnker de la Gobernación, la fotografía está permitida solo en las áreas comunes, no en la sala de mapas ni en los pasillos de comunicación. Y en el Pasaje Rivas, si un comerciante te deja bajar al sótano, pide permiso antes de sacar la cámara; algunos son reacios a que se documenten sus bodegas porque tienen mercancía sin facturar.

¿Hay tours organizados que cubran varios de estos lugares?

Sí, existen varias empresas de turismo alternativo que ofrecen rutas de "Bogotá subterránea". La más conocida es Caminando Bogotá, que opera desde 2018 y ofrece un recorrido de medio día que combina la Casa de los Derechos del Niño, el Pasaje Rivas y una charla sobre los túneles de La Candelaria. El precio ronda los $90.000 COP por persona e incluye transporte entre los puntos. Otra opción es Bogotá Oculta, que se enfoca más en la historia de la Guerra Fría y organiza visitas a los exteriores de los bún

Introducción histórica o contextual

La historia de los túneles y pasajes subterráneos de Bogotá es tan rica como la propia ciudad. Desde sus inicios en el periodo colonial, cuando se construyeron las primeras edificaciones, la necesidad de crear espacios seguros y funcionales llevó a la creación de una red de túneles que conectaban diferentes puntos estratégicos. Estos pasajes no solo servían para el transporte de mercancías, sino también como refugios en tiempos de conflicto. A medida que la ciudad creció, estos túneles se fueron adaptando, convirtiéndose en parte integral de la vida urbana.

Uno de los aspectos más fascinantes de estos espacios es cómo han sido testigos del desarrollo social y económico de Bogotá. Hoy en día, muchos de estos túneles están en desuso o han sido olvidados, pero algunos conservan historias intrigantes que vale la pena explorar. Conocer esta Bogotá subterránea ofrece una perspectiva única de la ciudad, revelando secretos que han permanecido ocultos durante siglos.

Para aquellos que deseen adentrarse en esta dimensión oculta, es esencial tener en cuenta ciertos aspectos. Primero, algunos de estos lugares pueden no estar habilitados para el público general, así que siempre es recomendable informarse bien y considerar la opción de un tour guiado. Además, la seguridad es clave; algunos pasajes pueden ser oscuros y estrechos, así que llevar una linterna y un par de zapatos cómodos es aconsejable.

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Qué hacer

La Candelaria

Explora los túneles que se esconden bajo este barrio histórico. Muchos de ellos conectan con antiguos conventos y casas coloniales. Insider Tip: Haz una visita guiada nocturna para vivir la experiencia con un toque de misterio, y no olvides preguntar sobre las leyendas locales que rodean estos pasajes.

Pasaje del Comercio

Este pasadizo es un excelente ejemplo de la arquitectura del siglo XIX. A menudo es pasado por alto, pero vale la pena visitarlo por sus tiendas de artesanías. Insider Tip: Ve temprano en la mañana para disfrutar de un café en una de las pequeñas tiendas mientras observas a los artistas locales trabajando.

Los Sótanos de la Catedral Primada

Un recorrido por los sótanos de la Catedral Primada te lleva a descubrir la historia oculta de Bogotá. Es una experiencia única que muestra la importancia religiosa de la ciudad. Insider Tip: Pregunta sobre las piezas arqueológicas que se exhiben, y si puedes, dirígete a la cripta donde descansan algunos de los primeros arzobispos de la ciudad.

El Túnel de la Calle 26

Este túnel es un vestigio de la infraestructura del pasado de Bogotá. Aunque no es tan conocido, ofrece una mirada fascinante a la historia de la ciudad. Insider Tip: Usa una linterna para explorar los rincones menos iluminados y no dudes en llevar una cámara para capturar la atmósfera única del lugar.

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Camila Mendoza

Camila Mendoza

Cronista de Historia Urbana & Barrios

Historiadora urbana y apasionada de la arquitectura colonial y republicana. Rescata la memoria barrial y los secretos de cada rincón.

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